Definitivamente es amor

1234 Words
Entra el sol por mi ventana, luego de una noche dormida esa luz interrumpe mi sueño. Estando en mi cama, ubicada contra la pared al lado derecho de la habitación, con mi cabeza recostada sobre mis dos almohadas, debajo de mi manta que me hace sentir calor, escuchando el sonido del ventilador, despeinada y con un poco de hambre, a mi memoria llegan todos los recuerdos de las tragedias que he vivido, pero no dejo atrás el recuerdo de un posible amor que es mi mejor amigo, Jonathan, y eso me saca una sonrisa.   Después de nuestro primer beso, en el cuál sentí mariposas en el estomago, las manos sudorosas y un deseo incontrolable de no detenerme, no puedo dejar de pensar y dar vueltas en mi cabeza a ese momento en el que nuestros labios se encontraron. Jonathan hasta hace unos días era el chico tímido con el que comparto desde mi niñez, el que siempre me acompaña y tiene mis mismos gustos y locuras, ahora resulta que él es el chico alto de unos 6 pies de altura, de color blanco, pelo rizado súper suave, que se derriten en mis dedos, una sonrisa que irradia luz, sus ojos color castaño sumamente claro, y ¿Qué decir de sus labios? Carnosos, rojos, sabrosos ¡Dios mío! ¿Qué pasa conmigo? Ahora veo lo que antes no, de repente es hermoso, pero ayer era mi amigo.   Quizás ahora es que noto el trato tan bonito que siempre él me ha dado. Jonathan es sobreprotector, tiene complejo de Superman, siempre acude a mis llamadas, siempre al rescate. Podemos hablar durante horas, durar mucho tiempo conversando sobre temas que para nosotros son importantes, con él siento que puedo hablar de lo que sea.   Recuerdo el primer día que nos vimos, estando en la calle de mi casa, yo tenía unos 7 u 8 años, corrí tras mí pelota, no vi a los lados y me arrojé a la calle, de repente fui derribada al suelo por un niño, ese era Jonathan, quien se tiró sobre mí para impedirme avanzar en la calle. Molesta por eso le comencé a gritar:   - ¿Qué pasa contigo? ¿Por qué me lastimas? ¡Abusivo! - decía llena de furia. - Intento ayudarte - él contestó. - Pero ¿Cuál ayuda? - le pregunté. - Niña malcriada, venía un autobús y te iba arrollar, de no haberte detenido, deberías agradecer que estoy aquí.   Me levanté del suelo, con polvo en mí ropa y muy enfadada corrí a mi casa. Iba llorando todo el camino, quizás de miedo o tal vez por el hecho de no haber recuperado mi pelota.   Al día siguiente, en la escuela María Auxiliadora, una construcción vieja, pero con bastante limpieza. Las paredes eran enormes, de color amarillo pálido, tan altas que parieran haber sido diseñada para que los estudiantes no se escaparan. Los niños que estaban allí, en su mayoría, habían sido expulsados de otras escuelas, por lo que la fama de aquel lugar no era de ser el mejor centro educativo y mis padres siempre me decían que fuera cuidadosa con mis amistades.   Mientras estaba en el descanso, en el área de comedor, sentada en una de las tantas sillas incomodas en una de las mesas viejas, merendando una manzana roja y acompañada de mi única amiga Lilly, la cual es 2 años mayor que yo y está en mi salón de clases porque ha reprobado jugando a ser una chica rebelde, pensaba en cómo sobrevivir a los exámenes para fin de año.   Lilly que es una niña muy bonita, de color moreno, pelo bastante largo y abundando, rebelde y con ínfulas de mala, estamos ahí charlando y de pronto ella me mira y dice   - Tienes un admirador – con mucha picardía. - No bromees así conmigo- le digo en tono serio. - Pues creo que alguien te está mirando – dice entusiasmada.   Cuando me decido a buscar entre los muchachos veo que me mira el chico que antes me había derribado, Jonathan, intenté esconderme y volteé la cara para ocultar que lo reconocía. El cursaba un año mayor al mío, pues es un año de edad mayor que yo.   Cómo era un chico más grande no era común que hablara con los de años inferiores, pero Jonathan no era así, era tan bueno que se acercó a mí y mirándome a los ojos dijo - ¿Te encuentras bien? Quiero disculparme por lo de ayer, no debí hacerlo- dijo avergonzado. -No tienes de qué disculparte, yo soy quien lamenta no haber actuado bien y te agradezco lo que hiciste - contesté con vergüenza. - Tengo algo para ti – dijo. - ¡Oh gracias! – Exclamé. Era mi pelota, el la había buscado y decidió entregármela en la escuela.   Desde ese momento, cada día en el descanso él me saludaba y buscaba conversar conmigo, hasta que un día descubrimos nuestro amor por las películas de investigación policiaca.   Los padres de Jonathan, la Sra. Melina y el Sr. George, dos años más tarde de nuestra relación de amigos en el descanso escolar, se separaron. Esto provocó mucha distracción para él en la escuela, al punto de reprobar el año. Cuando inicia el siguiente año escolar, ahí estaba Jonathan en mi salón de clases. Cómo había reprobado y eso era motivo de vergüenza, aproveché para devolverle el favor y rescatarlo, cuando nadie le hablaba yo me acerqué y desde entonces cada día en el salón compartíamos las clases y en el descanso hablábamos de nuestros episodios de investigación policiaca favoritos.   Nos convertimos en los mejores amigos. Hacíamos todo juntos y ahora, con un beso estoy confundida. No sé si éste bien tener una relación con la persona que ha sido mi amigo desde hacen tantos años, a mis 16 nada es tan claro como debería y esas cuestiones del amor me generan mucha confusión.   Él siempre me ha rescatado desde el primer día en que nos vimos. A mi edad he pensado mucho en conocer el mundo, viajar a otros lugares, encontrarme conmigo misma y descubrir para que soy buena, pero él me detiene aconsejándome diciendo que primero debo terminar mis estudios y buscar un trabajo para poder costearme mis cosas. Siendo honesta, mis deseos de viajar duermen porque no quiero dejar mis largas conversaciones con mi mejor amigo y compañero.   Mientras aún estoy recostada en mi cama, recordando cómo nos conocimos Jonathan y yo, suena mi celular con una canción de Black Eye Peas que amo, Where’s the Love. Cuando veo la pantalla del celular, es él, Jonathan. Ahora de repente cuando me llama me pongo nerviosa, la muerte de mi madre y mi aparente enamoramiento me han confundido muchísimo. Me decido en contestar - Hola - - ¡Hola! ¿Cómo estás? - me dice con entusiasmo. - Estoy bien y tú? - contestó. - Estoy muy bien, y más feliz por lo sucedido ayer entre nosotros- dice con voz alegre. - ¿Sí? Yo estoy más asustada que otra cosa - le digo. - ¿Por qué es eso? ¿Pienso que sientes lo mismo que yo, o no? - pregunta en espera de que conteste. Guardo silencio unos minutos y digo - ¿Podemos vernos para hablarlo en persona? - - Pasaré está noche a las 8, si te parece bien- - Claro, nos vemos entonces - le digo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD