Dos meses después… -No puedo creerlo- Alondra estaba emocionada, volví la vista al frente para ocultar mi sonrisa mientras miraba los ojos celestes y brillantes de mi hermosa hija despierta en mis brazos. Malor conducía y se rió de lo feliz que Al estaba. Era su cumpleaños, y cómo pidió, íbamos a la playa. Los niños jugaban con sus teléfonos y no miraban mucho del camino, mientras Luz que usaba un gorro pescador sobre su lindo cabello, jugaba con la muñeca Filomena que Malor le regaló. El hombre tenía ideas progresistas y por esa razón Filomena era una muñequita de color, según él quería dfomentar la inclusión y no el racismo en los niños. Si eso ocurría ahora no quería imaginar lo que haría discutiendo con los vendedores de Barbies cuando el turno de Amaloha llegara. Estábamos por esta

