Estás últimas semanas desde que regresé del viaje se han vuelto una completa locura, no sé cómo iniciar de nuevo mi vida, me sumergí en la depresión de pasármela metida en la cama, mirando a la televisión y comiendo pura comida chatarra.
Harper me permitió quedarme en su casa, me dijo que no hay límite de tiempo, que no importa cuanto tiempo deba de estar allí. Me sabe un poco mal, porque a final de cuentas, aunque sea mi mejor amiga no quiero ser una carga para ella, todo lo contrario, me duele serlo.
Sé que debo de buscar un trabajo pronto, pero no sé dónde debería de hacerlo, Eliseo fue muy claro, se va a encargar de convertirme en una don nadie y para ello seguramente que me va a difamar en todos los medios.
Estaba acostada con un pote de helado, dispuesta a poner otro episodio de la serie, cuando de repente mi mejor amiga entra a la habitación. La veo hacer un gesto de asco cuando mira a mi alrededor y se encuentra con restos de comida por toda la cama, yo rodeo los ojos ante su dramatismo.
—Vas a quedar obesa si sigues comiendo de ese modo —veo que con la mirada busca algo, de repente mira mi mano— Eso, dámelo.
No me da tiempo de negarme cuando me arrebata de la mano el control remoto y me cambia de la serie a los canales de televisión, estaba a punto de separar mis labios para darle un reclamo digno cuando de repente me quedo en silencio mirando la televisión impactada.
Le sube al volumen, pero yo sigo estando impactada, sin poder tener una reacción acorde de lo que estoy mirando.
—Así es, estoy en proceso de divorcio, la mujer con la que estuve todos estos años, que se supone que debería de haberme apoyado a construir un imperio, estaba vaciando mis cuentas y apoderándose del dinero que tanto trabajo me costó conseguir, es por eso que estoy ante la prensa, buscando dejar expuesta la clase de persona que es…
Levanté la mirada hacia Harper, se veía en su rostro la molestia, la tristeza, la vi conmocionada al escucharlo difamarme de ese modo y mis ojos se llenaron de lágrimas. Ya estaba acabada, no había nada que pudiera hacer a estas alturas para poder acabar con la tiranía de ese hombre, ¿cómo pude ser tan idiota? ¿Cómo pude vivir engañada por tanto tiempo?
No sé cómo pude compartir la misma cama que ese hombre, ahora desde esta perspectiva lo veo y es repulsivo pensar que llegué a darle los mejores años a un hombre que solamente me estuvo utilizando.
Sus palabras además carecían de sentido, ¿por qué seguía yo estando en el país si le hubiera robado tanto dinero? ¿Por qué aún la policía no llevaba a la cárcel? Sus mentiras son planas, carentes de coherencia, pero lo peor de todo es que habrá mucha gente que le crea.
—Escucha bien Daphne, no voy a permitir que este hombre haga lo que quiera, no vas a quedar arruinada, sin trabajo y no te preocupes por el dinero, yo voy tu hermana, voy a encargarme de que no te falte nada hasta que todo esto se acomode —me dice tomando mi mano— Pero ahora no vas a quedarte ahí, no voy a permitir que te quedes tumbada en la cama.
Maldije su insistencia, salir a la calle no era la mejor idea, mucho menos luego de lo sucedido, pero mi mejor amiga no es del tipo de persona que acepta un no como respuesta, así que me tocó ponerme de pie.
Al apenas salir de la habitación le pidió a una de las empleadas que dejara la habitación como nueva, me obligó a meterme a la ducha y cuando salí me encontré con que me había dejado encima de su cama un vestido jodidamente hermoso, pero así como era hermoso, también era muy sexy, mucho más de lo que estoy acostumbrada.
Me lo coloqué, aunque sentí la incomodidad de que tal vez se me vería algo de más al ser tan corto, cuando Harper volvió a entrar a su habitación me encontró tratando de estirar el vestido y una sonrisa cuadriculada apareció en mi rostro.
—¿A dónde se supone que voy a ir con este trozo de tela que apenas me tapa con lo que dios me trajo al mundo? —pregunto alzando una ceja.
—Vamos a ir a una discoteca, es momento de divertirnos, de dejarnos llevar por las circunstancias de la vida, si no puedes trabajar es mejor que malgastemos mi dinero de momento —dice entre risas— Quiero llevarte a un sitio que va a rozar el paraíso, es un sitio de un amigo, te va a encantar estoy segura.
—No sé si sea buena idea Harper, es decir, aprecio lo que haces por mí, pero llevo mucho tiempo sin poner un pie dentro de una discoteca y puede que no sea la mejor idea —niego con rapidez.
—No puedes negarte a una fiesta, soy la diosa de las fiestas, nos iremos a divertir porque no pienso aceptar que ese desgraciado te sumerja en un pozo depresivo —se queja.
No me dio opción, tuve que aceptar ir a esa discoteca, ella se encargó de maquillarme y arreglarme para que pareciera una persona completamente diferente. No recordaba que podía ser una mujer tan hermosa, se me había olvidado el brillo en mi mirada, se me había olvidado como era verme en estas pintas.
Nos fuimos en su automóvil, el chofer iba conduciendo mientras mi mejor amiga cantaba a todo pulmón, con una botella de ron en la mano y una sonrisa tan ancha que era contagiosa. Fuimos bebiendo mientras llegábamos, me dispuse a mirar el celular, pero mi mejor amiga me lo arrebató de la mano y lo guardó en su cartera.
Bajamos en un sitio con luces neones, dos guardias custodiaban la entrada, nos acercamos por el costado de la cola, de repente los guardias nos observaron, mi mejor amiga los saludó como si los conociera desde hace años, nos dieron paso y pude escuchar a la gente quejarse a medida que entrabamos porque nos dieron privilegio.
La música invadió mis oídos, ya estaba fuera de entrenamiento, no recordaba que sonara tan alto, me cubrí un poco los oídos, al menos hasta que pude adaptarme.
Entonces mi mejor amiga me jaló del brazo hasta la barra, donde nos sirvieron dos tragos de tequila y mi amiga se bebió el suyo con tanta naturalidad que no pude evitar hacer lo mismo. Error, un grandísimo error, hice una mueca ante la quemazón en mi garganta y luego una mueca apareció en mi rostro.
—Tu tranquila, ya vas a acostumbrarte, no será la primera vez que bebas uno de estos, de hecho tienes toda la noche para beber —se carcajea mientras habla a los gritos.
Hasper me hizo girar para empezar a bailar, el efecto del alcohol hizo que ni siquiera me preocupara en que no recordaba cómo se bailaba, en cambio, empecé a seguir su ritmo. Me tomó por la cintura, pegó su cuerpo al mío, bajamos un poco lentamente mientras nos mirábamos sonriendo.
—Hay un hombre jodidamente sexy que no deja de mirarte —me dice al oído con la mirada fija detrás de mí.
Me di la vuelta con disimulo, Hasper me tomó por las caderas mientras nos frotábamos y sus manos recorrieron mi cuerpo, yo no pude evitar soltar una carcajada. Ni siquiera le había dado importancia a sus palabras, me dediqué a bailar, cuando nos detuvimos para pedir otro trago, veo a un moreno alto, vestido elegante, que se aproxima a mi mejor amiga, se apoya a su lado en la barra y no deja de sonreírle.
—Oye Dap, pide lo que quieras en la barra, enseguida regreso —susurra con un tono ebrio.
Desde el momento en que dijo aquellas palabras supe que no iba a regresar, que me había quedado en un sitio lleno de personas desconocidas, alcoholizada y que no tardaría mucho en llegar la depresión.
Empezó a cruzar por mi mente la idea de que lo mejor sería irme, pero no sin antes beber unos cuantos tragos más que por supuesto serían agregados a la cuenta de Hasper. Me tomé dos tequilas y para completar pedí un trago que estaba en el menú, un coctel con un nombre tan complicado que no sabía pronunciarlo, pero que sonaba como algo exótico.
Tenía un sabor a fresas sutil que camuflaba bastante bien el sabor del alcohol, en definitiva no era lo que esperaba, así que le dije al chico de la barra que me recomendara uno, alguno que llevara tal vez tequila y él sonrió como si pudiera ver a través de mí exactamente lo que estaba pensando.
—Aquí tienes —me entregó el trago con una sonrisa— ¿No te gustaría esperarme? Podemos pasar un buen rato cuando salga del trabajo.
—¿Conmigo? —pregunté con el ceño fruncido.
No me lo esperaba, ni siquiera tenía mi edad, era un chico mucho más joven, quizá si no estuviera trabajando en un sitio nocturno hubiera dudado que tuviera la mayoría de edad, sonrisa perfecta y cabello ondulado.
—Sí, por supuesto, anda, no me rechaces, pareces una mujer muy interesante —comenta en un tono sensual sin abandonar aquella sonrisa.
No parecía ser una mala idea del todo, no voy a negar que el chico es guapo, no es tanto mi tipo de hombre, pero tampoco es desagradable, está en el punto medio que si se combina con una buena personalidad a cualquiera le podría llegar a atraer. Estaba a punto de responderle cuando siento unas manos en mi cintura, mi respiración se paraliza, siento un cuerpo firme pegado a mi espalda y cuando levanto la mirada, me quedo impactada.