Capítulo 4 "No quiero hijos"

1701 Words
Al apenas pasar la puerta de la mansión pude sentir la presencia de su aroma en el aire, había venido justamente directo a la mansión para no encontrarla allí, porque no quería ir a nuestro apartamento, necesitaba conservar un podo de mi tranquilidad, quería sentirme de regreso en mi hogar, en mi habitación de antes donde aún conservaba mis cosas como si nunca me hubiera ido. No tardó en escucharse el sonido de sus tacones resonantes, mi mirada estaba puesta en el suelo cuando aparecieron ante mí, rojos despampanantes, que le hacían justicia a aquellas pantorrillas bien definidas. Fui levantando la mirada por su esbelto cuerpo, que no hacía ningún esfuerzo a vestirse con ropa que lo dejaba incluso más evidente, llevaba puesto un vestido ajustado al cuerpo, tentador, justamente lo el tipo de vestido que sucumbiría a cualquier hombre. —Me alegra que estés de regreso cariño, no tienes la menor idea de cuanta falta me hiciste —dijo en un tono jodidamente sexy y pasó sus brazos alrededor de mi cuello— No voy a aceptar un no como respuesta, llévame a tu habitación. Incluso aunque aquellas habían sido las vacaciones de mi vida, aunque me hubiera gustado mantenerme allí por siempre, que el tiempo se detuviera y haberme quedado dormido sobre el regazo de la despampanante mujer que me había acompañado, no puedo. Dejo las maletas a un lado, tomando sus manos me las quito del cuello, mi mirada ruge sobre la suya e intento controlar mis deseos de salir huyendo de allí. —Apenas acabo de llegar Vivian, deja que me dé una ducha, que me coloque perfume —espeto con el ceño arrugado. —Oliver —dice con un gesto de angustia—. Parece como si no te hubiera hecho falta en este tiempo, soy tu prometida —me recuerda, como si me fuera posible olvidarlo. —Lo sé Vivian, me has hecho falta, pero sabes lo quisquilloso que puedo llegar a ser, acabo de llegar y realmente me hace falta una ducha —miento descaradamente. Le doy un beso sobre los labios que medianamente pueda llegar a ser convincente, me las rebusco para escaparme de sus brazos y camino por el pasillo mientras la escucho venir detrás. —Voy a esperarte en la habitación —comenta soltando una pequeña risa. La vi subir las escaleras, ¿quién? ¿Quién podría haber sido la persona tan maliciosa que le avisó sobre mi llegada? Se supone que la idea de irme de viaje había sido justamente para reflexionar con respecto a este compromiso. Debo de admitir que llegué mucho más confundido de lo que me fui, mi cabeza solamente da vueltas respecto a aquella mujer misteriosa, la mujer con la que había compartido tantas noches y que ni siquiera sabía su nombre a pesar de conocerme su cuerpo de memoria. Subí detrás de Vivian, entramos en mi habitación, ella se lanzó sobre la cama, su vestido se subió lo suficiente para enseñarme la lencería, le resté importancia y me metí a la ducha. Me quité la ropa tan lento como mi cuerpo me lo permitió, abrí el grifo, el agua comenzó a caer y cerré los ojos apoyándome contra la pared. … —¿Entonces estás comprometido? —preguntó la mujer hermosa ante mis ojos con un brillo de malicia reflejado en la mirada— No me sorprende para nada. —Parece que hay un poco de resentimiento por la forma en que me miras —confieso mirando el techo de su camarote. —No lo tomes personal, soy una mujer despechada, detesto a los hombres que engañan a las mujeres —suelta de forma tan espontánea aquellas palabras que me obliga a mirarla. —Sinceramente, esto también es difícil para mí, ella no es una mala mujer, pero no es mi tipo de mujer —le comento como si tuviera la confianza suficiente para tener este tipo de conversaciones con ella. —¿Entonces por qué vas a casarte? —pone completamente su interés en mis palabras y mientras veo que la tela de su vestido cae un poco de sus hombros, haciendo un poco más visible el comienzo de sus pechos. —Es un matrimonio arreglado por las familias de ambos, si no me caso perderé algo que deseo —me encojo de hombros. —La estás utilizando —alza una ceja y me toma por la corbata. —Intereses mutuos, puedes descargar tu odio sobre mí si lo deseas —dejé salir mis palabras. Estaba tan sumergido en ella, en su manera de hablar, en la manera que su cuerpo reaccionaba ante cada una de mis palabras que, ni siquiera me di cuenta en que momento, el tono de mi voz se volvió grueso, ronco y sensual. —Voy a descargar todo lo que tengo acumulado en ti —sonrió con picardía. Algo dentro de mí en ese instante me dijo que no se trataba exactamente de odio, no estaba muy equivocado. Su vestido tocó el suelo, en cuanto lo hizo pude darme cuenta de que debajo todo este rato no llevaba absolutamente nada, a la perfección podría haberse subido el vestido y hubiera estado completamente lista para una buena cabalgata, pero ella quería que la observara, que memorizara cada rincón de su cuerpo como si no la hubiera visto antes. … Regresé a la realidad del baño, de esa ducha en la cual se sentía la ausencia de aquellos gestos llenos de deseo, entonces bajé la mirada para encontrarme con mi m*****o erecto, mi cuerpo reaccionando incluso ante su recuerdo. De repente la puerta del baño se abrió, vi pasar a Vivian, con su cuerpo al desnudo, una sonrisa satisfactoria apareció en su rostro al ver mi erección y en mi garganta se situó un sabor amargo. Si realmente supiera lo que causó aquella erección no tendría esa sonrisa, ni siquiera se cuestionaría el hecho de acercarse tanto a mí, pero lo hace, se aproxima hasta que se mete bajo el agua, su mano me toma y sentimientos encontrados se apoderan de mí. Por una parte, siento satisfacción, el alivio abordándome, pero, por otra parte, siento que no es correcto, porque en cuanto cierro los ojos aparece el recuerdo de esa mujer en mi mente. —Recuérdame cuanto me deseas —me pide en un susurro que apenas alcancé a escuchar. Respiro profundamente por lo que estoy a punto de hacer, pero la giro, sus manos se apoyan en los azulejos de la pared, ni siquiera respiro en el momento que entro en ella. Está mojada y no hablo del agua que chorrea por su espalda. Cierro mis ojos, regresa a mi mente el recuerdo de esa mujer, de su cuerpo al desnudo, de su figura bailando para mí. Los gemidos de Vivian parecen dispersarse en el aire, de repente es como si la mujer de la que había disfrutado aquella noche estuviera en este cuarto de baño, como si la estuviera tomando una vez más. Mis movimientos aumenta, tomo su cabello haciendo que profundice más en cada uno de ellos, paso mi lengua por su cuello, lo tomo con mi mano con fuerza y muerdo su oreja, todo lo que le había hecho regresa a mi mente, los deseos de repetirlo me invaden. De repente siento que estoy a punto de acabar, recuerdo que quien está en la ducha no es esa mujer, me apresuro a salir de adentro de Vivian, ella me mira como si no lo entendiera, hasta que de repente me acabo. —¿Por qué lo has hecho? —pregunta con la molestia reflejada en el rostro— Tu padre fue claro, espera que luego del casamiento le demos un nieto. —No, no está en mis planes ser padre, entiende, no quiero tener un hijo — sentencié volviendo a meterme debajo de la ducha para enjuagarme. —Eso no va a gustarle —se cruza de brazos. —Me importa una mierda Vivian, no voy a tener hijos contigo —cerré nuevamente mis ojos deseando que se fuera. Por primera vez parecía que mis deseos se cumplían, escuché sus pisadas lentamente, pero de repente se detuvo. —Eso va a cambiar pronto, este viaje al menos ayudó para mejorar nuestra química s****l, hoy fue —hace una pausa y una pequeña risa sale de sus labios— Estuvo alucinante, no dudaré en regresar por más. Al menos se había ido, pero sus palabras se quedaron allí, como si estuvieran revoloteando en el aire. “Tu padre fue claro, espera que luego del casamiento le demos un nieto” No puedo tener un hijo con esa mujer, solamente de pensar que tendría un hijo engreído y sin valores me saca las ganas de vivir. Primero preferiría morirme, que la tierra se abriera, que el mar me tragara, no le daría un hijo a esa mujer, ni aunque fuese lo último que hiciera en mi vida. Al salir del baño y poner un pie fuera me encontré a mi padre, sentado sobre mi cama con un gesto de satisfacción, como si hubiera estado escuchando todo o al menos supiera algo de lo sucedido. —Me alegra que estés de regreso hijo, no tienes idea de lo ansioso que estaba por saber tu decisión, pero lo que escuché desde el pasillo fue suficiente —se carcajeó. —Padre, me siento demasiado cansado, no estoy de humor para esta conversación —me limito a responder mientras busco la ropa que me pienso colocar. —Un viaje es para descasar, espero que te lo hayas pasado lo suficientemente bien, porque quiero que sepas que la boda se adelantó y por lo mismo en una semana tendrás a tu esposa viviendo bajo tu mismo techo —me quedé paralizado viendo su sonrisa amplia. —Si esto es una broma, déjame decirte que es muy mala, es pésima —me apresuré a decir. —Te casas en una semana Oliver, deja de causarme disgustos, solamente tienes que casarte y formar tu familia, demuéstrame que eres el heredero indicado para mi herencia —se pone de pie con seriedad— De lo contrario puedes despedirte de ello y tu hermano se lo quede todo.
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