Volver de aquel viaje en el crucero, fue un cable a tierra, volver una vez más a la cruel realidad de una vida infeliz, sin saber que hacer con todo lo que llevo dentro, fue sin duda un viaje que me hizo darme cuenta de muchas cosas, entre ellas el matrimonio de mierda que llevaba.
No es fácil mirarte con un desconocido y admitir que incluso él te hizo sentir una mujer mucho más deseada, pero, ¿qué puedo decir? Una noche bastó para que me hiciera sentir una mujer plena, nunca mi esposo me había follado de aquel modo.
Hoy me toca recoger las mismas maletas que había dejado listas aquel día en la casa, nunca pensé dejar mi casa de tantos años, mucho menos con un divorcio de por medio, pero la peor parte no es esa, sino saber que tendré que darle la cara a mi madre, quién no estaba de acuerdo con dejar mi matrimonio, esa nunca fue una verdadera opción.
Cuando me paré delante de aquella puerta, por la misma que había salido con lágrimas al ras de mis ojos, me di cuenta de que ni siquiera estaba lista para dar aquel paso, pero que tampoco me habían dado elección y era algo que tenía que hacer.
Aquel día que me tendría que haber llevado todo no soporté el peso de tener que juntar todas mis cosas mientras los veía mofarse de mi desgracia, tuve que irme para seguir comportándome como la mujer que me educaron para ser.
Traté de introducir la llave para abrir la puerta, pero ni siquiera entraba, maldito Eliseo, había cambiado la cerradura para que ni siquiera pudiera pasar, no tuve más alternativa que tocar el timbre de la puerta como si fuera una completa extraña.
Cuando Eliseo abrió la puerta pareció sorprendido por mi presencia, se veía como una persona diferente, como cuando te quitas un gran peso de encima y supongo que ese peso había sido yo.
—Vine por mis cosas —me limité a decir sin siquiera darle los buenos días.
—Buenos días para ti también Daphne, pensé que las vacaciones que financiaste a costas de mí te serviría para volver al menos un poco más educada —se queja y se aparta para que pueda entrar.
—No pienso ser cordial con una persona que estuvo gastando dinero en una puta, dinero que yo también he trabajado, toma esas pequeñas vacaciones como un cero coma uno por ciento de todo lo que hice por ti —me limito a decirle mientras camino por la casa sintiendo sus pasos detrás de mí, entonces me doy media vuelta y lo miro— No necesito que vayas detrás de mí, conozco el camino.
—No te estoy siguiendo por cortesía, sino para que no te lleves nada que no deberías de llevarte, te recuerdo que esta es mi casa y que todo lo que hay dentro me pertenece, lo único que te vas a llevar es tu ropa y solamente porque no me sirve de absolutamente nada —asegura con una media sonrisa.
Caminamos dentro de la habitación que antes podía llamar nuestra, abrió su mesa de noches, sacó un habano de una caja y ni siquiera esperó como usualmente lo hacía a que me fuera para prender esa mierda…
—Ah, me olvidaba de comentarte, a partir de hoy tendrás todas las tarjetas bloqueadas con el acceso a nuestro dinero conjunto de la empresa, porque eso también es mío —suelta una leve risa— Debes ir a la empresa por tus cosas, ya que te quiero fuera cuanto antes y deja tu nueva dirección, claro si no quieres que llegue el divorcio a la casa de tus padres.
—La dejaré —me limito a decir mordiendo la punta de mi lengua.
Tenía deseos de mandarlo a la mierda, decirle cuan infeliz es, contarle cuantas veces fingí tener un orgasmo porque ni siquiera follaba bien, decirle que un extraño me hizo gemir hasta que las piernas me temblaran, pero preferí quedarme con la boca cerrada, porque Eliseo se arrepentiría, yo me encargaría de que lo hiciera.
Ni siquiera me molesté en despedirme de Eliseo, no le dije que ya me iba, ni crucé una palabra con él, porque solamente de pensar en el sonido de su voz, mi estómago daba un vuelco, pasó de ser el hombre de mi vida a ser repulsiva su simple presencia.
Me subí al coche y tuve que quedarme varios minutos con respiraciones profundas para calmarme de todo aquello, pero también para armarme de valor para tomar rumbo a la mansión de mis padres, aquella conversación no sería fácil, mucho menos si ya saben que voy a divorciarme.
Conduje con calma, como si la vista saturada de la ciudad fuera a darme un refugio, como si una señal divina me fuera a ayudar a encontrar la solución a todos mis problemas, no lo sé, pero tardé tal vez más de dos horas en llegar, cuando normalmente lo hubiera hecho en cuarenta minutos.
Al llegar me recibió el mayordomo de confianza de mi madre, me saludó con una reverencia y en aquel silencio profundo con el que suele estar me guio hacia el despacho. Ni siquiera había terminado de pasar la puerta cuando mi madre se dio la vuelta con un vaso de vodka en la mano, lo bebió todo de un trago y luego apoyó con fuerza el vaso sobre la mesa.
En pleno silencio caminó hasta mí, me miró fijamente a los ojos y me dio una bofetada que podría jurar que se escuchó en toda la silenciosa mansión.
—¿Por qué te empeñas en decepcionarme de este modo Daphne? Solamente tenías que hacer una cosa bien en tu vida, mantener tu matrimonio a salvo —sentencia con severidad.
—No puedo seguir manteniendo un matrimonio con un hombre que me engaña madre, mucho menos si me engaña con mi prima —suelto de repente a lo que ella hace una mueca.
—¿De quién crees que sea la culpa? ¿Acaso no te has mirado en un espejo? Llevas meses trabajando sin respiro, demacrada, pero solamente te importa una maldita cosa y es mantener una empresa que ni siquiera te pertenece —levanta el tono de su voz yendo a por otro vaso de vodka— Ahora mi pregunta es, ¿qué es lo que piensa hacer una mujer divorciada?
—Voy a rehacer mi vida madre, en algún momento volveré a encontrar un hombre que me am…
—No, ningún hombre quiere a una mujer divorciada de tu edad, ya perdiste la gracia Daphne, ¿sabes que es lo que te queda ahora? Nada, no te queda absolutamente nada —remarca sus palabras con una amarga sonrisa— Espero que estés feliz de haber destruido lo único que tenías en tu patética vida.
—Lo siento madre, pero no siento que lleve una vida patética, ni que mi vida se esté terminando por acabar con este matrimonio, siento solamente haber ocupado demasiado tiempo en una empresa que no era mía como tu misma lo dijiste, sobre todo ahora que piensa dejarme sin nada… —pensaba en continuar hablando, explicando mi punto de vista cuando mi madre chasqueo los dedos.
De repente el mayordomo que creía haber visto desaparecer ante mis ojos estaba una vez más frente a mí, miré a mi madre con el ceño arrugado sin entender exactamente que era lo que estaba pasando, al menos hasta que las palabras salieron de sus labios.
—Te equivocaste si pensaste que luego de estar divorciada, cuando fue una de las condiciones que te puse para seguir pisando esta casa, podrías venir a buscar cobijo, mucho menos cuando te quedarás en la ruina —niega con una ancha sonrisa— No pareces mi hija, no serviste ni siquiera para quedarte con una buena tajada de todo lo duro que has trabajado, mira, en cambio, tu prima, abriéndose camino al mundo de la riqueza, cuando en su vida nunca ha tenido nada.
—Definitivamente, no tengo nada de ti madre, porque tú careces de corazón, ni siquiera te importa que esté pasando por los peores momentos de mi vida, solamente piensas en el estatus, en la riqueza y mis sentimientos, eso no importa —las lágrimas desbordan mis mejillas sin lograr contenerlas.
—Te di mis consejos, te enseñé todo lo que la vida me enseñó a mí para tener éxito, pero nada de eso te bastó, no heredaste mi inteligencia —alzó la mirada hacia el mayordomo— Lleva a la señorita Daphne hasta la puerta, no tenemos nada más que hablar, hasta aquí ha llegado nuestro lazo madre e hija.
—¡No puedes estar hablando en serio, madre!, si mi padre estuviera vivo, jamás te lo perdonaría, jamás podrás vivir en paz sabiendo lo que me estás haciendo y que él estaría completamente en contra —sollozo entre gritos mientras el mayordomo me toma del brazo.
—Poco me interesa a estas alturas lo que quisiera tu padre, mientras tuvo vida lo respeté, le serví y aguanté incluso lo que no debía para permanecer a su lado, mírame ahora, disfrutando de su fortuna, de la cual mientras tenga vida no verás ni un centavo, si hubieras sido un poco más inteligente como yo, no estarías pasando por esto —le hace un gesto con la mano para que me saque.
—¡Llegará el día en que te arrepientas de todo esto! —dije forcejeando para tratar de zafarme del agarre de aquel hombre en un intento inútil.
Solamente me soltó una vez que estuve fuera de la mansión, nunca pensé que mi propia madre sería capaz de sacarme de su casa, que me correría como si fuera un perro, incluso aunque en ocasiones me hubiera dicho de no estar de acuerdo con mis decisiones, pero algo muy diferente es dejar a tu hija a la suerte, solamente hace eso alguien sin corazón.
Tras esa gran decepción volví a subir a mi automóvil, miré por el espejo retrovisor las maletas que descansaban en el asiento trasero y solamente me quedaba una opción para poder salir de todo este problema, si me rechazara me quedaría en la calle.
Mi mejor amiga sería mi única salvación, así que tomé nuevamente rumbo a su casa, conduje, aunque no estuviera demasiado estable emocionalmente y me dispuse a buscar la única oportunidad que creo que me queda de no terminar durmiendo en la calle.
Al llegar a la casa de mi mejor amiga golpeé a la puerta, tenía los ojos rojos de tanto llorar y en cuanto la vi abrir la puerta me lancé a sus brazos, como una niña pequeña. Ahora solamente ella es la única familia que creo tener.
—Dap, ¿qué es lo que pasó? —-pregunta con un gesto de horror.
—Dime que no me vas a dejar sola, te necesito —me quebré.
—Jamás te dejaría sola, aquí siempre tendrás a una hermana, anda, pasa y cuéntamelo todo, estuve muriendo de la preocupación, desapareciste de la nada.
Y así fue, luego de estar un poco más calmada, comencé contándole un poco de mi aventura en aquel crucero, para luego explicarle un poco de todo lo que había pasado tras mi regreso.