Cuando Consuelo dijo que iba a ser mamá de adolescentes, creímos que era una locura, que sería difícil y que no estaba preparada. Pero, llegados a este punto de la vida, yo personalmente votaría a favor de que Consuelo sea la presidenta de la maternidad mundial. Esta mujer da lactancia materna exclusiva, pese a los temores de su esposo y los consejos de la humanidad, y ahhh… lo mucho que come el señorito bebé precioso Iman Vidal y lo exigente que es su joven y comestible hermana.
En fin, Consuelo es mamá de Anastasia, la joven que tiene una distribución muy cuadrada de lo que quiere hacer durante sus clases. Ha leído, en menos de una semana, todos los libros, ha hecho resúmenes y ha brillado exóticamente, por lo que Consuelo le dio la razón silenciosa a su hijastra y se planteó la necesidad de buscar un tutor más exigente académicamente para ella. Anastasia es una niña brillante que se estaba desperdiciando en nombre del ballet. Junto a sus padres, les sembró la semilla de orientarse en lo que es realmente importante: ¿el ballet o los estudios?
—El ballet —respondió Francesca.
—Los estudios —respondió Vidal.
Consuelo miró a ambos padres de su hija y les recordó que no era solo el ballet o los estudios. Anastasia necesita sentirse retada, necesita el contacto con otros niños, pelearse un poco con la gente, ir a los viajes escolares y vivir experiencias que el ballet y el estudio en casa no van a darle.
—Con el ballet se mantiene en contacto con otros niños, viaja semanalmente en etapa de competencias y ve lugares, experimenta.
—Francesca, tú tienes tiempo de ir de ciudad en ciudad, pero yo no. Yo tengo dos hijos pequeños y un montón de adolescentes. No puedo ir siempre, y aunque pueda ir de vez en cuando, no es suficiente.
—Anastasia disfruta el ballet.
—Lo sé, pero una cosa es competir y otra es practicarlo. Para mí, debería bajarle ya, antes de que esté obsesionada con no comer y sacarse sangre.
—Vidal, la película no tiene que convertirse en la vida de nuestra hija.
—Es la vida de nuestra hija mayor, Fran.
—Vale, conversemos con Anastasia... a ver qué opina, pero yo estoy en desacuerdo.
Después de eso, los tres se dirigieron a la reunión en el colegio de Tessa y Xavier. Todos los osos chismosos los estaban viendo entrar. Consuelo iba de la mano de su esposo cuando vio a su hija riendo en el pasillo.
—¿La saludamos o la ignoramos?
—Voy a fingir que no la conozco hasta que nos vea. No vaya a ser que le demos vergüenza.
—Ahh, de fijo sí.
Xavier, por otro lado, estaba intrigadísimo de ver que su madrastra no se estaba echando un farol con que iban a verse con el director. No recordaba haber hecho nada malo en concreto, pero se sentía nervioso, así que le escribió a la otra persona que podría estar involucrada en un crimen estudiantil:
Xavier
Tessa
No tengo idea de por qué están aquí. Solo finjo que no los conozco.
Xavier
Deberías estar preocupada, porque yo no he hecho nada, así que esta reunión va sobre ti.
Tessa
No estoy preocupada.
Xavier
Yo tampoco.
Vidal saludó a sus dos hijos desde lejos, y después saludó al director, quien los vio con una gran sonrisa en el rostro. El secretario les ofreció algo de comer o beber y los tres se negaron. El director los pasó a una sala de reuniones para discutir el desempeño de sus dos hijos.
—Prefiero iniciar con Xavier.
—Empezamos fuerte —comenta su padre.
—Xavier… nos queda grande.
—Es sumamente talentoso, su profesor de música está encantado, y es el primer chico en proponer una orquesta solo de mujeres, lo cual ha motivado mucho a sus compañeras y nos ha empujado a hacer cambios. Es brillante, y sus notas son espectaculares ahora que elige las materias que le interesan. Creo que ha sido un excelente cambio académica y musicalmente para él.
Su papá contó chistes y le mostró la carilla de notas a Francesca, quien sonrió orgullosa.
—Es nuestro primogénito. No tenemos un hijo favorito, pero es el que más nos preocupa arruinar.
—Bueno, Tessa tiene excelentes calificaciones, pero le cuesta un poco socializar. Sus profesores la observan tímida, depresiva y algo ansiosa, así que sugirieron que fuera a terapia con la orientadora. Ella está un poco preocupada por Tessa, parece que tiene un bloqueo emocional severo. Y sé que ustedes son médicos, pero es necesario abordarlo.
—Tessa ha ido con varias terapeutas y las enreda, las manipula, así que es difícil darle terapia a alguien que está jugando con su terapeuta.
—Tengo entendido que ha sido un año de cambios para su familia: perdieron un padrastro, ganaron una madrastra, hay dos hermanos bebés y tres hermanastras nuevas. No conozco a los otros niños, pero es necesario, ante tantos cambios, buscar guía profesional.
—Considero que nuestra dinámica familiar no debería ser un tema de discusión.
—Tessa no se ve afectada académicamente porque es competitiva, pero eventualmente podría desencadenar diferentes problemas.
—Vamos a buscar ayuda profesional —responde Vidal, y las dos mujeres a su lado lo miran preocupadas e indignadas.—Es importante para nosotros la salud de nuestros hijos.
Mientras salían del colegio, Francesca se quejó de que todo siempre acababa apuntándole a ella y que buscaría a alguien a quien su hija no pudiera manipular permanentemente. Los dos rieron y se despidieron. Consuelo y su marido fueron al colegio de Mariana y Natalia. Después de ser felicitados, ver notas y honores, pasaron a un panorama distinto, uno en el que iban bien pero no excelente. Consuelo quería saber cómo Mariana había logrado bajar tanto sus notas, cómo había pasado de ser una niña optimista a una persona depresiva, notablemente agotada y distante. Su profesora guía le explicó a su madre que su hija no solo tiene un bajo rendimiento académico, sino que pasa demasiado preocupada y no socializa en absoluto, a diferencia de manos largas… ehhh, digo, Natalia y su novio, quienes pasan escribiéndose mensajes, compartiendo miradas, salidas al baño si están en clases separadas, besos en los recreos y caricias inapropiadas.
—Por supuesto que voy a regañarla. Está castigada, pero aún no lo sabe —responde Consuelo, y la profesora se ríe.
—A veces es mejor abrirle las puertas al enemigo que dejarle andar suelto.
Consuelo y Vidal explican que no están encantados con esa relación por razones obvias y la profesora asiente. Les asegura que entiende completamente, que la hoja de delincuencia de Ashton no es un plus, pero el protocolo de rehabilitación al que lo han sometido es lo suficientemente bueno como para permitirle una segunda oportunidad.
—Mi hijo mayor fue incriminado por Ashton. Le ha costado mucho confiar en sí mismo de nuevo y recomponerse. Lo que pasa es que Natalia y Mariana fueron recientemente adoptadas por mi esposa, y si Ashton involucra a nuestras hijas en uno de sus negocios turbios, creo que el corazón roto, más el daño de imagen, no sería tolerable.
—Comprendo. Pero, sea como sea, se gustan. Ellos están viviendo su propio enamoramiento y decirles que no, no mejorará nada.
Consuelo y Vidal fueron a la última escuela, la de su hija menor, la más demandante. A pesar de que no había problemas con las calificaciones, Alice parecía ser la líder negativa que nadie quiere en su salón. Por “nadie” estamos hablando de su maestra —a quien pone contra la pared cada que puede— y de las compañeritas rabiosas que tiene. El director trató de no meterse mucho en ese aspecto porque creía que lo crecería.
—Creo que hay que darle un giro al tipo de liderazgo, y lo más importante es que necesitamos lograr que respete un poco más a la maestra.
—Considero que la maestra está haciendo algo para ganarse la apatía de Alice —la defiende Vidal, y su esposa le toma de la mano.—Nuestra hija es… cariñosa con todo el mundo, respetuosa cuando se lo propone, pero esta maestra parece no caerle muy bien. La niña refiere tratos diferenciales en clase.
—¿Diferenciales cómo? —le reta el profesor.
—Bueno, desde que iniciaron los problemas con Leona, la maestra ha estado tomando lados, lo cual molesta a Alice bastante.
—Es un grupo que viene junto desde primer grado, la maestra las conoce mejor y puede que…
—Creo que es necesario observar la situación más de cerca —sugiere Vidal.
Consuelo sale media hora más tarde con su esposo, quien le da un beso en la mejilla y le acaricia la espalda, antes de preguntar:
—¿Tienes tiempo para una comida y una copa de vino?
—Ocupo tomarme la botella —se queja Consuelo, y rodea los hombros de su esposo con el brazo, apoyando la cabeza en su hombro. Vidal la toma de la cintura y la lleva al auto, antes de ir a distraerse del exceso de información que habían recibido.