Oportunidad

1394 Words
Consuelo y Vidal estaban sentados en la plaza observando a sus hijos jugar voleibol. Vidal llamó a Alice y le preguntó por qué no estaba jugando. —Odio las bolas, te juro que esa estupidez va a venir a intentar pegarme aunque no esté jugando. —Alice, puedes ser el árbitro —propone su mamá. —Vale, pero si creen que me van a pegar con eso péguenle suavecito. —Vidal se ríe a espaldas de su hijastra. Alice, por mucho, es la más divertida de sus hijos, es picky para comer, preguntona, respondona, creativa, recursiva, es simplemente adorable. Consuelo quiere entender cómo hace Vidal para convencerla de todo. —¿Puedes hacerla comer pescado? —Tal vez no le gusta. —Ya, pero siento que la nutro mal. —Déjala ser ella misma. Vidal se ríe cuando la bola pica sobre el lado de los chicos y Tessa y su hija aplauden. —Tienes que ser imparcial —le grita su madre. —Oh, chicos, habrá otra oportunidad —les dice y su mamá se ríe. —¿Te ha gustado la sorpresa? —Sí, los niños están felices. —¿Y tú? —Vidal... estás intentando evadir... —No puedo quitar lo que hice mal, Consuelo, ya, y en verdad ayudar a alguien no está del todo mal, alguien que ha sido parte de mi vida, alguien que es mamá de mis hijos, alguien que ha sido mi amiga cuando más necesité alguien. ¿Quieres que te diga la verdad? —Sí, por supuesto. —Creo que estás asustada porque se te enfermó Anastasia, pero, no tanto por el abrazo o si salí a comer con mi exmujer. ¿A quién se le ocurriría que quiero regresar con la mujer que le pone el cuerno a todas sus parejas, incluyéndome? Le tuvimos que hacer una prueba de ADN a sus hijos menores porque no estaba tan segura de si eran míos o del otro. Quiero a Francesca, la quiero bien, deseo que mis hijos la perdonen, pero no voy a volver con ella. La mamá de Consuelo le dio un consejo, una vez, cuando tenía un novio irresistiblemente guapo y cuyo apellido sonaba lo suficientemente bien como para que Marita lo quisiera toda la vida de yerno. Su consejo fue el siguiente: el día que conozcas a un hombre, y lo ames demasiado como para querer tener una familia, tienes que saber elegir tus peleas, hay peleas que son de relleno y hay otras que se necesitan pelear, pero, lo más importante es saber cuánto vale esa persona, esa relación para saber decir que es suficiente y no seguir perdiendo el tiempo. ¿Valía la pena pelear con Vidal? Sí. ¿Quería seguir peleando con Vidal? No. Vidal estaba entendiendo o aprendiendo algo. Tampoco. ¿Qué hizo Consuelo? —No me estás entendiendo hoy, pero esta discusión me tiene agotada, y te amo lo suficiente como para evitar, a pesar de tu estupidez, tú ya no quieres a Francesca y ella probablemente tampoco, pero es una persona capaz de arruinar la relación que mantenemos, y le estás dando el gusto de si quiera tener esta discusión, ahora, ve a anotar un punto para tus hijos, porque aparentemente Anastasia es buena en todos los deportes. —Tengo prohibido jugar en contra de Anastasia —Respondió y tomó asiento al lado de su novia, le dio un beso en los labios, uno corto y sonrió. —Prefiero sentarme aquí a chantajearte para no pelear más. Los dos se quedaron en silencio un par de segundos disfrutando de la paz, hasta que escucharon la primera disputa, que si alguien tiró la bola hacia la cara de la otra y se la devolvió en el pecho, Consuelo vio a sus hijastras pelearse como dos demonios, es que un día se aman y creen que no pueden vivir la una sin la otra y al día siguiente están gritándose. —Destetada. Bola de manteca. —Xavier ve a sus hermanas jalándose el pelo y sabe que debería ayudarlas a no matarse, pero no quiere convertirse en la víctima en común. —Tessa, suelta a tu hermana. —le advierte su padre. —Ella me está jalando el pelo —le acusa y Vidal las levanta a las dos del suelo. Tessa mira a su hermana y esta le suelta el pelo, Anastasia le suelta el brazo y las dos tratan de disculparse. —Es increíble, estás convaleciente y tú deberías ser tan inmadura, Tessa. —Me voy a dormir. —No, las dos van a tomarse un vaso de agua y me esperan en la cocina. La noche termina con un regaño, un par de castigos y un silencio extraño que se extiende por la casa. Consuelo visita a su hija menor antes de ir a su habitación, Alice está jugando con su barriga, acariciando a sus hermanos. —Me gusta esta familia. —Comenta. —Me duele pensar que mis papás ya no están. Me pone triste saber que mi papá no va a abrazarme como si el mundo dependiera de ello, y que mi mamá no va a comprar más ropa de la que es permitida por la ley de los papás, pero, me gusta tener hermanos, y que Vidal a veces es serio y otras veces es muy permisivo, me encanta pasar tiempo contigo, incluso cuando estamos haciendo nada o cualquier cosa, y me gusta la idea de ser hermana mayor, así que no quiero hablar más de mis papás porque en mi cabeza yo tengo papás nuevos. —Te amo demasiado —responde Consuelo —y eres por mucho la mejor hermana de toda esta familia. —Yo lo sé... es un puesto difícil de mantener. —Los demás lo hacen parecer fácil, pero sé, que es difícil. —Te comprendo. Consuelo le hace cosquillas a su hija y la llena de besos. —Te amo mucho. Alice anuncia que no está lista para dormir y la puerta se abre, las dos ven a Anastasia asomar la cabeza. —Hello —le saluda Consuelo. —Puedes dormir aquí pero luego sigues castigada. —comenta y le da un beso en la frente. Sus hijas estaban en el balcón observando el mar, Consuelo se sentó en el suelo, y les dio un beso a ambas en la mejilla, las dos sonrieron y le preguntaron. —¿Tú eres abogada? —Lo soy. —Entonces... cuando saliste con Vidal por primera vez le hiciste como un informe o lectura de hoja de vida... algo. —La verdad es que no, no... a mí me gusta sorprenderme. Si tus hijas asintieron y Consuelo intentó no reírse de ellas, intentó tranquilizarle con la idea de que todos eran buenas personas. —A mí ya me cansa que no podamos estar en ningún lugar sin problemas —Se queja Mariana. —Qué tal si nos vamos a nuestra casa unos días y ellos otras, no sé como turnos. —Sí, porque no visitan más a su mamá o algo... nos caería bien un poco de paz. —Todos estamos pasando por algo, pero ahora somos una familia y nos toca... tener un poco.... un poco de paciencia —comenta Consuelo. —Ya... pero cansan, la paciencia como que se agota. Vidal no había podido evitar escuchar parte de esa conversación, le daba vergüenza que sus hijos se comportaran como un dolor de cabeza constante, que siempre hubiese un problema y otro. —Oye, Vidal —le llama Alice. —Quiero un poco de agua, ¿será que tú puedes acompañarme al piso de abajo a traer unas botellas? —Claro, princesa, vamos. —Muchas gracias. Alice le tomó de la mano y bajó al primer piso con Vidal, tomó un par de botellas con agua y las galletas favoritas de Anastasia, su padrastro la miró divertido. —Se siente un poco triste, cree que Tessa le arrancó un mechón de pelo. —Ya, por eso las dos están castigadas. —Sí... —responde. —Creo que Tessa está muy enojada con lo de su mamá y Anastasia aunque no diga nada, está triste, creo que debería hablar con ella sin regañarlas como hace mi mamá, ella habla con nosotros, nos escucha y hace que todo sea mejor. —Creo que Consuelo tiene superpoderes. —Yo también lo creo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD