Nombre de la pintura

1483 Words
Yo a veces no tengo claro qué quieren decir con el plan de Dios, pero esa es la primera muestra de que todos tenemos una visión diferente de lo que pasa a nuestro alrededor, de lo que interpretamos, planeamos y lo que queremos. Vidal quería inspirar a sus hermanos, y Anabelén y Gabriel lo convirtieron en una super competencia, una severa; sus hijos lo convirtieron en un negocio y una especie de guerra, y él tenía una guerra interna. Llevaba tres días encerrado viendo un lienzo cuando su hijo entró a la habitación con una pacha de alcohol. Lo vio incrédulo, y después se rió. —¿Sabés que soy tu papá? —Cuando no puedo componer, huelo alcohol y fluyo. —¡Xavier! —se queja Vidal y los dos ríen. —Lo huelo en mi aliento, y me motivo. —Estoy clínicamente deprimido porque no querés ser un Vidal. —¡Qué pesado! —responde Xavier—. Entiendo lo de Tessa, sé que vender un pastel es un excelente negocio. Podés venderlo entero o por porciones, o sea, es una genialidad. Pero ¿qué tal si hago esto y fracaso? Toda la vida todo el mundo dice que soy Xavier, que soy impresionante, un Vidal de la música. ¿Qué tal si no soy nada? —Puff... entonces encontrás otra cosa. Mi papá debía ser un excelente matemático, lo era. Su mamá era física, una de las primeras mujeres con la capacidad de aprender y enseñar física-matemática. Su papá era un economista. Vidal nació para hacer algo que no son pinturas bonitas, sino para ser inteligente, y calculó mierdas que sus papás jamás podrían calcular. Las calculó en pinturas, en días, en noches, en risas, a veces medio desnudo, a veces en modo poeta, con sufrimiento, dolor, y otras veces tan libre como él podía. ¿Sabés por qué yo evito pintar? —No. —Porque no importa si es la Mona Lisa o tu bisabuela desnuda, siempre van a compararlo con Vidal. —Qué desagradable —Vidal abre la botella que su hijo trajo para él y le da un sorbo largo—. Xavier, en veinte años vas a ver atrás y decir: “Mi papá creyó en mí” o “me cagué tanto que no hice nada”. —Vidal saca su teléfono y le hace una transferencia. —Si le decís a tus hermanas cuánto te di, te corto los huevos personalmente aunque me cargue tu fertilidad. Xavier revisa la cifra, y es mucho más de lo que su papá les había ofrecido a sus hermanas, mucho más de lo que creía poder generar con la música. Vidal le da un golpe en la mejilla y truena sus dedos cerca de su oído y busca la mirada de su hijo. —Eso es un seguro de vida. Si sabés administrarlo, tendrás bien dinero. Si te lo gastás, te lo lograste, y creo que no voy a volver a pagarte nada en la vida. Pero es un seguro. Es lo que yo creo que podrías generar con la música por un tiempo. La mayoría de los artistas se mueren de hambre. Ve al mundo real y morite de hambre, pasá frío. No sin antes terminar este año de colegio. Pero componé, producí, vendé algo con la tranquilidad de que tenés un colchón en el que caerte. No hagás drogas, no te podés permitir las drogas ni ponerte creativo a través de ellas. No tengás sexo sin condón porque no hay nada más ridículo y triste que un joven con ETS en la sala de emergencias. Y no embaracés a nadie hasta que no estés 100% seguro de que es la correcta o que está preparada para ser mamá, porque no es lo mismo pelearse la custodia con una borracha que con una obsesionada con la salud mental y su alimentación. —Entendido. —Entendido —responde y estrecha su mano—. Te lo voy a devolver. —Vale. Lo acepto porque tengo hijas que planean tener bodas carísimas y hay una que no habla pero se siente cara. —Sí… Sabés, deberías seguir tu consejo y pintar, si no vas a resultar el Vidal menos talentoso pero con más expectativas. —Estás proyectando. —Bebé y pintá, harás mi historia más valiosa: músico, nieto de pintor, hijo de alcohólico que no pinta. —Gracias, Xavier, por ser un hijo inspirador —responde Vidal sarcástico y su hijo le tira un balde de pintura. Antes de que su padre le regañe, propone pintar uno contra el otro. Consuelo no quería ser la que fuera e interrumpiera a su esposo en su momento de inspiración, pero todas sus hijas estaban listas para ir al colegio y faltaba su hijo. Así que subió con su otro hijo, no porque uno reemplaza al otro, sino porque Imane es muy sensible al enojo y estaría obligado a relajarse para cargarle. En su lugar, se encontró a su esposo pintando y a su hijo acompañándole con su propio lienzo. —Entonces… ¿Xavier va a ir al colegio o no? —No, le escribiré una falta. —Hay un hijo favorito en esta familia, Imane. Y cuando tus hermanas lo sepan, van a querer romper cabezas y cosas locas. Sí, sí, ellas no son el problema —comenta Consuelo. Vidal y Xavier habían pasado un día entero pintando. Y cuando terminaron, para la cena aproximadamente, y tenían sus obras listas, llamaron a los críticos. Eran su suegro, Consuelo y Anastasia, porque la última sabía poco de arte, pero era buenísima criticando cualquier cosa. —Wow —dice Consuelo y abraza a su esposo mientras observa ambos lienzos. Parecían uno la continuación del otro. Anastasia los observó y apuntó en su libreta con bastante fluidez para no olvidar lo que tenía que decirles de cada una de sus pinturas. Rodrigo Roberto Montragón vio la pintura y las puso una al lado del otro. Uno había pintado una sombra abstracta y un hombre cargándola, mientras el otro había pintado un niño pequeño caminando de la mano de un padre, uno más largo. —Es muy conmovedor. ¿A qué le tienen miedo exactamente? O sea, Xavier puede soltarle un poco la mano a papá y tú dejar la sombra de mi abuelo descansar. Conozco personalmente a una psicóloga y psiquiatra, doña Emma. Somos amigas por correspondencia. Creo que puedo conseguirles una cita médica porque los dos necesitan ayuda. Pero este es un comienzo prometedor. Sigan pintando. La próxima vez con más estilo, con más miedo tal vez —responde Anastasia. —Sí, especialmente tú. Necesitás dejar de contenerte. Y Xavier, lo hacés muy bien. ¿Qué tal si trabajás más en tu obra? Alineá los detalles, más técnica, hijo. Sos extraordinario. Y Vidal, vos poné más peso, más fuerza, que desde afuera no quepa duda que estás hablando de Vidal. Sacá esa rabia en este, porque si no, vas a seguirla arrastrando en cada pintura. Tú no sos el hijo de Vidal, tú sos la nueva cara de una compañía, la cabeza de una empresa y la cabeza de esta familia. Tomá tu lugar en tu propia mesa. —¿Consuelo, no tenés una opinión? —pregunta Xavier. —No, estoy tremendamente orgullosa de ti, de lo bien que te expresás y de lo mucho que querés a tu papá —responde Consuelo—. Y a ti solo quiero comerte a besos, mi amor, ¡qué monada! Tienen tres días para terminar, que mañana mismo inicio la campaña. Son mega profundos los dos. ¿Quién lo diría, Anastasia? —Verdad, pensaba que si dependíamos de papá pintando nos moríamos de hambre, pero ya vieron que no —comenta mientras bajan las escaleras. Tessa, Natalia y Marina fueron las siguientes en subir. Las tres vieron las pinturas y Natalia se puso a llorar con el cuadro de Vidal. Le dio un abrazo a su papá y le acarició el pecho mientras hablaba de sanar el dolor. Tessa se concentró más en el de su hermano. —¿Por qué no querés competir? ¿Porque creés que vas a perder contra mí? —No voy a caer en tus juegos de psicología de mierda. —Un solo día. Así se va a llamar mi próxima pintura. Y va a ser ustedes discutiendo todo el tiempo —Se queja Vidal y le da un beso en la frente a Natalia mientras la mece en sus brazos. —¿Qué te pasa a ti, Xavier? ¿Nos quieres contar? Este es tu lugar seguro —comenta Natalia mientras va a abrazarlo. Mariana intenta no reírse de su hermana, pero se le escapa una risa—. Tú eres muy bueno con tu música, siempre que nos escapamos disfrutamos muchísimo. —"Castigo" es el nombre de la tercera pintura —promete Vidal, y los cuatro ríen.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD