Nos vamos

1397 Words
Había sido la semana más estresante para todos, que si Anastasia, los exámenes o simplemente estar peleado con Consuelo por algo que no tenía ganas de entender ni de seguir discutiendo. Vidal decidió alivianar la semana para todos y preparó todo para una escapada familiar. Un par de días antes había escuchado a sus hijastras decir que no habían conocido nunca la playa y mucho menos el mar, y se le vino la idea a la mente. Anastasia podía reposar cómodamente, sus hermanos cambiar de ambiente, y él y Consuelo tendrían la oportunidad de tratar de ver las cosas desde otra perspectiva. Primero había ido con Consuelo a recoger a los niños al colegio, todos parecían agotados. Observó a Natalia llorar desconsolada porque creía que no tendría ni siquiera oportunidad de pasar el año. Su padrastro le acarició el pelo y le prometió que el mundo no iba a acabarse. —Alice y Anastasia van a llegar a mi grado y voy a estar ahí, soy tontísima. —No eres tontísima, eres... —Xavier se quedó en silencio buscando la palabra adecuada—. Insegura porque estudiaste. —Huyamos antes de que esto salga peor —pidió el joven, y su padre negó con la cabeza. —Naty, es un examen, y si no te fue bien, tu mamá y yo buscaremos una forma de ayudarte para solucionarlo. —A veces repetir no está mal si no sabes —comentó Alex, y todos le miraron en silencio y negaron. —Muy pronto —comentó Tessa antes de subir al auto y abrazarse a su mochila. Los demás subieron, y Vidal fue por su hija menor al hospital. Consuelo se quedó en el auto rogándole a su hija que tratara de calmarse. Anastasia vio incrédula a su papá. —¡¿Pero ni un globo?! Tuve un accidente que casi me mata. —Anastasia... —No, de verdad no me valoran lo suficiente, y los otros han decidido no venir a verme —se quejó—. Desgraciados. —¡Anastasia! —Es toda tuya de nuevo —murmuró su madre antes de inclinarse a darle un beso en la mejilla. —Después de toda esa crítica moral que me has dado, ¿pensaste que yo también lo estoy pasando mal? ¿Que lo estoy pasando mal por mi culpa? —preguntó—. Ya estoy siendo lo suficientemente dura conmigo misma, y tengo toda la culpa del universo recorriéndome las venas, pero no puedo autocompadecerme porque te enfermaste, no veo a tus hermanitos hace días, extraño a mi esposo y quiero con toda la vida un abrazo de los que me daba Xavi cuando tenía seis. La respuesta resumida es que tienes razón, Stace. Me toca disculparme, enmendar todo lo malo que he hecho y esperar que con el tiempo y cambiando mis acciones, todos ustedes quieran perdonarme —respondió y le dio un beso en la mejilla. La abrazó, y Anastasia le devolvió el abrazo. —Me alegra que te sientas lo suficiente mal como para querer cambiar —respondió y le dio un beso en la mejilla. —Entonces, ¿se han divertido? —Anastasia ha pasado la semana regañándome... pero bueno —se quejó su madre sin soltarla todavía. —Mamá, ya —le dijo, y Francesca se quedó junto a su hija un par de segundos más. —Ya que, tengo una sorpresa mejor que globos para mi hija. —¡Uhh, qué es? ¿Dinero, maquillaje, mi propio auto? —Vidal se rió, y su hija sonrió. Les dieron las gracias a las enfermeras y se despidieron de Francesca antes de salir del hospital. Anastasia tomó asiento en el auto, y sus hermanos la saludaron emocionados. —Lo único bueno es que salí sin una cicatriz de esto. —Y que estás viva, pudiste haberte muerto por mentirosa, Anastasia —le regañó su padre. Anastasia miró a sus hermanos, y Xavier agregó que estaba convaleciente y que no deberían estresarla con castigos. Vidal la miró un par de segundos antes de regresar la vista a la carretera. Cuando llegaron a casa, vieron una microbús parqueada, con globos y flores. —¡Ah! Pedí globos y un auto —comentó Anastasia mientras bajaba a ver. —Vidal, ¿has comprado esto? —No, lo he rentado. Es para probarlo, ver si nos gusta e irnos a pasear. Tienen quince minutos para empacar una maleta y nos vamos. —¿Pasear a dónde? —preguntó Tessa. —Estamos cansados. —Dormirás en el bus y disfrutarás de dos noches y tres maravillosos días en la playa. —Yo acepto —anunció Alice y fue corriendo al interior para alistar sus cosas. Vidal les apuró y les pidió contagiarse de la energía vacacional de Alice. Consuelo vio a los niños revoloteando de un lado a otro intentando tomar sus cosas. Consuelo no parecía muy complacida, pero Vidal le tomó de la mano e insistió en que estar juntos todos en casa comportándose como una familia era justo lo que necesitaban. Consuelo empacó varias cosas y se demoró lo suficiente como para que todos estuviesen en el minibús esperándola cuando finalmente terminó de empacar. —¿Llevan ropa interior todos? —preguntó—. Medicamentos para los que son alérgicos, las medicinas de Anastasia, ¿llevan sandalias, shorts, vestidos, vestidos de baño? —Sí —respondieron todos. —Bloqueador solar, bronceador, crema humectante, desodorante. —Sí, sí, porque hay gente que ocupa desodorante siempre —comentó Alice, y Anastasia intentó contener la risa, pero la verdad es que el olor de sus hermanos postejercicio era un crimen, una violación a los sentidos. Vidal se aseguró de que la casa estuviese bien cerrada y después inició el auto. Consuelo vio por la ventana y se acarició la barriga mientras los niños atrás parecían tener de todo que contarse. Vio a Tessa dormida por el retrovisor, a Natalia y Xavier compartiendo los audífonos para escuchar lo mismo, Mariana estaba haciéndole trenzas en el cabello a Anastasia, un peinado muy apropiado para la playa, mientras Alice dormía en un asiento solo para ella. Casi tres horas más tarde, ya percibían el olor y el sonido del mar. —¿Nunca habías estado en la playa? —No. —¿Qué pasó con tus papás? —preguntó Xavier mientras abría un poco la ventana para que su hermana oliera la brisa mezclada con la humedad y la sal. —Mis papás... no los recuerdo. Sé que tenían problemas de dinero, problemas con el alcohol, él nos pegaba a las tres y... no sé. Un día nos puso a vender en la calle, a pedir limosna, y creo que nos pegaron por vender muy poco, como tres días seguidos. Yo tenía seis. Mari se estaba guardando el dinero y nos fuimos. Tomamos un bus, luego otro y otro, y finalmente llegamos a la ciudad. —¿Nadie se dio cuenta de que viajaban solas? —No, íbamos cerca de alguna señora, y si la señora nos preguntaba le decíamos que íbamos para donde una tía. La gente no quiere involucrarse mucho. —Lo siento, debe ser duro. —Creo que lo fue más para Mariana. Siempre ha tenido que correr conmigo y lo que me pase. —Creo que ha sido extremadamente valiente. Yo no hubiese hecho nada. —Eres un buen hermano. —Xavier sonrió de medio lado, y Vidal se estacionó y anunció que habían llegado. Bajó para abrir la puerta de la buseta y vio la sonrisa en el rostro de las chicas al darse cuenta de lo cerca que estaban del mar. Consuelo las observó y les preguntó si querían ir de una vez. Las dos asintieron con la cabeza, y su mamá las acompañó. Alice y Anastasia las siguieron emocionadas con una guerra de agua. Vidal sonrió de una forma u otra había ganado, estaba por ir a meterse cuando vio a Tessa escabullirse hacia atrás, él due a buscarla y su hija sonrió para endulzarle, pero él negó con la cabeza. —Mi amor todos vamos hacia el mar, nadie va para la casa. —Me da asco la arena yo voy ayudando con las cosas y todos los demás...—Vidal cargó a Tessa hacia el restos y todos rieron cuando los vieron, ya estaban mojados, llenos de arena y solo faltaban ellos dos.
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