Tras el paseo que Franchesca hizo con el principe regresa a sus habitaciones y se encuentra con su madre que acaba de llegar para saludarla.
—Hija, ¿Cómo estás? —la mujer la abraza con fuerza.
—He estado muy bien, la vida aquí es muy desocupada.
—¿Y has hecho amigos?
—En realidad solo tengo una amigo, es el principe Sebastián.
—Oh, el principe de Beyang, él llegó de las tierras del oriente, salvó a el rey de ser emboscado en la frontera con Chilat y como agradecimiento el rey le concedió el castillo Beyang. Es un buen muchacho, muy valiente.
—Si, lo es, también es bueno y divertido conmigo—dice con alegría.
—Es un muchacho joven y atractivo. —afirma la mujer esperando ver la reacción de su hija, que solo asiente con la cabeza.
—Cariño, te traje estos pasteles. Tu padre te visitará en estos días.—la mujer se despide de ella.
—Adiós.—dice sin ganas.
Tras la visita de su madre la joven princesa se mantiene encerrada en sus habitaciones alrededor de 2 semanas por culpa de una fiebre.
—Princesa, le preparé este caldo—habla su doncella.
La joven lo toma y sigue durmiendo, no se ve mejoría en la muchacha todo lo contrario está cada vez más débil.
—Alteza, la princesa está empeorando cada vez más—informa la criada.
—Es hora de suministrarle otra ración de medicina—dice la mujer con desdén sacando el frasquito de entre sus finas ropas.
Cuando la criada de rango llega al ala de la princesa lo da a la desesperada doncella personal, quien lo agrega en el caldo.
—Gracias Señora Smithers. Su sierva está muy agradecida.—sonriendo la criada regresa con su ama.
La doncella iba entrando cuando el principe Sebastián aparece.
—Quiero ver a Lady Franchesca.
—Alteza, la princesa no puede atenderlo.
—¿Princesa? —dice confundido.—Hace caso omiso a la petición de la doncella y se interna en la oscura habitación. Distinguió la figura de la mujer en la enorme cama y se acerca a ella viendo que su semblante está decaído. La habitación estaba en penumbras y la habitación tenía mucha humedad haciendo pesado respirar.
—Principe debo darle la medicina—la mujer se acerca con el tazón en mano, sin embargo el se adelanta y arrebata de las manos de la mujer la medicina. Había visto esos síntomas antes y estaba casi seguro que se trataba de veneno.
—¿Tu preparaste eso?
—Si, yo hice el caldo y la Reina mandó un excelente tónico para la princesa.
El hombre se acerca a la ventanilla de la habitación y volcó el contenido.
—Principe—reprocha la joven doncella con los ojos de par en par
—Es veneno—decreta.
La doncella se asusta y empieza a llorar suplicándole perdón y afirmando que ella no envenenó a la princesa.
—Guardia —grita haciendo que varios hombres lleven a interrogar a la doncella.—Traigan a un médico —ordena también.
Tiempo después es médico llega dando finalmente la causa de su enfermedad.
—Efectivamente es un caso de envenenamiento, le daré el antídoto sin embargo su recuperación dependerá del reposo.
—Gracias doctor.
Tras varios días la princesa se recuperó totalmente, ya podía mantenerse despierta e incluso recibir visitas.
—Me alegra verla bien
—¿Pasa algo?—pregunta al sentir el ambiente tenso.
—No me dijo que era una princesa
—No me gusta ese título, ni siquiera cuando era simplemente Lady Franchesca.—El hombre solo asiente.
Al pasar los días Franchesca le pedio al principe que la llevara a una audiencia con el rey para hacerle saber del intento de asesinato hacía ella.
—Quiere...
—Saber quien fue el responsable de esto—dice sin expresión.
Al ingresar al gran salón de audiencias la joven se intimida ante el lujo sin embargo está decidida a encarar al rey.
—Me presento—habla
—Es la primera vez que vienes aquí directamente, cuéntame la razón para visitarme.
—Estuve enferma por muchos días en mi habitación sin embargo no fue un caso de enfermedad esporádica, fui víctima de envenenamiento. Pido justicia.
—Dime una razón para investigar tu caso—habla con despotismo.
—El rey sabe que su reino tiene muchos súbditos y yo soy uno de esos y todos esperamos que el rey juzgue los asuntos del palacio con sabiduría, si el rey no lo hace eso invitaría al pueblo a la sublevación, usted tiene las de perder si no investiga mi caso.—habla astutamente. El hombre abre los ojos ante el razonamiento de la joven.
—Mis eruditos investigarán tu caso.
—Gracias Majestad.
—Puedes retirarte
La mujer sale del lugar y se encuentra a las afueras al principe Sebastián.
—Gracias principe.
—Un placer princesa.—el hombre se aleja junto con sus guardias.
***
4 semanas después.
—Principe, las provincias del Oriente esperan su pronta llegada. Desean liberarse del yugo del Reino de Prey.
—Lo sé Morgan. Solo debo esperar más tiempo aquí y así desviar la atención del rey para luego regresar y gobernar mis tierras, azotadas por Prey.
—Si alteza, ¿Quiere planear su salida?
—No, dime qué investigaste de la princesa. ¿Cómo llego al palacio?
—En realidad la princesa no es hija de los condes de Montblanc. Es hija de la reina, es ilegítima.
El noble estalla en un arranque de ira barriendo con su brazo todo lo que está en el escritorio.
—¿Estás seguro?—grita furioso a su servidor.
—Si principe. Nuestros espías hallaron su acta de nacimiento en la bóveda privada de la Reina—Sebastian se tranquiliza y deja hablar al mayordomo—hallamos el acta sin nombre, fechada hace 17 años, no hay duda que es ella. La reina entregó a la niña sin siquiera darle un nombre.
—Gracias Morgan, puedes retirarte.
No quedaba duda, ella era la princesa ilegítima del Reino de Prey, la ira crecía dentro de su pecho al saberla hija de la mujer que llevó a la ruina toda su familia. No tenía nada más que hacer en ese lugar, partiría en pocas semanas para gobernar su tierra y reivindicar el nombre de su familia.