Capitulo 4

1011 Words
Los rumores llegaron al palacio, el rey se había enterado que el principe de Beyang era en realidad el heredero de las tierras del oriente, su frustración estalló cuando se dio cuenta que matarlo no era una salida en ese momento. Al haberlo salvado le había prometido darle protección haciéndolo firmar en el libro de promesas. —Majestad, debimos investigar su pasado antes de prometerle protección—habla un funcionario de la corte. —Quiero soluciones, no reproches—exige furioso —Majestad, creo que lo más conveniente ahora es establecer lazos con Taín, eso lo logra si emparenta a una de las princesas del Reino con el oriente. Empezar la guerra ahora no es conveniente, a pesar de nuestra recién victoria en Taín. Ellos son guerreros natos y se entrenan desde que son niños, toda la región está muy poblada y ante cualquier provocación de Prey no dudarán en atacarnos, nuestro ejercicio sufrió demasiadas bajas aunque ellos eran pocos en la batalla de conquista. El principe Sebastián es un subordinado suyo y se verá obligado a aceptar su voluntad. —Tus palabras son sabías Bland. Malena es aún muy joven, no quiero entregar a mi hija Cristina a Sebastián, creo que elegiremos entre sus hijas ministros. —Majestad ¿Que opina de la princesa Franchesca? Si ella es escogida nuestras hijas tampoco se verán afectadas. El rey mira a los ministros y ve en su expresión desesperación, sonríe complaciente hacía sus subordinados que agradecieron en cambio la decisión. —Consejero Bland, proclama este decreto. Sebastián se hallaba en su habitación junto con sus guardias cuando fue sorprendido por el consejero real. Fue llevado ante el rey. —Sebastian, traté de ser muy cuidadoso al eliminar a toda tu familia pero al parecer no fui lo suficiente, en frente de mi está el heredero de las prósperas tierras del oriente. Sebastián se mantiene en silencio con la mirada clavada en el suelo mientras ocultaba sus ganas de matar al rey. —Sabia que este momento llegaría—habla con nudo en la garganta. —No te mato porque supiste jugar tus cartas y me hiciste prometerle protección. Muy ingenioso de tu parte—dice entre dientes. —Consejero, Lee mi decreto al principe. —El rey en su absoluta bondad ha perdonado al principe por su falta y en castigo su título de principe de Beyang se le quitará. Este es el decreto del rey.—El hombre cierra el rollo de papel El principe agradece al rey inclinado su rostro y se retira del gran salón real. A las afueras sus guardaespaldas lo siguen una vez este los adelanta. —Informa a Lord Ind que vaya a mis habitaciones lo más pronto posible. En la corte el rey convocó a la reina Eleonora a una audiencia privada —Saludos majestad. —Esa noche no se eliminó a toda la familia real del oriente, hay un sucesor al trono en Taín —Dime que mataste a ese infeliz—habla demente. —No podía matarlo. Es el principe Sebastián. —Es un traidor, tenías que matarlo. —Eso lo haré, pero si lo hago ahora pondría en riesgo mi soberanía. Anteriormente te había quitado tus privilegios de reina, puedes hacer lo que se te venga en gana con ellos, solo te pido que prepares para el matrimonio a Franchesca. —Su majestad, ¿cómo puede casarla primero que a la princesa Cristina? —¿Quieres que tu hija se case con un rebelde?—el hombre grita exaltado.—Necesito que le informes acerca de su matrimonio pero no con quién. La mujer comprende la situación y sonríe con ganas, mientras piensa en la deplorable vida que enfrentará al lado de un hombre resentido, rencoroso y con sed de venganza. Franchesca estaba sentada en su tocador siendo atendida por Dayana cuando la reina entró con su usual vibra de elegancia. —Te espero afuera —la mujer sale y Franchesca la sigue hacía el exterior de la habitación— El rey me ha dado instrucciones respecto a tí. —Digame —El rey ha establecido tu matrimonio. —¿Cómo? —Asi es, debo prepararte para tu boda. —¿Con quién me casaré? —Eso lo sabrás el mismo día de tu boda—la mujer se retira junto con su séquito de doncellas y criadas personales. Pronto la preparación de su matrimonio empezó y aunque las actividades eran duras la reina no la había molestado en el proceso. No tenía idea quien sería su marido y eso le generaba inquietud. Las puertas del palacio se abrieron dando paso a los jóvenes escoltas, Salma una joven hermosa pero ruda y su hermano Derr un muchacho tan frío como un témpano de hielo. —Amo, el señor Ind ha informado al oriente de su pronta llegada al territorio. —¿Que han dicho los señores feudales? —La mayoría ya se han pronunciado, lo respaldan enviando fondos y personal—responde Derr —Eso está bien, pueden retirarse. —Si Alteza. El joven principe saca de entre su túnica una cajita verde, dentro hay un pendiente que pert a su madre. El único recuerdo de su familia. —Pronto regresaré y haré pagar a Prey por la sangre derramada por todo el oriente de Taín. Los meses pasaron y con cada día que pasaba Sebastián sentía más incertidumbre respecto a su futuro. Un joven guardian de la corte real interrumpió su pensamiento. —Principe, tenemos orden del rey para llevarlo a una audiencia privada. Sebastián entro al gran salón de audiencias y divisó al rey sentado al final del lugar —Principe Sebastián, es hora de leerte mi decreto, uno que no quise exponer pensando en un momento idóneo. —Le escucho —Te lo resumiré, debes contraer matrimonio con una de las princesas del reino. La mujer se ha estado preparando durante los últimos meses y se casarán al finalizar la primavera. Sebastián se mantiene sereno mientras escucha al hombre sin embargo en su interior siente correr la furia, todo era claro, el rey quería establecer lazos con el oriente. Apretó los puños tratando de esconder su enojo. —Eso es todo, Sebastián. —Si. Al salir del salón fue custodiado por sus dos leales guardias quiénes también eran testigos de la furia de su superior.
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