Valentina, intentó tapar el sol con un dedo y se dió cuenta, que un dedo no era suficiente. Ocupó el dinero del alquiler para costear el sueldo de una niñera con experiencia en niños con autismo, la joven que contrató era todo un encantó y Aylín encajó de maravilla con ella. Al menos, ya no debería llevarla al jardín, por que cuando lo intentó al día siguiente del altercado a la pequeña de solo ver el lugar le agarró una crisis muy intensa. Por suerte, la joven madre estaba ahí y supo cómo contener a su pequeña.
Con Erika, la niñera, había solucionado un gran problema y podía continuar con su trabajo sin la constante preocupación del bienestar de su hija. Ahora el problema radicaba en cómo podría costear todos los gastos con su sueldo. Hablar con Gustav por un aumento no era una opción viable, quizás debería hablarlo con su jefe directamente.
La joven se disponía a preparar algo de cenar mientras Aylín jugaba con unos cubos en la sala, cuando de pronto el timbre sonó con insistencia. En ese momento, un nudo se alojó en la boca de su estómago y los nervios la invadieron. Sabía que era la señora Paola, quién venía a cobrar el mes de alquiler.
Valentina, con pasos apresurados se acercó a la puerta y abrió. En efecto, Paola Schuster estaba frente a ella con un expresión furibunda en el rostro. En ese momento, la joven sintió una intensa angustia.
—Aún no me has depositado el dinero del alquiler. —Habló la mujer con un tono de voz hostil. —Llevo cuatro días esperando noticias tuyas, por lo que me ví en la obligación de venir. —La mujer ni siquiera se tomó la molestia de saludar.
—Buenas noches, señora Paola... Yo... —Comenzó a frotar sus manos con insistencia, evidenciando su estado de ansiedad.
—Solo quiero mi maldito dinero, no tengo tiempo ni ganas de entablar una plática contigo. —Le cortó de manera fría y distante el discurso.
—Tuve un problema, por lo que aún no tengo su dinero... —Las palabras salieron extranguladas.
—Esa no es la respuesta que deseaba escuchar, Valentina. —Escupió la mujer aquellas palabras con desprecio. —No me importan sus problemas, el incumplimiento del pago es algo que no puedo permitir.
A Valentina, el nudo en el estómago se le tornó aún más intenso, arrebatándole el aliento. Sabía que este momento iba a llegar, pero a pesar de prepararse mentalmente para ello, no estaba preparada. No sabía que decir o como defenderse.
—Lo sé, pero por favor, déjeme explicarle. —Su voz salió suplicante y lastimera.
—Creo que no fuí lo suficientemente clara contigo. Dije que no me importan tus problemas, quiero mi dinero, por que no puedo mantener a las personas viviendo gratis. —Escupió secamente.
—Si, lo entiendo —a Valentina se le llenaron los ojos de lágrimas. —Tan solo deme unos días, puede que a veces me retrase, pero jamás le he dejado de pagar.
—Aya afuera, hay un montón de personas buscando donde vivir y que a diferencia de ti, pagarían su arriendo de manera puntual. Contigo estoy perdiendo plata. —Se cruzó de brazos y frunció el entrecejo.
—Señora Paola... —Se le hizo un nudo en la garganta.
—Tienes dos días para pagarme, para el viernes en la noche deseo el dinero, de lo contrario tendrás que abandonar el departamento. —Sin más palabras se dió la vuelta y dejó a Valentina ahí sola y con el rostro empapado en lágrimas.
Valentina cubrió su rostro con ambas manos y sollozó amargamente. Sabía perfectamente que la mujer no debía soportar sus problemas, pero de solo pensar que su hija y ella quedarían en la calle le daba pánico. No podía permitirlo, Aylín ya había sufrido demasiado en sus cortos años de vida, como para más encima someterla a esto.
La joven se adentró en su hogar y cerró la puerta con seguro, secándose posteriormente la cara. Aylín, desde el sillón la miró por un instante para luego comenzar a agitar sus bracitos mientras balbuceaba. A Valentina se le encogió el corazón y haciendo un esfuerzo sobrehumano por no llorar, se acercó a donde estaba su pequeña y la abrazó. Aylín comenzó a reír estridentemente mientras su madre repartía escándalos besos sobre sus regordetas mejillas.
No era momento de llorar, era momento de pensar en una solución, por que sin importar qué, ella protegería a su hija y su bienestar.
•••
Thomás necesitaba relajarse, el estrés del trabajo lo estaba volviendo loco y si no tomaba un respiro, terminaría explotando. Por eso aceptó la invitación de Louis, su mejor amigo y ahí estaban, ambos sentados en la terraza de un bar, bebiendo un trago y conversando de trivialidades.
—Te ves preocupado, Tom —Louise sacó un cigarrillo y lo encendió.
—Lo estoy, el tema del hospital me tiene demasiado estresado. Albert, les hace creer a todos que desea retirarse, pero en el fondo no desea hacerlo. —Se bebe su vodka de un solo trago.
—¿Por qué crees que lo hace? —Louise, alzó una de sus cejas mostrándose intrigado.
—Están malgastando los fondos del hospital, además de que el tema de los salarios no andan muy bien. ¿Como es posible que a la asistente del director le paguen tan poco como para que no pueda costear los tratamientos y terapias de su hija? ¡Es que no lo entiendo, Louise! No soporto estás injusticias. —Se queja exageradamente mientras una mueca de frustración se refleja en su rostro.
—¿Conoces algún caso en particular? —Dió una profunda calada a su cigarrillo.
—Si, es una mujer del trabajo. Ella es la asistente de Albert. La joven gana tan poco que no puede costear los gastos médicos de su hija pequeña. Su hija tiene autismo severo no verbal, solo necesita terapias y consultas periódicas con el neurólogo y ella no tiene como costearlo. —Confiesa con indignación.
—A lo mejor, esa mujer gasta demasiado dinero.
—No, no es así Louise... La señorita Hoffman, es una mujer sencilla, su atuendo es modesto y casi siempre luce la misma ropa. Ella no carga ningún lujo encima que pueda denotar derroche alguno. —Se sirve otra copa.
—Al parecer la observas demasiado bien. —Louise ríe.
—No empieces con eso, amigo. Es solo que todo esto me preocupa. —Se deja contagiar por la risa de su amigo. De pronto, su teléfono comienza a sonar y al mirar la pantalla ve un número desconocido. Le hace una señal de silencio a su amigo y responde la llamada. —¿Hola?
—¡Hola, querido! Soy yo, Laura. —La chillona voz de la mujer le desagrada. Para ser honesto, todo lo relacionado con ella le desagrada.
—Buenad noches, Laura. ¿En que puedo ayudarte? —Alza la mirada y observa la mueca divertida de su amigo.
—Iré directo al grano, sabes que soy una mujer bastante directa. —Deja escapar una risita hueca. —Quiero invitarte a cenar, me gustas y se que te gusto. Papá me comentó respecto a los requisitos para que seas el nuevo director del hospital y sería buena idea llegar a un acuerdo, yo bien podría ser tu prometida. —Dijo la mujer con todo el descaro del mundo.
—Laura, lamento tener que declinar tu oferta a cenar. Eres una mujer hermosa y cualquier hombre estaría feliz de tremenda propuesta, pero yo ya estoy comprometido y amo a mi futura esposa. —Saboreó cada palabra.
—¡¿Qué?! ¡Pero mi papá me dijo...! —La rubia chilló histérica.
—He mantenido mi compromiso en secreto, por cuestión de privacidad, pero creo que de ahora en más dejara de serlo... Bueno Laura, ahora estoy en medio de una velada romántica con mi novia, tengo que colgar. Buenas noches. —Colgó la llamada y arrojó con brusquedad el celular sobre la mesa.
—¿Qué fue todo eso amigo? ¡No me digas que el director quería meterte por los ojos a su hija! —Exclama a todo pulmón.
—Exactamente amigo y por safar de este problema me acabo de meter en otro. ¿De dónde carajos sacaré una novia?
—Manda a todos al carajo, eres el inversionista mayoritario del hospital y tienes más dinero que pelos en tu cabeza. —Apaga su cigarrillo y se sirve un poco de vodka.
—Si hago eso, entonces no podré descubrir la verdad de todo esto. Necesito descubrir a Gustav y Albert con las manos en la masa. —Sirve un poco de vodka para él y se lo bebe de un solo trago. —Ahora debo ver cómo salir de este problema y conseguir una novia...