Thomás amaba su trabajo, el poder ayudar a otros y salvar vidas. Pero a pesar de la gran vocación que sentía, siempre dolía ver a un niño sufriendo. Se sintió aliviado cuando la pequeña Aylín reaccionó y abrimos sus ojitos, batiendo sus pestañas constantemente mientras se adaptaba a la luz. El médico, tomó una silla y la acomodó junto a la camilla de la pequeña. Hace no mucho, aplicaron un sedante suave a la pequeña, por lo que estaba despierta pero tranquila.
—Dejen pasar a su madre —ordenó Thomás a una de las enfermeras que hacía su revisión de rutina.
—Si doctor. —Respondió inmediatamente la mujer.
A los minutos, Thomás observó a Valentina entrar en la sala. La mujer se secaba más lágrimas con un pañuelo desechable mientras avanzaba con pasos torpes y temblorosos. Desde la perspectiva de Thomás, se veía demasiado pequeña, tan frágil y vulnerable.
—Hola mi princesa... —Valentina tomó la pequeña manito de Aylín entre las suyas y repartió reiterados besos en el dorso de la misma. —Ya todo pasó mi amor, mamá está aquí y no te va a volver a dejar nunca. —La voz se le quebró e hizo un inmenso esfuerzo para no llorar.
—Mami... —Dijo la pequeña para luego acompañar la palabra entre balbuceos.
Su autismo era no verbal, por lo que apenas y sabía decir alguna palabra. En su caso, debería de estar asistiendo a terapias con fonoaudióloga, sin embargo, Valentina no tenía cómo costear aquellas terapias. Tantas noches lloró sintiéndose impotente, por que su economía limitaba la calidad de vida de su pequeña y cualquier madre que ama a sus hijos se siente desesperada en una situación así.
—Todo está bien, bebé, apenas el doctor nos permita irnos nos iremos. —Le acarició la mejilla con ternura, mientras observaba el parche que lucía la pequeña en la frente con tristeza.
—¿Cuál es tu nombre? —La profunda voz de Thomás resonó dentro del cubículo.
—Ah... Yo... Soy Valentina Hoffman. —Su voz salió temblorosa, aún así, le dedicó una tímida sonrisa.
—Bueno Valentina, déjame decirte que tienes una hija muy linda y valiente. —Fijó su mirada en la pequeña, quién observaba con fijación la brillante luz del techo. —El golpe en la cabeza no ocasionó ninguna secuela, la herida fue superficial y el desmayo que sufrió fue netamente por un desborde emocional. En el jardín, al no haber nadie capacitado para lidiar con su condición no pudieron detener la crisis.
—Las crisis de Aylín empezaron a ser más frecuentes cuando nos cambiamos a este país... Lo peor vino cuando tuve que inscribirla en un jardín de infantes, desde ese entonces sus crisis son a diario, pero me siento atada de pies y manos doctor. —Agachó la cabeza y apretó sus puños con frustración. —Por más que deseé quedarme en casa junto a ella no puedo, si no trabajo, entonces no tendremos como pagar el apartamento, los impuestos, la comida...
—Tranquila Valentina, cuidar de un niño con TEA es bastante agotador, en especial si no cuentas con una red de apoyo. —Tomó una carpeta con papeles y comenzó a escribir rápidamente en él. —Derivaré a la pequeña Aylín a terapia ocupacional y con fonoaudióloga. En el hospital contamos con excelentes profesionales y tú seguro laboral cubre todo gasto.
—¿De verdad? —Preguntó con incredulidad.
—Por supuesto, además seré el especialista que lleve el caso de tu hija. —Le entregó la papeleta. —Pasa por informaciones para que te ingresen.
—¡Muchas gracias por su ayuda, doctor! —Efusiva tomó la papeleta. —¿Cómo podré pagarle por esto?
—Mmm... Si es que llego a ser el nuevo director del hospital, me bastará con que no escupas en mi café ni hagas nada extraño. —Dijo aquello con una cuota de humor.
Ambos rieron, Thomás lo hizo bastante divertido, mientras que Valentina reía entre nerviosa y avergonzada. Thomás se despidió de la pequeña, quién simplemente lo ignoró, para luego estrechar la mano de Valentina. Una vez se despidió de ambas, abandonó el cubículo.
•••
Valentina, podía ver una luz a final del túnel. Quizás, el doctor Thomás tenía razón y el seguro podría cubrir el costo de los tratamientos de su hija. Si ese fuera el caso, sería un alivio inmenso. Con la esperanza latente en su corazón ingresó al departamento de cobranza del hospital, necesitaba que ingresarán la papelería que el doctor le dió.
—Buenas tardes, vengo de parte del doctor Schumacher. —Esbozó una sonrisita nerviosa.
—Tome asiento, por favor. —Valentina obedeció, tomando asiento y dejando los documentos sobre el escritorio. —Necesito su documento y el de su hija.
—Aca está el mío, pero el de mi hija no se lo puedo facilitar por ahora... Estamos en una situación complicada y... —No sabía que decir al respecto.
—En ese caso, deberá costear las terapias y las atenciones médicas de manera particular. —La ejecutiva le devolvió los documentos. Lo lamento muchísimo, Valentina...
—Entiendo... ¿Cuanto le debo por la atención médica de ahora? —Cruzaba los dedos bajo el escritorio para que el monto no fuera demasiado elevado, de lo contrario, no tendría como costearlo.
—No es nada, Valentina. El doctor Schumacher corrió con los gastos. Ese hombre es un pan de Dios. —La ejecutiva soltó un suspiro enamorado, —como quisiera tener veinte años menos para tener una mínima oportunidad con un hombre así.
Ambas rieron por el comentario. Valentina, se despidió de la ejecutiva y se encaminó al área de urgencias para buscar a su pequeña hija. Grande fue su sorpresa al salir del hospital y encontrar a un taxista preguntando por ella. El doctor Thomás, había tenido el maravilloso detalle de enviarles un taxi para llevarlas a casa. Realmente no sabía cómo agradecer al hombre. Al menos, por un día, le había facilitado la vida.
•••
Valentina, se encontraba en una situación desesperada. Necesitaba dinero para costear las terapias y el tratamiento farmacológico de su hija. La medicina era fundamental para reducir los periodos de crisis y estrés, además, el tratamiento farmacológico combinado con las respectivas terapias ayudarán para la evolución de su hija.
Tragándose su orgullo, tocó a la puerta de Gustav. No tenía otra alternativa que recurrir a ese bastardo. El hombre desde dentro gritó que podía pasar, por lo que la joven se adentró con una postura bastante insegura.
—Buenos días, señor. —Mordió el interior de su mejilla tratando de contener las ganas de gritarle.
—¿Qué quieres? —El hombre ni siquiera se dignó a mirarla a la cara.
—Necesito que me adelante dos días de mis vacaciones y un porcentaje de mi sueldo. Necesito solucionar un problema familiar con urgencia... —Pensaba seguir dando explicaciones, pero Gustav alzó el rostro con furia.
—¿Eres estúpida o te haces? —Gustav golpeó el escritorio con violencia. —¿Crees que tienes el derecho de exigir algo? —Gritó a todo pulmón, poniéndose completamente rojo.
—Mi hija tuvo un accidente, necesito estos dos días para arreglar su situación con ella. Necesito costear su tratamiento, realmente es algo urgente. —Apretó sus puños con rabia.
—¿Crees que eso a mí me importa? ¡No, no me importa en lo absoluto! Las mujerzuelas como tú, se ponen a parir hijos sin tener para mantenerlos, buscan dar lástima con sus bastardos para que las personas y el estado los mantenga. —Se levantó y de dos zancadas se acercó a la joven. —Si no tienes para mantener a tu pequeña bastarda, entonces ve a mover ese tremendo culo que tienes en la ruta y demás que alguno te paga por follarte.
—¡Eres un cerdo bastardo! Puedo permitir que me insultes a mí, por que con tus palabras me limpio el culo, pero no puedo permitir que llames bastarda a mi hija. —Dijo con rabia mientras lo miraba fijamente a los ojos.
—¿Y qué harás? —Buscó desafiar a la joven . Pero no esperaba que Valentina le propinara una bofetada tan brusca que le dió vuelta la cara.
Valentina, abandonó la oficina del subdirector y caminó con prisa hasta su puesto de trabajo, sin percatarse de la presencia de Thomás. El hombre la verla se escondió detrás de un cubículo, comprendiendo las razones de la secretaria para escupir el café de aquel hombre. Necesitaba ganar el puesto de director, el hospital necesitaba una limpieza y cambios positivos. Las personas tenían derechos, sin importar nacionalidad.
Decidido a ayudar a la joven madre, contactó con dos terapeutas que eran excelentes en su labor, para que fueran a darle terapias a Aylín en su domicilio, además de una joven inmigrante que llegó hace muy poco a la ciudad, la idea es que la joven trabajara cuidando a la niña mientras Valentina cumplía su labor en el hospital.
Con todo organizado, decidió ir por ella para contarle de las buenas noticias y pedirle su dirección, lamentablemente, Valentina salió más temprano. No sabía dónde buscarla, tampoco le preguntó dónde estaba el jardín infantil al cual Aylín asistía. Lamentablemente debería de esperar hasta el día siguiente.
•••
Valentina, mecía a su pequeña entre sus brazos, mientras le cantaba una melodica canción improvisada. Aylín, aferrada a su madre, cerró los ojos con suavidad, cayendo en un profundo sueño. La mujer se quedó observando el regordete rostro de la pequeña, era tan hermosa y solo Dios sabía cuánto la amaba.
Llevó a la niña a la cama y se acostó junto a ella, gracias a las medicinas que compró la pequeña estaba mucho más tranquila y estable. Ver a su hija tranquila y en paz lo valía todo, incluso el haber gastado el dinero de la renta. Aún contaba con un par de días para conseguirlo, Aylín era su prioridad en este momento.
Con un nudo en la garganta, se aferró al pequeño cuerpo de su niña y lloró, lloró amargamente y en el más herméticl silencio. Estaba destrozada y necesitaba dejar salir un poco de ese dolor con el cual cargaba a diario.