Tom me miró, confuso, después de notar ese timbre de voz tan poco apropiado para “una relación de amigos”.
-Em no… Los voy a buscar, y es largo el camino. Pero tranquilo, que el martes te los presento y fliparás con ellos, te caerán bien enseguida. Y bueno, lo que te decía, como mañana voy a la ciudad, volveré con provisiones de este tipo para todos.
Asentí, no muy energéticamente, por no decir como si estuviera en medio de un funeral, y fui a cogerme un hielo que había por ahí esparcido, enfriando las bebidas. Me monté un vodka con limón y mientras me lo preparaba escuché de nuevo a Tom.
-Eh venga, un brindis por… ¿Qué estás libre? – dijo no muy seguro. Apuesto a que si ya hubiera comenzado a beber, me habría atragantado. – o sea, en el sentido de que ya no tienes a una novia detrás tocando los cojones… ya me entiendes. - intentó aclarar.
Sonreí, divertido, y chocamos nuestros vasos. Y sin pensármelo me tragué prácticamente todo el contenido de una sola vez.
Me ardía la garganta y achiné los ojos, mientras se me escocían de lo fuerte que estaba. Tom fue más prudente y no tragó de esa manera tan bestia. Él se había improvisado un cubata e iba bebiendo poco a poco pero con ritmo.
Estuvimos un rato sin hablar prácticamente, y observando al suelo simplemente. Bueno, él observaba el suelo, yo le observaba a él discretamente, entornado la mirada de vez en cuando, para que no se diera cuenta.
Yo ya estaba llenando mi tercer baso y creo que él hacía lo mismo, y poco a poco ya empezaba a sentir que el ambiente se iba apoderando de un calor agradable, que me gustaba mucho.
-Oye, no es por sacarte el tema pero… Tengo curiosidad, ¿estaba buena tu novia? – me preguntó, evidentemente, sacándome el tema de Dawn. Un increíble suspiro se me escapó de la boca al recordar sus increíbles curvas.
-Ya lo creo… - afirmé, dejándolo clarísimo. Tom asintió con lentitud, adoptando la información adquirida.
-¿Y es del campamento? O sea, ¿Está ella aquí?
Dudé unos instantes en decidir si explicarle quién era ella o no hacerlo. Y supongo opté por la opción errónea.
-No… Ella está en Berlín. –mentí, de una manera demasiado lúcida como para ir por mi tercer vodka.
-Hostias… - soltó. – ¿Entonces te ha dejado por teléfono? – Claro, ahora que lo pienso, me debería de haber dejado por teléfono si hubiera sido así. Me reí de pensarlo.
-Sí… -solté, con un aire irónico.
-Joder, pues qué… puta. –soltó después de pensarse el adjetivo. Lo miré con una ceja alzada y después se empezó a descojonar él solo –¡Oye, que debería ser delito dejar a la gente por teléfono! Bueno… -y empezó a reírse más. - si fuese así yo ya estaría en la cárcel… hip.. y con cadena perpetua.
Se me contagió su risa aunque el significado de sus palabras no me agradaba en nada. ¡Menudo mujeriego!
-Y macho ¿Por qué te ha dejado? ¡Ya sé! ¡Te pilló mirando paginas porno para gays! ¡A que sí! ¡Sabes que sí! – parecía que a él se le había subido mucho el alcohol y empezaba a decir gilipolleces a saco. ¡Y lo peor es que se me contagiaba la risa aún sabiendo que se estaba riendo de mí!
-¡Qué no gilipollas! – Me entraba la risilla floja – es porque no la he llamado yo a ella en todo lo que llevamos de campamento. -dije, alzando un dedo, haciendo ver que iba bien, sereno, y sin quererlo iba soltando sonrisillas.
-¿Porque no la has llamado? Joder tío, qué tiquismiquis ¿no? Bah… es una tía.- dijo, filosofando, o al menos intentándolo. –oye ¿Y todo esto es tu problema? Porque si no la has llamado en toda la semana quiere decir que tampoco era tan importante. Tío, ¿que estoy gastando alcohol por esto? Me pagas las botellas, eeh…
Pero esta vez no pude más que esbozar una media sonrisa de lado.
-Bueno… en realidad el problema es más gordo. En un calentón me acabé tirando a mi mejor amiga y se lo conté a mi nov… a mi ex. Y bueno, mi mejor amiga es Ashley y Georg lleva colado de ella toda la vida prácticamente, y se ha enterado también y bueno… - le señalé el golpe en la cara, y asintió, aunque estaba bastante paralitico por la noticia. Me entró un hipo repentino – ahora, hip, me odian todos… hip
La cara de Tom era de chiste total, como para hacerle una foto.
-Hostias… Esto ya es más chungo. - exclamó, agarrando su vaso bien fuerte y levantándose un poco para ponerse bien a mi lado. – bueno, brindemos por que se solucione. O bueno, bebamos más porque sí… ¡Qué yo quiero más alcohol! – soltó, medio gritando.
Se cogió la botella y me puso a mí y a él tanto que casi se sobresale de los bordes del vaso.
-Jajajajajaaj –yo ya me estaba poniendo contento del todo y el otro estaba a mi mismo nivel. Iba pasando el tiempo y yo me iba olvidando de todos los problemas y sólo me preocupaba de que lo siguiente que soltase fuese algo más gilipollas que lo anterior.
Me preocupaba de oír la risa de Tom, escandalosa y graciosa. Quería reírme por todo, y lo estaba consiguiendo, lo estaba disfrutando.
Tom
Llevaba una cogorza encima que creo que no me podría ni levantar. Me costaba centrar la vista y Bill iba más o menos igual. Habíamos bebido mucho y lo veía todo de colores, por no decir que no veía una mierda.
Tenía ganas de seguir bebiendo pero sabía que si me tragaba un solo sorbo más mi estómago explotaría hasta derramar por todo el campo, todo lo que tenía en el estómago, que estaba rodando y mareándome.
Bill parecía metido en un trance, con el vaso en la comisura de los labios sin llegar a levantarlo lo suficiente como para que el escaso y casi inexistente liquido le llegara a la boca y podérselo tragar.
Lo ayudé un poco y se lo alcé hasta que el agua del hielo que se derretía le tocó en los labios.
-Hmmm… Está fresquito… - dijo tragando.
-Dios… estás fatal Bill… Deberías dejar de beber.
-Ala ala… qué dices. ¡Sí estoy perfectamente! A más, queda demasiado vodka aquí dentro como para no acabármelo. - y le nuez se le fue moviendo de arriba abajo simulando que tragaba un líquido inexistente.
-Joder tío… que no hay nada ahí dentro. -y me entró de nuevo las ganas de reír. – Jajajajjaaj ¡pareces memo!
-SShhh… caya, que estoy concentrado.
-Jajajajajajajaj
¡Dios dios, no podía! ¡No podía dejar de reírme! Esto era buenísimo. ¡Bill estaba muy ciego! ¡Creo que había bebido más que yo!
Lo observe, aún supuestamente bebiendo su bebida imaginaria y decidí recoger ya todo lo que habíamos dejado por ahí. Que aunque apenas subiera por aquí, seguía siendo mi sitio favorito. Metí las botellas y nuestros vasos dentro de la nevera portátil, y la cerré. Lo que me costó quitarle el puñetero vaso…
Le di la mano, y viendo que yo era el que estaba más lúcido, lo agarré bien fuerte y nos dirigí al camino de regreso a la cabaña de Bill.
Pero en cuanto intenté avanzar un par de pasos sentí como si se me cayera un gran cuerpo muerto encima de mí y casi caigo yo al suelo.
Miré qué había pasado y vi a Bill que se había recostado muchísimo en mí, con la cabeza gacha. Me alarmé.
-¿Bill? ¿Bill estás bien? – le pregunté, tocándole la cara.
-Sí… Yo… Tengo mucho calor… Tengo sed. Tengo mucha sed… - se quejó en mi oreja, gimiendo.
-Mierda, mierda… - le estaba dando un ataque de calor. ¿Qué se supe que se tenía que hacer en estos casos? Joder, Joder… Había que darle de beber agua ¿no? Y mojarle el cuello o algo por el estilo ¿no? -¡Joder no tengo agua aquí!
Miré preocupado a Bill, por si había perdido el conocimiento o algo por el estilo.
-Bill, Bill… machote ¿crees que puedes aguantar hasta llegar a tu cabaña? Intento ir lo más deprisa que pueda… -le prometí.
-Vale… -contestó, con esfuerzo – ¿Pero después me darás agua? – dijo, con voz suplicante.
-Claro que sí… - y lo agarré bien fuerte, subiéndomelo a la espalda.
Joder, me dolía la cabeza horrores, y aunque era reciente mi última copa, el efecto del alcohol se me iba bajando rápidamente, no sé si por lo de Bill o porque era normal, pero ahora estaba un poco “mejor” de reflejos que antes, sin contar que ahora en cuanto llegase a mi cama y a mi cabaña me pegaría la sobada del sigo y no me levantaría de mi cama a menos que fuese a vomitar o algo por el estilo.
Iba esquivando piedras, bajando la cuesta con dificultades, con doble peso encima de mí y haciendo equilibrios con la nevera a un lado. La última vez que le dejo que beba tanto, ¡la última!
Anda, que cómo la ha liado con lo de su novia y con lo de Ashley. Joder, no me extraña haber visto a Georg así de cabreado.
-Tom… ¿Falta mucho para llegar? Me arde la garganta… Me arde mucho. - se le notaba la voz reseca y se le escuchaba tragar su propia saliva para hidratarse un poco.
-No Bill… Tranquilo, cinco minutos y estamos en tu puerta. ¿Dónde tienes la llave de tu cabaña? – le pregunté, que así íbamos matando el tiempo y ahorrándolo.
-En el bolsillo de atrás. - exclamó, casi de una manera que me costó entenderlo. Y casi rezando por haberlo entendido mal.
¿Dónde ha dicho? ¿En el culo? Joder… Joder… Y encima se lo tengo que coger yo porque este va tan mamado que casi ni se puede agarrar bien a mí porque no tiene fuerza.
Hice una maniobra extraña y con el brazo que más o menos, tenía libre, me lo pasé por detrás, hasta tocarle la parte baja de la espalda. Fui bajando y al fin alcancé… su culo.
-Madre mía… -solté, para mí mismo. Qué culo.
Palpé con la cara más roja que un tomate, y al final encontré el bulto minúsculo de ese cuerpo metálico. Con decisión metí mi mano por dentro del bolsillo y le saqué la llave en un instante. Evitando el contacto que acababa de tener con él.
A lo lejos ya empezaba a ver su cabaña y se me iluminó el rostro en un segundo.
-¡Eh Bill! ¡Mira, ya hemos llegado!
Pero este emitió un sonido un tanto extraño, así que no le di importancia y seguí avanzando, con un dolor en los brazos que casi me estaba matando. Llegué y en cuanto tuve la puerta delante descargué la mierda de la nevera y puse la llave en la cerradura, peleándome con ella porque no se me abría. ¡Joder, siempre igual! ¡Con los nervios no hay quién se concentre, coño!
Abrí con prisas y enseguida tendí a Bill en la cama, volví a la entrada y recogí del suelo la nevera, que pronto estaría en cualquier sitio de la cabaña. Cerré la puerta para que no entrara el frío de fuera y busqué una botella.
-Bill, Bill, ¿dónde tienes agua? – le pregunté.
Este, al escuchar la palabra mágica, parece que se le encendió una luz y abrió los ojos, con dificultades. Se incorporó, con lentitud, y de pronto me señaló a lado de su cama, una larga botella de agua, que estaba por la mitad.
Avancé rápidamente hasta llegar allí y se la destapé yo mismo. Se la tendí y este la cogió sin dudarlo. Alzó la cabeza y se trago el contenido en un abrir y cerrar de ojos. Parecía que si no bebía se iba a morir, porque tragaba y tragaba con desesperación.
Y cuando me dirigí hacia él, y le toqué la frente, lo noté ardiendo, y sudando.
-Tengo más sed… Tom… Dame más agua. - me suplicó.
-¿Más agua? ¿Dónde tienes más agua? – pregunté, después de mirar por encima la estancia, desde mi posición, pero repasando de arriba abajo todo lo que tenía a vista.
-No sé… Dame agua del grifo, agua… - y nada más darme esa posibilidad fui a por uno de los vasos de cubata que habíamos utilizado ambos y me dirigí a la pica del baño. Lavé el vaso un par de veces y lo llené hasta arriba.
Llegué con las manos empapadas y con el vaso chorreando.
Este, un poco más recuperado que antes, lo cogió nada más ponérselo delante, y tragó de nuevo, como un poseso. Y esta vez, paseó sus manos, mojadas al tocar la superficie de plástico, por el cuello, refrescándose. En cuanto se acabó el agua se paró a respirar profundamente.
-Ey, ¿estás mejor? – le pregunté, esperando a ver su respuesta.
Este asintió con los ojos cerrados, y poco a poco fue esbozando una sonrisa.
-Gracias…
-Ts… Anda ven, que te voy a poner en remojo. – le tendí la mano y este me la cogió sin rechistar. Lo guié hasta su más que conocido baño, que no tenía pérdida alguna y lo coloqué bajo la ducha. Le dije que se encorvara un poco y que agachara la cabeza y así fue. Le preparé un par de toallas.
Le separé su precioso y sedoso pelo de la nuca y apunté con la ducha en su cuello al descubierto.
-Si está muy fría avísame.
-Vale…
Le di al grifo del agua fría y no le puse mucha presión. Le mojé el cuello entero y sentí estremecerse a Bill en mis manos. Estuve un rato así y después, por saber si reaccionaría o no, le di más presión al agua y le mojé el pelo.
Este reaccionó en menos de cero coma, y saltó, apartándose de mí enseguida.
-¿Pero qué haces? –chilló, alarmado.
-Jajajajajajja – me reí - ¡Ves como no estás tan mal! ¡Teatrero!
-¿Teatrero? ¡Teatrero tu padre! ¿Cómo se te ocurre aprovecharse de un chico indefenso con un ataque de calor así como así?
-¿Pero qué indefenso ni que indefenso? ¡Teatrero te digo! ¡Te-a-tre-ro! – le separé en sílabas.
-¡Pero que me estás contando! – dijo, incrédulo. -¡Te vas a enterar, tío! ¡La has cagado!
Y se acercó a mí, primero no supe decir qué era eso que tenía en mente hacer, pero en cuanto vi que alargaba el brazo la saqué de su alcance la ducha. Sin embargo siguió luchando por ella hasta que consiguió ponerle la mano encima y empezó a tirar. Ambos nos empezamos a pelear intentándosela quitar al contrario y estábamos mojando todo el baño. A veces le apuntaba y este acababa empapado, pero más de una vez acabó el agua en mi dirección, llenándome a mí de ese líquido transparente.
-¡Me cago en ti chaval! – grité.
-¡Te jode…! ¡¡AAAHHH!!
Y ambos caímos al suelo.
Bill
Frenando la caía como pude acabé estirado en el suelo mojado, después de habernos resbalado. Me entró miedo al ver a Tom cayéndose encima de mí, pero enseguida también frenó su caída, apoyando las manos en el suelo, hábilmente.
Poco a poco dejó que su cuerpo tocara el mío quedando yo debajo suyo.
Nos habíamos pegado un susto de muerte, y ahora nuestros corazones iban a mil por hora. Me quedé mirando sus ojos miel un buen rato y este miró los míos. No sé qué esperaba descubrir en ellos, pero recé para que no descubriera demasiadas cosas.
-Pensé que te había dado un mareo importante de verdad… - exclamó, sintiendo el aroma a alcohol chocar con mi nariz, que al estar yo tan bebido como él, casi casi se me había pasado por desapercibido. Me quitó el pelo que tenía en la cara, mojado y pegado a esta, y me observó con detenimiento – me he asustado y todo… - reconoció.
Yo desvié la mirada sin poderlo evitar y creo que me sonrojé.
El pulso se me empezó a acelerar de una manera bestial, haciendo que sintiera sus latidos en la mismísima laringe. El pulso me estaba empezando a temblar, como cada vez que me ponía nervioso a más no poder, y sentí que el tiempo empezaba a pararse por completo.
La situación empezó a tomar lentitud y de pronto, algo que me alarmó empezó a suceder. Tom se aproximaba a mí con parsimonia, pensándoselo, frunciendo el entrecejo con preocupación.
La respiración se me empezó a entrecortar a medida que notaba que la suya estaba cada vez más próxima a mí y cuando noté sus labios a dos centímetros de los míos, se me paró el corazón.
Y se me paró el tiempo, los segundos que Tom no avanzó, que se quedó pensativo, mirándome a los labios.
Y entonces, me besó. Me besó con cuidado, con miedo, casi como si no tuviese experiencia. Me daba suaves y simples besos que me encargué yo mismo de corresponder. Ahora tenía el pulso acelerado y sentía que quería más. Me alcé y este siguió mis pasos. Nuestros cuerpos quedaron de tal manera que yo tenía las piernas estiradas pero el cuerpo erguido, apoyándome en las manos, y el a cuatro patas encima de mí. Ahora habíamos separado los labios medio centímetro mientras nos colocábamos y no tardamos nada en volver a juntarlos. De una manera un poco más pasional, abriendo la bocas, sintiendo al otro. Las entreabríamos y cerrábamos y pronto dimos paso a nuestras lenguas.
Un cosquilleo en el estómago se apoderó de mi situación y sonreí en medio del beso, sin quererlo. Tom iba aumentando la velocidad y yo iba adaptándome a su ritmo con facilidad. Cambiábamos la posición las cabezas de vez en cuando ajustando nuestras bocas a la perfección y soltábamos dulces y suaves sonidos húmedos que me estaban poniendo cachondo.
Tom acabó sentándose en mis piernas y me agarró de la cintura, apretándome bien.
Un hilo de saliva se escapó por la comisura de mis labios y descendió por mi cuello, camuflándose con el agua que se estaría evaporando de la temperatura de mi cuerpo. Me daban ganas de comerme su boca casi literalmente y ahora era yo el que imponía la velocidad del beso. Y ahora era él el que me seguía perfectamente.
Un calor, casi comparable al que me había dado cuando estábamos fuera, se fue adentrando en el baño y me dio una descarga eléctrica que vino acompañada de una sacudida en mi entrepierna.
Separábamos nuestras bocas en momentos clave simplemente para respirar y cada exhalación de aire era tan erótica como un beso, puesto que era sonora y húmeda. Respirábamos con fuerza y nos respirábamos en la boca del otro, prácticamente provocándonos.
Nos levantamos del todo, y nos dirigimos a la puerta del baño para salir a fuera y quedarnos en la habitación, pero Tom me empotró con fuerza contra la pared y siguió penetrándome con la lengua hasta el fondo, haciéndome sentir violento y con ganas de follarme a alguien.
Noté sus manos meterse por debajo de mi camiseta y sentí cómo ascendían peligrosamente. Me puse nervioso pero me dejé, muerto de morbo y de placer.
Me remangó la camiseta por debajo de las axilas y me palpó el pecho. Primero pensé que era normal, pero después de unos instantes ya me extrañé. Me tocaba como si estuviera buscando algo, y de pronto se separó de mí, con el entrecejo fruncido y la mirada perdida.
Miró hacia abajo y se fijó en el lugar donde estaban posicionadas sus manos y de pronto las retiró. Se hacía asustado, y se había apartado de mí en un instante.
Lo miré desconcertado y yo mismo salí de un sueño en el que nos habíamos sumergido ambos. Me bajé la camiseta enseguida y este salió del baño por patas.
Me quedé dentro mientras oí cómo cogía sus cosas, la chaqueta y sus llaves.
En el último memento salí a despedirme de él y cuando le iba a saludar con la mano nos miramos fijamente de nuevo, y como si fuese un acto involuntario, ambos hicimos amago de volvernos a besar… Pero no sucedió.
-Esto… adiós Bill… nos vemos. - y salió por la puerta.
Después, me estiré en la cama y me puse a recapitular lo que había pasado instantes antes. Recordé cómo buscaba en mi cuerpo, algo que no teníamos la anatomía de hombres. Me estaba buscando los pechos. Buscaba tetas, buscaba algo que toquetear.
Dios, está claro que esto es más difícil de lo que parece. Incluso yo me he sorprendido de encontrarme con él en cuanto he recuperado “el sentido”. Esto era difícil, era jodidamente difícil y extraño.
Pero era divertido, era agradable… y quería repetir.