Capitulo 27

4538 Words
Lunes - 13/07/2009 Tom Eran las seis de la mañana y apenas había pegado ojo. Básicamente porque cada vez que intentaba cerrarlos, la imagen de Bill se me ponía delante, empapado del agua que yo mismo le había tirado por encima, y de cada una de esas gotitas, que iban cayendo hacia al suelo, que goteaban de todas las partes de su cuerpo, del pelo, de la barbilla, de su respingona nariz… Me empecé a poner muy nervioso cuando noté que empezaba a hiperventilar yo solo, porque sí, respirando cada vez más fuerte, e intentando coger más aire. Me levantaba de la cama y empezaba dar vueltas en círculos por mi cabaña, intentando evadir esas imágenes clavadas en mi mente. Encendí la tele mil veces y no daban una mierda. La señal era malísima y apenas se veía algo. Como estaba un poco lejos del resto de cabañas, decidí tocar algo con la guitarra, pero sin quererlo, mis manos tocaban las notas que yo había adivinado aquel día en la cabaña de Bill, con sus canciones. Aún podía sentir la voz de este en mis oídos, deleitándome como jamás una voz femenina (ni masculina, claro está) me había deleitado. Me estaba poniendo de los putos nervios, porque a medida que más me acordaba de la escena, más se me abultaba el pantalón. ¡¿Cómo me he podido poner tan tonto, cuando he caído encima de él?! ¡Dios, es que creí que me lo comía ahí mismo! Notaba cómo su respiración le hacía agitar el pecho, chocando con el mío cada dos por tres, haciendo que el roce se extendiera de una manera que me hacía notar ese sudor frío que me caía por la nuca y prácticamente por todas partes. Recuerdo perfectamente esos labios entre abiertos, tan sugerentes y tan… Arg, dios, es que por mucho que lo piense en frio y por muy medio “No borracho” que ya esté, sigo viéndolo muy porno. Dios, sus labios eran puro porno. ¡Y me jodía pensar eso! No era posible que por culpa suya, yo me hubiera puesto cachondo mil veces en una puta noche. Incluso, sobre las cuatro de la madrugada he encendido el ordenador y he buscado páginas porno por internet… Y no había forma de que una tía con una cien, me excitara más que los labios de Bill, ¡los labios! ¡Sólo los labios! Ni hablar del cuello, o de su pelo… Pero lo peor ha sido, cuando he visto un enlace de una página gay… En ella, había uno que estaba siendo cruelmente sodomizado por otro, y tenía esa puñetera cara de no haber roto un jodido plato en su vida, ¡como la de Bill!, con casi el mismo rostro. ¡Y… se me ha levantado en seguida la muy jodida! Me fastidiaba muchísimo eso… ¡No os imagináis cuanto! ¡Arg! ¡Es deprimente, coño! ¡Y es que una y otra vez, una y otra vez! ¿No había forma de que desapareciera su cara de mi vista? No es que no lo quiera ver, pero como mínimo, ¡no quiero verlo cuando no está él realmente! ¡Que me lo imagino a cada paso que doy, empotrado contra la pared, empapado y con ganas de que le…! Diooss. Tom, no te lo imagines que te pones malo. ¡Pero enfermísimo! ¡En el sentido de querer potar! ¡De asco! Sí, estoy seguro, no me gusta. NO me gusta. No me gusta, ¿vale? -Puf… A quién quiero engañar… - ¿A mi propio pepito grillo? Creo que por mucho que intentara razonar con él, este me pondría en contra, lo mucho que me gustó meterle la lengua hasta el fondo a Bill. Es que lo recuerdo y me entra calor. Puñetero piercing de la lengua. ¿Cómo se puede tener tal dominio de la boca, y del piercing y de…! ¡Y de mí! A tal grado que si no llego a buscarle tetas me lo follo ahí mismo. Y aunque lleve horas diciéndome a mí mismo que no es así… Sí lo es. Porque después de haber vomitado toda la mierda, haber tragado agua hasta la saciedad, haber vuelto a vomitar, haberme dado una ducha, y haber pegado una siesta de apenas media hora y haberme vuelto a pasar agua por el cuerpo… Yo creo que ya puedo decir que ando lúcido. Que no ando ni con borrachera ni con… Bueno, un poco de resaca sí, me duele la cabeza y a veces me mareo, pero vamos, creo que los mareos son por culpa de los calores de Bill. Puto Bill de mierda de los cojones. Tom… Por mucho que lo insultes no te lo quitarás de la mente. Tú te cayas, Pepito Grillo gilipollas. Que no te sirve de nada he dicho. Que me dejes en paz enano invisible de mierda. ¿Ves? Me da igual que me insultes, que no me voy de tu mente. ¿Pero qué dices? ¿Pero qué te inventas? ¡Si no existes! ¿Y qué? No me hace falta existir para decirte lo muy pillado que te estás de él. Y no me llames pepito grillo, se más original, tío. Que no que no, Que no flipes. Y te llamaré cómo me salga de los cojones… Pepe. Vale, ahora de repente, me hallaba hablando solo, con algo que no existía, y que seguramente no habría oído realmente, y que me estaba diciendo exactamente, lo que llevo pensando toda la noche y que me estaba negando en rotundo. A ver, ¿Por qué cojones, el mundo me odia? ¿Qué coño le he hecho yo al mundo como para que me trate de esta manera? ¿No podía ser un chico normal, con unas vacaciones normales, con un padre con un trabajo normal, con unos alumnos normales y con lo que normalmente un chico de mi edad tiene? ¡No era tan difícil! Pasé de volverme a duchar por tercera vez en dos horas y fui a buscar ropa para salir fuera del campamento. Algo ligero, fuera de aquí haría temperatura alta y por mucho que lo pase mal ahora, por el gélido aire mañanero, prefería esperarme a llegar al coche y poner en cuanto llegue al aire caliente. Una camiseta azul clarito y unos vaqueros anchos eran perfectos, una gorra a conjunto y… El móvil, las llaves, la cartera… Sí, todo lo necesario para irme. ¡Hoy veré a Andy y Mario! ¡No puedo rallarme, tío! Va, abre la puerta, dirígete a la zona dónde se aparcan los coches, y no pienses en nada. Pero lo cierto es que mientras avanzaba hasta allí, mi cabeza seguía con el vicio de recordar la suave piel de Bill, los finos y hábiles labios de este, y… todo él en si, ¿para qué engañarnos? Esto es tan imposible… En unos diez minutos de congelarme vivo, y sentir cuchillos helados clavarse en mi piel a cada segundo, llegué a mi coche, adorándolo por completo. Me metí enseguida y cerré la puerta bien fuerte, poniendo el seguro, y todo lo que pudiera impedir, que se abriera y volviera a sentir el frio. Encendí el motor, y nada más hacerlo puse la calefacción a tope, que haría desempañar el cristal y haría que volviese a sentir mis dedos. Coloqué el bluetooth del móvil para conectarlo con el coche y dejé mis cosas en la guantera. Arranqué y enseguida me coloqué a la altura de la zona ya asfaltada, que daba a la carretera. La verdad es que la zona del parquing, por llamarla de laguna manera, era bastante chula, porque estaba bastante elevada y se podía ver parte del campamento, de hecho parte de dónde estaba mi cabaña y si te ponías ya justo en la carretera aún lo veías todo mejor. Pero era una distancia perfecta, porque no estabas ni lejos ni cerca, y si veías a alguien por ahí, sólo te hacía falta mirar bien para saber quién era. Y ahora, ya estaba pisando la carretera, me fijé por última vez en toda la espesor del campamento. Y maldigo la vez en que lo hice. Algo, o más bien alguien, se movía por ahí, solo y sin saber seguramente, ni dónde estaba. Con un cierto mal presentimiento, agudicé la vista y me fijé mejor en cómo era, sabiendo perfectamente, que sí podía distinguirlo. Y efectivamente, ese pelo oscuro y largo… eran de él. Pero no era ese lis perfecto como el de siempre, sino que lo tenía ondulado y alborotado, supongo que ni se habría peinado. Una manta cubría su cuerpo completamente, extrañándome muchísimo. Yo sabía que esa manta la había visto en algún sitio, y cuando me fijé bien, me quedé anonado. ¡Era mía! Era cuadrada y grande, y sus colores me recordaban al estampado de falsa escocesa a grandes y acentuados cuadros, cambiado los amarillos verdes y rojos, por los tonos negros grises y morados. Era gordita y abrigaba mucho, siempre estaba en mi cabaña. Pero a ver… ¿¡Qué coño hacía Bill, fuera de la cabaña, con una manta mía a las seis y media de la mañana?! Empecé a sulfurarme y paré el coche, di marcha a tras apenas un par de metros y le miré de nuevo, cómo entornaba la mirada para todos los lados, como si buscara alguien. Como si tuviese prisa. Respiré profundamente y al cavo de pensármelo un poco decidí picar al claxon, para llamar su atención. Notaba, que de nuevo, me estaba poniendo nervioso. Llevaba evitando pensar en él desde que había pasado lo de su cabaña, y ahora voy y le llamo. Si no fuera tan tonto el pobre, no estaría en la calle, muriéndose de frio, y yo no estaría esperando a que él supiera de dónde venía el sonido de mi claxon, para ir a recogerlo, meterlo en mi coche, volver a hablar con él y… llevarlo a su cabaña. Por su puesto, ¿qué otra cosa voy a hacer si no? Bill buscó ese sonido y tardó apenas unos segundos en localizar mi coche, justo encima suyo, en la carretera. A más, mi coche era lo suficientemente grande, como para llamar la atención enseguida. Miró hacia arriba y alzó las cejas enseguida. Me saludó con la mano y después bajó la cabeza. ¿Me saluda? ¿¡Me saluda?! Este tío es tonto. Solté aire sonoramente y me preparé para lo que pudiera venir. Tú simplemente compórtate como si fuese un alumno normal, que se ha perdido y punto. No te preocupes por cosas que has hecho anteriormente. ¡Pues no me habrá pasado veces, que me tiro a tías y al día siguiente, me las encuentro y hago ver que no las conozco! Y lo mejor es que normalmente, no lo hago adrede, si no que no me acuerdo de ellas y punto. Retrocedí de nuevo y bajé la cuesta asfaltada del parquin, intenté calmar el aceleradísimo latido de mi corazón, a base de frases tranquilizadoras, pero por mucho que lo pensaba no podía dejar de mirar lo jodidamente bien que le quedaba su precioso pelo alborotado, y el maquillaje corrido y difuminado. ¡Y sí! ¡Ya sé qué es un tío! ¡¡Ya lo sé!! Me puse a su lado y abrí la ventana que daba al copiloto, justo dónde estaba él, gracias a dios, separándonos más o menos, un metro entre los dos. Un aire helado, entró dentro, dándome un escalofrío. Lo miré, lo más sereno posible y alcé una ceja, simulando más tranquilidad aún. -¿Qué haces levantado tan temprano? – pregunté, cómo quien no quiere la cosa. Este sonrió un poco y miró al suelo, cómo avergonzado. -Te estaba buscando… -admitió, con un hilo de voz casi inaudible. ¿¡Y ni tan solo se lo ha pensado?! ¡Contestado al instante! ¿A este hombre qué le pasa? Y entonces se me desmontaron todos los esquemas. Me había imaginado cualquier excusa creíble, cualquier cosa que le hiciera estar perdido por medio de la montaña sin saber dónde está, pero… ¡lo último que me había imaginado era que estaba buscándome! ¡Representa que debería estar enfadado, ¿no?! Al fin y al cavo lo dejé plantado ayer noche. Después de casi ahogarnos mutuamente con las lenguas y haber hecho un ademán de desnudarlo y haberlo abandonado totalmente… Debería estar cabreado, ¿no? Aunque bueno lo mismo le pasa lo mismo que a mí. ¡Arg, dios yo que sé! -¿Me buscabas? –repetí, como un gilipollas, incrédulo. Este sonrió, tímido y asintió. -Sisii-si… -tembló, se frotó los brazos y volvió a sonreír, sacando aire por la boca, que pronto se convirtió en vaho. Saqué la cabeza por la ventana que me daba a mi lado y miré al cielo. Había unos nubarrones que se acercaban desde el lado contrario a dónde yo me dirigía pero yendo en mi misma dirección y parecía que se avecinaba una tormenta. Pero, Bill se estaba congelando. Y creo, que era lo más importante, de las dos cosas que había pensado. ¿Qué más daba si el mundo se acababa hoy? Bill tenía frío, y me parecía más importante que nada. ¿Cuándo me he vuelto yo así? -Esto… Bill, anda, sube, que te convertirás en un cubito de hielo, y paso de descongelarte… Vi un pequeño rubor en sus mejillas, supongo que el mismo que el mío cuando de repente, se me cruzaron por la mente, pequeñas y grandes maneras de descongelar a ese cubito de hielo, a base de calor. Joder… Tom, no pienses en eso, no pienses en eso. Bill movió la mano y automáticamente, quité el seguro de las puertas, antes de que este llegara a abrir y se encontrara con que no podía. Lo consiguió, y más tarde ya estaba subiendo a mi coche. De pronto, reparé de nuevo en algo. Su atuendo, su ropa, mi manta. -Bill… -dije mientras volvía a poner el motor en marcha, para llevarlo hasta su cabaña de nuevo. -¿Hm? -Una cosilla… casi sin importancia. - dije irónicamente. -¿Qué haces con MI manta? –remarqué. Este abrió los ojos desmesuradamente y se miró la prenda mentada. Después esbozó una sonrisa culpable, y quiso explicarse. -Bueeno… Es que te he ido a buscar a tu cabaña. Me he congelado de lo que he tardado en llegar, y cuando lo he conseguido ya no estabas y bueno he aprovechado para cogerte alguna cosa tuya. Pero es todo tan feo y tan sumamente grande que he optado por esta manta, es muy graciosa y no sé… ¡Lo siento! ¡Te juro, que si tardaba mucho más en encontrarte, me iba a ir a mi cabaña y me la iba a quitar, pero es que me estaba muriendo de frío! – escuché su relato, excusándose, y después pregunté. -¿Cuánto has tardado en encontrar mi cabaña? ¿Cómo has entrado? ¿Y a qué hora has salido de la tuya? – creo que jamás había dicho tantas preguntas juntas. Bill se quedó pensativo. -Pues… La verdad es que no he dormido en lo que llevaba de noche, y bueno, he vomitado mil veces… - puso cara de mal estado, recordando seguramente lo mismo que yo había vivido esta noche – y después de darme una ducha he visto que no podía dormir por mucho que lo intentase y bueno, dándole vueltas a temas… decidí ir a buscarte para… no sé, para lo que fuese, y pues habré salido sobre las cinco y algo de la mañana. Aún era bastante, por no decir muy oscuro, y llevaba la linterna que te dejaste anoche en mi cabaña. Intenté recordar el camino por el que me llevaste ayer y al final he llegado. Lo que pasa que me he liado a llamar y a llamar pero no salías… Así que bajé las escaleras y miré las ventanas, y la única que era más o menos, no tan peligrosa que el resto, y que no incluyera meterse en la espesura, del bosque… era la de atrás de todo. Así que me he puesto a trepar… Y he entrado. Y como no te he encontrado, me he ido, y bla bla bla… Y el resto ya lo sabes. -Oye… para ir de resaca, hablas bastante suelto. -Ya bueno, cuando estoy nervioso, me pongo a hablar demasiado deprisa o demasiado lento, o atrabancándome. Ya sabes que soy raro. -Ni lo jures. De nuevo se volvió a crear el silencio. Yo sabía que Bill le estaba dándole vueltas a algo y no sabía qué era, pero me daba miedo preguntarle por si me decía algo, respecto a lo del beso y simplemente observé a tientas cómo movía las manos nerviosamente, como si fuese otro de sus tics nerviosos. Otra duda, me asaltó a la cabeza, justo cuando ya estábamos llegando a su cabaña. Pero maldita la hora en la que pregunté. -Oye… -Diiime – dijo con voz cansina. -¿Y por qué me buscabas?- mierda mierda, ¡igual de pronto me dice algo inesperado y no sabré qué decirle! -Ah… -dijo, como quién no quiere la cosa –Hubo un momento, que el alcohol ya me había dejado de afectar, y me estaban volviendo a la mente momentos de ayer… - pum pum, pum pum, pum pum – como… lo de… - pum pum, pum pum, pum pum, ¡va! ¡dilo joder! ¡Que parece que quieras crear tensión adrede! – lo de mi ex, lo de Georg, Ash… - creo que el sonido que desprendí al soltar todo el aire, que había acumulado mientras decía todo esto, hizo que Bill lo notase, notase que me estaba poniendo nervioso, y a más, por todo lo que realmente me estaba poniendo de los nervios. –Y bueno… - continuó. ¡¡Continuó!! ¡¿De qué más te estabas acordando?!- ya sabes… De eso que ayer pas… ¡¡EH!! – y frené de golpe, asustado. -¡¿Qué?! –contesté, con mi corazón a mil por hora. Después vi que señala a fuera del coche, y me miraba indignado. -¿Porqué estamos al lado de mi cabaña? –soltó, casi enfadado. Lo miré, sin creerme lo que me estaba diciendo. -¡Joder Bill! ¡Pensé que era importante! ¡No me des esos sustos, coño! – dije, respirando tranquilo, o haciéndolo ver como mínimo. Mi problema mayor seguía en el coche, sin haber acabado de pronunciar su frase -¿Cómo qué que hacemos en tu cabaña? Pues te estoy trayendo, subnormal. -¿Qué? ¿Por qué? – dijo, lastimero. -Puees porque… ¿Es tu cabaña? ¿Qué pensabas hacer fuera tú solo? Te tirarías otra hora para volver a encontrarla y he decidido traerte y punto. ¡No te quejes, encima! -Pepepepero… ¿no me voy contigo? –dijo, con voz de niño pequeño, intentando darme lástima. Parpadeé unos instantes, esperando a que me dijera “es boma”. Pero no pasó. Empecé a reírme escandalosamente, y durante un instante se me fueron los nervios de golpe. ¡Qué se viniera conmigo dice! ¡Qué bueno! -Jajajajajajaja-me reí de buena gana. -¿De qué te ríes? –dijo cruzándose de brazos. Me entró más la risa - Voy contigo a buscar a Andrio y Mandy o… O cómo se llamen. -Se me cortó la risa en un instante. ¿¡Andrio y Mandy?! ¡pero si eso no debe ni existir! -Mario y Andy – solté, serio. -Bueno, perona. Eso… Pero, ¿no me puedo venir? Esbocé una pequeña sonrisa tristona. Qué gracioso. -No, mi padre me mataría, piensa que si pasa algo fuera del campamento la responsabilidad cae sobre mi padre, y aunque seáis mayores de edad, tus padres montarían el pollo de la hostia, y nos meterían una denuncia que para qué quieres más. Durante el mes del campamento, tenéis prohibido salir. -¡Pero da igual! ¡Nadie tiene porqué enterase! A más no pensaba salir de la cabaña. No me hablo con nadie… -dijo, triste. -Pues podrías reflexionar sobre qué hacer. -Eh, que tampoco eres mi madre. -Cómo si lo fuera. Anda, sal del coche – y aparqué al lado de su cabaña. Salimos ambos y cerré fuerte. Avanzamos sin decir nada. y este sacó la llave del mismo sitio de dónde la saqué yo el día anterior. Puuff… Entró dentro y yo ni quise ni asomar un pie. Miré dentro y mi vista se dirigió involuntariamente a la puerta el baño, a ese sitio dónde… Bueno… Ahí. Y Bill se percató. Este miró al mismo sitio y después esbozó una minúscula sonrisa. Me preguntó con la vista que porqué no entraba. -Llego tarde - dije, porque sí. Realmente era mentira, cuando llegase a dónde habíamos quedado los tres, me tomaría algo para levantarme un poco… Quizás un café o una coca cola con cafeína… Algo para hacer tiempo. Lo que quería era irme ya. Bill se dirigió hacia mí. -Bueno, pues adiós. ¿Cuándo vuelves? -Pues, lo mismo para la madrugada. Ya estarás durmiendo. - mentí. De hecho para después de comer podría estar aquí perfectamente, pero no quería, me iré a dar una vuelta con los mariconcetes estos antes de volver. Bill puso cara de pena, e infló ligeramente los mofletes, mirando al suelo. -Bueno… -y me cambió de tema. ¿Pero a este qué coño le pasa hoy? - ¿Te puedo preguntar algo? – soltó, sin querer mírame a la cara. ¿Me quiere preguntar algo? ¿A qué vendrá esto? Joder, esto es mala señal. Una pregunta, una pregunta… No me gustan las preguntas, lo siento. -Em… ¿Claro? –dije, no muy seguro. ¡Es que no tendría que haber dicho nada! -¿Seguro, seguro? –preguntó de nuevo. Tom, es hora de salir corriendo. -Sí… - dije bajito. ¡No podía irme así porque sí! Entonces lo vi titubear un segundo y me entró miedo. Se me acercó repentinamente, y me cogió rápidamente del cuello de la camisa. Me aproximó a él, y en un segundo había unido de nuevo nuestros labios. Colocó las dos manos alrededor de mi propio cuello, notando lo frías que estaban, y el contraste con la temperatura de mi piel. Me acarició con sus yemas, haciendo que me derritiera. Pero la respiración dejó de funcionarme en cuanto volví a cerciorarme de que me estaba... besando. Aún no me había metido la lengua y yo ya estaba paralítico, sin saber qué hacer, más que petrificado. ¡Me había quedado estático! Entonces, Bill apoyo su frente con la mía, haciendo que mi gorra se elevara y separó nuestros labios, dándome con su aire gélido en la nariz. Hubo dos veces que le vi un ademan de decir algo, pero en el último instante se callaba y seguía dejando que el silencio hablara por los dos. Cuando noté que estaba soltando sus manos de mi cuello, dándose por vencido sobre que no le iba a corresponder, alcé las mías y se lo impedí. De nuevo me estaba metiendo en esa nube gris que no me permitía pensar con claridad, como la noche anterior, como en esos segundos antes, en los que casi no podía pensar, en los que buscaba con desesperación ese “¿por qué estoy actuando así?”. Conseguí que mantuviera sus manos alrededor de mi cuello y lo aproximé a mí cogiéndolo de la cintura. Sí, otra vez volvía a ser yo el que estaba dándole pié al asunto, otra vez volvía a ser yo el que besaba al otro. Junté nuestros labios y una pequeña descarga eléctrica se desprendió de ambos. Empezamos con lentitud, casi sin creernos lo que estaba pasando. Yo no había cerrado los ojos, si no que los tenía entreabiertos, y más de una vez le había visto a Bill mirarme y automáticamente haber cerrado los suyos, haciendo un ligero movimiento de cabeza que casi no interrumpía el beso, consiguiendo que le callera el flequillo para taparle y que no se le notara ese rubor de mejillas, tan gracioso que lo volvía aún más encantador, si se podía. Pero de nuevo volví en mí y nos separé de inmediato. Bueno… Realmente, no le separé del todo, sino de manera que quedáramos a diez centímetros máximo. Haciendo que nuestras respiraciones agitadas chocaran la una con la otra, creando una lucha de vaho. -Bill, no te confundas… No pienses… cosas que no son. -intenté excusarme, aunque yo mismo sabía, que no tenía excusa. ¿Qué coño ha sido esto? ¡Qué ya no voy borracho, joder! ¡Ahora ya no tengo excusa! Pero Bill se separó del todo, dando pie a que nuestras miradas se enfrontaran. El moreno estaba sonriente, triunfante. ¿Qué le pasa? -Esto es divertido. - dijo, intentando esconder una risilla que se le escapaba. Yo alcé una ceja y lo mire, expectante, señalándole que explicara esa determinación – Esta noche me he estado acordando de todo un poco. De cómo nos conocimos y bueno… Recuerdo aquella conversación que tuvimos el primer día. Un recuerdo fugaz me vino a la mente. -¿Y ahora qué te pasa? -¡Me ha tirado del pelo! –exclamó alzando un brazo, señalando a la niña en cuestión. Miré hacia arriba y noté aún más sus brazos rodearme posesivamente. ¿Estaría celosa de Bill? ¿De que se me hubiera acercado? Empecé a carcajearme enseguida. Cogí la niña y le removí el pelo, se me ocurrió soltar algo en voz alta. -Muy bien, apartándome a las moscas gays que se han enamorado de mí nada mas verme… - miré a Bill. ¿Pero qué me pasaba? Le estaba picando por… ¿morbo? Por… ¿”jugar”? Dios mío, parece que me esté intentando ligando al gay este. -¿Perdón? Qué no soy gay, hostia puta ya, joder – tuve que pararme a pensar en todas las palabrotas que había dicho en una frase. ¿Cómo no se traba? -y mucho menos me he enamorado de ti nada más verte… Tss… Pues no tienes el ego alto ni nada. - dijo riéndose. Se mofó de mí unos instantes y después de un silencio de intercambiar miradas soltó una última cosa - más quisieras que yo te fuera detrás. Abrí la boca indignado, divertido. Esto se ponía interesante, era una especie de “a ver quien dice la última palabra”. -Antes me quedo con la niña, que contigo… - ojalá no me haya entendido la cría. Bill me dedico una mirada a modo de escáner repasándome de arriba a bajo con una ceja alzada, como si me chuleara. -Eso no te lo crees ni tú. Que yo tengo un encanto natural. Si me lo curro, acabarás a mis pies antes que se acabe el campamento. – amenazó. -¡Ja! Yo no soy marica, amigo. -Yo tampoco. – sonrió. Un mal presentimiento me recorrió la espina dorsal. ¿Y ahora, qué me quería decir? ¿Qué quería remarcar de aquella conversación? Se me puso el vello de punta.
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