-No me amas. –afirmó.
-No me dejes…
Le supliqué, sintiéndome el hombre más mierda dos segundos después. Si esto se acababa yo quedaría libre. ¡Pero Bill! ¿¡Cómo coño se te ocurre decir que te quedas libre?! ¡Cómo si estuvieras encarcelado! No… Estoy con ella porque la quiero.
Volvió a respirar tan fuerte que tragó aire por la boca, muy notoriamente, como si le costara hacerlo.
-Bill, joder, no me hagas esto. ¿Te crees que esto no me jode a mí? ¡Que soy yo la que está enamorada! ¡Tú deberías de estar bien! ¡Te estoy quitando un peso de encima! – esta vez Dawn se levantó de la cama y buscó la separación entre ambos. Buscó su ropa esparcida por el suelo y se la puso tan aprisa como pudo. Esta, estaba empezando a gritar… Y a llorar desconsoladamente.
-¿¡Cómo que quitarme un peso de encima?! ¡Dawn! ¡Eso no es verdad! ¡Eso si que no es verdad! –me levanté yo también pero solo me cubrí los genitales con la sábana, que me había atado a la cintura en dos segundos. – Joder, ¡ERES MUY IMPORTANTE PARA MÍ! – chillé. Viendo cómo se estaba dirigiendo a la puerta.
Dawn se giró y me miró con la cara empapada y negra por la pintura. Se intentó limpiar con la mano y está quedó peor que antes. Su mirada brillaba por su humedad y apenas empezaba a ver algo entre tanta sombra. Apenas su silueta y los destellos de sus lágrimas.
-¿Y qué, Bill? ¿Y eso qué importa? No importa nada…– dijo más calmada, aún sin dejar su llanto aparte.
-¡Sí importa! ¡Joder, no quiero que te alejes de mí vida! – me sinceré. Y esta vez a mí también se me empezaron a derramar un par de lagrimas, unas traicioneras gotas de agua salada que pronto descansarían en el suelo de mi cabaña hasta evaporarse o secarse.
-¿¡PERO CÓMO COÑO TIENES TANTA CARA DE DECIRME ESTO?! ¡Joder Bill… Eres tú el que se aleja de mí! – Volvió a aproximarse a mí y alzó los brazos mientras hablaba, acentuando sus palabras - ¡Esta puta semana no hemos hablado casi! ¡¿Cómo coño crees que me ha sentado esto?! ¿Te crees que es bonito ver como la persona que más quieres pasa de ti? ¡Ver como intentas captar su atención a la hora del desayuno, con el único puñetero fin es que te dedique su preciosa sonrisa y que sin embargo ni tan solo se acuerda de ti! ¡Saber que la persona que más quieres en el mundo entero, apenas repara en ti, ES HORRIBLE! ¡No tienes ni puta idea de cómo me siento, joder! ¡Tú nunca has sentido el agujero que se me crea en el estómago cuando pienso en ti! ¡¡Y eso no debería ser así!! ¡Representa que me tengo que alegrar de tan solo cruzarte en mi pensamiento! ¡Porque eres mi novio! ¡Porque te quiero! ¡Porque en teoría me correspondes! ¡¡PERO NO!! ¡¿Y encima ahora que quiero intentar olvidarme de toda esta mierda, vas y me dices que no quieres que me vaya de tu vida?! ¡¡Bill, eso ni lo pienses!!
Dejé de respirar en todo el discurso y aguanté el aire hasta que vi cómo se derrumbaba en el suelo poniéndose las manos en el rostro, tapándoselo.
Sin pensármelo siquiera me tendí a su lado y dudé en abrazarla o no y simplemente tendí mis brazos levemente.
Esta se dio cuenta de mi improvisada y espontánea maniobra y me miró incrédula. Normal, ¿qué debería estar pensando? Algo del estilo: ¿Qué coño hace este gilipollas? ¿No ve que le estoy mandando a tomar por culo?
Pero supongo que hay actos que por mucho que uno no quiera cometer, no puede evitar. Bueno, o al menos eso me han explicado Georg y Ashley… Al caso, Dawn me abrazó fuerte y me estrujó contra su cuerpo. Las manos mojadas de mi preciosa chica me arañaban la espalda, intentándose consolarse de todas las maneras posibles.
No acababa de entender porqué había aceptado ese abrazo, pero no estaba dispuesto a preguntárselo para que se fuera y se separara del todo. Simplemente, me dediqué a besarla en el hombro mientras ella lloraba, lloraba, y seguía llorando, tanto como para dejarse todas las lágrimas que pudiera soltar en cuatro años.
-Bill ¿Por qué ya no me prestas atención? ¿Por qué no sigues haciendo ver que me quieres? ¿Por qué has cambiado tanto esta semana? – su voz se había tornado totalmente cambiada, ya no era agresiva y dominante como hacía apenas dos minutos, sino suplicante y pordiosera. Se me encogía el corazón de solo escucharla hablar, y me oprimía en el pecho hasta hacerme sentir deseos de gritar de dolor del significado de esas palabras – yo… yo estaba… “bien” haciendo ver que me correspondías a igual grado. Yo, yo ya sabía que no me querías igual pero al menos estabas conmigo. Como mínimo me mirabas en los pasillos, como mínimo me decías hola de manera especial que al resto sin que nadie se percatara, como mínimo me decías de vez en cuando un te quiero por mensaje… No sé. Pequeños detalles que hacía que el engaño fuese creíble. Bill, me da igual ser una puta ilusa y una engañada gilipollas si como mínimo sabes engañar bien… Pero, pero… No puedo joder. - volvió a poner pucheros – antes… cuando has abierto la puerta has puesto una cara… Cómo si no me quisieras ver, como si te hubieses asustado al cruzar nuestras miradas, como si estuvieras esperando a alguien más… Y justo llegase yo y se te fuera la ilusión del rostro.
Estaba claro que Dawn me conocía mejor que nadie, mejor que mis mejores amigos, mejor que yo mismo, y eso era algo que no sé si es bueno o malo. Pero está claro que ahora no me ayudaba en nada a recuperarla. De hecho, ni ella misma quería que la recuperara.
Pero lo que sí, no eran cambiables, eran sus palabras. Derrochaban verdad por cada esquina y si intentaba esconderlo aún acabaría todo peor.
-Dawn… Joder, lo siento muchísimo. Pero realmente que ahora me arrepiento de todo… Se me colapsa la mente de solo imaginar que te separas de mi lado. Déjame si quieres, pero no dejes de hablarme y de acercarte a mí… Por favor.
Esta, al oír tales palabras se separó de mí rápidamente y me miró, de nuevo, ofendida.
-Joder Bill, qué egoísta. Justo es lo que yo necesito para olvidarte. ¡Sólo falta que seamos amigos como si nada y yo mientras me esté muriendo por dentro! ¡Bill! ¡Necesito quitarte de mi cabeza! Y te puedo jurar por quién más quieras, que si a ti te duele esto… Ni te imaginas lo que me duele a mí decirlo. - avanzó unos cuantos pasos y esta vez no supe detenerla. Pero justo cuando de nuevo se estaba dirigiendo al umbral de la puerta se paró – y lo peor es que sé que volveré Bill. Porque te quiero demasiado como para separarme del todo, pero por favor… Y ahora te lo pido de verdad por favor, ayúdame tú en esto y haz como has hecho toda esta semana. Cómo si no existiera. Lo mismo te olvido, ¿vale? Lo mismo consigo volver a acercarme a ti sin sentir ganas de besarte y no dejarte jamás. Pero ayúdame. -suplicó.
Esperó mi respuesta reposada en el marco de la puerta y me sostuvo la mirada, como pocas veces había conseguido hacer.
Me lo pensé mucho, pero ella tenía razón. Dawn no podía seguir conmigo. No podía. Y yo no era quién para impedírselo.
-Vale. - y bajé la cabeza. La alcé dos segundos y observé la triste sonrisa de mi preciosa Dawn que de nuevo se iba convirtiendo en unas ligeras muecas de querer llorar.
Sus tacones resonaron en mi cabaña y la miré bien del todo, con la cabeza erguida y observé, curioso, que se acercaba de nuevo a mí, levantándome del suelo con la mano.
Me miró directamente y se dirigió a mis labios.
-Te quiero. Ojalá sea este el último beso que te de enamorada, y ojalá haya otros siguientes en los que no importen los sentimientos.
Y justo antes de que nuestros labios se volviesen a rozar, una imagen, o más bien dicho, una escena de mi pasado, pasó por delante de mis ojos a una velocidad vertiginosa. Haciendo que quisiera separa a Dawn de mi cuerpo enseguida.
Esta me miró confusa.
-No, espera… No, no… Yo… Dawn, tengo algo que decirte antes de que explote. No me lo perdonaría jamás en la vida si no te lo llego a decir. Y antes de contártelo te advierto que me dejaré complacido, que me pegues, que me tires al suelo, que me mates a hostias si quieres, y me desgracies a patadas. Pero te juro que lo siento.
Ella me miró preocupada y se separó de mi con lentitud aún sin saber qué era eso de lo que yo estaba hablando.
-Bill, oye no me asustes. ¿Te ha pasado algo? - y sus manos se dirigieron a mi rostro y empezó a acariciarme, como si fuese mi madre. Sonreí ante tal gesto.
-No… No me ha pasado nada. - y retiré sus manos de mi cara. – Es que… Yo… Estoy pasando por una temporada que… ¡no soy yo! No sé qué me pasa ¿vale?
-¿Pero qué ha pasado? – volvió a preguntar. Pero era evidente que yo no se lo podía decir. Si le decía que me gustaba Tom, el profesor de los pequeños, ella… No sé qué diría.
-No puedo decírtelo. Dawn, te juro que algún día te lo explicaré ¿vale? Pero ahora solo escúchame. – le supliqué- yo, como te acabo de decir, llevo una temporada rara, muy rara, ¡demasiado! Y el otro día pues… Joder, se me fue la mente o yo que sé. Dawn, por favor perdóname. El otro día… Estuve con otra chica.
Sus ojos empezaron a incrementar y a mirarme con pánico. Con susto, con rabia. Una vez más sus ojos empezaron a derramar frías gotas de agua salada.
Agaché la cabeza, avergonzado, y la giré hasta quedarme de perfil a ella, me puse el pelo detrás de la oreja y susurré:
-Pégame. – y cogí aire.
La mano de Dawn empezó a elevarse en aire y mi corazón empezó a incrementar su latido. De pronto el sonido de esos golpes en mi pecho que me daban vida se convirtió en lo único que se podía escuchar. Me ponía cada vez más nervioso y parecía que el tiempo se había parado porque no pasaba nada.
Me giré, después de esperar otros cinco segundos más y la encontré con la mano cerrada en un puño, en bajo, apretándose con las uñas que ella tenía, preciosas, mejores aún que las mías.
Un pequeño hilo de sangre se asomó por el contorno de su mano y una gota de ese rojo oscuro, cayó al suelo.
-¡Dawn! ¡Qué te haces daño! – grité, yendo hacia su mano y abriéndosela sin pensármelo, importándome una mierda si esta vez si me iba a pegar o no.
Pero sorprendido, vi que se dejaba. Cogí uno de los extremos de la sábana que me cubría y le limpié las pequeñas marcas de sus uñas y luego solté aire fuertemente.
Nuestras miradas se cruzaron, y ella se levantó.
-Bill… ¡Te odio! – y salió corriendo.
Después de esto no salí en todo lo que quedaba de tarde, ni en toda la noche, ni en toda la madrugada… No salí, no hice nada. Simplemente me estiré en cama y me puse a divagar en un estado de trance. Había perdido a Dawn, la había perdido. Los múltiples cigarros solo hacían, que no me pusiera a rasgar las paredes con mis uñas, haciéndome sangre, por imbécil.
Y no paraba de darle vueltas al tema. Si yo no hubiera venido nunca aquí, esto no habría pasado. Si yo no hubiera conocido a Tom yo no habría tenido dudas de mi mismo. Si no conociera a Tom…
Y de pronto la imagen de Tom se tornó dolorosa y odiada. Tom, Tom, Tom, me has quitado a Dawn.
Georg
El sonido de mi bajo sonaba al compás de la guitarra y la batería del grupo. Eran las cuatro de la tarde y nada más acabar de comer habíamos quedado todos en la cabaña del otro día para ensayar. Y la verdad es que nos estaba saliendo de puta madre. Disfrutaba como un puto niño pequeño y me sentía genial.
Y lo cierto es que habían canciones bastante guapas y para tocarlas estaban de puta madre. No me lo podía estar pasando mejor.
-Hey gente, hagamos un descanso ¿vale? – oí a Tom. Y todos secundamos lo que dijo en seguida, la verdad es que para ser solo las cuatro, llevábamos una hora y media ensayando ya.
Me descolgué el bajo y me senté en el suelo, al lado de Tom, y lo miré, viendo como él hacía lo mismo. Una pequeña sonrisilla se esbozó en mi rostro. Lo cierto es que cada vez que lo miraba me entraba un poco la risilla floja porque me imaginaba a Bill babear por él a todas horas.
Yo no quería que él lo supiera pero… Yo siempre había sabido que a Bill le acabaría gustando un chico. No digo que fuese gay pero al menos sí bisexual. Y la verdad es que tuvo la putísima suerte de enamorar a Dawn y llevar ya medio año juntos, pero igualmente eso no le ha servido de mucho para darse cuenta que también la van los chicos. Y me alegro un poco que haya sido de Tom. Aunque apenas lo conozco y Bill me haya contado las reacciones que había tenido a cada uno de los roces, yo sé que este hombre es “bueno”, por decirlo de alguna manera. Lo que pasa aquí, es que está confundido, igual que el otro.
Mis pensamientos fueron interrumpidos por el susodicho.
-Eh, Georg – y Tom me puso una mano en el hombro y me apretó de saludo – Oye… me estaba preguntando si… Bueno…
-No. No sé nada de Bill, de hecho iba a ir a verle en cuanto se acabara el ensayo.
Este se quedó parado después de que le contestara incluso antes sin saber la respuesta y al cavo de dos segundos miró al suelo. Avergonzado.
-Oh… Bueno pues… Ya me dirás qué tal está.
Ensanché la sonrisa y le di un apretón de manos fuerte.
-Eso está hecho.
Cargaba con mi instrumento a la espalda, guardado en su preciosa y cuidada funda y casi no notaba todo lo que pesaba. Me había tirado mucho tiempo haciendo caminos con el bajo a cuestas y ya me había acostumbrado. Había pensando en dejarlo primero en mi cabaña y después ir a ver a mi, nuevamente, desaparecido amigo. Que últimamente le daba por no ir a comer o a desayunar… Está clarísimo que a este, eso de enamorarse le está sentando de una manera que no sabe sobrellevar.
Igualmente, era divertido verle preguntarme cosas sobre el tema, cuando siempre había sido del revés, que yo era quién le preguntaba a él cosas sobre cómo tratar a una chica o gustarle a la susodicha.
Y de pronto vi a lo lejos una figura delgada que se movía a paso lento. Como un fantasma, como si estuviera en estado de trance. Me pregunté quién podía ser, porque de lejos no reconocía ese pelo tan largo y oscuro.
A medida que me iba aproximando, el contorno de su rostro se hacía más claro en mi recuerdo y cuando por fin la tenía suficientemente cerca, descubrí que se trataba nada más y nada menos que de la novia de mi mejor amigo, de mi profesora de historia.
Dawn.
Esta iba con la cabeza gacha, y parecía importarle bien poco si podía o no podía ver por culpa de todo su pelo en la cara. De golpe se paró y respiró hondo.
Ei ei… ¿qué le pasaba?
Me pregunté si sería capaz de contármelo a mí, pero sin importarme mucho la respuesta di un par de pasos alargados y grité su nombre.
Esta se giró enseguida, se quitó el pelo de la cara, recogiéndoselo por detrás de la oreja. Miró hacia mi dirección, bastante confusa, y cuando me localizó se le crispó la cara. Arrugó el entrecejo y desvió la mirada.
Me paré unos instantes, tentado de irme e ir a buscar a Bill para que la consolara o le dijera algo, pero decidí preguntar primero yo, y después optar en ir a buscar al novio desaparecido.
Me acerqué y cuando estuve a medio metro, esta se sentó en la arena, apoyándose en la cabaña que había justo detrás de ella, sin nadie dentro. Dudé un momento antes de sentarme a su lado.
-Ei, Dawn… ¿Qué te pasa? – le pregunté, de una manera un tanto sosa. ¡No sabía cómo decírselo! ¿Y si la cagaba?
-Georg… -pronunció mi nombre, pero después este estuvo acompañado de un silencio.
-Puedes confiar en mí, no se lo contaré a nadie si no quieres. - le prometí. Supongo que no haría falta que se lo contara a Bill puesto que a él ya sería informado por ella.
-¿Confiar? Ja… -me sentí dolido con esas palabras. – La confianza da asco. –soltó seca y con voz más grave que nunca.
-Joder Dawn, no sé qué motivos te he dado para que no confíes en mí, pero macho…
-Ayer lo dejé con Bill. - me interrumpió, y se le quebró la voz cuando pronunció tal frase. Yo me quedé parado, en estado de shock, como si hubiera dicho algo imposible, y más tarde la miré con el ceño fruncido. ¿Qué lo habían dejado? No podía ser… ¿Por eso Bill no había venido ni a desayunar, ni ayer a cenar? – Le dejé yo. - aclaró. Con la garganta reseca y la voz ronca.
Eso ya sí que no tenía sentido. ¡Pero si Dawn lo quería con toda su alma!
-¿Pero… por qué? –me atreví a preguntar.
-Porque era una puta broma todo eso. No me quería, y todo el mundo lo sabía. Incluso yo, pero era tan gilipollas que me daba igual… - en el último momento se serenó y no derramó lágrima alguna, con un gran esfuerzo por su parte.
-Bueno pues, no sé qué decirte, la verdad. Dawn, lo siento mucho… Sabes que aquí tienes un amigo ¿no? Aunque no sea tan atolondrado como Bill, también puedo hacer el tonto para animart…
-Me ha puesto los cuernos. –soltó de pronto. Volviéndome a interrumpir.
-¿¡QUÉ?! –solté incrédulo. ¡NO ME LO PODÍA CREER!
-¿No te ha dicho nada? – dijo, casi sin ningún tipo de sorpresa al respecto. Como si prácticamente fuese evidente. Incluso se podía descubrir un tono da sarcasmo siniestro.
¡¿Por qué coño Bill no me ha contado que se lo había montado con Tom?! ¡¡Joder, entiendo que sea pronto, pero me lo podía haber dicho!! ¡Cuando lo vea lo voy a matar! ¡Le pegaré la hostia del siglo! Menudo chaval. ¡¡Debe de estar saltando por los aires de alegría!!
-Y hoy me enterado de quién era ella… - y se paró el tiempo. Unos instantes en los que intenté averiguar toda la información que acababa de oír. Información que no podía ser verdad… Espera espera… ha dicho ella… ¿¡ha dicho ella?! No me jodas que se lo ha montado con otra tía mientras estaba con Dawn. ¡¡CON OTRA TÍA!! Lo mato, lo mato, lo mato. ¿¡Porqué no me ha contado nada, JODER?! ¡Puede confiar en mí, coño! ¡Que por algo soy su mejor amigo!
-¿Y quién es? –intenté sonar sereno, pero al final me salió un poco el tono de la rabia contenida. Joder Bill, no es tan difícil confiar en mí ¿no? Claro, ahora entiendo a qué venía lo de que la confianza da asco.
-El caso es que no se si decirte quién es… -y de verdad se le veía sufrir por si decírmelo o no. ¿Quién podía ser?
El corazón empezó a latirme con tal fuerza que me estaba entrando el pánico. Un mal presentimiento recorrió mi cuerpo de pies a cabeza y me estaba empezando a poner realmente nervioso. ¿Por qué? ¿Por qué me ponía así? Yo que sé. Sólo sé que necesitaba saber la respuesta, ya, de inmediato.
-Dawn, dímelo…
Esta me miró a los ojos y pude ver lo rojos y hinchados que estaban. Seguramente habría estado desde ayer hasta hoy llorando sin parar a cada segundo. Sentí lástima, pena por ella, por saber que ella era la que siempre salía mal en toda esta mierda da relación. Respiró profundamente y después miró al suelo. Empezó a entrelazar los dedos como si fuese un tic nervioso, y después una vocecilla que sonaba desde su boca empezó un corto relato que se ocupó ella misma de resumir para poder acabarlo sin estallar en lamentos.
-Pues… Estaba en las escalaras de mi cabaña, sin… atreverme a salir de ese perímetro y… Bueno, de pronto, se me ha acercado Ashley a preguntarme que me pasaba, qué simpática. Yo que pensaba que le caía mal. Y bueno, me ha preguntado lo mismo que me has preguntado tú, pero el final ha sido un tanto diferente… Cuando le había dicho que sabía que me había puesto los cuernos, ella se puso muy nerviosa y no tardó nada en preguntarme si sabía con quién. Y joder, yo quería sonsacarle a ella de quién se trataba, así que le dije que sí… Para que ella me lo contara después en algún descuido. Y dios… - Ha dicho Ashley… Ha dicho Ashley… Pero ella no ha sido ¿verdad? ¿verdad que ella no ha sido? No joder ¡ella no ha podido ser! No por favor, mi Ash no… - se ha puesto fatal y a lloriquear conmigo, me ha pedido perdón mil veces… Excusándose que se les había ido de las manos. Que realmente Bill no la quería y que sólo se liaron porque les había entrado un calentón y… - no pudo seguir el relato, el cual en esa misma frase quedó finalizado totalmente. No me hacía falta escuchar nada más. Un sonido en el fondo de mi interior sonó a un golpe de un cristal contra el suelo, un fuerte choque, entre la superficie reflejante y el mismo suelo. Una catástrofe. Y creo… creo que era mi corazón. Que había saltado desde un precipicio, lanzándose al vacío.
La sangre me hervía y tenía ganas de romper algo en pedazos. Tenía ganas de gritar y salir huyendo y partirle la cabeza al hijo de puta de mi supuesto amigo. ¡¡LO MATABA!! ¡¡JURO QUE HOY LO MATABA!! ¡¿CÓMO COÑO SE ATREVE HA HACERME ESTO?!
-No le digas que te lo he dicho yo. No quiero que se enfade conmigo. Ya estoy suficientemente enfada yo con él como para que ahora haya un odio mutuo. No le digas nada… - suplicó.
Asentí con lentitud y me alcé hasta quedar totalmente de pié y erguido.
-¿A dónde vas? –oí debajo de mí.
-A matarlo. – y dicho esto emprendí el camino hacia su cabaña. Dawn no me dijo nada, de hecho de nuevo se había puesto a llorar como una desgraciada y se secaba las lágrimas con las manos, pero era un intento en vano, pues más tarde la saldrían otras que acabarían ahogándola en un mar prácticamente sin escapatoria.
-¡¡ÁBREME, HIJO DE PUTA!! –chillé tanto como me pudo la garganta. Tenía la rabia a flor de piel y me temblaba todo el cuerpo de las ganas que tenía de… de… de ¡yo que sé! ¡De romper el mundo entero en mil pedazos! - ¡¡QUÉ ME ABRAS, JODER!! – grité aún con el mismo tono.
Oí unos acelerados pasos hasta la puerta y el sonido de esta al abrirse a toda velocidad, más tarde, la figura de Bill con apenas una camiseta bastante grande y negra y sus calcetines a juego aparecieron en el umbral de la puerta, con los ojos súper abiertos por la sorpresa que le estaba dando yo.
-¡¿GEORG?! ¡¿QUÉ PASA?! – me preguntó, alterado, confiado de que le explicaría mi repentino humor.
Adelanté pasos hacia dentro y este tuvo que retroceder. Y aunque yo era bastante más bajito que él, sentía que poco a poco me iba incrementando yo de tamaño, y él iba reduciendo el suyo.
Decidí no andarme con rodeos. Porque ahora que lo tenía delante, y por mil cosas que me hubiera hecho, sabría que no sería capaz de hacerle nada más que una bofetada o un puñetazo, al caso. Y me jodía descubrir eso. Él me había lanzado miles de dagas punzantes hacia el mismo punto de mi pecho, indirectamente, y yo me sentía incapaz de nada ¿¡Por qué!?
-No me puedo creer lo que has hecho… -dije con voz lastimera y amenazante al miso tiempo. Yo tenía la mandíbula apretada y me sentí más tenso que nunca.
Bill me miró desconcertado y buscaba en mi mirada una posible explicación a lo que le estaba acusando, pero no le conté nada.
-¿Qué? ¿Qué he hecho? – me preguntó agitando los brazos fuertemente.
Me fijé un poco en él y también le vi los mismo rasgos que le había descubierto a Dawn en la cara, pálida y con los ojos rojos e hinchados. Qué hijo de puta. Encima había llorado por ella. ¡Pero qué falso!
-¡¡Eres un puto falso de mierda!! ¿¡HAS LLORADO POR LO DE DAWN?! – Este me miró desconcertado, y asombrado - ¡¡SÍ, ME LA HE ENCONTRADO!! – Le pegué un empujón y este casi se cae al suelo - ¡¿TE HA JODIDO QUE TE HAYA DEJADO?! ¿SÍ? – le chillaba con todas mis fuerzas de nuevo, creo que me estaba poniendo rojo - ¿Y YO QUÉ? ¿¡Cuando pensabas decirme que te habías tirado a Ash, EH?! – Me miró, y Bill cerró los ojos con fuerza, tardando mucho en abrirlos de nuevo. Gesto que me secundó lo que me había dicho Dawn al respecto… Sí… Se la había tirado.
Y de pronto la rabia pudo conmigo y me acerqué peligrosamente. Bill me miró con pánico y alzó las manos, intentando protegerse del puñetazo que le di en toda la cara. A Bill se le giró la cabeza hacia un lado de lo fuerte que le había dado y cuando volvió a mirarme tenía la boca con un hilo de sangre que pronto le llegaría a manchar la camiseta. Dirigió su mano hacia su mandíbula, que se le pondría roja y llena de moratones en poco tiempo y puso cara de dolor.
-Aghh… - se quejó. Me reí sarcástico.
-¡¿TE DUELE?! ¡¿TE DUELE?! ¡¡PUES TE JODES!! –solté, tan cabreado como antes, puede que incluso más.
-Georg lo siento…