Bill
No sé si alguna vez había pasado tanta vergüenza como ahora. Bueno, supongo que sólo hay que echar la vista atrás un par de horas, en dónde Tom y yo habíamos sufrido un momento de confusión, que rallaba el humor absurdo.
Mario se estaba riendo en mi cara, intentando disimularlo un poco, y creo que yo estaba por lanzarle la comida a la cabeza. ¿Hola? ¡¿Qué hacía?! Representaba que tenía que apoyarme y esas cosas... Entenderme, ayudarme, ser un poco más... ¿cómo decirlo? Ah, sí... Amigo.
-Mario... Por favor... No seas así. – terminé por suplicarle.
Este terminó el teatrillo, respirando fuertemente e intentando calmarse.
-Vale espera, espera que me sitúe... – decía aún entre sonrisillas y suspiros, como si le costara hablar. ¡Se había puesto como un puñetero tomate! – Tom y tú, estáis saliendo... – resumió.
-Ajá...- respondí, asintiendo con la cabeza.
-Pero Tom... Tom no se puede enterar que lo sé. – esta vez, parecía prácticamente calmado.
-¡Sí, exacto! ¡No puede saber que te lo he contado, porque me corta en rodajas! – casi chillé. De pronto, a Mario se le iluminaron los ojos, y me miró tierno.
-Oye... antes de que sigamos con... Tu, em... Bueno, vuestro... Problema. Por llamarlo de alguna manera. – le miré tan siniestramente que ni se atrevió a soltar ni una más de las sonrisillas que anteriormente me habían puesto de los nervios – Me gustaría saber, ¿cómo pasó? Si te soy sincero, lo tuyo me lo esperaba, pero de Tom no me lo esperaba tanto. Me gustaría saber ¿cómo le gustaste? Tratándose de Tom, creo que esta me voy a emocionar con el relato.– Mario se mordió el labio y después sonrió, algo triste.
-¿Porque te emocionarías?
-Por que Tom... Bueno, ya lo has oído antes, es un puton, y un heterosexual tan orgulloso, que me parece imposible que salga como protagonista de una historia de amor. ¡Creo que me enorgullece a mí! ¡Para mí, Tom es mi hermano, y todo lo que tiene que ver con él, me emociona!
Sentí ternura con lo que me acaba de contar. Vaya, sí que había amor.
-Pues... Si te soy sincero, no lo recuerdo mucho. – y era verdad, tenía nuestras vivencias, tan reales como si acabaran de ocurrir, pero aquel momento tan importante, en el que me enamoré de él, y él supuestamente quedó también pillado por mí, no lo sabía colocar en ningún recuerdo.
-¿Cómo os conocisteis? Realmente, ya lo explicaste el día que te conocimos, pero ahora puedes poner muchos más detalles en la historia…– bien, es una buena manera de comenzar... Sí señor.
-Oh... Pues, yo estaba siendo el último en bajar del autobús cuando nos dijeron que teníamos que coger las maletas así que me fui a por ellas. Me estaba peleando con una, porque no quería salir del maletero y... Y de pronto, algo me tocó el culo – Mario sonrió, recordando lo que dije aquel día en que nos conocimos. – Me giré enseguida, algo alarmado, y lo vi a él. Con esa sonrisa socarrona de cuando te quiere seducir y... –suspiré - Bueno, antes de mirarme a los ojos, me miró al cuerpo. Se había confundido, y pensó que era una chica. Pero... – mientras lo iba contando, la imagen se iba repitiendo en mi mente, como si fuera un cuento, como si lo estuviera leyendo en un libro – De pronto... – no pude evitar sonreír. – No sé qué pasó, que... Nos miramos, y nos quedamos un rato fijos en el otro... No…no... ¡No sabría definir exactamente qué pasó!
-Aún me hace gracia que te confundiera con una tía… – Mario sonreía, con diversión – Aunque está claro que lo que cuadra a la perfección es que te tocara el culo si estaba confundido con ese pequeño detalle.- Rodé los ojos, algo cansado de comentarios como este, pero no le di demasiada importancia.
-Bueno, el caso es que supongo que aquello marcó algo, y a partir de ahí, nos metíamos entre nosotros, retándonos a ver quién acababa antes enamorado del otro, y que éramos unas mariconas, y al final... En cierta manera, resultó verdad. No está enamorado, pero, parece que algo si le gusto. ¡Dice que está confundido! ¿Es eso bueno?
Mario ni se lo pensó cuando me fue a contestar.
-Demasiado bueno. Tom, NUNCA, demuestra una flaqueza suya. ¿No ves que es demasiado orgulloso? Jamás admitiría que se siente confundido si esa confusión de verdad no le está volviendo loco. ¡Tío, has pillado a Tom por los cojones! – esbocé una gran sonrisa y sonreí de un lado a otro.
-Es tan gracioso… No sé, a mí sí que me tiene cogido por los huevos. ¡No hago más que pensar en él! Creo que me volverá loco de remate. – volví a suspirar. Dejé de mirar a mi amigo moreno y mis ojos se dirigieron a mi novio. Seguía hablando con Andy sobre algún tema y a mí se me encogió el corazón de golpe. Un flash de un recuerdo demasiado reciente hizo que se me entristeciera el mundo. – Pero lo hemos estropeado tanto... - ¡Ni dos minutos podía estar sin pensar en lo de esta mañana! Tan bien que estaba yo, recordando nuestros inicios y todo, y ahora... Joder.
Mario volvió a la tierra de golpe, y se puso serio.
-¡Cierto, cierto! Dime ahora mismo, qué ha pasado. Pero explícamelo bien, porque no soy tan listo como para seguir adivinando todo lo que se te pase por la cabeza.
Cogí aire y no sé por qué, me puse la mano en le gorra, tirándomela hacia delante, tapándome los ojos. Lo último que vi, fueron las rastas de Tom, y cómo éstas cambiaban de posición. Como si ahora éste, me estuviera mirando. Oh, genial, debe pensar que soy mongolo, tapándome la cara de esta manera. ¡Pero, madre mía! ¡Qué vergüenza hablar con Mario sobre esto!
-¿Qué haces Bill? – de nuevo el moreno.
-Nada. Tú sólo escúchame, ¿sí?
-Ajá... – dijo, no muy convencido.
Ordené mis ideas lo más rápido posible para no trabarme demasiado intentando explicarlo, y resumirlo lo más rápido posible. Veamos, cómo empezar…
-A ver, resulta que ayer por la noche, Tom quería tema, porque... Bueno, porque ya llevábamos saliendo unos cuatro días, y apenas habíamos pasado de un besuqueo. – intuí que Mario había asentido con la cabeza. ¡Bill, déjate de hacer el tonto y levanta un poco la gorra hombre! – Pero... Yo me negué. Porque no sé, no estaba preparado para tener sexo anal. ¿Sabes? Es como que le tengo un poco de respeto a una serie de agujeros. – Levanté la gorra un poco y enseguida vi que Mario hacía una mueca con la cara, como intentando aguantarse la risa. - ¡No digas, nada! ¡Lo sé, es patético, pero sigo siendo heterosexual en muchos aspectos! – sentencié, enseguida.
-No, no... Yo no diga nada de nada. Soy una tumba – hizo ver que se cerraba una cremallera imaginara en la boca y después cruzó los brazos, esperando que siguiera. Mi mirada, se dirigió fugaz, a Tom. Sin poderlo evitar. ¡No, no lo puedo evitar!
Este me miraba, cayado, supongo que sin nada más que explicarle a Andy, y en cuanto vio que yo también me fijaba en el, disimuló y miró a otro lado. Era tan, jodidamente adorable...
-El caso, es que Tom, llevaba tanto tiempo sin follar, que se enfadó conmigo y durmió lo más separado posible. Yo, me empecé a sentir culpable y casi no podía dormir, pensando en hacerlo o no hacerlo. Lo peor de todo, es que... Madre mía, es tan... Estúpido. ¿Cómo iba a pensar que iba a ser tan fácil todo? ¡Yo creía que yo iba a ser el...! ¡El...! – bajé la voz lo máximo que pude como para que me oyera – el activo... – Mario simplemente asintió. Bien, bien, no se ríe. Es un avance. – Total, que he estado toda la noche, pensando en intentarlo y tal, porque claro... ¡Yo no iba a sufrir ninguna intrusión por ningún lado! ¡Ese era Tom! Y claro, cuando quedaba un poco para que le tuviera que sonar el despertador, le he empezado a despertar melosamente hasta que lo hemos intentado. – Mario ponía cara de concentración, como si estuviera viendo una peli de suspense y ahora empezara a sonar la típica musiquita que anuncia que algo iba a pasar. – Entonces ha sido cuando hemos ido a por los condones. Ambos teníamos, yo en el baño y él en el pantalón. En fin, yo pensaba que él iba a buscar un condón para mí, y él pensaba que yo iba a por uno para él. Y ambos diciendo, “¡Nono, tranquilo, yo tengo! ¡No te muevas!” Al final de todo, cuando salgo del baño, con el preservativo puesto, veo que él también lleva uno...
-Un momento, que yo quería llegar a estar parte… ¿La sigue teniendo igual de grande que siempre, no? – abrí los ojos como platos y me lo quedé mirando.
-¡Mario!- solté, más rojo que un tomate.
-¡Ehh! ¡Es sólo una pregunta! Es que hace ya tres años que no nos duchamos juntos y tengo el interés! - ¿se duchaban juntos? ¿Pero qué es esto? Oh bueno, yo aún me ducho con Georg cuando me quedo a dormir a su casa o en el gimnasio... Sí, tiene lógica. Aunque desnudos no… Eso igual no tiene tanta lógica. Bueno, supongo que si es gay y sabe que su amigo está bueno, aprovechará para echar un ojo. ¿Haría yo eso con Georg si hubiera sido gay desde siempre y él me gustara? Da igual Bill, olvídate del tema.
¡Mierda, ahora por su culpa, me estoy acordando del nabo de Georg! ¡No, no! ¡Imagen desaparece, por dios!
Negué con la cabeza fuerte, para quitarme esa película que se estaba formando en mi cabeza, dónde salía con mi osete grade empapado y con jabón, e intenté con todas mis fuerzas prestarle atención a Mario.
-Pues... La tiene muy grande. Muy grande. – enfaticé. Sí, la verdad es que me daba mucha envidia. ¡Y muchos calores! ¿Cómo era eso posible? ¡Pero si eso debía hacerte trizas! Pero entonces, me di cuenta de la expresión que puso Mario. ¡Se había mordido el labio!
-Madre mía... – soltó, algo ido. ¿Se estaba poniendo cachondo? ¿De Tom? ¿Del rabo de Tom? ¿¡De la tranca de mi novio?! ¡¡Será posible!!
-Oye, que estoy delante. – dije, algo irritado. Bueno, quizás la palabra celoso encajaba mejor con la situación. Me parece de puta madre que le guste Tom en ese sentido, pero como mínimo que no lo demuestre delante de mí.
-¡Que no hombre, no! Tranquilo, que Tom y yo, es algo imposible. Él no me gustaría nunca, es mi mejor amigo, y eso marca unas distancias. – asentí simplemente. – Entonces... Tenéis problemas sexuales. – resumió, volviendo al tema principal. Cogí aire y lo solté fuertemente, abatido.
-Sí... – negué lentamente con la cabeza, decepcionado con todo lo que estaba pasando. – Y creo que va a ser así, mucho tiempo. – casi afirmé.
-¿Por qué?- se extrañó Mario. – Todo es cuestión de probarlo. Y cuanto antes mejor, te lo digo enserio. Si no, podéis llegar a los treinta sin haber echado un quiqui.
-¡Si por mí perfecto! Pero Tom... Dudo que Tom se deje tan fácilmente. No creo que decida que por el bien de nosotros se deje sodomizar por mí... Seguro, que no. Tom nos lo pondrá muy difícil. – Vamos, que Tom no se dejará follar tan fácilmente, coño.
-Hombre, visto desde este punto... No, claro que Tom no se dejará ser el pasivo NUNCA. Y a más, es que ese nunca, es un nunca de para siempre. Te lo digo yo, que lo conozco, y que para él, eso es como si se pusiera a la altura del betún. Si miras desde esa perspectiva, te digo yo que no follaréis jamás. – soltó, ni corto ni perezoso. Me dejó de piedra, estático.
Volví a mirar a Tom, y este estaba recostado en el respaldo, con el culo en el final de la silla, muy acomodado y levantándose un poco la camiseta. Se daba palmadas en la barriga, como si hubiera comido demasiado y se estuviera resintiendo. Volvió a fijarse en mí, y esta vez simplemente, se me quedó mirando, aguantando la mirada. Tres segundos después de contener el aliento en una agonía constante, le sonreí de lado, como si le quisiera dar a entender, que no quería estar mal con él, que le quería, que le echaba de menos y apenas habían pasado un par de horas, que... que le sonreía. Tom, después de un instante casi eterno, me devolvió la sonrisa, también de lado y medio apagada.
¿Mario se ha dado cuenta? Le miré.
No, este estaba dándole vueltas al tema. Un tema que me tenía mosqueado. ¿Cómo que no íbamos a hacer nada nunca? ¿Pero se ha vuelto loco? Algún día me dirá de intentarlo, ¿no? Vamos, este se muere antes de no echar un polvo.
-Pero a ver, ¿Cómo que visto desde este punto? ¿Desde dónde lo veías tú?- Solté, cayendo de pronto en ese pequeño detalle.
Mario se puso un poco cabizbajo.
-Bueno, supongo que me vas a mandar a la mierda en cuanto te lo diga, pero por intentarlo... A ver, yo creo, que deberías ser tú el que arreglara las cosas, y dijeras de ser el pasivo. Sé que es caer en las zarpas de Tom, pero... ¡Pero es que te prometo, que os pueden dar las uvas esperando! Él es muy tozudo, y se cree demasiado macho. Y yo a ti te veo un poco más inteligente que él. Inténtalo tú. – creo que me quedé medio ido en cuando empezó a hablar.
-¿Qué?- creo, que no lo había entendido bien del todo... – Espera espera... ¿Cómo? ¿Qué haga yo de pasivo? – abrí los ojos como platos y abrí la boca desmesuradamente.
-Sí... – dijo, como si temiera mi reacción.
Por un instante me lo replanteé. Me vi sin ropa, encima de la cama de Tom. Tom besándome y acariciándome para que me sintiera a gusto y se empezara a calentar el ambiente. La piel me sudaba y ambos respirábamos fuerte.
Pero de pronto, Tom que se hallaba encima de mí, cogía mis piernas y me las doblaba. Después empezaba a separar las rodillas, abriéndome totalmente para él. Como si yo fuera una chica, como si de verdad esta vez, fuera una mujer.
Sólo ese pensamiento ya me frenó la imaginación y me hizo volver al mundo real de una patada. Intenté hablar lo más calmado posible.
-Pero... Yo, Mario... No puedo. De verdad que no. Y te juro que también es por orgullo. Llevo toda mi vida, siendo insultado por gente que no sabían del todo cual era mi verdadero sexo. ¡No sabes la de veces que me han dicho si de verdad era un hombre! ¡Cómo si no se lo creyeran del todo! Y... Abrirme de piernas para un hombre, es secundar todavía más esas dudas.
Mario alzó una ceja.
-¿Pero qué tontería es esa? ¿No era que nadie podía saber que estabais juntos? ¡Entonces nadie te va a decir nada! ¿A más, qué más da lo que piense la gente? Lo que importa aquí, es que seas feliz con lo que escojas. ¿Qué te mola pintarte los ojos y las uñas? Pues de puta madre. Yo también me pinto a veces, y las uñas igual. No tan refinadamente como tú, pero algo es algo. ¡Y yo soy el pasivo!
Un rallo de luz me iluminó el rostro. ¿Qué era ese rayo de luz? ¡La bombilla que indicaba que acababa de tener una idea! ¡Una revelación!
-Hostias, es verdad... Mario, tú eres el pasivo de la relación. – afirmé. Lo sabía, no había ninguna duda, incluso antes de que él dijera nada, yo ya lo sabía, me lo había dicho Tom, pero no me acordaba de ello.
-Sep. Y te puedo prometer, que no te sientes inferior a nadie si estás debajo de un tío. Piensa que sin ti, no pueden follar, y que si te da la gana les puedes chantajear. Pero ojo, es igual a la inversa. Nadie es superior a nadie, el sexo es simplemente sexo, no hay sometidos ni dominantes. A menos que hablemos de sexo sin consentimiento, pero ese ya es otro tema... – dijo, moviendo las manos hacia un lado, como si estuviera apartando ese comentario físicamente hablando. – Lo que pasa, que la sociedad ha querido que el que tenga polla sea más que el que tiene agujero, en nuestro caso, el que use cada cosa. – consideré seriamente sus palabras. La verdad es que tenía razón.
Ahora, en mi fantasía, sólo éramos Tom y yo, envueltos en una sábana, con movimientos frenéticos y sin control, besándonos y con un vaivén increíble. Bien cierto era, que mi cámara mental, no apuntaba a nuestras partes, pero yo ya tenía en cuenta ese detalle. ¿Qué más daba, no? Al fin y al cavo, ambos llegábamos al orgasmo en boca del otro. Felices, exhaustos, y llenos de sudor compartido, saliva y suspiros.
Un pinchazo en las tripas me recordó otro pequeño detalle.
-¿Y... no te dolió mucho la primera vez?- de pronto, el relato se había vuelto rojo sangre.
Mario, cambió la expresión de la cara. De estar serio, hablando de temas como el respeto s****l, pasó a una mueca en la que parecía que sonreía, medio nostálgico. Después soltó aire con la boca, con un ruidito musical, también de media risa y finalmente me miró con los ojos achinados de la sonrisa.
-Te he pillado... – dijo. Yo alcé una ceja, sin saber muy bien qué quería decir. – Lo que te pasa, es que tienes miedo. - ¿Miedo? ¿Pero qué me está contando este? – Estás acojonado – emm... ¿A sí?- Te asusta que lo puedas pasar demasiado mal la primera vez... - aseguró.
De pronto, aquella fantasía s****l que contaba mi mente, sobre la primera vez con Tom, tomó otro rumbo distinto. De ser un momento precioso con mi pareja, haciendo lo que más nos gustaba hacer, pasó a ser el peor momento de mi vida.
Yo, pasándolo fatal, sintiéndome cómo me hacia trizas por dentro, echándome hacia atrás todo el rato, muerto del dolor, sin poderlo aguantar, con lágrimas en los ojos y... ¡Y muerto de vergüenza!
¿Y si… y si finalmente caía en la cuenta de que teníamos que intentarlo, y todo salía fatal? ¿Y sí lo pasaba tan mal, que volvía a dejar a Tom a medias? ¡Sería la tercera vez! ¡Tom me mataría!
-Sí… - afirmé, dándome cuenta de un miedo escondido.
-No tienes nada de qué preocuparte… Sí es cierto que al principio hace daño, pero… Es sólo la primera vez, puede que se alargue hasta la tercera como muy máximo, pero nada más…
-¡¿La tercera?! – chillé, fuera de mí, entrando en pánico. – Pero... Pero… ¡La tercera vez es mucho tiempo!
-A mí sólo me dolió la primera vez, si te sirve de consuelo. - me dijo.
-¿Cómo fue tu primera vez…? – se me ocurrió preguntar. Atento, le hice todo el caso posible, intentado que esa parte de mi cerebro que sólo pensaba en Tom, intentara fijarse en Mario.
-Pues… Normal. Con sus preliminares y esas cosas, pero recuerdo que cuando me la iba a meter, apreté tanto las manos que casi me hice sangre con las uñas en las palmas de las manos. Mi novio intentó prepararme con los dedos, y después… Pues fue normal. No era lo mismo los dedos que el pene, pero me acabé acostumbrando enseguida, y bueno, el vaivén que empezamos a tener hizo que se me olvidara todo.
-¿Y después…? ¿Al día siguiente?
-Al día siguiente tuve unas agujetas increíbles y apenas podía sentarme en ningún sitio, pero tranquilo, son las típicas agujetas de cuando haces un esfuerzo al que no estás acostumbrado, pero… en el culo. Se pasan con el tiempo, o… Con más práctica – dijo, mordiéndose el labio.
Sonreí por el comentario y su significado, pero después negué con la cabeza, pensando que era imposible que eso pasara. Es que… Lo pasaría fatal… Fatal. ¡El recto no está preparado para penetraciones de este tipo, la v****a en cambio sí! ¡No por nada se dilata sola, ¿no?! Me moriré, sé que me moriré de dolor.
-Mario… No sé yo si me atreveré. Lo mismo soy la excepción del mundo, y a mí me duele para siempre… ¡Y si lo paso tan mal que me quedo sin poder defecar! – salté alarmado.
Mario hizo ver que se pegaba hostias contra la mesa.
-¡Tú, eres, gi-li-po-llas! ¿Cómo te va a pasar eso? Anda, vete a una esquina, reflexiona sobre lo que has dicho, y vuelve… - dijo, exasperado.
-Vale, tienes razón… Estoy desvariando. Pero, ¿y si no me siento cómodo con que me penetre nada por el ano? Es que… Mierda, no sé. - suspiré y miré al suelo – Tom me debe de querer mucho como para no haberme dejado ya. No puede vivir sin sexo este tío, según lo que me has contado… Y sin embargo, aún me mira por el rabillo del ojo a la hora de comer. Como un tonto enamorado… - me sonrojé.
Mario soltó aire sonoramente y finalmente me cogió de las manos.
-Inténtalo. - me casi suplicó – estoy demasiado ilusionado con vosotros, odiaría que por una gilipollez como ésta, lo dejarais. - aparté la mirada de su rostro. – Mira, si de verdad crees que lo puedes llegar a pasar demasiado mal, inténtalo antes tú solo. - lo volví a mirar de golpe, con los ojos como naranjas, incrédulo.
-¿Qué? – casi chillé.
-Sí hombre, sí. Puedes intentar meterte los dedos tú solo. Sabrás lo mismo que se siente cuando te van a preparar, y si de verdad ves que es imposible, entonces vale, entonces vas y se lo dices a Tom, que no te ves con fuerzas para hacerlo, pero al menos cerciórate antes. Si ves que te duele demasiado entonces déjalo, pero si no, díselo… A más, conozco a Tom, irá con muchísimo cuidado la primera vez, te lo digo enserio.
-¿Que qué? – le solté de las manos enseguida. - ¡No voy a hacer eso! ¡Qué asco! –sentencié.
-¡Arrg! ¡Me exasperas, muchacho! ¡Que no es nada malo! ¡Y ya te he dicho que si no te sientes cómodo o te duele mucho, que lo dejes! No te estoy obligando a nada… - se cruzó de brazos y miró a otro lado, teatralmente indignado.
Me lo replanteé un instante, y me vi, a mí mismo, encorvado en una esquina de mi cabaña, con una mano en el trasero y mi cara roja como un tomate.
-Joder Mario… No me hagas esto.
Tom
-¡Dooom!
Una vocecilla de niña entrometida, me sacó de mis pensamientos. Estaba tan concentrado mirando como Mario hablaba con Bill, que no me había dado cuenta de que mitad del comedor ya se había ido, y yo debería haber sido de los primeros que debería haberse largado. ¡Tengo clase a las cuatro! ¡Tengo que ducharme, tengo que preparar la clase! Me cago en la puta.
Recogí la bandeja tan rápido como me fue posible y cuando ya me estaba levantando para dejarla en el carro de las bandejas sucias, ese alguien con voz de p**o, me estiró de la camiseta. Me sobresalté un poco y miré algo confuso. Una niña con el color de pelo n***o azabache y unos ojos verdes inconfundibles, me miraban desde abajo, a nivel un poco más alto que mis rodillas, con cara inocente y de niña buena.
-¡Anna! – grité al verla. Hacía un par de días que no me daba la barra y de hecho, la echaba un poco de menos. Puse la bandeja en una sola mano y me puse a su nivel. La rodeé con un brazo y la alcé, apoyándola en mi cintura y haciendo que se sentara sobre mi brazo. -¿Qué tal pequeñaja? – le dije, sonriente. Me caía tan bien esta niña… ¡Se parecía tanto a Bill! Si mi moreno tuviera los ojos verdes, juraría que tenía esta cara en sus fotos de pequeño.
La niña no me respondió, para variar un poco, y simplemente me abrazó fuerte, sonriente y feliz. Puse los ojos en blanco y caminando, dejé la bandeja en el sitio. Pero cuando estaba dirigiéndome a la puerta de salida, una extraña presencia me dejó parado.
Un aura oscura provenía de un par de metros más alejados de la puerta. Sentado, mirándome, con una ceja alzada, Bill.
En cuanto se dio cuenta que me había fijado en él, volvió a prestarle atención a Mario. Este le dijo algo, y Bill le contestó de una manera extraña, para que finalmente Mario acabara riendo. ¿Qué le estaría diciendo?
Pero de nuevo, Anna intentaba acaparar toda mi atención cuando Bill estaba cerca, y aprovechando que ahora ya no tenía la otra mano ocupada, se las ingenió para que la rodeara con ambos brazos.
Me hizo sonreír, y no me negué. ¡Era una cría! ¿Qué más daba? ¡Era Bill el estúpido celoso! Bah, me pone que esté celoso…
Se fijó en mi total abrazo a Anna y puso cara de perros. Ambos nos habíamos visto y ambos estábamos pendientes del otro, aunque no lo hiciéramos demasiado evidente. Bueno, puede que yo sí. Porque yo debería estar atravesando la puerta y yéndome ya mismo, y sin embargo, estaba estático, a dos metros de la salida, mirándole. ¿Algo si se ha notado, no?
Se tapó los ojos con mi gorra, de nuevo, y se cruzó de brazos. Sinceramente, yo estaba bastante cabreado con él, pero ahora mismo… Ahora mismo mis sentidos se estaban colapsando.
Vale, no realmente estaba enfadado con él, pero sí con el mundo, y con las dos veces que me ha dejado con el calentón. Yo he admitido para mí mismo, que ambos tenemos la culpa, porque ambos afirmamos que el otro iba a ser el pasivo, así que… Los dos tenemos la culpa. Pero los dos somos tan orgullosos que jamás lo admitiremos.
¡Vale, yo, debería estar ya llegando a mi puta cabaña! Negué con la cabeza, como distrayendo el resto de pensamientos, y me dirigí rápido al pomo de la puerta.
-¡Eh, Tom! - ¡¿Pero qué le pasa a la peña?! ¿¡Se han puesto en complot para no dejarme dar la puta clase?! Me giré, exasperado, y miré en la dirección de dónde provenía la voz. Me quedé mudo al cerciorarme de que se trataba de Mario, que se había levantado y se me acercaba.
Alcé una ceja, y lo miré un tanto mal. No me gustaba nada como se había portado conmigo hoy por la mañana, he llegado de muy mala hostia, y en vez de hacerme caso, y largarse se ha puesto chulo. Tsk, sabe que conmigo hay que tener cuidado…
-¿Qué quieres? – le dije, de mala gana. Mario se dio cuenta de mi tono de voz, y suspiró fuertemente. Mientras, Bill se había resignado a levantarse también, ya que si no, se quedaba solo. Cuando llegó a nuestra altura se puso al lado de Mario. Pues sí que se han hecho amiguitos, estos dos…
Bill también captó mi malas vibraciones, y mis maneras de hablar, y frunció el ceño, mirándome. Malditos malos royos entre todo el mundo…
-Pedirte que nos reconciliemos. Evidentemente, no te pediré perdón, pero sí que lo dejemos pasar. Paso de estar así todo el día… - dijo Mario, tendiéndome la mano.
Se la miré apenas un instante y puse los ojos en blanco. Madre mía, ¿cómo decirle que no? Este tío es la hostia. Se la estreché de bueno rollo y después lo abracé a medias, ya que la niña apenas me dejaba moverme. De hecho, después del tiempo reglamentario de un abrazo, Anna empezó a quejarse y a apartar a mi mejor amigo.
-¡Aiii! ¡Anna! ¡Que soy Mario! – le recriminó. Arrugó los labios a un lado, y finalmente dijo algo más. – Si no fueras tan pequeña te diría un par de cosas, criaja… Pero eres demasiado adorable, mirando con esos ojitos tan verdes. - le tocó el pelo y ella se dejó, como si fuera una pequeña gatita. La gatita se me apegó un poco más. – Ei, nena, ni que Tom fuera tu novio… - dijo con algo de rin tintín, como haciéndose notar. Pero desde luego, pasé olímpicamente de cómo lo había mencionado, y me centré en el QUÉ había dicho… En una milésima de segundo mi vista se posó en Bill, que no dudó en acercarse a nosotros, con los puños cerrados.