Pasé olímpicamente de ir a desayunar, no me apetecía demasiado encontrarme con Tom aunque realmente, en el fondo de todo, sólo quisiera volverle a ver y lanzarme encima suyo y comérmelo a besos, porque, por muy enfadados que estuviéramos, le quiero… Y mierda, quiero volver a verle. ¡Pero no puedo! ¡Porque me da miedo qué pueda pasar!
Un segundo antes de abandonar la cabaña, me giré y fui a por mis folios, mis lápices mi carpeta de dibujos y… La gorra.
Me había gustado al fin y al cavo.
Me la puse en la cabeza y me fui a dibujar.
Entré en el comedor, ya era medio día y había estado casi toda la mañana en la orilla del lago dibujando. Que si el agua, que si bañistas… Y sí, a algún tío he acabado dibujando… Es que joder, aquí, llega el verano y todos tienen un cuerpo diez menos el menda, que está escuálido y blanco. Ais, Bill, deberías replantearte eso de parecer anoréxico…
El caso es que me había alegrado bastante ya, bueno, puede que alegrar no fuera la palabra, pero sí animado un poco. En algún momento me había colapsado mucho y había dejado más de un papel roto, pero después me tranquilizaba y simplemente pensaba, que…
Ya se pasaría.
Acabáramos mal o no, este bache lo superaríamos. Sólo teníamos, que… Hablarlo. ¿Para qué mentirnos? ¿Cómo hemos ido tan directos al tema, sin haber pensado antes en el pequeño tema de los papeles de cada uno? ¡Cada uno ha dado por sentado que iba a ser el activo y el otro el pasivo! Cuando está claro, que nuestra manera de ser, de los dos, es bastante activa. Vale que él, no solo en la manera de ser, sino en como viste y esas cosas, pero que… No sé, no sé cómo pude llegar a pensar que Tom se dejaría penetrar por mí. No sé dónde lo he sacado, pero bueno… En fin, ¡con razón estaba tan ansioso anoche! ¡Este solo quería follarme!
En fin de nuevo. Sólo habíamos de hablarlo. Ya está. Hablar.
Me dirigí a por mi bandeja, e hice lo de siempre, me pusieron comida y justo a buscar mi mesa, miré a la izquierda, donde estaban sentados los profesores. Miré a Tom sin dudarlo un instante, y lo vi perdido en mí. Me miraba como nunca antes lo había hecho, como si no me estuviera viendo a mí, si no… No sé, a un ángel o algo por el estilo.
Cogí aire de la impresión, y con el rostro más sonrojado que jamás se me había puesto, me dirigí a mi sitio.
¿Pero qué había sido eso? ¿Por qué me ha mirado así? Pero de golpe, algo me distrajo. Una vibración en el bolsillo derecho del pantalón condujo toda mi atención a este.
Un mensaje.
El corazón se me empezó a acelerar fuertemente. Aún estaba de camino a mi mesa, con paso lento y con cuidado porque llevar la bandeja sin que se caiga, es un arte que no se domina fácilmente, así que no lo podía coger aún.
¿Quién sería? ¡Georg! ¡Sólo podía ser él!
En el camino hacia mi mesa, miré instintivamente la que nos solíamos sentar todos. Me costó un poco encontrarla con tanta gente delante puesto que era la última de todas, pero sin embargo, no había nadie en ella. Por lo menos, no de nuestro grupo… Ni Ashley ni Georg. Me supuso algo raro, porque… ¿Dónde estarían? ¿Estarían juntos? Ahora no recordaba muy bien si Ashley me dijo que lo habían arreglado o no. Joder, sólo pienso en Tom y de lo demás me olvido, y acabo así.
Entonces, ¿el mensaje podía ser te Tom? ¿Sería eso posible? ¡No! Claro que no, primero, porque teóricamente estaba enfadado, dejando de lado la mirada tan extraña que me acababa de dedicar. Y segundo… Por lo más evidente, aún no nos habíamos dado los móviles. Tsk, se lo pediré cuando no estemos tan enfadados…
¿Entonces de quién era el mensaje?
Aterricé dejando la bandeja con sumo cuidado y enseguida puse la mano en mi bolsillo. Mi corazón latía a mil por hora, y realmente no se porqué... Podría ser de mi madre perfectamente, que hacía dos días que no hablaba con ella, ¡o de Ash! ¡Cierto! Aunque no sé... Algo en el estómago rezaba porque fueran tanto Georg como Tom (y que este hubiera conseguido mi número mágicamente).
Puse la pantalla delante de mis narices y lo vi: Mensaje nuevo.
Enseguida le hice click. Cogí tanto aire que se me hinchó el tórax desmesuradamente.
Georg.
Era Georg.
Un pinchazo en el corazón que me hizo hasta daño fue lo único que pude sentir.
Durante unos instantes estuve apunto de no abrirlo.
¡Estúpido, Bill! ¡Estúpido! ¿No ves que llevas dos semanas esperando a que te hablara? ¿Qué haces ahora pensándote si abrirlo o no abrirlo? Estaba tan acojonado. ¿Y si no quiere saber nada de mí para siempre? O sea, para siempre, nunca más Georg en tu vida, NUNCA.
Esa idea me puso el bello de punta y una sensación de vómito me inundó el estómago. Se me habían pasado las ganas de comer de golpe. De nuevo volvía a hacer pucheros, ¡y eso que aún no había abierto el dichoso mensajito!
Se me juntó todo de repente. La pequeña depresión en el tema de Tom, y la incertidumbre delante del enfado con Georg, me estaban desesperando. Hiperventilé un poco pero después me calmé. Me quité una pequeña lágrima que aún no se había escapado ni del lagrimal y me sorbí la nariz. Lancé mi mirada fugazmente a Tom, y me lo encontré mirándome, mientras hablaba algo con Andy y Mario y removía la comida. Mi chico me miraba con una ceja alzada, como si le preocupara qué me pasaba... En fin.
Intenté hacerle caso omiso a ese detalle y me puse a abrir el mensaje. Cerré los ojos y cuando hube contado hasta diez los abrí.
"No iré a comer, si eso nos vemos esta noche"
Me quedé un poco a cuadros. El mensaje no decía absolutamente nada más. Ni tan solo adiós, ni hola, ni siquiera un simpático “ojala ahí te pudras”. ¡NADA! ¿Y que se supone que debería hacer yo ahora? ¿Pensar que me va a perdonar? ¿Pensar que es más valiente que yo y me va a mandar a la mierda en persona? Joder... Se me formó un nudo entre ambos pulmones, casi al lado del corazón, en medio del esófago, y no desaparecía por mucho que intentara pensar en otra cosa.
¡Mierda, necesitaba hablarlo con alguien joder! ¡Un amigo, un desconocido, alguien, lo que fuera! Y si no era sobre lo de Georg, era sobre lo de Tom... ¿Si se lo pedía a Dawn me mandaría un poco a la mierda, no? Y Ash... Podría hablarlo con ella. Pero, pero ella no sabe lo de Tom, y no sé si quiero que lo sepa. No me preguntéis porqué, pero no me hace especial ilusión.
El hecho es que aunque a Georg también me costaría horrores, hablarle sobre Tom, como mínimo, éste no se había enamorado de mi anteriormente, y Ash... Ash sí, y ya me echó en cara un par de veces que yo no sabía querer a nadie y si ahora le digo que me he pillado de un chico, no sé qué me diría.
En fin, que no había nadie en este mundo que me escuchara... ¿Quién se iba a interesar por lo que le pudiera estar pasando al pobre y desgraciado Bill? Tsk, nadie.
-¡Bill! - escuché una voz a mi derecha que me sobresaltó. Pegué un salto y finalmente miré a esa persona, a la cual le pertenecía la voz - ¿Qué tal estás?
-¡Hostias, Mario! - verle supuso como una especie de revelación. ¡Mario, Mario! ¡Podría hablarlo con Mario! Claro, él es majísimo, y seguro que me escucha y me da su opinión y me ayuda y... - ¡Mario! - volví a gritar su nombre y le di un gran abrazo. Éste se tensó un instante y después se rió en mi oreja. Me correspondió al abrazo muy amistosamente y me estrechó entre sus pequeños y delgados brazos, como los míos.
-Madre mía, ¿qué te pasa? - me dijo sorprendidísimo.
-Pues... Que necesitaba estar con alguien. - solté, sin más. A ver, era la puta verdad, ¿para qué mentirnos? Pero... ¡OH! ¡Mierda! ¡TOM NO QUERÍA QUE LES CONTARA NADA! Creo que se me puso la cara pálida.
-¿Bill? ¿Y ahora qué coño te pasa?- soltó, algo parado. -¿Estás bien? Antes, de lejos, parecías tan triste, perdido, estresado, y ahora, de pronto, me acerco a ti y te me lanzas encima, súper alegre de verme y de pronto ¡te pones como un muerto! ¿Qué te pasa, tío?
Mario me hizo sonreír de lado, vaya, se preocupa por mí.
-No bueno, es que... No sé.
-¿Por qué estabas triste? - preguntó sin más, sin tapujos.
-Oh, pues... Bueno, tengo un amigo que hace mucho que no hablo con él, y bueno... No sé si quiere volver a ser mi amigo de nuevo.
-Ah... Vaya. Es jodido esto de las broncas entre colegas. Bueno, entre colegas y entre novios, la de veces que me he peleado con Andy... Ni te imaginarías. - soltó, como mirando a lo lejos, con un aire nostálgico.
A mí esas palabras se me clavaron en el cerebro de una manera hasta macabra. Broncas. Novios. Dios, qué me vas a contar a mí.
-Ya... - no quise comentar mucho.
-Oye, y no sabrás lo que le pasa a Tom, ¿no? - en cuanto pronunció su nombre mi atención se volvió a desviar totalmente hacia él. ¿Qué, Tom? - es que... No sé, como ha dormido contigo y tal... He imaginado que lo sabrías.- puso cara de circunstancias.
-Em... ¿Qué le pasa? - tanteé un poco el asunto, no quería hablar más de la cuenta por si Tom les había explicado algo y yo no lo sabía.
-Pues... No lo sabemos muy bien, pero ha llegado súper cabreado, no nos ha hablado, ni siquiera ha saludado. ¡Encima que nos despierta, ¿sabes?! Y nosotros, en bolas en su cama y nos despierta a saco, zarandeando el colchón y todo. Y ha entrado diciendo que nos vistamos y que lo recogiéramos todo, que fuera, que se quería duchar y que nos veríamos en el comedor en el desayuno y no sé qué... - Mario ponía cara de enfadado a la vez de no entender nada, como si lo que estuviera pasando fuese una especie de broma de mal gusto. - y bueno, ahora está un poco mejor y habla con Andy. Conmigo no, claro, como le contestado borde esta mañana, pues está herido en su orgullo o algo, por haberle contradicho, y suda de mi cara cuando le digo algo. Tskk... Pero estoy preocupado. En serio, ¿sabes si le han dicho algo, o hecho algo alguien? Por que, ¿no habrá sido contigo la bronca, no? - no lo dijo con desafío, simplemente como si la posibilidad estuviera en el aire.
El estómago se me hizo un nudo al escuchar esas palabras. Madre mía, Tom estaba súper enfadado por lo que parecía. Joder... ¿Qué hago, se lo digo, o no se lo digo?
-Madre mía, ¿tan mal está? – comenté. La frase sonaba a "joder, ¿tanto le ha afectado?" como si yo supiera del tema, así que lo dejé entrever un poco, para que fuera él quien me preguntara sutilmente sobre lo sucedido y no tener que ser yo quien lo contara todo de golpe. Mario me miró con una ceja alzada. ¿Se estaría oliendo algo? Va, dime algo tío...
-Tú sabes lo que ha pasado... - afirmó. Me miró con el ceño fruncido y esperó a que yo dijera alguna cosa.
Su mirada intensa me taladraba la mente hasta casi volverme loco.
-Sí... - contesté, cabizbajo y casi con vergüenza. Aunque vamos, no era para menos. Si Mario supiera porqué estábamos así, seguro que acabaría flipando en colores.
Éste me miraba para que continúense. Tenía esa mirada de, “continúa, coño, continúa“. Pero es que, ¿qué le decía? ¿Qué le explicaba? ¿Que estaba saliendo con su mejor amigo y que habíamos tenido una pequeña crisis matrimonial sobre quién daba por culo a quién? ¡Se quedaría a cuadros! A más, que realmente, Tom no quería que le explicáramos nada... Como mínimo, él aún no se lo quería explicar... Y si lo hacía yo, ya si que la habríamos liado, porque aparte de que me mata, me deja y me abandona en medio del bosque para que me pudra yo solo.
-¿Y bien...? - insistió Mario, esta vez ya de una forma verbal. Pero después, se dio cuenta de lo azorado que estaba yo, tan reservado con el tema y notando que intentaba evitarlo un poco, que se frenó. Tiró la cabeza hacia atrás, y deshizo la cara de duda - Bueno... También es cierto que si no lo quieres explicar, que no pasa nada. En serio, incluso me estoy poniendo un poco impertinente, y no quieres hablar del tema, pero que vamos... Para que Tom esté así debe de haber sido fuerte. - ¿Estaba hablando enserio? ¿Tan mal esta? ¿No se estará riendo de mí, no? Pero sin embargo, Mario me miraba serio y firme.
-A ver... De hecho, justo lo que más necesito es hablarlo con alguien, pero no creo que deba.
-¿Has tenido tú la culpa? Quiero decir, ¿no ha sido simplemente uno de sus chungos repentinos? - dijo esto como si conociera tanto a Tom, que el hecho de que le hubiera contestado de manera que yo quedaba involucrado, fuese algo increíble. - Vaya... Bueno, ¿por qué no deberías explicármelo? Lo mismo, si me das las pistas exactas, acabo sacándolo todo yo solo. - sugirió, cómplice.
Me lo replanteé. También era cierto que si se lo explicaba, este podía simplemente, no decir nada a nadie. Podría ser nuestro secreto, que no se lo dijera ni a Andy ni a nadie, y muchísimo menos a Tom claro, y así yo ganaba un amigo más, alguien a quien contarle mis penas, y ese alguien que conoce a la perfección al causante de la mitad de estas.
-Pues, no debería porque es algo que Tom... Pues debería explicarte él, no yo. - ¿Sería esta una buena pista? Mario arrugó los labios a un lado, frunciéndolos, y después se los relamió. Me vino a la mente la escena de aquella noche en dónde sus labios habían compartido los míos. Me puse rojo como un tomate, pero creo que no se cercioró.
-¿Tiene que ver con que te guste él? - me recordó aquella conversación que no hacía ni veinticuatro horas que habíamos tenido, dónde yo le había confiado la mitad de mi secreto.
-Puede... - pero con la cabeza iba asintiendo. Madre mía, parezco lelo.
-¿Habéis tenido bronca porque te has declarado y te ha rechazado?- puso cara de tristeza enseguida, se puso una mano en el pecho y suspiró - Madre mía, Bill. ¡Lo siento muchísimo...! -y esta vez me puso las manos en la cara y me acarició las mejillas, dándome su pésame, supongo.
-No... No... No me ha rechazado. - usé un tono sugerente, no haciéndome notar demasiado, pero a la vez indicándole que, rechazarme, era lo último que me había hecho.
-¿No te ha... Rechazado? - dijo la frase con tal lentitud, que creo que me puse tan nervioso que le hubiera saltado al cuello y lo habría estrangulado de la rabia - ¿Entonces... Te ha... Dicho que sí? - esta vez, el que se puso las manos en las mejillas fue él, de la sorpresa. - ¡Oh dios mío! ¡No me lo puedo creer! - Me cogió de los hombros me zarandeó. Y SÍ, esta vez, había escuchado bien. ¡Mario también habla español! ¿Será español, o latino americano o...? ¡Qué fuerte! - ¿Pero, cómo es posible? Pero si Tom es... Joder, hetero a morir. ¿Nunca te he explicado el porqué del mote de Putom? - puso una cara extraña en cuanto pronunció esa frase. Como si la anécdota no fuera muy digna de recordar...
-Pues... No. De hecho, pocas veces le he oído que le llaméis así.- sí, es cierto que me sonaba mucho, pero no lo tenía muy presente en mi memoria, y no estaba seguro de querer enterarme. Pero Mario, yo creo, que aunque me hubiera negado a oírla, me la habría explicado. Y sí, ahí estaba, apunto de empezar su relato. Preparaos porque es largo.
-Pues resulta, que un día teníamos de ir a un centro comercial porque comenzaban las rebajas, y Andy y yo nos moríamos por ir... Obligamos a Tom a que nos acompañara, y claro, tardaba tanto en ir a la parada del bus, que lo fuimos a buscar a su casa, y que por castigo, nos llevara él en el coche de su padre. El caso, es que entramos en el piso con las llaves que nosotros teníamos por si hay alguna emergencia y entramos en su habitación, sin avisarle ni nada por el estilo. Total, se estaba follando a una tía, a lo loco. - mi mirada llegó al suelo de lo abiertos que puse los ojos. ¡Madre mía, qué tío! Una pequeña llama en el centro de mi estómago me quemaba por dentro. ¿Celos? Posiblemente. - Después de darle la bronca, estuvimos comprando un poco, y le vi bostezar todo el rato, aburridísimo. ¡Encima que llega tarde, se ponía así! Casi lo mato. Entramos en una tienda de esas que son s*x shop, sólo porque Tom quería, y cuando salimos nos dijo que se iba un momento al baño. Le estuvimos esperando como media hora en medio de un pequeño parque infantil que habían montado en medio del centro comercial, dónde habían unos bancos, hasta que fuimos a buscarle. ¡Y se estaba tirando a la dependienta de la s*x shop! - ahí mi cara fue como un puto cromo... ¿Qué? ¿Dos tías en un día, así? ¿Pim pam? Se me descompuso la cara. Madre mía, ¿así era Tom? No me extrañaba que se enfadara de no follar. Pero si se había convertido en algo vital para él... Casi tanto como comer o respirar - pero ahí no acaba la cosa - alcé una ceja, sin creerme que de verdad la historia tuviera continuación - le dimos por caso perdido, y me enfadé con él toda la tarde. Andy aún se reía mientras me miraba con los mofletes inflados, pero a mí me fastidiaba mucho que fuera así. Y bueno, el colmo de los colmos fue, cuando decidimos ir a mirar ropa para él, que nos metimos en una tienda de ropa masculina, dónde, después de esperar a que "se probara" una camisa, a los probadores, momentos en los cuales Andy me advertía, que no me acercara a ver porqué tardaba tanto, ví a una chica cualquiera, salir de la zona de los probadores con una manga bajada y recolocándose bien el sostén. Más tarde, a penas dos minutos después, salía Tom, colocándose bien los pantalones. Curioso cuando se había ido a probar una camiseta, ¿no? - yo ya lo miraba con la mirada perdida. Como si todo lo que me estuviera explicando, me entrara por un oído, y me saliera por otro - No sé, desde ese día, me esperaba todo de él, pero... Jamás pensé que estaría con un chico. - admitió. ¿Eso era bueno o malo? - Aunque he de admitir, que se le notaba un poco... Siempre te miraba a todas horas aunque no te dieras cuenta y... Se perdía mucho en ti cuando sí te tenía delante - creo que me puse colorado. Dios... Creo que me estaba olvidando de todo lo que me había dicho antes.- Y también he de agregar, que NUNCA le he visto así, ni con una chica, ni mucho menos con un chico, claro. Sólo contigo. - señalizó. Sonreí ampliamente, metiéndome en mi propio mundo de yupi, dónde todo es color y felicidad. - Pero entonces, ¿dónde esta lo malo? ¿Porqué Tom está así de mal? Hemos quedado en que ambos os gustáis y ambos lo sabéis, no...? - analizó. De un golpetazo, volví a la vida real.
-Ajá... - contesté. Ais, ambos nos gustamos. Es tan de peli romántica… Bueno, ya vuelve a salir la marica que llevo dentro.
-Madre mía, pero ¿él te ha dicho que le gustas? Me refiero, ¿ha dicho "Bill, me gustas"? - recuerdo el día que empezamos a salir, hacía a penas tres o cuatro días. Asentí. - ¡Increíble! ¡Has conseguido lo que no ha conseguido NADIE en este planeta! - miró al infinito, aún sorprendidísimo y me sentí lleno por dentro durante un instante. Quizás había conseguido cambiar al Putom y lo había convertido en un chico normal. - Pero entonces, ¿qué coño ha pasado? - se exasperó.
-Digamos, que... Que hace ya un tiempo que nos sinceramos.
-¿Hace ya un tiempo...? - ató cabos - O sea, ¿que ayer a la noche ya estabais declarados? - preguntó sorprendido - ¿Y porqué no me dijiste nada? - me dijo, algo dolido.
-Porque representa, que era Tom quien debía contártelo... - me excusé.
-Ah... Entonces, ¿Os habéis besado ya no? Bueno, conociendo a Tom, este te ha metido la lengua hasta el paladar como mínimo. - me sonrojé por enésima vez y asentí con algo de entusiasmo. ¡Estaba hasta orgulloso de ello!
-De hecho, la primera vez que nos besamos, fue mucho antes de que me declarara... - aclaré.
-Oh... ¿y cuando os distéis cuenta que os besabais y que encima os gustabais, que pasó? - dijo algo incrédulo.
-Pues... Empezar algo. -dejé caer. Si lo pillaba bien, y si no... Madre mía, ¡tendría que buscar más pistas! La conversación que estábamos teniendo era un poco amorfa, porque no tenía casi sentido alguno, pero al menos estaba llegando a mi meta, que era que supiera lo que pasara y que me ayudara.
-¿Empezar...? ¿Empezar algo...? - Oh dios, este tío es tonto. - ¿Estáis... Saliendo? -lo dijo muy serio, como si esperara a que saltara y le dijera “¡que es coña, tio!” Pero sin embargo, se cercioró de que realmente, no estaba bromeando para nada. - ¿Estáis saliendo?- esta vez tenía más emoción, pero no sabría decir si buena o mala emoción.
Volví a asentir, como si fuera medio subnormal o algo.
-Sí... - sonreí de lado, sonrojado.
-Oh my God... ¡Qué fuerte! - la boca de Mario llegaba al suelo. - ¡Bueno, entonces ¿Cual es el puto problema, joder?! -se empezó a exasperar. Normal, pobrecillo, todo lo que le decía era bueno realmente... Va Bill, machote, explícale la parte delicada.
-Bueno, el problema es que, bueno... Nadie da su brazo a torcer.
Mario se me quedó mirando como si tuviera algún moco en la cara.
-¿Su brazo a torcer? ¿En qué sentido? - vamos Bill, piénsalo, piensa en cómo se lo puedes explicar sin que sea demasiado brusco.
-Em... Sí, bueno, ya sabes. Aunque no lo creas, los dos somos igual de machos en algún sentido. - sentencié.
-Am... Pues qué bien. – dijo irónicamente, ya que evidentemente Mario seguía sin entender nada de lo que intentaba explicarle.
-Oh dios mio-se me escapó de pronto. Mario me miró con las órbitas desencajadas - ¡Después soy yo el tonto!
-Ehh ehh... ¡Menos! -vaya, no me ha comentado nada sobre el idioma.
-A ver, el problema es que, bueno, esta noche Tom me ha dicho de... Pues de... Sí, de... Ya sabes joder, no me hagas hablar...
-¿Follar? -dijo, ni corto no perezoso.
-Em... Sí, exactamente. Y bueno, no estaba muy preparado para enfrentarme a ello, ¿sabes? Es como que... No sé, todo es nuevo, y me da algo de miedo intentarlo. El sexo entre hombres, aun siendo muy parecido al sexo hetero, me sugiere un par de dificultades... Y bueno, lo creas o no... Eso de penetrar a alguien por el recto, no me hace especial ilusión. - empecé por la primera parte.
-¿Qué quien iba a dar por culo a quien? - me dijo sobre saltado. - ¿¡Tom iba a ser el pasivo?! - chilló por lo bajo.
-¡Shh!
-Perdón perdón... Bueno, ¿entonces, eres tú el activo? - parecía que flipaba con la información, y yo no sabía si seguir contándole, o partirle la cara. ¡Oh, ¿de qué se extraña?! ¿Es que yo no puedo darle por culo o qué?
-No, nos fuimos a dormir y Tom ya se puso un poco mosca porque no quise hacer nada con él.
-Ajá... ¿pero?
-Pero cuando me levanté, decidí que lo intentaríamos... Porque bueno, realmente no era nada malo y me gusta mucho Tom. No quería estar mal con él, y me había dicho a mi mismo de intentarlo. Y cuando lo hemos intentando... Ha habido un problema en el reparto de papeles.
Mario tardó en pillar la información. Pero en cuanto lo hizo, se empezó a descojonar en mi cara.