Capitulo 52

4915 Words
¿Bien? - le pregunté. Este respiraba con dificultad y estaba empapado en sudor. ¡Oh, genial! -Sí… - murmuró, sonriente y algo cansado. Tsk, normal, si es que uno después no se pude casi ni mover. Tanteé un poco el terreno. Yo ya quería acción, y la quería ya, pero no sería bueno sonar extremadamente brusco. -Bill… - este me miró en cuanto le llamé.- Que, digo yo que… Bueno, ¿vamos a por un coco-concondón…? - creo que jamás me había costado tanto decir esa palabra. Bill se sobresaltó y creí haberla cagado. Se colocó erguido de golpe y se separó de mí. Oh, mierda. No me jodas que la he cagado… -Oh, sísísí… Espera, que yo tengo una caja enorme en le baño… Espérate aquí. - se levantó de golpe no sin antes mirarme de arriba a bajo. Se quedó algo paralizado cuando se topo con mi mejor amiga - Jo…der… - exclamó, rojo de vergüenza. Yo sonreí ampliamente, orgulloso de mi nabo, y después me cercioré de que acababa de aceptar enseguida el tema de los preservativos. ¡Sí, TOMA! -¡No, no! Yo tengo en el pantalón, sólo he de buscarlo… - dejé que fuera a buscar los condones mientras yo ya me ponía el mío, si quisiera, después ya le pediría que me devolviese el que me había gastado, simplemente por haber hecho útil ese viaje innecesario hasta el baño, pero hasta entonces, había cosas más importantes que hacer. Me sentía bien, me sentía lleno. Le había hecho una paja a mi chico y no me sentía para nada fuera de lugar ni cohibido, de hecho, me resultó tan simple y normal… Sería capaz de volvérsela a hacer ahora mismo… Era un gran paso, y estaba orgulloso. Encontré dos condones en el bolsillo de la rodilla y abrí uno con mi arte magistral. Me lo puse en menos de dos segundos y ya me estaba poniendo colorado de solo imaginármelo. De tenerle abierto de piernas para mí, y gritando mi nombre mientras se la metía hasta el final… ¿Le dolerá mucho al principio…? Mierda, espero que no… Odiaría verle sufrir por ello. -Bueno… Estaba pensando que… - escuché su voz que se iba acercando y saliendo del baño. ¿Qué estaría haciendo ahí dentro tanto tiempo? ¿Estarían muy escondidos los condones? Madre mía… Una vez salió por la puerta a ambos se nos cayó el mundo encima. - ¿Pero qué…? ¿Qué coño…? Bill llevaba un condón puesto. Bill, llevaba un jodido condón, en su puto pene. No, o sea, a ver. Calmémonos, ¿sí? Lo que ha pasado, es que Bill es medio bizco y en vez de entregarme el condón cerrado a sido muy amable abriéndomelo, pero en un descuido de su ceguera se lo ha colocado sin querer… Síp, eso ha pasado, sólo eso ha podido pasar. ¡¿Que coño hace Bill con el condón puesto?! -¿Tom…? ¿Pero…? - el moreno me miraba más confuso que yo a él, señalándome la polla, que esta vez me la miraba sin tapujos ni sonrojos. -¿Qué haces con el preservativo puesto? Pero si a ti no te hace falta… - dijo como si fuera lo más normal del mundo. ¿Pero qué dice? ¿Cómo que no me hace falta? -A ver cielín, a mí, eso de hacerlo a pelo no me va… - aclaré antes de nada. ¡Pero ARG! ¡Continúo sin saber porqué lleva Bill el dichoso preservativo puesto! -¿Cómo que a pel…? - de pronto, a amos se nos descolocó la cara. Nos miramos a los ojos, después a nuestras pollas y después a las del otro para volver á mirarnos, con los ojos como órbitas. No, me, jo-das… -¿¡TE PENSABAS QUE YO IBA A SER EL PASIVO?! - me chilló de pronto. -¿¡QUÉ?! ¡POR SUPUESTO QUE SÍ! -¡PERO QUÉ DICES! ¡¡ERES TÚ EL PASIVO!! - a Bill se le estaban saltado los colores y las garras, y a mí me estaban entrando ganas de cargarme algo. Mierda, mierda, mierda. Ya empezamos. Siempre liándola, oh joder… ¿Y ahora qué? Pero pero pero… ¿Se pensaba este que me iba a dar por culo? ¡¿Pero estamos flipando o qué?! -¡Y UNA MIERDA! ¡¡A mí nadie me mete nada por ningún sitio!! - exclamé rabioso con el mundo y con Bill, sobre todo con Bill. -¡Si hombre, y a mí sí, ¿no te jode?! - Bill soltó un grito de desesperación en cuanto acabó la frase, exasperado. -¿¡Siempre, siempre tiene que pasar algo?! ¡¡Siempre acabamos enfadados por algo!! - se quejó. El moreno tenía toda la razón del mundo, siempre había algo que estropeaba el buen royo y la felicidad. No sé cómo nos lo montamos que… Joder, ese es el problema, que no nos lo vamos a montar nunca a este paso. -¡¡Arg...!! - chillé yo ésta vez - ¡De verdad Bill, que no pienso ser pasivo! - advertí. -Pues yo tampoco… - simplemente se cruzó de brazos y tras un segundo se fue a coger su ropa del suelo y se metió en el baño. Miré al suelo y me sentí el hombre más ridículo del mundo. Todo aquello que había sentido hacía apenas cinco minutos, que me había hecho sentir lleno totalmente, se había esfumado como el fuego de una vela ante un mínimo soplo. Ahora me sentía totalmente avergonzado. Salí de ahí con un portazo en cuando me vestí del todo. Bill Hacía como dos horas que Tom se había ido y aún sentía la rabia recorrerme las entrañas. ¡Cómo era posible que se pensara que me iba a dejar encular por él! O sea, ¡por alguien! Es que no, es que no me cabe en la cabeza… ¿Está flipando, o qué? Oh dios, y otra vez enfadados. No hay día que no pase nada, no me lo puedo creer. ¡Esto es más difícil de lo que jamás me habría imaginado! ¿Y ahora qué? Si antes el problema era que yo no quería hacer nada porque no estaba preparado, que ahora ninguno de los dos lo esté, puede ser fatal… ¡Ninguno queremos ser pasivos! Joder, lo entiendo perfectamente, pero… Esto será nuestra ruina. Mierda, mierda. Tom, si no folla, no está feliz por lo que parece… ¡Y para qué mentirnos! Yo, tampoco. Hace mucho que no hago más que machacármela yo solo… Como, unas dos semanas o así. Creo que me va a dar un ataque. Vale, está clarísimo que el sexo es un elemento fundamental en la relación de unos adolescentes… Y el hecho de que seamos dos tíos, no cambia absolutamente nada. Si ambos queremos mojar, pero ninguno da su brazo a torcer… Lo llevamos mal, porque Tom no tardará en tirarse en los brazos de cualquier zorra. Y en cuanto encuentre a alguien lo suficientemente follable como para llevársela a la cama sin pensárselo dos veces, se olvidará de mí, y de todo lo que le he hecho sentir, y… ¡Y me dejará! Oh my God… No me puedo creer que esté pensando esto, que sufra por que me vayan a dejar… Pero, mierda, se me crea un… Un sentimiento en el estomago, tan agudo y tan profundo que, que me molesta hasta para respirar de sólo pensarlo. Es como si de pronto, alguien te agarrara la boca del estómago y apretara fuertemente durante un instante, en el que sientes que te mueres. ¡Y me dará algo de la de veces que lo estoy sintiendo ahora mismo! ¿Qué voy a hacer? ¡¿Qué voy a hacer?! Tom me ha dejado demasiado claro que él… Él necesita meterla en caliente para ser persona, y si no… Joder, joder, joder. ¡Ya no sé ni lo que estoy penando! No hablo con claridad. Necesito hablarlo con alguien. Siento que me muero por llorar y desahogarme, y por tener alguien ahí para que me ayude a aguantar la cabeza y no darme de hostias contra un muro, por gilipollas, y por enamoradizo… Y, sólo pienso en Georg, en él y en nadie más. Porque, él es mi mejor amigo, y me encantaría que estuviera conmigo en estos momentos, es que, ¡le necesito tanto! Joder, ¿porqué lo haré todo mal siempre? ¿Porqué no supe mantener lo único que llevaba en pié desde que tengo memoria? Georg, estoy seguro de que él es mi todo en esta vida, porque siempre ha estado ahí, y siempre iba a estarlo, y ahora no es así. He de hacer algo. Está claro que llevo haciendo el gilipollas por demasiado tiempo. Hace ya mucho tiempo que debería haberme acercado a él y haberle pedido perdón, aunque él no lo hubiera aceptado en un principio, debería haberle insistido y supongo que… ¿Al final me habría perdonado, no? Acabaría por perdonarme algún día. Pero joder, ahora lo único que hago es preocuparme por Tom y sólo por él, y no hago nada por Georg. Pero es que, en persona, es tan difícil… ¿Cómo le miro a la cara y le digo que lo siento tanto por haberme acostado con el amor de su vida? A ver Bill, por el amor de dios, habla con Georg! ¡Quieres que esté a tu lado en momentos como este, ¿no?! ¡Pues venga, a qué esperas! De pronto, algo me vino a la mente. Hacía días que ni me acordaba que existía, pero mi móvil se iluminó simbólicamente sobre la mesa de mi escritorio. ¿Sería demasiado cobarde llamarle? ¿No es como aquello de “nunca dejas a tu novia por teléfono”? Sería como quebrantar una norma, ¿no? Bueno, realmente yo ya me he disculpado, y el día que empecé a salir con Tom, creo que quedó bastante claro que quiero volver a estar bien con él por la manera en que me comporté. ¡Me lancé encima suyo…! Le enviaré un mensaje, y le diré lo mucho que le hecho de menos. Simplemente eso, y que odio estar así con él, porque es mi mejor amigo desde toda la vida y… No sé, iré improvisando mientras lo vaya escribiendo. Salí del baño. Llevaba ahí todo el rato sin querer salir. Se me ponía la piel de gallina el recordar todo lo que había pasado, y volver a la escena del crimen, no era una gran idea. Odiaría encontrarme con algo suyo y tener que cogerlo, y guardarlo, como una camiseta, o un calcetín o… Yo que sé. Respiré hondo, y salí, soltando todo el aire que había cogido en un gran suspiro de cansancio y resignación. ¿Cuántas veces habré suspirado por Tom en una semana? ¿Cientos, miles? Sí, por ahí iba el asunto… Me apoyé en el marco de la puerta y pude ver el desorden que había por todas partes. Se me encogía el corazón viendo la situación, y me venían flashbacks a la cabeza. Me puse rojo en cuanto recordé el momento en que Tom me había masturbado, y sentí una sensación aguda en el pecho, algo entre placer y dolor. Madre mía, estaba en la pura gloria en esos momentos. Era como si toda la vergüenza acumulada desapareciera y sólo podía sentir que me estaba entregando a Tom. Me sentía tan bien… Y todo ha acabado tan mal. Me resigné después de hacer desaparecer esas imágenes de mi mente por enésima vez, y me puse a recoger. No estaba tan mal la cabaña, ayer ya me encargué de ordenar la habitación en cuanto llegó Tom, y lo único que hubiera podido estar mal, era la ropa del suelo que ya no había, puesto que él, evidentemente, se la había puesto y se había largado, y la mía la llevaba ahora puesta. Me dirigí a hacer la cama pero de pronto, mientras las estaba cogiendo en mi mano, vi algo que me dejó de piedra. ¡Oh dios mío, había semen en las sábanas! Y de nuevo, las imágenes de ese momento me azotaron y se me clavaron en el cuerpo como si fueran puñaladas. Cogí a regañadientes la tela y la puse en el cubo de la ropa sucia. Tendría que cambiar las sábanas… Genial, ODIO cambiar las sábanas. Me fui al armario cutre donde había que dejar cada semana, el par de sábanas que nos daban los lunes por la mañana, limpias, y me puse a quitar las que ya estaban puestas. Moví la cama y saqué la funda del colchón. Vi que no era suficiente y la tuve que mover más para poner la que estaba limpia, y entonces, me encontré con algo en el suelo, que había estado tapado todo este tiempo y por eso seguía aquí. La gorra de Tom. Era roja y con letras de NY en grande en el centro. La cogí entre mis manos y le limpié un poco el polvo que habría acumulado toda la noche y me la quedé mirando. Ver la gorra, era como mirarle a él. ¿Qué hago ahora? ¿Qué hago…? No quiero ser el pasivo… No quiero… Me entraron de nuevo las ganas de llorar y me contuve. Bill, no seas gilipollas. -*snif* - joder… Siempre estamos mal, no hay día en que no haya un enfrentamiento o algo por el estilo. ¿Es esto alguna señal de que no deberíamos ni intentar estar juntos? ¿Es que acaso Dios existe y quiere que nos separemos? Georg, Georg… Necesito tanto hablar contigo ahora. Me levanté y me sequé las pocas lagrimas que finalmente sí había derramado y dejé las nuevas sabanas sin colocar, encima de la cama, tal cual, y me dirigí a la mesa. Cogí el móvil, y con la vista un tanto borrosa me dirigí a los mensajes. Click. Mensaje nuevo. Click. ”Georg, supongo que pensarás que soy un cobarde por no decírtelo en persona, pero no sé como hacerlo, no sé como pedirte que me perdones. Te hecho muchísimo de menos, y estoy pasando por unas cosas ahora mismo, que solo quiero contártelas a ti y que me pegues la bronca por gilipollas, o te rías de mí por lo que me está pasando. Te quiero muchísimo, y te juro que cuando te veo pasar, no hago más que desear acercarme a ti… Pero tengo miedo de que me rechaces como el domingo pasado. Dime algo por dios… Come conmigo aunque no me digas nada, pero… no sé… Te echo muchísimo de menos. Te quiero y no sabes cuanto” Click, Opciones. Enviar. Click. Poner destinatario. Click. Georg. Click. Enviar. Click. Envidando. Mensaje enviado. Y ahí iba el saldo de un año entero, sí señor… Me serené un poco, hice de una puñetera vez la cama, y me fui a la ducha. Dejé que el agua me tranquilizara y me relajara, para finalmente casi sobarme ahí mismo. Me puse ropa limpia de salir a la calle, y me fui. Pasé olímpicamente de ir a desayunar, no me apetecía demasiado encontrarme con Tom aunque realmente, en el fondo de todo, sólo quisiera volverle a ver y lanzarme encima suyo y comérmelo a besos, porque, por muy enfadados que estuviéramos, le quiero… Y mierda, quiero volver a verle. ¡Pero no puedo! ¡Porque me da miedo qué pueda pasar! Un segundo antes de abandonar la cabaña, me giré y fui a por mis folios, mis lápices mi carpeta de dibujos y… La gorra. Me había gustado al fin y al cavo. Me la puse en la cabeza y me fui a dibujar. Entré en el comedor, ya era medio día y había estado casi toda la mañana en la orilla del lago dibujando. Que si el agua, que si bañistas… Y sí, a algún tío he acabado dibujando… Es que joder, aquí, llega el verano y todos tienen un cuerpo diez menos el menda, que está escuálido y blanco. Ais, Bill, deberías replantearte eso de parecer anoréxico… El caso es que me había alegrado bastante ya, bueno, puede que alegrar no fuera la palabra, pero sí animado un poco. En algún momento me había colapsado mucho y había dejado más de un papel roto, pero después me tranquilizaba y simplemente pensaba, que… Ya se pasaría. Acabáramos mal o no, este bache lo superaríamos. Sólo teníamos, que… Hablarlo. ¿Para qué mentirnos? ¿Cómo hemos ido tan directos al tema, sin haber pensado antes en el pequeño tema de los papeles de cada uno? ¡Cada uno ha dado por sentado que iba a ser el activo y el otro el pasivo! Cuando está claro, que nuestra manera de ser, de los dos, es bastante activa. Vale que él, no solo en la manera de ser, sino en como viste y esas cosas, pero que… No sé, no sé cómo pude llegar a pensar que Tom se dejaría penetrar por mí. No sé dónde lo he sacado, pero bueno… En fin, ¡con razón estaba tan ansioso anoche! ¡Este solo quería follarme! En fin de nuevo. Sólo habíamos de hablarlo. Ya está. Hablar. Me dirigí a por mi bandeja, e hice lo de siempre, me pusieron comida y justo a buscar mi mesa, miré a la izquierda, donde estaban sentados los profesores. Miré a Tom sin dudarlo un instante, y lo vi perdido en mí. Me miraba como nunca antes lo había hecho, como si no me estuviera viendo a mí, si no… No sé, a un ángel o algo por el estilo. Cogí aire de la impresión, y con el rostro más sonrojado que jamás se me había puesto, me dirigí a mi sitio. ¿Pero qué había sido eso? ¿Por qué me ha mirado así? Pero de golpe, algo me distrajo. Una vibración en el bolsillo derecho del pantalón condujo toda mi atención a este. Un mensaje. El corazón se me empezó a acelerar fuertemente. Aún estaba de camino a mi mesa, con paso lento y con cuidado porque llevar la bandeja sin que se caiga, es un arte que no se domina fácilmente, así que no lo podía coger aún. ¿Quién sería? ¡Georg! ¡Sólo podía ser él! En el camino hacia mi mesa, miré instintivamente la que nos solíamos sentar todos. Me costó un poco encontrarla con tanta gente delante puesto que era la última de todas, pero sin embargo, no había nadie en ella. Por lo menos, no de nuestro grupo… Ni Ashley ni Georg. Me supuso algo raro, porque… ¿Dónde estarían? ¿Estarían juntos? Ahora no recordaba muy bien si Ashley me dijo que lo habían arreglado o no. Joder, sólo pienso en Tom y de lo demás me olvido, y acabo así. Entonces, ¿el mensaje podía ser te Tom? ¿Sería eso posible? ¡No! Claro que no, primero, porque teóricamente estaba enfadado, dejando de lado la mirada tan extraña que me acababa de dedicar. Y segundo… Por lo más evidente, aún no nos habíamos dado los móviles. Tsk, se lo pediré cuando no estemos tan enfadados… ¿Entonces de quién era el mensaje? Aterricé dejando la bandeja con sumo cuidado y enseguida puse la mano en mi bolsillo. Mi corazón latía a mil por hora, y realmente no se porqué... Podría ser de mi madre perfectamente, que hacía dos días que no hablaba con ella, ¡o de Ash! ¡Cierto! Aunque no sé... Algo en el estómago rezaba porque fueran tanto Georg como Tom (y que este hubiera conseguido mi número mágicamente). Puse la pantalla delante de mis narices y lo vi: Mensaje nuevo. Enseguida le hice click. Cogí tanto aire que se me hinchó el tórax desmesuradamente. Georg. Era Georg. Un pinchazo en el corazón que me hizo hasta daño fue lo único que pude sentir. Durante unos instantes estuve apunto de no abrirlo. ¡Estúpido, Bill! ¡Estúpido! ¿No ves que llevas dos semanas esperando a que te hablara? ¿Qué haces ahora pensándote si abrirlo o no abrirlo? Estaba tan acojonado. ¿Y si no quiere saber nada de mí para siempre? O sea, para siempre, nunca más Georg en tu vida, NUNCA. Esa idea me puso el bello de punta y una sensación de vómito me inundó el estómago. Se me habían pasado las ganas de comer de golpe. De nuevo volvía a hacer pucheros, ¡y eso que aún no había abierto el dichoso mensajito! Se me juntó todo de repente. La pequeña depresión en el tema de Tom, y la incertidumbre delante del enfado con Georg, me estaban desesperando. Hiperventilé un poco pero después me calmé. Me quité una pequeña lágrima que aún no se había escapado ni del lagrimal y me sorbí la nariz. Lancé mi mirada fugazmente a Tom, y me lo encontré mirándome, mientras hablaba algo con Andy y Mario y removía la comida. Mi chico me miraba con una ceja alzada, como si le preocupara qué me pasaba... En fin. Intenté hacerle caso omiso a ese detalle y me puse a abrir el mensaje. Cerré los ojos y cuando hube contado hasta diez los abrí. "No iré a comer, si eso nos vemos esta noche" Me quedé un poco a cuadros. El mensaje no decía absolutamente nada más. Ni tan solo adiós, ni hola, ni siquiera un simpático “ojala ahí te pudras”. ¡NADA! ¿Y que se supone que debería hacer yo ahora? ¿Pensar que me va a perdonar? ¿Pensar que es más valiente que yo y me va a mandar a la mierda en persona? Joder... Se me formó un nudo entre ambos pulmones, casi al lado del corazón, en medio del esófago, y no desaparecía por mucho que intentara pensar en otra cosa. ¡Mierda, necesitaba hablarlo con alguien joder! ¡Un amigo, un desconocido, alguien, lo que fuera! Y si no era sobre lo de Georg, era sobre lo de Tom... ¿Si se lo pedía a Dawn me mandaría un poco a la mierda, no? Y Ash... Podría hablarlo con ella. Pero, pero ella no sabe lo de Tom, y no sé si quiero que lo sepa. No me preguntéis porqué, pero no me hace especial ilusión. El hecho es que aunque a Georg también me costaría horrores, hablarle sobre Tom, como mínimo, éste no se había enamorado de mi anteriormente, y Ash... Ash sí, y ya me echó en cara un par de veces que yo no sabía querer a nadie y si ahora le digo que me he pillado de un chico, no sé qué me diría. En fin, que no había nadie en este mundo que me escuchara... ¿Quién se iba a interesar por lo que le pudiera estar pasando al pobre y desgraciado Bill? Tsk, nadie. -¡Bill! - escuché una voz a mi derecha que me sobresaltó. Pegué un salto y finalmente miré a esa persona, a la cual le pertenecía la voz - ¿Qué tal estás? -¡Hostias, Mario! - verle supuso como una especie de revelación. ¡Mario, Mario! ¡Podría hablarlo con Mario! Claro, él es majísimo, y seguro que me escucha y me da su opinión y me ayuda y... - ¡Mario! - volví a gritar su nombre y le di un gran abrazo. Éste se tensó un instante y después se rió en mi oreja. Me correspondió al abrazo muy amistosamente y me estrechó entre sus pequeños y delgados brazos, como los míos. -Madre mía, ¿qué te pasa? - me dijo sorprendidísimo. -Pues... Que necesitaba estar con alguien. - solté, sin más. A ver, era la puta verdad, ¿para qué mentirnos? Pero... ¡OH! ¡Mierda! ¡TOM NO QUERÍA QUE LES CONTARA NADA! Creo que se me puso la cara pálida. -¿Bill? ¿Y ahora qué coño te pasa?- soltó, algo parado. -¿Estás bien? Antes, de lejos, parecías tan triste, perdido, estresado, y ahora, de pronto, me acerco a ti y te me lanzas encima, súper alegre de verme y de pronto ¡te pones como un muerto! ¿Qué te pasa, tío? Mario me hizo sonreír de lado, vaya, se preocupa por mí. -No bueno, es que... No sé. -¿Por qué estabas triste? - preguntó sin más, sin tapujos. -Oh, pues... Bueno, tengo un amigo que hace mucho que no hablo con él, y bueno... No sé si quiere volver a ser mi amigo de nuevo. -Ah... Vaya. Es jodido esto de las broncas entre colegas. Bueno, entre colegas y entre novios, la de veces que me he peleado con Andy... Ni te imaginarías. - soltó, como mirando a lo lejos, con un aire nostálgico. A mí esas palabras se me clavaron en el cerebro de una manera hasta macabra. Broncas. Novios. Dios, qué me vas a contar a mí. -Ya... - no quise comentar mucho. -Oye, y no sabrás lo que le pasa a Tom, ¿no? - en cuanto pronunció su nombre mi atención se volvió a desviar totalmente hacia él. ¿Qué, Tom? - es que... No sé, como ha dormido contigo y tal... He imaginado que lo sabrías.- puso cara de circunstancias. -Em... ¿Qué le pasa? - tanteé un poco el asunto, no quería hablar más de la cuenta por si Tom les había explicado algo y yo no lo sabía. -Pues... No lo sabemos muy bien, pero ha llegado súper cabreado, no nos ha hablado, ni siquiera ha saludado. ¡Encima que nos despierta, ¿sabes?! Y nosotros, en bolas en su cama y nos despierta a saco, zarandeando el colchón y todo. Y ha entrado diciendo que nos vistamos y que lo recogiéramos todo, que fuera, que se quería duchar y que nos veríamos en el comedor en el desayuno y no sé qué... - Mario ponía cara de enfadado a la vez de no entender nada, como si lo que estuviera pasando fuese una especie de broma de mal gusto. - y bueno, ahora está un poco mejor y habla con Andy. Conmigo no, claro, como le contestado borde esta mañana, pues está herido en su orgullo o algo, por haberle contradicho, y suda de mi cara cuando le digo algo. Tskk... Pero estoy preocupado. En serio, ¿sabes si le han dicho algo, o hecho algo alguien? Por que, ¿no habrá sido contigo la bronca, no? - no lo dijo con desafío, simplemente como si la posibilidad estuviera en el aire. El estómago se me hizo un nudo al escuchar esas palabras. Madre mía, Tom estaba súper enfadado por lo que parecía. Joder... ¿Qué hago, se lo digo, o no se lo digo? -Madre mía, ¿tan mal está? – comenté. La frase sonaba a "joder, ¿tanto le ha afectado?" como si yo supiera del tema, así que lo dejé entrever un poco, para que fuera él quien me preguntara sutilmente sobre lo sucedido y no tener que ser yo quien lo contara todo de golpe. Mario me miró con una ceja alzada. ¿Se estaría oliendo algo? Va, dime algo tío... -Tú sabes lo que ha pasado... - afirmó. Me miró con el ceño fruncido y esperó a que yo dijera alguna cosa. Su mirada intensa me taladraba la mente hasta casi volverme loco. -Sí... - contesté, cabizbajo y casi con vergüenza. Aunque vamos, no era para menos. Si Mario supiera porqué estábamos así, seguro que acabaría flipando en colores. Éste me miraba para que continúense. Tenía esa mirada de, “continúa, coño, continúa“. Pero es que, ¿qué le decía? ¿Qué le explicaba? ¿Que estaba saliendo con su mejor amigo y que habíamos tenido una pequeña crisis matrimonial sobre quién daba por culo a quién? ¡Se quedaría a cuadros! A más, que realmente, Tom no quería que le explicáramos nada... Como mínimo, él aún no se lo quería explicar... Y si lo hacía yo, ya si que la habríamos liado, porque aparte de que me mata, me deja y me abandona en medio del bosque para que me pudra yo solo. -¿Y bien...? - insistió Mario, esta vez ya de una forma verbal. Pero después, se dio cuenta de lo azorado que estaba yo, tan reservado con el tema y notando que intentaba evitarlo un poco, que se frenó. Tiró la cabeza hacia atrás, y deshizo la cara de duda - Bueno... También es cierto que si no lo quieres explicar, que no pasa nada. En serio, incluso me estoy poniendo un poco impertinente, y no quieres hablar del tema, pero que vamos... Para que Tom esté así debe de haber sido fuerte. - ¿Estaba hablando enserio? ¿Tan mal esta? ¿No se estará riendo de mí, no? Pero sin embargo, Mario me miraba serio y firme. -A ver... De hecho, justo lo que más necesito es hablarlo con alguien, pero no creo que deba. -¿Has tenido tú la culpa? Quiero decir, ¿no ha sido simplemente uno de sus chungos repentinos? - dijo esto como si conociera tanto a Tom, que el hecho de que le hubiera contestado de manera que yo quedaba involucrado, fuese algo increíble. - Vaya... Bueno, ¿por qué no deberías explicármelo? Lo mismo, si me das las pistas exactas, acabo sacándolo todo yo solo. - sugirió, cómplice.
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