Capitulo 51

4996 Words
Suspiré y finalmente, hice que levantara su trasero de mi entrepierna y se pusiera a cuatro patas. Le agarré del culo, y después de ver como se relamía y se mordía sus labios con mi tacto, estremeciéndose ligeramente, le hablé. -Ojalá me despiertes así cada día… - sonrió en cuanto dije aquello y no dudó en medio levantarme y ponerme la espalda contra la pared de la cama. Volvió a sentarse encima de mí aun con mis manos en su trasero y me puse rojo en cuanto noté en mis propias manos, cómo se empezaba a acentuar mi erección. Y aun me puse peor cuando noté en mi estómago la suya. Ambos nos pusimos rojos. Tom, no pasa nada, tiene polla, tú tienes polla, y ya sabes cómo se actúa en estos casos. Pero… - Bill, - este me miró de golpe, apartando la mirada de mi pecho. Se había sonrojado totalmente y estaba intentando no mirarme demasiado a los ojos. Tsk, qué gracioso. - Lo que… Te pediré, es que… No te pongas tan… fogoso. - busqué una palabra adecuada. Pero creo que no la acerté demasiado. Éste me miró con una ceja alzada, como retándome a lo siguiente que me atreviera a decir - porque, después… pasa lo que pasa. - una erección de caballo, y él sabía perfectamente a qué me refería - y… Bueno, ayer ya me quedó claro que hasta dentro de un tiempo, pues que… Bueno, ya sabes. Que, nada de nada… - joder, esto es más difícil de decir de lo que me imaginaba. ¡Y no sólo porque está delante, sino por lo que significa! - y, odio quedarme con… bueno, con las ganas. - creo que estaba totalmente rojo. Pero… De pronto, noté como Bill se ponía más serio, o bueno… más en serio. No sé cómo explicarlo, pero quiero decir, que ya no estaba inseguro, y me miró como si yo estuviera contando un chiste. Le respondí con otra mirada, y esta vez era de incredulidad. ¿Qué le pasaba? Entonces, sus manos se posaron en mi cintura, y metieron sus pulgares bajo mis bóxers. Sentí que mi estómago se estaba retorciendo por dentro y sostuve la respiración. -Quizás no quiera que te quedes con las ganas… - me habló al oído, con sus labios pegados a él, y respirándome fuerte apropósito. Se me erizó el bello del cuerpo y más tarde solté un suspiro profundo, que sonaba a una expiración costosa, húmeda, cansada… -¿Me… me estás diciendo que vamos a… a…? - el pulso se me aceleró en cero coma y sin poder evitarlo le apreté las nalgas con fuerza y deseo. -Follemos. - y me lo dijo tan sensualmente, con voz de orgasmo, que creo que me corrí ahí mismo. ¡La madre que lo parió! ¿Va enserio? ¡¿Me lo está diciendo de verdad?! Pero… pero… Oh joder. Sí, sí… ¡Sí! Me desperté del todo en un instante y lo miré a los ojos, sorprendido y con deseo. Éste apenas me sostuvo un segundo la mirada que se me lanzó a los labios. Nos volvimos a mover y esta vez, nos pusimos de rodillas uno enfrente del otro, sobre el colchón y las sábanas revueltas. Se entreveía poco porque apenas estaba empezando a salir el sol, pero eso no importaba, le toqueteaba por cada recoveco de su cuerpo y la imaginación ya hacía el resto. Seguimos besándonos febrilmente y cuando nos separamos, las bocas hicieron un sonido húmedo. Sí hubiera podido verle, seguro que estaría sonrojado. -No me lo puedo creer… - le murmuré, frente con frente casi susurrando y sin poder acabar de creérmelo del todo. - Ayer… estabas tan enfadado… Casi me echas de la cabaña. Y la madre que te parió, ahora… Oh, ven aquí - le rodeé entre mis brazos y lo elevé un instante, haciendo que sus rodillas se separan de las sábanas y este se viera obligado a apoyarse con los pies. Acto seguido, en cuanto volvió a su posición inicial, se quitó la camiseta muy lenta y sensualmente y después me la pasó por encima del pelo para finalmente lanzarla hacia atrás mientras me miraba a los ojos fijamente. Oh dios mío, creo que le saltaré encima y no le dejaré hasta habérmelo follado diez veces. ¡Bill iba a ser mío! Joder, nunca pensé que acostarme con un tío me fuera a resultar así de excitante. Yo creo que es Bill, que tiene un culo que ni retocado con photoshop. Y claro, al final acaba empalmando pollas allá por donde pasa. ¡No me puedo creer, que después de haberme portado tan mal con él anoche, y que me dijera que no estaba preparado para tener sexo anal, ahora de repente me ponga su culo virginal en bandeja! ¡Es que es imposible! Pero bah, tú no te rayes, porque entonces no te concentras. Y ahora es cuando demuestras lo bueno que eres en este terreno y lo dejas adicto a ti, en todos los sentidos. Le cogí por un poco más arriba del ombligo, a los laterales y lo separé de mí un poco. Me lancé a su cuello y éste me puso los brazos en los hombros. Según dónde ponía mi lengua y depende de dónde mordiese, me apretaba más o menos con las uñas, demostrando totalmente lo mucho que le gustaba. Lo separé un poco más de mí y más y más, hasta que tuvo que abandonar la postura en la que estaba, cambiándola por una en la que se estiraba en la cama y sin embargo mantenía las piernas dobladas a los lados, dejando el hueco perfecto en dónde yo me estiraría más tarde. De momento solo me incliné sobre su pecho y puse mis manos en él. -Imagino que ya sabes que no tengo tetas… - me recordó Bill, que se reía por aquella primera vez en que nos besamos, a pocos metros de dónde nos hallábamos. Recuerdo perfectamente lo a gusto que me sentí (bueno, realmente ahora me doy cuenta que lo que sentía en aquel momento, era bien estar, pero no lo admitía), y tan a gusto que estaba que era como si me estuviera besando como una chica normal. Y claro, acostumbrado a atacarle a los pechos enseguida, ni me lo pensé y le puse las manos bajo la camiseta, buscando algo, que… No había. -Ja ja - me reí, sarcástico - Sí, ya lo he podido comprobar - rememoré la escena de ayer contra el árbol, y Bill se sonrojó de nuevo. Oh mierda, era adorable cuando quería y cuando no quería también lo era. Me incliné más y me puse en el mismo punto dónde me había separado antes de tumbarlo. Posé mi boca en el centro de la clavícula y le besé lentamente. Humedecí la zona y me humedecí la lengua para reseguir el camino hacia abajo. Me detuve a la mitad y quité las manos para ponerlas en el filo de sus pantalones. Aunque no lo pareciera porque me estaba comportando como un machote, ponerle las manos ahí, me estaba costando la vida. Nunca pensé que la bajaría los pantalones a un hombre en medio de una cama y sin embargo estaba sucediendo. Ya no solo por que me consideraba hetero del todo, si no por ese orgullo que iba como pack a esa sexualidad. En fin, me tragué todos esos años de dominio sobre las nenas y decidí simplemente disfrutar y pasármelo de puta madre. Que para eso estamos en el mundo, para hacerlo todo. TODO. Bill se retorció sobre si mismo y se elevó mínimamente entre las sábanas en cuanto puse mi boca en uno de sus pezones, el derecho para concretar. Había un piercing que me llamaba a gritos y no le iba a negar una oportunidad como esta. El moreno se deshacía en pequeños pero húmedos gemidos mientras que yo le elevaba por la parte baja de la espada y le quietaba esos cortos y graciosos pantalones de pijama. Pero para acabar de quitárselos del todo me puse en un dilema. ¿Y ahora como se los sacaba? ¡Si estoy en medio! A ver Tom, piensa, que lo has hecho cien mil veces con muchas tías y en el mil posturas distintas… No te rayes Tom. ¡Bueno, sí, que como tardes un poco más se va a creer que te has quedado tonto! Entonces me vino la luz. Junté sus piernas en lo alto no sin antes separarme. Se las junté del todo, y mientras le acariciaba las piernas le subí los pantalones y se los acabé quitando. No me había fijado hasta ahora, pero… Vaya, Bill se depilaba las piernas. No es que fuera nada raro, de hecho yo mismo lo hacía, pero… No sé. Me resultó gracioso en cierto modo. Finalmente, el pijama quedó en el mismo sitio que su pareja y volví a ponerme encima de él, esta vez a cuatro patas, poniendo a ambos lados de su cuerpo las piernas y los brazos ya que él había estirado las suyas totalmente, ocupando mi anterior puesto. Se me subió el estómago a la garganta cuando me di cuenta que lo tenía totalmente a mi merced, algo cohibido aunque intentara hacerse el duro, azorado por la vergüenza y con una mirada a veces de chico duro y otras en las que se descuidaba de marcar esa hombría que no tenía, y se le notaba el enamoramiento. Ambos sabíamos lo que venía ahora, y creo que los dos estábamos acojonados. Bill estaba como un palillo, pegando sus brazos a su cuerpo firmemente y tieso como él solo, y yo simplemente, estaba encima de él, observando… ¿Quién se… se desnudaría primero? ¿Quién movería las manos hacia sus propios boxers, o incluso, a los del otro? Ahora estábamos en la recta final, y esto era más chungo de lo que parecía. Bill suspiró y después me sonrió. -¿Lo hacemos a la vez? - me quedé estático frente a este momento. Yo sabía que intuía lo que pensaba, pero jamás pensé que sería tan exacto en su deducción. Me reí con él, ante ese comentario tan infantil. Pero, en cierto modo, acepté con un simple asentimiento. Pero antes de que hiciera Bill nada, volví a posarme sobre sus labios a apenas un milímetro de distancia y le cogí las manos, a tientas, sin saber muy bien dónde paraban estas. Cuando se las encontré las cogí y las puse en mis bóxers. Bill, dejó de mirarme a los labios, impaciente para que le besara y me miró a los ojos. Pude ver como se le abrieron de golpe un instante para después aguantar la respiración. Le di un beso casto y volví a ponerme a la misma distancia que antes. Finalmente, puse mis manos en la goma de los suyos y empezó mi pequeña cuenta atrás. Tenía el corazón a mil por hora y sólo por esta tontería, pero… Pero me estaba costando. Lo increíble fue cuando me cercioré de que Bill estaba muy caliente. Pero mucho. Tenía un bulto de tres pares de cojones ahí en medio, y nunca mejor dicho. Ambos nos mirábamos a las bocas para tener una distracción y noté como Bill me iba bajando poco a poco como podía los boxers, pasándome las manos por delante y por detrás al bajármelos por la goma. Noté como más de una vez tragaba saliva, y yo no podía evitar sonreír de lado cuando lo veía. Parecíamos dos críos que estaban descubriendo algo nuevo, y bueno, al fin y al cavo era cierto, pero… No sé. Jamás pensé que esto sería así. Cada vez tenía mi ropa interior más cerca de las rodillas, habiéndome desvelado el paquete hacía apenas nada. Una vez que había pasado la zona peligrosa, Bill ya se atrevía a tantearme en la parte interior de las piernas mientras acababa de quitármelos, y yo hacía tres cuartos de lo mismo. Una vez ambos los teníamos por debajo de las rodillas, nos recolocamos, sin separar nuestra distancia labial, por decirlo de alguna manera, y cada uno se quitó los suyos del todo. Suspiramos con alivio cuando ambas prendas estuvieron en el suelo. -Hey, no ha sido tan malo…- le besé finalmente después de esta agonía y me correspondió con creces. Me puso una mano en la nuca y la otra en la espalda. Noté a Bill casi temblando, y eso no me gustó nada. Mierda, no debe de saber qué hacer ahora. Debe de estar tan perdido como yo… O no se debe de atrever a hacer nada. Va Tom, salva la situación, haz algo, ahora mismo. Calentemos un poco al ambiente… Seguro que si le relajo de esta manera después estará mucho más suelto. Vale, Tom has de ser el hombre de la relación, y has de complacer a tu lady. Aunque esta lady tenga rabo. Respiré fuerte en un momento en que me soltó los labios, y con las manos lo puse contra la pared. Volvimos a besarnos por enésima vez y esta vez, una de las manos se dirigió a terreno vedado. A SU terreno vedado. Y sin tantear ni nada, no. No quería ni pensarlo dos veces porque sabría que acabaría no haciéndolo y no era plan… Bill pegó un respingo, pero no me soltó. Simplemente… Me clavó las uñas en cuanto le rodeé el pene con la mano entera. He de confesar que no me sentí extraño ni nada por el estilo. Era como agarrarme la mía propia, no había diferencia alguna, hasta parecía que me la estuviera agarrando a mí. Una vez ya estuve en el lío, me serené. Pensé en claro y finalmente empecé a mover la mano hacia arriba y hacia abajo. Sólo había de pensar que estaba haciendo una puta paja, lo de toda la vida, eso en donde todos los hombres tenemos matrícula de honor. Vamos Tom, demuestra lo que vales. Pronto aquello se convirtió en algo más porno y se me elevó la confianza. Bill estaba apunto de caramelo y había dejado de besarme para deshacerse en gemidos que me estaban poniendo a mil. A veces me daba lametones en los labios, llenándolos de saliva como si fuera un perro y creo que ello me estaba poniendo aún más cachondo. -Oh, Tom… - gimió. Parecía que le hubiera costado decirlo, entre suspiros y gemidos. - Ya… ya casi estoy… Mememe corro… - urg. Creo que no tendría que haber dicho esa palabra. Por un instante me corté un poco, pero tragué saliva y continué con ello. Yo podía sentir perfectamente cómo estaba al borde y me empeñé en que llegara, eso le serviría para estar muchísimo más activo aunque durante unos instantes se quedase en la gloria pura. No recordaba que aún no nos habíamos mirando desnudos del todo, simplemente nos habíamos dedicado a observar a la cara y los labios y yo quería ver la reacción de Bill… Pero entonces dejé de prestarle atención a esos pensamientos porque el moreno, se estaba corriendo en mi mano. Oh mierda. Mierda mierda mierda… No Tom no, no pienses en eso ahora. Sonríele y límpiate con disimulo en las sábanas. ¿Bien? - le pregunté. Este respiraba con dificultad y estaba empapado en sudor. ¡Oh, genial! -Sí… - murmuró, sonriente y algo cansado. Tsk, normal, si es que uno después no se pude casi ni mover. Tanteé un poco el terreno. Yo ya quería acción, y la quería ya, pero no sería bueno sonar extremadamente brusco. -Bill… - este me miró en cuanto le llamé.- Que, digo yo que… Bueno, ¿vamos a por un coco-concondón…? - creo que jamás me había costado tanto decir esa palabra. Bill se sobresaltó y creí haberla cagado. Se colocó erguido de golpe y se separó de mí. Oh, mierda. No me jodas que la he cagado… -Oh, sísísí… Espera, que yo tengo una caja enorme en le baño… Espérate aquí. - se levantó de golpe no sin antes mirarme de arriba a bajo. Se quedó algo paralizado cuando se topo con mi mejor amiga - Jo…der… - exclamó, rojo de vergüenza. Yo sonreí ampliamente, orgulloso de mi nabo, y después me cercioré de que acababa de aceptar enseguida el tema de los preservativos. ¡Sí, TOMA! -¡No, no! Yo tengo en el pantalón, sólo he de buscarlo… - dejé que fuera a buscar los condones mientras yo ya me ponía el mío, si quisiera, después ya le pediría que me devolviese el que me había gastado, simplemente por haber hecho útil ese viaje innecesario hasta el baño, pero hasta entonces, había cosas más importantes que hacer. Me sentía bien, me sentía lleno. Le había hecho una paja a mi chico y no me sentía para nada fuera de lugar ni cohibido, de hecho, me resultó tan simple y normal… Sería capaz de volvérsela a hacer ahora mismo… Era un gran paso, y estaba orgulloso. Encontré dos condones en el bolsillo de la rodilla y abrí uno con mi arte magistral. Me lo puse en menos de dos segundos y ya me estaba poniendo colorado de solo imaginármelo. De tenerle abierto de piernas para mí, y gritando mi nombre mientras se la metía hasta el final… ¿Le dolerá mucho al principio…? Mierda, espero que no… Odiaría verle sufrir por ello. -Bueno… Estaba pensando que… - escuché su voz que se iba acercando y saliendo del baño. ¿Qué estaría haciendo ahí dentro tanto tiempo? ¿Estarían muy escondidos los condones? Madre mía… Una vez salió por la puerta a ambos se nos cayó el mundo encima. - ¿Pero qué…? ¿Qué coño…? Bill llevaba un condón puesto. Bill, llevaba un jodido condón, en su puto pene. No, o sea, a ver. Calmémonos, ¿sí? Lo que ha pasado, es que Bill es medio bizco y en vez de entregarme el condón cerrado a sido muy amable abriéndomelo, pero en un descuido de su ceguera se lo ha colocado sin querer… Síp, eso ha pasado, sólo eso ha podido pasar. ¡¿Que coño hace Bill con el condón puesto?! -¿Tom…? ¿Pero…? - el moreno me miraba más confuso que yo a él, señalándome la polla, que esta vez me la miraba sin tapujos ni sonrojos. -¿Qué haces con el preservativo puesto? Pero si a ti no te hace falta… - dijo como si fuera lo más normal del mundo. ¿Pero qué dice? ¿Cómo que no me hace falta? -A ver cielín, a mí, eso de hacerlo a pelo no me va… - aclaré antes de nada. ¡Pero ARG! ¡Continúo sin saber porqué lleva Bill el dichoso preservativo puesto! -¿Cómo que a pel…? - de pronto, a amos se nos descolocó la cara. Nos miramos a los ojos, después a nuestras pollas y después a las del otro para volver á mirarnos, con los ojos como órbitas. No, me, jo-das… -¿¡TE PENSABAS QUE YO IBA A SER EL PASIVO?! - me chilló de pronto. -¿¡QUÉ?! ¡POR SUPUESTO QUE SÍ! -¡PERO QUÉ DICES! ¡¡ERES TÚ EL PASIVO!! - a Bill se le estaban saltado los colores y las garras, y a mí me estaban entrando ganas de cargarme algo. Mierda, mierda, mierda. Ya empezamos. Siempre liándola, oh joder… ¿Y ahora qué? Pero pero pero… ¿Se pensaba este que me iba a dar por culo? ¡¿Pero estamos flipando o qué?! -¡Y UNA MIERDA! ¡¡A mí nadie me mete nada por ningún sitio!! - exclamé rabioso con el mundo y con Bill, sobre todo con Bill. -¡Si hombre, y a mí sí, ¿no te jode?! - Bill soltó un grito de desesperación en cuanto acabó la frase, exasperado. -¿¡Siempre, siempre tiene que pasar algo?! ¡¡Siempre acabamos enfadados por algo!! - se quejó. El moreno tenía toda la razón del mundo, siempre había algo que estropeaba el buen royo y la felicidad. No sé cómo nos lo montamos que… Joder, ese es el problema, que no nos lo vamos a montar nunca a este paso. -¡¡Arg...!! - chillé yo ésta vez - ¡De verdad Bill, que no pienso ser pasivo! - advertí. -Pues yo tampoco… - simplemente se cruzó de brazos y tras un segundo se fue a coger su ropa del suelo y se metió en el baño. Miré al suelo y me sentí el hombre más ridículo del mundo. Todo aquello que había sentido hacía apenas cinco minutos, que me había hecho sentir lleno totalmente, se había esfumado como el fuego de una vela ante un mínimo soplo. Ahora me sentía totalmente avergonzado. Salí de ahí con un portazo en cuando me vestí del todo. Bill Hacía como dos horas que Tom se había ido y aún sentía la rabia recorrerme las entrañas. ¡Cómo era posible que se pensara que me iba a dejar encular por él! O sea, ¡por alguien! Es que no, es que no me cabe en la cabeza… ¿Está flipando, o qué? Oh dios, y otra vez enfadados. No hay día que no pase nada, no me lo puedo creer. ¡Esto es más difícil de lo que jamás me habría imaginado! ¿Y ahora qué? Si antes el problema era que yo no quería hacer nada porque no estaba preparado, que ahora ninguno de los dos lo esté, puede ser fatal… ¡Ninguno queremos ser pasivos! Joder, lo entiendo perfectamente, pero… Esto será nuestra ruina. Mierda, mierda. Tom, si no folla, no está feliz por lo que parece… ¡Y para qué mentirnos! Yo, tampoco. Hace mucho que no hago más que machacármela yo solo… Como, unas dos semanas o así. Creo que me va a dar un ataque. Vale, está clarísimo que el sexo es un elemento fundamental en la relación de unos adolescentes… Y el hecho de que seamos dos tíos, no cambia absolutamente nada. Si ambos queremos mojar, pero ninguno da su brazo a torcer… Lo llevamos mal, porque Tom no tardará en tirarse en los brazos de cualquier zorra. Y en cuanto encuentre a alguien lo suficientemente follable como para llevársela a la cama sin pensárselo dos veces, se olvidará de mí, y de todo lo que le he hecho sentir, y… ¡Y me dejará! Oh my God… No me puedo creer que esté pensando esto, que sufra por que me vayan a dejar… Pero, mierda, se me crea un… Un sentimiento en el estomago, tan agudo y tan profundo que, que me molesta hasta para respirar de sólo pensarlo. Es como si de pronto, alguien te agarrara la boca del estómago y apretara fuertemente durante un instante, en el que sientes que te mueres. ¡Y me dará algo de la de veces que lo estoy sintiendo ahora mismo! ¿Qué voy a hacer? ¡¿Qué voy a hacer?! Tom me ha dejado demasiado claro que él… Él necesita meterla en caliente para ser persona, y si no… Joder, joder, joder. ¡Ya no sé ni lo que estoy penando! No hablo con claridad. Necesito hablarlo con alguien. Siento que me muero por llorar y desahogarme, y por tener alguien ahí para que me ayude a aguantar la cabeza y no darme de hostias contra un muro, por gilipollas, y por enamoradizo… Y, sólo pienso en Georg, en él y en nadie más. Porque, él es mi mejor amigo, y me encantaría que estuviera conmigo en estos momentos, es que, ¡le necesito tanto! Joder, ¿porqué lo haré todo mal siempre? ¿Porqué no supe mantener lo único que llevaba en pié desde que tengo memoria? Georg, estoy seguro de que él es mi todo en esta vida, porque siempre ha estado ahí, y siempre iba a estarlo, y ahora no es así. He de hacer algo. Está claro que llevo haciendo el gilipollas por demasiado tiempo. Hace ya mucho tiempo que debería haberme acercado a él y haberle pedido perdón, aunque él no lo hubiera aceptado en un principio, debería haberle insistido y supongo que… ¿Al final me habría perdonado, no? Acabaría por perdonarme algún día. Pero joder, ahora lo único que hago es preocuparme por Tom y sólo por él, y no hago nada por Georg. Pero es que, en persona, es tan difícil… ¿Cómo le miro a la cara y le digo que lo siento tanto por haberme acostado con el amor de su vida? A ver Bill, por el amor de dios, habla con Georg! ¡Quieres que esté a tu lado en momentos como este, ¿no?! ¡Pues venga, a qué esperas! De pronto, algo me vino a la mente. Hacía días que ni me acordaba que existía, pero mi móvil se iluminó simbólicamente sobre la mesa de mi escritorio. ¿Sería demasiado cobarde llamarle? ¿No es como aquello de “nunca dejas a tu novia por teléfono”? Sería como quebrantar una norma, ¿no? Bueno, realmente yo ya me he disculpado, y el día que empecé a salir con Tom, creo que quedó bastante claro que quiero volver a estar bien con él por la manera en que me comporté. ¡Me lancé encima suyo…! Le enviaré un mensaje, y le diré lo mucho que le hecho de menos. Simplemente eso, y que odio estar así con él, porque es mi mejor amigo desde toda la vida y… No sé, iré improvisando mientras lo vaya escribiendo. Salí del baño. Llevaba ahí todo el rato sin querer salir. Se me ponía la piel de gallina el recordar todo lo que había pasado, y volver a la escena del crimen, no era una gran idea. Odiaría encontrarme con algo suyo y tener que cogerlo, y guardarlo, como una camiseta, o un calcetín o… Yo que sé. Respiré hondo, y salí, soltando todo el aire que había cogido en un gran suspiro de cansancio y resignación. ¿Cuántas veces habré suspirado por Tom en una semana? ¿Cientos, miles? Sí, por ahí iba el asunto… Me apoyé en el marco de la puerta y pude ver el desorden que había por todas partes. Se me encogía el corazón viendo la situación, y me venían flashbacks a la cabeza. Me puse rojo en cuanto recordé el momento en que Tom me había masturbado, y sentí una sensación aguda en el pecho, algo entre placer y dolor. Madre mía, estaba en la pura gloria en esos momentos. Era como si toda la vergüenza acumulada desapareciera y sólo podía sentir que me estaba entregando a Tom. Me sentía tan bien… Y todo ha acabado tan mal. Me resigné después de hacer desaparecer esas imágenes de mi mente por enésima vez, y me puse a recoger. No estaba tan mal la cabaña, ayer ya me encargué de ordenar la habitación en cuanto llegó Tom, y lo único que hubiera podido estar mal, era la ropa del suelo que ya no había, puesto que él, evidentemente, se la había puesto y se había largado, y la mía la llevaba ahora puesta. Me dirigí a hacer la cama pero de pronto, mientras las estaba cogiendo en mi mano, vi algo que me dejó de piedra. ¡Oh dios mío, había semen en las sábanas! Y de nuevo, las imágenes de ese momento me azotaron y se me clavaron en el cuerpo como si fueran puñaladas. Cogí a regañadientes la tela y la puse en el cubo de la ropa sucia. Tendría que cambiar las sábanas… Genial, ODIO cambiar las sábanas. Me fui al armario cutre donde había que dejar cada semana, el par de sábanas que nos daban los lunes por la mañana, limpias, y me puse a quitar las que ya estaban puestas. Moví la cama y saqué la funda del colchón. Vi que no era suficiente y la tuve que mover más para poner la que estaba limpia, y entonces, me encontré con algo en el suelo, que había estado tapado todo este tiempo y por eso seguía aquí. La gorra de Tom. Era roja y con letras de NY en grande en el centro. La cogí entre mis manos y le limpié un poco el polvo que habría acumulado toda la noche y me la quedé mirando. Ver la gorra, era como mirarle a él. ¿Qué hago ahora? ¿Qué hago…? No quiero ser el pasivo… No quiero… Me entraron de nuevo las ganas de llorar y me contuve. Bill, no seas gilipollas. -*snif* - joder… Siempre estamos mal, no hay día en que no haya un enfrentamiento o algo por el estilo. ¿Es esto alguna señal de que no deberíamos ni intentar estar juntos? ¿Es que acaso Dios existe y quiere que nos separemos? Georg, Georg… Necesito tanto hablar contigo ahora. Me levanté y me sequé las pocas lagrimas que finalmente sí había derramado y dejé las nuevas sabanas sin colocar, encima de la cama, tal cual, y me dirigí a la mesa. Cogí el móvil, y con la vista un tanto borrosa me dirigí a los mensajes. Click. Mensaje nuevo. Click. ”Georg, supongo que pensarás que soy un cobarde por no decírtelo en persona, pero no sé como hacerlo, no sé como pedirte que me perdones. Te hecho muchísimo de menos, y estoy pasando por unas cosas ahora mismo, que solo quiero contártelas a ti y que me pegues la bronca por gilipollas, o te rías de mí por lo que me está pasando. Te quiero muchísimo, y te juro que cuando te veo pasar, no hago más que desear acercarme a ti… Pero tengo miedo de que me rechaces como el domingo pasado. Dime algo por dios… Come conmigo aunque no me digas nada, pero… no sé… Te echo muchísimo de menos. Te quiero y no sabes cuanto”
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