Capitulo 57

4576 Words
-¿Ashley…? ¿GEORG? – De ella aún me lo esperaba un pero… ¿Georg? ¿Al final había aceptado mis disculpas? ¿Iba enserio lo del mensaje de esta mañana? Él me miró algo triste, pero me sonrió de lado. Me dirigí rápidamente hasta dónde estaba él y dejé la bandeja a su lado, justo en uno de esos dos sitos que sobraban. Le casi obligué a que se levantara y le abracé tan fuerte, que oí una queja, algo lejana, ya que yo me había alejado de este mundo, adentrándome en un puto paraíso, del que me dolía pensar, que en breves instantes me separaría. Él no me abrazaba muy entusiasmado, y ni tan solo dijo nada, pero verle ahí, cerca de mí, justo a mi lado, cenando, era más que cualquier otra cosa que pudiera desear. Cualquier cosa… -Bueno… Ahora que ya has llegado… - empezó a hablar Mario. - ¿nos presentas? – dijo, sonriente. -¿Cómo? ¿Lleváis en la misma mesa a saber cuánto rato y aún no os habéis presentado vosotros solos? – dije algo incrédulo y divertido. -¿Qué quieres? Cada uno se mete en su tema porque el único que teníamos en común eras tú, y ni tan solo sabíamos de qué manera. – rodé los ojos y empecé. -Veamos. Georg, Ashley, - les hablé. Ella me miró, pero él apenas pareció que se daba cuenta de que le hablaba, o como mínimo hacía ver que no se había dado cuenta – Estos son Andy y Mario, - los señalé conforme decía sus nombres. – Son los mejores amigos de Tom, y bueno, no sé si os habéis dado cuenta, pero… Son pareja. – puntualicé. Mario miró a Andy con aire soñador y después sonrió a mis amigos. -¡Encantado!- dijeron ambos al unísono. -Y em… Andy y Mario, - esta vez les hablaba a ellos – estos dos son Ashley y Georg – también les señalé conforme los nombres, aunque no hiciera falta, pero daba igual. –Ellos son mis mejores amigos. Georg de toda la vida, y Ashley desde el bachillerato. Ambos asintieron, se estrecharon las manos y se dieron dos besos entre todos. Y justo, en ese rato en que se empezaron a saludar, pensé en ese factor que unía a estos dos grupos de amigos; Tom y yo. Y nada más pensar en él, miré a ese espacio vacío que quedaba en la mesa, justo enfrente de mí pegado a la pared, al lado de Ashley. Una silla sin nadie a quién acoger. Y una duda en mi mente que me sobrecogió un instante. -Oye… ¿Alguien sabe dónde está Tom? – pregunté, mirando sobre todo a Mario, que era el único que sabía esta historia, cómplice de mis actos. Todos negaron con la cabeza, el único que habló fue el novio del anteriormente nombrado. -Qué va, hemos ido hace diez minutos a buscarlo a su cabaña y no estaba, así que hemos supuesto que ya habría llegado, pero nos hemos dado cuenta de tampoco era así, por lo que hemos pensado que llegaría contigo, pero… Parecer ser que tampoco. – dijo, arrugando los labios de lado, como diciendo que no podía hacer nada. Respiré hondo y asentí. Nos quedamos en silencio y después de medio minuto, en dónde todo el mundo compartía miradas y yo tenía la mía fija en mi plato, empezaron a sonar los tenedores. Tardé poco en sentir un escalofrío que me recorrió toda la columna vertebral. No sé porqué, pero algo me oprimía el pecho y me hacía que tuviera ganas de llorar. ¿Qué coño está pasando? ¿Qué mierda es esta sensación? Era como si… de repente todo se volviera n***o y sin sentido, oscuro y tenebroso. Como si ya no estuvieran mis amigos y me quedara yo solo, en un mundo dónde no salía el sol, donde ni tan solo existía la luna, y la oscuridad era tal, que mi vista no se acostumbraba y no alcanzaba a ver ni mis propias manos. Me faltaba la respiración, y tenía ganas… de vomitar. -¿Bill? ¿Bill, estás bien? – de pronto, en toda la noche, Georg se atrevió a decirme algo, y parecía bastante asustado. Me puso la mano en mi espalda y después ascendió y descendió por toda ella, intentando reconfortarme. -No mucho… Me estoy mareando… - solté, diciendo al azar lo primero que me excusara. Eso no era un mareo… Era un pozo sin fondo. -¿Quieres salir un rato? – esta vez fue Ashley. Su voz dulce hizo que me tranquilizara un poco. - ¿O prefieres que llamemos a algún profesor? – estaba realmente preocupada. -No no… Tranquila, se me está pasando ya… - dije, sonriéndole y tranquilizándola. -Joder macho, te has puesto blanco – y fue Andy el que habló. -¡Ya ves, que ni el pelo de este es más blanco! – dijo Mario, señalando a su novio. Hizo que me riera, y después hasta solté una carcajada cuando Andy le dio un golpe en la cabeza, como venganza. -¡Jajajaj! No chicos, en serio. Ha sido un momento – mentira. Aún seguía sintiendo esa sensación tan extraña, pero ya no tan fuerte. -Vale vale… - el moreno volvió a su plato. -Oye… ¿No podrías llamar a Tom? A ver si dice dónde está… - le pregunté. Estaba empezando a pensar que le podría haber pasado algo. ¡Sé que era técnicamente imposible, ya que era su propio campamento, pero…! ¡Mejor prevenir que curar! Mario enseguida, asintió enérgico, y pilló una servilleta. Se lavó rápidamente las manchas de tomate frito de sus labios y el aceite de las manos. -Ningún problema – dijo mientras hurgaba en su pantalón. Pero de pronto, una canción que provenía de ese mismo sitio, asustó a Mario. – coño, justo ahora me llaman. –Se me ensombreció el rostro en cuanto recordé, que ahora ya no podría llamar a mi chico. Miré a Andy enseguida, como pidiéndole que le llamara él, y lo captó al vuelo. Hasta que… - ¡Hostias! ¡Es Tom! - Andy dejó el móvil dónde estaba y yo puse la mano encima de la de Georg, por debajo de la mesa, asustado y sin esperármelo. Georg tardó en apretármela. Así, puse toda mi atención en Mario, de hecho toda la mesa puso sus dos orejas pendientes en él. - ¡Hey! ¡Tom, justo iba a…! – pero se cortó, supongo porque Tom le estaría hablado. Después puso cara extraña. -¿Qué dice?- dije asustado, al ver esa cara. -¿Tom? ¿Qué te pasa? ¿Estás llorando? – dijo, preocupado. ¿CÓMO? Me levanté de golpe de la silla, prácticamente apunto de tropezar e hice que Georg se levantar conmigo, sin soltar nuestro contacto. Me puse de cuclillas justo al lado de Mario, pegando mi oído al móvil, intentando captar algo de conversación. No escuchaba nada más que simples susurros. - ¡Sí que estás llorando! – escuché. -¿Que qué? ¿Qué le pasa? ¡Tom! – grité. Pero de pronto, Mario separó el teléfono de su oído, haciendo que me separara inevitablemente de él. Me lo quedé mirando, esperando una respuesta. -Dice… Que salgas del comedor, que ahora en un rato aparecerá. No sé qué coño le pasa, pero… Parece que… estaba… -Sí sí, llorando – completé. Algo cansado de oír todo el rato lo mismo. Con el corazón en un puño, me despedí de todos, y abrí la puerta del comedor lo más rápido que pude. Miré a mi alrededor pero no vi a nadie. Cerré tras de mí y me puse, un tanto alejado de la salida, y me poyé en la pared. Enseguida noté cómo me invadía ese frio casi invernal que pillaba este campamento en las noches de verano, y no pude evitar taparme con los brazos. Intentando darme un poco de calor. Entonces, viendo que era inútil, me senté e hice que mis piernas intentaran protegerme del frio. Me puse la cabeza entre el espacio de mis rodillas y mi pecho y aún así sentí que el frio me calaba los huesos. -Toom… Llega ya, por favor… - casi tartamudeé. No quería ni mirar hacia delante por miedo a que una ráfaga de aire me congelara el rostro. -Baby… Ya he llegado… - una voz familiar me sobresaltó y algo me abrazó fuerte. No le pude ver la cara, pero ese olor era inconfundible, de hecho… Esas rastas recogidas en una coleta, eran inconfundibles. ¿Pero… qué le pasaba en la voz? Era como ahogada y nasal. No pude ni preguntarle, que ya me estaba alzando. Me agarró de la cintura y me alzó, incluso haciendo que mis pies no tocaran el suelo. Aún sin poder verle la cara ya que estábamos en un abrazo, avanzó hasta meterse detrás del comedor, ahí dónde empezaba una gran mata de bosque, y nunca había nadie. Se puso contra la pared y se sentó en el suelo, con las piernas abiertas. Le oí un pequeño sollozo, y enseguida me aparté de él, intentando mirarle. Le pillé por sorpresa, y le vi. Con los ojos achinados y llenos de lágrimas, con el rostro rojo, mojado, y lo peor de todo, desencajado. -¿Tom? ¿Qué…? – me asusté. Le acaricié el rostro y le puse las manos en las mejillas. Intenté limpiárselas y sólo obtuve una especie de puchero, cómo si Tom amenazara con el llanto de nuevo. - ¿Qué te pasa…? – estaba yo a punto de ponerme a llorar con él, sólo de verlo en aquel estado. -Calla… Cállate… - me dijo antes de cogerme de la camiseta y aproximarme a él. Me besó casi a lo desesperado mientras que abría su chaqueta, y me metía dentro de ella. Puse mis manos en su pecho y una lágrima cayó sobre mis brazos, justo antes de que cerrara la cremallera. Me separé de él, pero antes de que pudiera hacer nada más, me abrazó fuerte de nuevo. –No te muevas… Quédate así… No te intentes soltar… - me suplicó, con una voz que me puso el vello de punta. Respiré hondo, y me mordí el labio, intentando no decirle nada, no perturbarle, así que simplemente, me acomodé en sus brazos y puse la cabeza apoyada en su hombro. Escuché cómo respiraba y cómo le subía y le baja el pecho. También escuché un pequeño eco, su corazón, que palpitaba más fuerte de lo debido. Me moría de ganas por preguntarle qué le pasaba, pero Tom parecía no querer responder. Aún así, me calmé al ver que estaba sano y salvo, sin ningún tipo de rasguño en sus ropas o en su piel. Noté cómo de pronto me besaba el pelo repetidas veces, y cómo apoyaba su mejilla en él. -Chico… - empezó a decir esto, e intuí que quería continuar, pero parecía que, o no encontraba las palabras, os implemente había desistido y lo había dejado ahí. Pero me sorprendió, continuando. – Sé que mañana me odiaré por todas estas cursilerías, porque no es mi estilo pero… - se sorbió la nariz – Oye, creo que te quiero… - noté cómo sus manos viajaban de mi cintura, a mi pelo y se introducían en él. Me hizo que lo mirara a la cara, no demasiado distinta a la mía, la cual mostraba unos ojos llorosos y enormes, que le miraban, casi sin poder creerse lo que acababa de decir. ¿Enserio había dicho aquello? – Oye… Esperaré. O… bueno, espérame. –balbuceó. - No sé, la cuestión es que ambos necesitamos tiempo. He tardado en darme cuenta de que esto es más que una jodida relación, ¿vale? Así que no lo forcemos… Ya tocará. Y si soy yo, el que acaba debajo de ti, pues… pues… - pareció que le costaba tanto hablar… Que le silencié con un beso. Me miró sorprendido y acabó por cerrar los ojos, al mismo tiempo que yo. Nuestras lenguas se pelearon durante los instantes más… increíbles que recordaba en mucho tiempo. Tom parecía en trance, no sabía ni lo que decía. Bueno, de hecho, él mismo decía que al día siguiente se odiaría por lo que acababa de decir. Nos separamos un poco más tarde entre besos cortos finales y juegos de lenguas. -Tom, no lo digas en voz alta… Ya pasará, de la manera que sea. – madre mía, esto era más difícil de lo que parecía. Igualmente, me compensó al ver como Tom sonreía de lado. Se me quedó mirando y después me cogió de la cara. -Bill… - dijo mi nombre. – Bill… - volvió a repetir. Pero antes de que volviera a nombrarme por tercera vez, se le crispó el rostro un instante. – Mierda… - dijo tan bajo, que casi no lo llegué a escuchar. Me volvió a envolver entre sus brazos. - ¡Me cago en la puta! – chilló esta vez, casi ensordeciéndome y abrazándome demasiado fuerte. -Tom… Dime qué te pasa. Joder, Tom. Dímelo. – le supliqué. Noté cómo negaba con la cabeza. -Ahora no Bill, ahora no. En estos momentos, sólo quiero irme a dormir, y pensar que todo ha sido una pesadilla… -sentenció. Asentí. -Vente a mi cabaña otra vez, no soportaré estar durmiendo y pensar que podrías volver a estar mal. – dije, sin pensármelo dos veces. -Cómo quieras, pero… Ya me he calmado. Quería verte porque… Porque sabía que contigo me tranquilizaría. Sólo contigo. Le sonreí cómplice. -Vámonos. Llegamos al cavo de unos veinte minutos, caminando a paso lento, sin apenas decirnos nada, y con las manos entrelazadas. La tensión era notable, pero aún así se podía soportar. Ambos nos desvestimos y con solamente los calzoncillos puestos, nos metimos en la cama, nos abrazamos fuerte, y yo empecé a besarle el cuello y el pecho. Finalmente le besé en la boca y finalmente puse mi espalda contra su pecho. Él apoyó su cabeza en mi hombro y sentimos que el sueño nos empezaba a invadir. Pero de pronto, me desperté sobresaltado. -Eh… - le llamé, haciendo que este también se despertara de golpe- Que… Yo también creo que te quiero. – le dije, bajito y tan rojo que seguro que aún teniendo las luces apagadas, Tom lo había notado. -Oh… Mierda, ni se te ocurra recordarme todo lo que he dicho. - dijo, consciente de lo cursi que había llegado a ser. No pude evitar reírme – Como se te ocurra mencionar lo más mínimo… ¡Te capo! Y así habremos acabado con el dilema de quién es activo o pasivo. - sentenció. Volví a reírme, había sido ingenioso. -Buenas noches Tom… - le deseé. -Buenas noches, baby. Bill Me levanté algo aturdido. Tenía un dolor de cabeza impresionante y todo me daba vueltas. Supongo que era por las inmensas ganas de seguir durmiendo que tenía. No había pegado ojo en toda la noche, dándole vueltas a todo y a nada. Me giré y busqué el reloj en la mesita de noche. Lo miré sorprendido al encontrarme con la increíble cifra de las doce del medio día. ¿Ya era tan jodidamente tarde…? Cerré los ojos y extendí los brazos, ocupando toda la superficie, y de pronto me incorporé., sobresaltado. Miré a todos lados y después me levanté, saliendo incluso de la cama. -¿Tom? – le llamé. ¡Se había quedado a dormir! No era posible que no estuviera… -¿¡Tom!? – grité más fuerte. Aunque, de qué servía. Con un susurro me habría escuchado igual, esto no era mucho más grande que una habitación pequeña. Así que el rastas se había ido… Bueno, era normal, ya que él trabaja, pero… Un sentimiento que no sabría cómo describir, se me metió en el estómago. Lo único que puedo decir, es que esa sensación era como si gráficamente se pudiera representar con el color n***o. Un amargo momento en el que no me creía, porqué Tom, se había ido sin despedirse. Dejé caer los hombros, algo decepcionado y triste, y cuando me dirigí hacia el baño para darme una merecida ducha, mi vista, detectó algo encima de la mesa que no me sonaba que estuviera ahí de antes. Realmente, desde lejos, era sólo un folio en blanco, como uno de los cientos de miles que tengo yo solo en mi cuarto de Berlín, y uno de los cientos que tenía aquí. ¿Pero, qué tenía ese folio diferente? No lo sé, pero, me acerqué. Era un dibujo, con algo escrito. Me fijé lo primero de todo en lo que había dibujado, ya que… Llamaba bastante la atención. Era, una especie de ¿persona? ¿sí, seguro que eso era una persona? ¿Y estaba…? ¿Estirada? Bueno, no sabía realmente muy bien qué era, ya que la forma era un tanto amorfa, pero… Me hizo gracia. Sí, cada vez que lo miraba más, parecía más una persona. Tenía el pelo liso, y parecía que estuviera durmiendo. Tenía un ojo mucho más arriba que el otro, y la boca se salía del eje de las líneas faciales. Desistí de intentar entender un poco más el dibujo, y empecé a leer lo que ponía. Como no había nadie, decidí leerlo en voz alta. -Buenos días dormilón… - empezaba. ¿Buenos días dormilón? ¡Esto es de Tom! – No te he querido despertar, porque estaba seguro que me pegarías una hostia ya que estabas muy dormido… -¿Cómo? Vale, podría ser cierto, puedo tener malos despertares. – Pero bueno, imagino que si te has despertado un poco confuso por no verme, e incluso algo dolido porque no te he despertado, ¡esta carta te anime un poco! Simplemente, te quiero decir que me voy a currar, y que no te asustes de no verme. Olvida todo lo que te dije anoche, porque… estaba muy mal. Y tranquilo, ya te explicaré lo que me pasó… Bueno, ¡hasta la hora de comer!– un par de espacios en blanco más en los que al final de estos me ponía:- no te has dado cuenta, pero me acabo de acercar a darte un beso de buenos días… Bueno, te debo un beso en el que estés consciente. ¡Ciao! –y por último… - PD: eres tú el del dibujo. Sé que no soy Picasso, ¡pero algo tenía que intentar! Me ha encantado ver todo el repertorio que tienes sólo mío en dibujos, y quería hacer algo parecido. -¿Comor? ¿qué la cosa esta con un ojo mirando pa’ cada lado del mundo soy yo? Lo miré algo crítico y torcí sin querer la boca como con una poco de miedo y asco. A ver, no es que me repulsara ni nada por el estilo, ¡pero dios mío! Soy horrible, bueno, más bien dicho, salgo horrible. Finalmente sonreí de lado, apreciando enormemente el gesto y guardé ambas cosas en mi carpeta de dibujos, en el apartado de “mejor dibujados” como si fuera uno de mis pocos dibujos tesoros personales cuales, si pierdo o algo, me muero, así que ahí no le pasaría nada a la carta. Miré al fondo de mi cabaña y suspiré. Me estiré en mi cama y me quedé pensando. Tsk, otro día que no iría a desayunar, genial… Me estiré en el lado de la cama donde había dormido Tom y agarré la almohada como si fuera un peluche enorme y lo estrujé entre mis brazos. Cogí aire intensamente y pude notar que aún olía a él. Lo solté con una sonrisa enorme en la cara y probablemente con los ojos muy achinados de la felicidad. Yo creo que si alguien me viera, diría que voy fumado o algo peor. Me estiré y miré al techo. Me puse a pensar en qué podía hacer yo para verle más feliz. Me sabía fatal todo lo que había pasado anoche. Sabía que yo no tenía nada que ver con lo que le estaba pasando, pero como novio suyo, sentía la responsabilidad de intentar mejorar su estado de ánimo fuera como fuera. Aunque en realidad no sabía porqué estaba pensando tanto. Está claro qué es lo que quiere. Y yo sabía que eso le haría feliz. Pero no estaba preparado. De pronto las palabras de Mario me vinieron a la cabeza. -Mira, si de verdad crees que lo puedes llegar a pasar demasiado mal, inténtalo tú solo antes… Puedes intentar de meterte los dedos tú solo. Me puse rojo de solo imaginarlo. No. Nunca. Jamás de los jamases. Fui hacia el baño, tan acongojado que me costaba avanzar. ¿Enserio estaba apunto de hacer lo que… Me negaba en rotundo? ¡Es que… No me lo puedo creer! Pero, tenía que como mínimo, intentarlo ¿no? ¡Vale sí, había recapacitado! Pero es que me acordé de Tom, y de la noche anterior y de cómo lo encontré tan desprotegido y tan acongojado… Bueno es que el pobre estaba hecho mierda. Yo sabía que por mucho que me dijera que con mi presencia le sobraba no me iba a servir de nada. Necesitaba hacer algo por él. Lo que fuera. Y aquí estoy, porque muy en el fondo, ayer yo… Yo quería darle más, más que un beso. Yo, ayer por la noche, realmente… Me replanteé tan seriamente el intentarlo, pero llegando hasta el final… Y eso que Tom, me había dicho que quizás acababa él de pasivo, pero… Me daba igual, si él estaba dispuesto a intentarlo (o como mínimo, eso decía), yo… Yo también. Sobre todo sabiendo, que Tom nunca lo haría. Lo dijo en un momento de tal debilidad que… ¡Me moría por saber porqué estaba así! Hoy, en cuanto lo vuelva a ver, le preguntaré. Se lo tengo que preguntar, he de saber qué le pasa. En fin, mi camino hasta el baño estaba en su trecha final, y mis fuerzas le estaban empatando. Sisi, yo tenía muy claro que debía hacerlo, como mínimo mentalmente, pero… ¿físicamente? ¡Mi cuerpo no me dejaba avanzar! Por unos instantes me vi súper ridículo, como si lo que estuviera haciendo no tuviera sentido, yo debía enfrentarme a ello con dos cojones por delante, y así debía de hacerlo. Era por Tom, por lo mucho que lo quería. Ni me lo pensé, cogí aire y me metí dentro del baño. Cerré con una fuerza innecesaria la puerta y me topé con todos aquellos garabatos que habían escritos detrás de esta, todos hablando sobre MI chico de rastas. ¡Y sí! ¡Precisamente por ese chico de rastas debía hacerlo! Me puse dentro de la ducha (realmente no se porqué, pero así lo hice) y me bajé los pantalones junto con los bóxers y los tiré fuera del cuadrilátero de cerámica. Respiré hondo un par de veces y doblé un poco las rodillas, separando las piernas. Mi mano descendió un poco hasta tocarme el principio de la baja espalda, notaba como el pulso me temblaba fuertemente, aunque fuera una tontería y nadie me viera, pero me estaba poniendo de los nervios. -A ver Bill, simplemente piensa que si no te gusta ya está, será suficiente como para ir a Tom y explicárselo. Sabes que es medio mono/chimpancé en algunos aspectos, pero supongo que lo acabará entendiendo. - me dije a mí mismo en voz alta mientras sentía cómo mi mano descendía más y más. De pronto paré. Esto era ridículo, habían mil formas más de hacer esto sin que pareciera que me estaba haciendo un examen rectal. No, todo esto era demasiado frío. Salí de la ducha y la miré fijamente, en general. Las baldosas, el grifo, el suelo de cerámica. Respiré hondo y me acabé de desnudar del todo, tirando la camiseta justo donde había dejado el resto de ropa. Con toda la calma que pude me dirigí al armario de las toallas y cogí una, dejándola colgada cerca de puerta de la ducha. Respiré hondo y me metí dentro. Encendí el agua y cuando me aseguré de que ésta estaba empezando a calentarse, me metí debajo del chorro. ¡Es que de verdad, estaba siendo demasiado peliculero! Estas cosas se tienen que hacer sin tanto drama. Noté enseguida el calor rozándome por todas partes y me tranquilicé. Como ya había pensado antes, si no me gusta, es lo que hay. Por lo menos lo habré intentado, y se lo puedo explicar perfectamente a Tom, seguro que me entenderá… ¿Verdad? Vale Bill, de nuevo te estás alterando. Tranquilízate. Me dispuse a seguir la ducha como hasta ahora, con total normalidad, asegurando que el agua me mojaba por completo. Me toqueteé el pelo y lo limpié con champú, haciendo mucha espuma y haciéndome un masaje relajante. Qué bien… Exacto Bill, coge aire y disfruta. No me aclaré el jabón y dejé que este suavizara mi pelo y lo dejara bien sano. Salté al siguiente paso y me llené las manos de gel que no dudé en esparcirme por los brazos y por el pecho, intentando también simularme un masaje relajante y agradable. Lo estaba consiguiendo y eso me estaba alegrando, me estaba incitando a seguir y a no parar por nada del mundo. Era el momento, yo podía hacerlo… Volví a untarme las manos en gel y esta vez me llené los muslos y las rodillas haciendo pequeños masajes circulares y llenándolo todo de espuma. Subí poco a poco y me salté la parte principal para pasar al ombligo, y por correspondiente a la barriga, juntando finalmente ese jabón con el que ya había en el pecho. Por fin decidí lavarme las partes e intenté tocármela un poco, para que el placer entrara en juego, y poco a poco me fui encorvando hasta que me puse de cuclillas en el suelo y acabé apoyando las rodillas en él. Noté como el agua me hacia cosquillas en la baja espalda, cayendo a borbotones. Con la mano temblorosa y llena de espuma procedí a acariciarme primeramente las nalgas. Puse la frente contra la cerámica de la paredy poco a poco fui llegando al punto clave. Tenía el corazón a mil por hora y estaba poniéndome muy nervioso otra vez. -Vamos Bill, tranquilízate, no te has dado la ducha más relajante de tu vida para que tires todo por la borda… - me dije a mi mismo, enfadándome. Decidí usar el dedo corazón, y empecé con un poco de presión en la entrada. -¡Bill, que te relajes, coño! Sí, sí, estoy en ello, gracias. - Me auto contesté. Solté el aire que había estado cogiendo y poco a poco fui haciendo más y más presión. De pronto me di cuenta que tenia los ojos cerrados al máximo y casi me hacia daño a mi mismo, y me fui destensando. Vale, vale, esto no duele. No sé si es por el jabón o por el agua o por yo que sé, pero ni costaba ni dolía. No dejé de apretar hasta que me di cuenta que estaba totalmente dentro. -Em… esto es muy muy raro. – No pude evitar comentarlo en voz alta. Quizás porque el hecho de oír alguna voz, me daba la compañía y el soporte que esta situación necesitaba. Decidí seguir haciendo de comentarista del partido: - Vale, está entero. Primera parte superada. Aunque es una sensación muy extraña.
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