Capitulo 58

4970 Words
Bill Me levanté algo aturdido. Tenía un dolor de cabeza impresionante y todo me daba vueltas. Supongo que era por las inmensas ganas de seguir durmiendo que tenía. No había pegado ojo en toda la noche, dándole vueltas a todo y a nada. Me giré y busqué el reloj en la mesita de noche. Lo miré sorprendido al encontrarme con la increíble cifra de las doce del medio día. ¿Ya era tan jodidamente tarde…? Cerré los ojos y extendí los brazos, ocupando toda la superficie, y de pronto me incorporé., sobresaltado. Miré a todos lados y después me levanté, saliendo incluso de la cama. -¿Tom? – le llamé. ¡Se había quedado a dormir! No era posible que no estuviera… -¿¡Tom!? – grité más fuerte. Aunque, de qué servía. Con un susurro me habría escuchado igual, esto no era mucho más grande que una habitación pequeña. Así que el rastas se había ido… Bueno, era normal, ya que él trabaja, pero… Un sentimiento que no sabría cómo describir, se me metió en el estómago. Lo único que puedo decir, es que esa sensación era como si gráficamente se pudiera representar con el color n***o. Un amargo momento en el que no me creía, porqué Tom, se había ido sin despedirse. Dejé caer los hombros, algo decepcionado y triste, y cuando me dirigí hacia el baño para darme una merecida ducha, mi vista, detectó algo encima de la mesa que no me sonaba que estuviera ahí de antes. Realmente, desde lejos, era sólo un folio en blanco, como uno de los cientos de miles que tengo yo solo en mi cuarto de Berlín, y uno de los cientos que tenía aquí. ¿Pero, qué tenía ese folio diferente? No lo sé, pero, me acerqué. Era un dibujo, con algo escrito. Me fijé lo primero de todo en lo que había dibujado, ya que… Llamaba bastante la atención. Era, una especie de ¿persona? ¿sí, seguro que eso era una persona? ¿Y estaba…? ¿Estirada? Bueno, no sabía realmente muy bien qué era, ya que la forma era un tanto amorfa, pero… Me hizo gracia. Sí, cada vez que lo miraba más, parecía más una persona. Tenía el pelo liso, y parecía que estuviera durmiendo. Tenía un ojo mucho más arriba que el otro, y la boca se salía del eje de las líneas faciales. Desistí de intentar entender un poco más el dibujo, y empecé a leer lo que ponía. Como no había nadie, decidí leerlo en voz alta. -Buenos días dormilón… - empezaba. ¿Buenos días dormilón? ¡Esto es de Tom! – No te he querido despertar, porque estaba seguro que me pegarías una hostia ya que estabas muy dormido… -¿Cómo? Vale, podría ser cierto, puedo tener malos despertares. – Pero bueno, imagino que si te has despertado un poco confuso por no verme, e incluso algo dolido porque no te he despertado, ¡esta carta te anime un poco! Simplemente, te quiero decir que me voy a currar, y que no te asustes de no verme. Olvida todo lo que te dije anoche, porque… estaba muy mal. Y tranquilo, ya te explicaré lo que me pasó… Bueno, ¡hasta la hora de comer!– un par de espacios en blanco más en los que al final de estos me ponía:- no te has dado cuenta, pero me acabo de acercar a darte un beso de buenos días… Bueno, te debo un beso en el que estés consciente. ¡Ciao! –y por último… - PD: eres tú el del dibujo. Sé que no soy Picasso, ¡pero algo tenía que intentar! Me ha encantado ver todo el repertorio que tienes sólo mío en dibujos, y quería hacer algo parecido. -¿Comor? ¿qué la cosa esta con un ojo mirando pa’ cada lado del mundo soy yo? Lo miré algo crítico y torcí sin querer la boca como con una poco de miedo y asco. A ver, no es que me repulsara ni nada por el estilo, ¡pero dios mío! Soy horrible, bueno, más bien dicho, salgo horrible. Finalmente sonreí de lado, apreciando enormemente el gesto y guardé ambas cosas en mi carpeta de dibujos, en el apartado de “mejor dibujados” como si fuera uno de mis pocos dibujos tesoros personales cuales, si pierdo o algo, me muero, así que ahí no le pasaría nada a la carta. Miré al fondo de mi cabaña y suspiré. Me estiré en mi cama y me quedé pensando. Tsk, otro día que no iría a desayunar, genial… Me estiré en el lado de la cama donde había dormido Tom y agarré la almohada como si fuera un peluche enorme y lo estrujé entre mis brazos. Cogí aire intensamente y pude notar que aún olía a él. Lo solté con una sonrisa enorme en la cara y probablemente con los ojos muy achinados de la felicidad. Yo creo que si alguien me viera, diría que voy fumado o algo peor. Me estiré y miré al techo. Me puse a pensar en qué podía hacer yo para verle más feliz. Me sabía fatal todo lo que había pasado anoche. Sabía que yo no tenía nada que ver con lo que le estaba pasando, pero como novio suyo, sentía la responsabilidad de intentar mejorar su estado de ánimo fuera como fuera. Aunque en realidad no sabía porqué estaba pensando tanto. Está claro qué es lo que quiere. Y yo sabía que eso le haría feliz. Pero no estaba preparado. De pronto las palabras de Mario me vinieron a la cabeza. -Mira, si de verdad crees que lo puedes llegar a pasar demasiado mal, inténtalo tú solo antes… Puedes intentar de meterte los dedos tú solo. Me puse rojo de solo imaginarlo. No. Nunca. Jamás de los jamases. Fui hacia el baño, tan acongojado que me costaba avanzar. ¿Enserio estaba apunto de hacer lo que… Me negaba en rotundo? ¡Es que… No me lo puedo creer! Pero, tenía que como mínimo, intentarlo ¿no? ¡Vale sí, había recapacitado! Pero es que me acordé de Tom, y de la noche anterior y de cómo lo encontré tan desprotegido y tan acongojado… Bueno es que el pobre estaba hecho mierda. Yo sabía que por mucho que me dijera que con mi presencia le sobraba no me iba a servir de nada. Necesitaba hacer algo por él. Lo que fuera. Y aquí estoy, porque muy en el fondo, ayer yo… Yo quería darle más, más que un beso. Yo, ayer por la noche, realmente… Me replanteé tan seriamente el intentarlo, pero llegando hasta el final… Y eso que Tom, me había dicho que quizás acababa él de pasivo, pero… Me daba igual, si él estaba dispuesto a intentarlo (o como mínimo, eso decía), yo… Yo también. Sobre todo sabiendo, que Tom nunca lo haría. Lo dijo en un momento de tal debilidad que… ¡Me moría por saber porqué estaba así! Hoy, en cuanto lo vuelva a ver, le preguntaré. Se lo tengo que preguntar, he de saber qué le pasa. En fin, mi camino hasta el baño estaba en su trecha final, y mis fuerzas le estaban empatando. Sisi, yo tenía muy claro que debía hacerlo, como mínimo mentalmente, pero… ¿físicamente? ¡Mi cuerpo no me dejaba avanzar! Por unos instantes me vi súper ridículo, como si lo que estuviera haciendo no tuviera sentido, yo debía enfrentarme a ello con dos cojones por delante, y así debía de hacerlo. Era por Tom, por lo mucho que lo quería. Ni me lo pensé, cogí aire y me metí dentro del baño. Cerré con una fuerza innecesaria la puerta y me topé con todos aquellos garabatos que habían escritos detrás de esta, todos hablando sobre MI chico de rastas. ¡Y sí! ¡Precisamente por ese chico de rastas debía hacerlo! Me puse dentro de la ducha (realmente no se porqué, pero así lo hice) y me bajé los pantalones junto con los bóxers y los tiré fuera del cuadrilátero de cerámica. Respiré hondo un par de veces y doblé un poco las rodillas, separando las piernas. Mi mano descendió un poco hasta tocarme el principio de la baja espalda, notaba como el pulso me temblaba fuertemente, aunque fuera una tontería y nadie me viera, pero me estaba poniendo de los nervios. -A ver Bill, simplemente piensa que si no te gusta ya está, será suficiente como para ir a Tom y explicárselo. Sabes que es medio mono/chimpancé en algunos aspectos, pero supongo que lo acabará entendiendo. - me dije a mí mismo en voz alta mientras sentía cómo mi mano descendía más y más. De pronto paré. Esto era ridículo, habían mil formas más de hacer esto sin que pareciera que me estaba haciendo un examen rectal. No, todo esto era demasiado frío. Salí de la ducha y la miré fijamente, en general. Las baldosas, el grifo, el suelo de cerámica. Respiré hondo y me acabé de desnudar del todo, tirando la camiseta justo donde había dejado el resto de ropa. Con toda la calma que pude me dirigí al armario de las toallas y cogí una, dejándola colgada cerca de puerta de la ducha. Respiré hondo y me metí dentro. Encendí el agua y cuando me aseguré de que ésta estaba empezando a calentarse, me metí debajo del chorro. ¡Es que de verdad, estaba siendo demasiado peliculero! Estas cosas se tienen que hacer sin tanto drama. Noté enseguida el calor rozándome por todas partes y me tranquilicé. Como ya había pensado antes, si no me gusta, es lo que hay. Por lo menos lo habré intentado, y se lo puedo explicar perfectamente a Tom, seguro que me entenderá… ¿Verdad? Vale Bill, de nuevo te estás alterando. Tranquilízate. Me dispuse a seguir la ducha como hasta ahora, con total normalidad, asegurando que el agua me mojaba por completo. Me toqueteé el pelo y lo limpié con champú, haciendo mucha espuma y haciéndome un masaje relajante. Qué bien… Exacto Bill, coge aire y disfruta. No me aclaré el jabón y dejé que este suavizara mi pelo y lo dejara bien sano. Salté al siguiente paso y me llené las manos de gel que no dudé en esparcirme por los brazos y por el pecho, intentando también simularme un masaje relajante y agradable. Lo estaba consiguiendo y eso me estaba alegrando, me estaba incitando a seguir y a no parar por nada del mundo. Era el momento, yo podía hacerlo… Volví a untarme las manos en gel y esta vez me llené los muslos y las rodillas haciendo pequeños masajes circulares y llenándolo todo de espuma. Subí poco a poco y me salté la parte principal para pasar al ombligo, y por correspondiente a la barriga, juntando finalmente ese jabón con el que ya había en el pecho. Por fin decidí lavarme las partes e intenté tocármela un poco, para que el placer entrara en juego, y poco a poco me fui encorvando hasta que me puse de cuclillas en el suelo y acabé apoyando las rodillas en él. Noté como el agua me hacia cosquillas en la baja espalda, cayendo a borbotones. Con la mano temblorosa y llena de espuma procedí a acariciarme primeramente las nalgas. Puse la frente contra la cerámica de la paredy poco a poco fui llegando al punto clave. Tenía el corazón a mil por hora y estaba poniéndome muy nervioso otra vez. -Vamos Bill, tranquilízate, no te has dado la ducha más relajante de tu vida para que tires todo por la borda… - me dije a mi mismo, enfadándome. Decidí usar el dedo corazón, y empecé con un poco de presión en la entrada. -¡Bill, que te relajes, coño! Sí, sí, estoy en ello, gracias. - Me auto contesté. Solté el aire que había estado cogiendo y poco a poco fui haciendo más y más presión. De pronto me di cuenta que tenia los ojos cerrados al máximo y casi me hacia daño a mi mismo, y me fui destensando. Vale, vale, esto no duele. No sé si es por el jabón o por el agua o por yo que sé, pero ni costaba ni dolía. No dejé de apretar hasta que me di cuenta que estaba totalmente dentro. -Em… esto es muy muy raro. – No pude evitar comentarlo en voz alta. Quizás porque el hecho de oír alguna voz, me daba la compañía y el soporte que esta situación necesitaba. Decidí seguir haciendo de comentarista del partido: - Vale, está entero. Primera parte superada. Aunque es una sensación muy extraña. No sé, notar una presión en ese sitio era como sentir que… bueno, ya sabéis, como si necesitara ir al baño con urgencia. Mantuve el dedo dentro al menos un minuto entero, intentando acostumbrarme a aquella presencia extraña y finalmente fue así. Con un poco de lentitud lo saqué casi hasta el final, y otra vez aquella sensación de ir al baño me inundó. Ah… qué cosa tan horrible. -Bill estate quieto. Date tiempo. Total, al final irás a la hora de comer. Ya no te da tiempo a desayunar. Con la misma lentitud de antes volví a introducir el mismo dedo, para ver si esta vez era más cómodo. Poco a poco, poco a poco. Me di cuenta de que no era para nada doloso, simplemente molesto, y eso hizo que me diera cuenta de lo tensa que tenia la espalda que poco a poco se fue liberando de ese malestar para acabar relajada y tranquila. Solté el aire y me dediqué a sentir el agua calentita resbalando por mi espalda, y llegando hasta la palma de mi mano, que introducía y sacaba el dedo con lentitud. -Bien Bill, ¡perfecto! Lo estás haciendo de puta madre. Siguiente nivel. De nuevo volví a sentir que todo se encogía y se tensaba, un pequeño espasmo fue su consecuencia. Vale, está claro que un solo dedo no iba a doler ¿Pasaría ahora? Cerré los ojos y me apresuré a ello. Cuanto más tarde peor. Saqué el dedo que estaba y empecé a hacer presión con ese y con su vecino, el anular. Esta vez empecé a pasarlo bastante mal. Por mucha presión que pusiera (presión, no fuerza), no había esa facilidad que había tenido con el dedo corazón. Eso me puso nervioso, porque significaba que si le ponía más empeño me dolería. -Bill, no te rajes. Hazlo hoy, y si no te gusta, no tendrás que hacerlo nunca más. – De nuevo mi voz me tranquilizó, y lo mejor es que vi esas palabras como el consejo más apropiado. Apreté con fuerza y una mueca se apoderó de mi cara. Había presión y dolor, no tanto como me lo imaginaba, pero temblaba sólo de pensar que si dos dedos me dolían, Tom me partiría por la mitad. Sobre todo ahora que ya se la he visto… Es que joder, la tiene enorme. Ya iba por la mitad, y sentí que la parte más dolora había pasado, así que volví a destensarme y de pronto, el siguiente cacho de dedos que faltaba, entró como si nada. ¡Válgame Dios! Bill, se te había olvidado la parte más importante… ¡Relaja la raja! Perfecto. Me quedé así un rato hasta que de nuevo me volví a acostumbrar. -Ya van dos Bill ¡Ya van dos! – Cierto era que no estaba llegando a disfrutar, que eso era lo realmente importante, pero de lo que estaba seguro, es de que mi chico si iba a hacerlo, y eso me llenaba de emoción con solo pensarlo. Volví a intentar hacer movimientos, abriéndolos un poco, e intentando sacarlos y meterlos a fin de que me sintiera cómodo, cosa que jamás pasó, pero dejé de sentirme extraño, para dejar paso a una sensación de tranquilidad: “tampoco es para tanto”. La peor parte ya ha pasado. Los saqué e intenté un escalón más, el último. A partir de ahí, ya dejaría paso a Tom. Respiré hondo y solté el aire con la máxima tranquilidad. Esta vez supe exactamente que tenía que estar lo más relajado posible. Puse los tres dedos centrales formando un triangulo y de nuevo volví al tema. Presiona, presiona, relájate. Presiona, presiona, relájate. Pero esta vez si que me estaba doliendo, y yo no estaba en tensión. No los conseguí meter enteros. Los saqué y me apoyé en una pared. Apoyé el culo en la cerámica ya caliente por el agua vaporosa, y me rodeé las piernas con los brazos, frustrado. Noté unas palpitaciones en el recto, y eso no me hizo ninguna gracia. Al final cesaron muy rápido. Me quedé debajo del agua un rato y salí más tarde, algo cabizbajo. -Dos dedos y medio. Mario me miraba con la boca llena de comida, y con cara de imbécil. Debía de pensar que la virgen me había visitado esta noche y que me había vuelto majara, y bueno, igual no iba demasiado mal encaminado. Estábamos prácticamente solos en el comedor. Yo había salido a dibujar un rato al pie del lago, mucho antes de la hora de comer, para despejarme un rato, y justo me encontré a Mario dándose un baño él solo. Enseguida lo llamé y me saludó de lejos, radiante y con el cuerpo lleno de brillitos por el agua y la luz del sol. Me puse a dibujar, y evidentemente consideré perfecto usarlo a él como modelo. Al cavo de media hora, salió del agua y se estiró a mi lado, colocando una toalla, para disfrutar del cálido sol que apenas duraba hasta media tarde. Fue muy gracioso porque ninguno habíamos desayunado y nos sonó la barriga al mismo tiempo. Nos moríamos de hambre. Fuimos justo a la hora en la que la cocina ya servía la comida, pero nadie acudía aun. Así que excepto un par de personas más, Mario y yo éramos los únicos presentes en el comedor. -¿Queh dishes…? – dijo con la boca llena. La verdad es que él era la única persona con la que podía hablar del tema, así que en cuanto vi la oportunidad tan clara, no dudé ni un segundo en contárselo. -Pues eso… Dos dedos y medio… - Esta vez me costó mucho más decirlo. La fuerza y la valentía que había conseguido antes se había quedado justo ahí, en ese ”antes”. Vi como Mario entrecerraba los ojos y calculaba algo muy fríamente. A todo esto, su mandíbula se movía poco a poco pero sin pausa, acabando de masticar toda la comida que se había metido de golpe. De pronto, le hice tragárselo todo de golpe, del espasmo que me había dado. -¡Por cierto! – dije, y ahí se ahogó el pobre, del susto. - Que llevo ya un buen tiempo preguntándomelo… ¿Sabes español? -Pues sí, sí sé. –dijo algo extrañado. ¿Porque se extrañaba? ¿Es que nunca había dicho algo delante de él? Aunque después se le iluminó el rostro. –Entonces, imagino por tu pregunta, que tú también, ¿verdad? – esta vez su tono era mucho más alegre. -¡Sí! Cuando era pequeño mi madre contrató a una chica para que me cuidara, una niñera. Estaba de Erasmus al principio, pero al final se quedó a vivir cerca de casa. El caso es que ella era española, y le preguntó a mi madre que si quería que me hablara en español, ya que cuando se es pequeño, es el mejor momento para aprender idiomas, y mi madre le dijo que sí enseguida. Estuvo cuidándome hasta por lo menos los quince, sin exagerar (bueno, mi madre es la exagerada, ya ves), y claro siempre hablando con ella en español, al final dominé la lengua perfectamente. Aunque yo he notado por tu acento, que eres de Latinoamérica, ¿no? -¡Pues sí! ¡Más o menos! – De pronto cambió el idioma – Yo realmente soy de aquí, pero la familia de mi madre es de Perú, cuando ella tenía apenas 5 años, decidieron volver, pero ella regresó a Alemania cuando creció. Al quedarse embarazada tomó la decisión de que me hablaría en castellano para que yo lo aprendiera. Y ya ves. -Oh, Mario Mario Mario… - dije, con los ojos en órbita. -¿Qué, qué, qué?- Dijo intentando mirar hacia donde yo, sin encontrar nada interesante. -Mario… Podemos hablar… ¡Sin que nadie se entere de lo que decimos! Abrimos los ojos hasta el máximo mirándonos. De pronto Freddy Mercuri y su “We are the champions” resonó en la cabeza de ambos mientras una lágrima de emoción se resbalaba por mi mejilla y entrelazábamos nuestras manos con alegría y… STOP. Bill, esta vez te has pasado. -¡Oh dios mío! Tienes razón – Era increíble imaginar que a partir de ahora nadie podría entendernos si habláramos entre nosotros en castellano, que podríamos intercambiar palabras “en clave” sin tener que estar tres horas en intentar codificarlas para que las entienda el otro. ¡Era genial! - Vale, pues volvamos al tema. ¿Qué me decías de los dedos? No he entendido nada de nada. Suspiré, la verdad es que aunque nadie pudiera entenderme, porque habíamos empezado a hablar en el otro idioma, seguía costándome un poco poder hablar de este tema. -Pues que, te hice caso Mario. Esta mañana cuando me di cuenta que Tom ya no estaba me metí en la ducha y bueno… Sólo podía acordarme de lo mal que estaba él anoche, y de cómo podía hacer algo para que todo estuviera bien, que se alegrara. Y pues eso, lo he intentado, y he conseguido meter dos dedos y medio. A Mario se le había crispado un poco la cara en mitad de mi discurso, y supe enseguida porqué. -Tom… Tienes razón. Se me puso a llorar por teléfono cuando llamó. ¿Se puede preguntar qué es lo que le pasaba…? – Tanteó. Yo simplemente negué con la cabeza. -No me lo ha dicho ni a mí. Simplemente, nos fuimos a mi cabaña y nos pusimos a dormir. Dios Mario, en la vida me había sentido tan inútil. No sabía qué hacer ni decir, y tampoco quería que me contara lo que le pasaba si él no quería… Simplemente dejó a entender que cuando estuviera preparado ya me lo contaría. -Joder… Ha tenido que pasar algo muy chungo. – Miré al plato y asentí con tristeza. - ¡Va! ¡Va! ¡Nada de derrumbarse, Bill! ¿Qué me decías? Dos dedos y medio ¡Wau! – dijo, muy feliz, sincero y asombrado, cosa que no esperaba. ¿Era acaso una proeza? - ¿Y qué tal? Qué ha pasado con el medio dedo que faltaba? – dijo poniendo una sonrisa amplia. Yo también sonreí por ese comentario, por un instante se me pasaron los dolores de cabeza por el problema de mi chico, y se me cambió la personalidad. Eché el cuerpo hacia delante para hablar con más confidencialidad con Mario, y puse casi cara de chica, como si ahora mismo fuera a decir “Es que, la dependienta de MAC es imbécil, me ha mirado fatal…”. -Pues verás, estaba como muy nervioso cuando iba por el segundo, porque con el primero todo ha sido muy fácil y rápido, pero me había tensado tanto con el siguiente que me dolía. Cuando de pronto me relajo y ¡ala! Entra casi solo, teniendo en cuenta que ya llevaba eso un buen rato preparándome. El caso es que me sentía hasta con confianza porque no me estaba doliendo demasiado, pero cuando he ido a por el tercero, ya no ha habido manera… - Puse voz triste de nuevo, y me quedé mirando mi tenedor, jugar con la comida que no llegaba a comer. -¡Pero si es que es normal! Bill, la primera vez va a doler siempre. Yo simplemente te dije que hicieras eso para ver si te sentías cómodo, o por el contrario, totalmente asqueado. La parte en la que te has querido centrar hoy, es tarea de Tom. Ya se encargará él de hacerlo lo mejor posible para que duela lo mínimo e imprescindible. -Ya, también tienes razón… Pero me imagino pasándolo mal delante de él, y eso no me gusta. Prefería acostumbrarme yo solo para después no hacerle pasar el mal trago… -Oh vamos Bill. ¿Le vas a quitar el placer a un hombre de desvirgar a alguien? Él espera que lo vayas a pasar mal, al fin y al cavo es la primera vez. ¿Qué pasaría si de pronto lo estáis intentando y entra de puta madre sin dolor y sin nada? No se va a creer que no lo has hecho nunca… - Mmm. Eso me dio qué pensar. ¿Había disfrutado yo desvirgando a alguna chica? Bueno, la verdad es que hacía tiempo que no me pasaba eso, pero las veces en las que me había pasado, había sido un poco asqueroso por eso de la sangre, y los gritos de dolor… ¿De verdad a Tom le iban esas cosas? – Piensa que es un macho-men, le gusta sentirse importante. ¿Y qué hay mas importante que la primera vez de alguien? – Oh… visto así. -Mierda Mario, me has leído el pensamiento. -Bueno, pues eso. ¿Qué tal? ¿Ha sido muy desagradable? – me preguntó por una crónica de la situación. -Pues a ver… No ha sido ninguna maravilla. No he intentado que me gustara porque se me estaba haciendo muy raro. -¿Qué? ¿No lo intentabas para que te gustara? ¿Porqué no? Es lo básico. ¿No te has hecho una paja mientras te tocabas o algo? -Em… Nop. -¿Y porque no? – se extrañó. -Pues no lo sé la verdad. Yo sólo quería comprobar que no lo iba a pasar demasiado mal, que no era una sensación horrible y yo que sé… Que pudiera soportarlo. Y la verdad, he llegado a la conclusión de que no es demasiado molesto, y que es soportable. Si me acaba gustando, que sea por Tom. Porque él me haya echo disfrutarlo. Mario me miró de lado, pensando en lo que había dicho y después se encogió de hombros. -Está bien tío. Si tú lo ves bien así, perfecto. Mola que hayas llegado a esa conclusión. Ahora, la siguiente pregunta es… ¿Para cuándo el polvo? – Ensanchó una sonrisa que fijo habría dejado ciego al que le hubiera reflejado la luz de sus blanquísimos dientes. -¡Ay ay! ¡Yo que sé! Cuando sea, Mario. Cuando tenga que ser. – Me estremecí con la pregunta. Vale que hubiera aceptado, pero eso no indicaba que lo esperara con ansias. De pronto, un sonido nos hizo girarnos los dos al mismo tiempo. La puerta del comedor se abrió, y fue mi rubio de las rastas el que la mantuvo abierta hasta que todos los niños hubieran entrado. Me quedé embelesado mientras lo veía contar cabecitas, asegurándose que ninguno se le había perdido en el bosque. Mario se giró enseguida para mirarme y alzó las cejas dos veces como diciendo “aaandaaa… ¡mira quien ha llegado!”. Y yo lo miré a él con los ojos fuera de si mismos, diciéndole “¡Cállate! ¡Tú no sabes nada!”. Él enseguida me devolvió un efusivo gesto de asentimiento mientras podía escuchar prácticamente un “sisi tio, todo bajo control. Soy una tumba”. Rodé los ojos mientras me reía, y miré mi plato lleno de comida. Joder aún no había empezado casi. Disimulé así y empecé a comer. Tom Veinte… Veintiuno… Veintidós… ¡Y veintitrés! Perfecto, todos los piojosos ya estaban en el comedor. Comprobé que todos cogieran la bandeja y los cubiertos y que se pusieran en la cola. Poco a poco fueron recibiendo la comida y cuando por fin se sentaron todos en las mesas, pude descansar en paz. ¡A por mi bandeja! Diablos, estoy muerto de hambre. Era increíble lo bien que había pasado la mañana. Apenas había tenido dos bajones contados, pero bueno, mas que excusables. Todo lo que había vivido ayer… Dios. Otra vez no, Tom, que ibas muy bien, coge la bandeja y a comer. ¡Ñam! Hamburguesas y patatas fritas. Realmente lo necesitaba. En cuanto todo lo tuve servido miré a la mesa donde siempre estaban todos y me emocioné de encontrar a Mario y a Bill comiendo. Aunque por un instante se me crispó el mundo. ¿De que estarían hablando? No es que puedan contarse nada raro, pero vamos… Imagino que Bill sabe que no le había dicho nada a Mario, ¿verdad? Bill me miró y me sonrió ampliamente. Me saludó con la mano, y todos lo sentimientos que había tenido antes, desaparecieron con el vaivén de sus dedos, indicándome que me acercara. La verdad es que me moría de ganas, pero yo tenía un sitio indicado en la mesa de profesores, y alguna vez ya se me había pasado, cosa que no era conveniente. Yo tenia que reservar mi posición como profesor del campamento. Bueno, ¿qué coño? A quién no le guste, que me lo diga, y ya veremos si le hago caso. Me encaminé feliz hacia él, bueno ellos, y me senté al lado de Mario, para no ser demasiado evidente. Creo que eso molestó un poco a Bill ya que me puso una cara rara. ¡Pero es que era a Mario a quien tenía más cerca! ¿No iba a cantar mucho si daba toooda la vuelta a la mesa para poder sentarme junto a él? Bueno, da igual.
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