Capitulo 59

4555 Words
Yo también sonreí por ese comentario, por un instante se me pasaron los dolores de cabeza por el problema de mi chico, y se me cambió la personalidad. Eché el cuerpo hacia delante para hablar con más confidencialidad con Mario, y puse casi cara de chica, como si ahora mismo fuera a decir “Es que, la dependienta de MAC es imbécil, me ha mirado fatal…”. -Pues verás, estaba como muy nervioso cuando iba por el segundo, porque con el primero todo ha sido muy fácil y rápido, pero me había tensado tanto con el siguiente que me dolía. Cuando de pronto me relajo y ¡ala! Entra casi solo, teniendo en cuenta que ya llevaba eso un buen rato preparándome. El caso es que me sentía hasta con confianza porque no me estaba doliendo demasiado, pero cuando he ido a por el tercero, ya no ha habido manera… - Puse voz triste de nuevo, y me quedé mirando mi tenedor, jugar con la comida que no llegaba a comer. -¡Pero si es que es normal! Bill, la primera vez va a doler siempre. Yo simplemente te dije que hicieras eso para ver si te sentías cómodo, o por el contrario, totalmente asqueado. La parte en la que te has querido centrar hoy, es tarea de Tom. Ya se encargará él de hacerlo lo mejor posible para que duela lo mínimo e imprescindible. -Ya, también tienes razón… Pero me imagino pasándolo mal delante de él, y eso no me gusta. Prefería acostumbrarme yo solo para después no hacerle pasar el mal trago… -Oh vamos Bill. ¿Le vas a quitar el placer a un hombre de desvirgar a alguien? Él espera que lo vayas a pasar mal, al fin y al cavo es la primera vez. ¿Qué pasaría si de pronto lo estáis intentando y entra de puta madre sin dolor y sin nada? No se va a creer que no lo has hecho nunca… - Mmm. Eso me dio qué pensar. ¿Había disfrutado yo desvirgando a alguna chica? Bueno, la verdad es que hacía tiempo que no me pasaba eso, pero las veces en las que me había pasado, había sido un poco asqueroso por eso de la sangre, y los gritos de dolor… ¿De verdad a Tom le iban esas cosas? – Piensa que es un macho-men, le gusta sentirse importante. ¿Y qué hay mas importante que la primera vez de alguien? – Oh… visto así. -Mierda Mario, me has leído el pensamiento. -Bueno, pues eso. ¿Qué tal? ¿Ha sido muy desagradable? – me preguntó por una crónica de la situación. -Pues a ver… No ha sido ninguna maravilla. No he intentado que me gustara porque se me estaba haciendo muy raro. -¿Qué? ¿No lo intentabas para que te gustara? ¿Porqué no? Es lo básico. ¿No te has hecho una paja mientras te tocabas o algo? -Em… Nop. -¿Y porque no? – se extrañó. -Pues no lo sé la verdad. Yo sólo quería comprobar que no lo iba a pasar demasiado mal, que no era una sensación horrible y yo que sé… Que pudiera soportarlo. Y la verdad, he llegado a la conclusión de que no es demasiado molesto, y que es soportable. Si me acaba gustando, que sea por Tom. Porque él me haya echo disfrutarlo. Mario me miró de lado, pensando en lo que había dicho y después se encogió de hombros. -Está bien tío. Si tú lo ves bien así, perfecto. Mola que hayas llegado a esa conclusión. Ahora, la siguiente pregunta es… ¿Para cuándo el polvo? – Ensanchó una sonrisa que fijo habría dejado ciego al que le hubiera reflejado la luz de sus blanquísimos dientes. -¡Ay ay! ¡Yo que sé! Cuando sea, Mario. Cuando tenga que ser. – Me estremecí con la pregunta. Vale que hubiera aceptado, pero eso no indicaba que lo esperara con ansias. De pronto, un sonido nos hizo girarnos los dos al mismo tiempo. La puerta del comedor se abrió, y fue mi rubio de las rastas el que la mantuvo abierta hasta que todos los niños hubieran entrado. Me quedé embelesado mientras lo veía contar cabecitas, asegurándose que ninguno se le había perdido en el bosque. Mario se giró enseguida para mirarme y alzó las cejas dos veces como diciendo “aaandaaa… ¡mira quien ha llegado!”. Y yo lo miré a él con los ojos fuera de si mismos, diciéndole “¡Cállate! ¡Tú no sabes nada!”. Él enseguida me devolvió un efusivo gesto de asentimiento mientras podía escuchar prácticamente un “sisi tio, todo bajo control. Soy una tumba”. Rodé los ojos mientras me reía, y miré mi plato lleno de comida. Joder aún no había empezado casi. Disimulé así y empecé a comer. Tom Veinte… Veintiuno… Veintidós… ¡Y veintitrés! Perfecto, todos los piojosos ya estaban en el comedor. Comprobé que todos cogieran la bandeja y los cubiertos y que se pusieran en la cola. Poco a poco fueron recibiendo la comida y cuando por fin se sentaron todos en las mesas, pude descansar en paz. ¡A por mi bandeja! Diablos, estoy muerto de hambre. Era increíble lo bien que había pasado la mañana. Apenas había tenido dos bajones contados, pero bueno, mas que excusables. Todo lo que había vivido ayer… Dios. Otra vez no, Tom, que ibas muy bien, coge la bandeja y a comer. ¡Ñam! Hamburguesas y patatas fritas. Realmente lo necesitaba. En cuanto todo lo tuve servido miré a la mesa donde siempre estaban todos y me emocioné de encontrar a Mario y a Bill comiendo. Aunque por un instante se me crispó el mundo. ¿De que estarían hablando? No es que puedan contarse nada raro, pero vamos… Imagino que Bill sabe que no le había dicho nada a Mario, ¿verdad? Bill me miró y me sonrió ampliamente. Me saludó con la mano, y todos lo sentimientos que había tenido antes, desaparecieron con el vaivén de sus dedos, indicándome que me acercara. La verdad es que me moría de ganas, pero yo tenía un sitio indicado en la mesa de profesores, y alguna vez ya se me había pasado, cosa que no era conveniente. Yo tenia que reservar mi posición como profesor del campamento. Bueno, ¿qué coño? A quién no le guste, que me lo diga, y ya veremos si le hago caso. Me encaminé feliz hacia él, bueno ellos, y me senté al lado de Mario, para no ser demasiado evidente. Creo que eso molestó un poco a Bill ya que me puso una cara rara. ¡Pero es que era a Mario a quien tenía más cerca! ¿No iba a cantar mucho si daba toooda la vuelta a la mesa para poder sentarme junto a él? Bueno, da igual. -¡Hola Putom! – me dijo el mariconcete de las mechas rosas. -Hola maricona – le devolví, sonriente. – Hola Bill. – Creo que sonó demasiado serio, pero lo intenté arreglar con una sonrisa. -¿Qué tal ha ido la mañana, señores? –intenté desviar la atención de ese saludo tan pobre y con tanto que desear. -¿Perdon? ¿Desapareces anoche entre sollozos y hoy estás radiante? ¿Qué coño te pasa? – Uh… Mierda. Ayer llamé a Mario prácticamente llorando. Pegué un suspiro y bajé la cabeza, con cansancio. – Lo siento Tom si no quieres hablar del tema, pero al menos menciónalo un momento. -Ya ya… Iba a pedir perdón. Ya lo explicare cuando sea adecuado. Simplemente, olvidadlo, ¿vale? Eso intento hacer yo, y sería de gran ayuda si ninguno me lo recordáis. – hablé lo más serio que pude, y después continué con la pregunta de antes – Bueno chicos, ¿qué tal la mañana? -Bueno, yo me he despertado tan tarde que no he ido a desayunar – Esta vez fue Bill. Tss ¿qué se piensa? ¿Que no me he dado cuenta? Estudio tus movimientos baby. – Y cuando he decidido salir de la cabaña me he ido un rato a pintar al lago y mira con quién me he encontrado. Como ninguno hemos desayunado hemos venido muy pronto a comer. -Ahá, exactamente. ¿Y mi novio? -Pues… No tengo ni ide… - De pronto me quedé en blanco. Mi padre acababa de entrar por la puerta. Cogí aire y esperé que nadie se hubiera percatado de lo tenso que me puse enseguida. Pero como era de esperar, Bill lo notó enseguida. Miró a mi padre con un interrogante y luego a mi. No comentó nada. Bien Bill, gracias. -¿Oye qué haces aquí sentado? - ¿Pero qué coño? ¿¡QUÉ MIERDAS HACE ESTE HABLÁNDOME?! – Tom deberías estar donde los profesores. – La madre que lo trajo… -Paso. – Le contesté simplemente porque estaban Bill y Mario delante, que si no le cruzaba la cara. Jörg se me quedó mirando, o al menos eso intuí, porque no quería ni fijarme. -Tom, ya llevas un par de días en esta mesa, deberías comer en la de siempre, es la de los profesores. -Que paso he dicho, joder. Pírate. -Tom… -¡Que te pires! – chillé muy enfadado. Tensé la mandíbula al máximo y después pinché el tenedor en la comida, quitándole importancia al asunto. No quería una batería de preguntas en cuanto se fuera. Algo que por cierto, fue imposible… En cuanto mi padre se fue, Mario intervino. -¡Pero tío! ¿Cómo le hablas así a tu padre? – me dijo, incluso molesto, dándome un pequeño golpe en el brazo. -Nada, me he cabreado con él esta mañana y ahora estamos un poco, picados. Eso es todo. – Sabía que no había contestado del todo a lo que me decía, pero lo que yo había dicho servía para todo el resto de las preguntas. -Vale tío, entendido. De pronto, un silencio marcó del todo el resto de la comida y yo me sumergí de nuevo en un mar lleno de tormenta, que amenazaba con granizo destrozando todo lo que tenía a mi alrededor. Lo peor fue, que no me estaba dando ni cuenta, porque en mi cabeza nada más que oía a mi padre hablando, y repitiendo una y otra vez lo mismo “En las ecografías había algo raro… Ya no eras sólo tú, erais tú… y tu hermano gemelo”. Hermano gemelo. Hermano gemelo. Hermano. Mi hermano. Mío. Bill Mario y yo nos esperamos a que Tom acabara de comer, y la verdad que no tardó mucho. Fue una comida express después de lo que había pasado con su padre. Algo me decía que no estaba siendo del todo sincero con nosotros, y que algo muy chungo le estaba pasando con su viejo. Fuera lo que fuera, sólo él es quien nos lo puede explicar, y ya sería el momento cuando él quisiera. El sonido del móvil de Mario nos sacó a todos de aquella tensión tan palpable. Miramos curiosos quien podría ser pero en cuanto oímos por parte de Mario exactamente la palabra “Mi amooor”, rodamos los ojos al mismo tiempo y volvimos al estado de silencio principal. Yo lo miraba atentamente mientras comía, y lo estudiaba poco a poco. Jamás me había fijado tan detenidamente en él. Algo en su cara me resultaba muy familiar, pero no llegaba a adivinar el qué. Me encantaba la forma de su nariz, tan suave y respingona, y sobre todo, no podía quitarle el ojo encima del piercing que llevaba en el labio. Puft… Pero entonces, le miré a los ojos, y los vi hundidos, perdidos, y eso hizo que se me encogiera el corazón. Una vez hubo finalizado el plato se levantó y lo dejó en el montón de los que estaban sucios y abrió la puerta del comedor. ¡Eh eh! ¿Pero qué coño…? Ah, vale vale, estaba sujetando la puerta, indicándonos para salir. Cogí mi móvil que estaba encima de la mesa y arrastré a Mario por una de las mangas de su camiseta hacia la puerta, éste refunfuñó pero acabó saliendo del recinto por si solo. Aunque bueno, salió de ahí sólo para despedirse de nosotros. -¡Chicos! Mi novio me requiere. –Y nos guiñó un ojo. Sí, ya sabemos para qué te requiere…- ¡Ciao! Se despidió con la mano mientras se iba, y nosotros le devolvimos el gesto, para sumirnos de nuevo en el silencio. Vale. Ok. -Oye… ¿Seguro que no quieres hablar de lo de ayer? Estabas bastante… Afectado. Incluso ahora mismo, comiendo. – le dije. O se lo decía ya o estaría toda la tarde esperando a decírselo. Prefería un no por respuesta ya, y así pasar la tarde haciendo algo más provechoso. Tom me miró muy seriamente a los ojos y yo fruncí el ceño, intentando leerle el pensamiento, pero no pude. Finalmente negó con la cabeza y me habló. -Necesito despejarme, no volver a lo mismo. – Y de pronto se le cambió un poco la expresión. Puso una sonrisa de lado y después de mirar a ambos lados, me tendió la mano – Quiero enseñarte algo que creo que te gustará. La cogí la mano y solamente me estiró el brazo para que lo siguiera, pero eso ya me había parecido lo suficientemente cariñoso y me emocioné de que intentara pasar la tarde tranquilamente. -¿Y dónde vamos exactamente? – quise saber, divertido. -Bueno, es una tontería en realidad, pero siempre agrada mucho la primera vez. Así que lo dejaré en misterio. Pero advierto que se tarda en llegar. Llevábamos más de tres cuartos de hora subiendo montaña y yo me estaba ahogando en mi propio ser. Me flaqueaban las piernas y el sol me estaba quemando el cuello. Suerte que llevaba una camiseta, que si no a saber cómo de rojos deberían estar mis hombros a estas alturas. Por otra parte, Tom… Sí se había quitado la suya, y justo lo tenía delante de mi, subiendo la montaña, con la espalda llena de sudor y brillos del sol. Era más moreno que yo, aunque sin exagerar, y sinceramente, me lo estaba comiendo con la mirada. No hace falta ni hablar del momento en el que se la ha quitado, que ha sabido exactamente la cara de pasmado que he puesto. Joder, qué bueno está mi novio. Esa era una de las cosas buenas de aquella expedición; el primer plano del culo de mi chico, subiendo la montaña, y con subir un poquitito la mirada, te encontrabas con su enorme y curtida espalda. ¡Oh Bill, qué pensamientos tan impuros! Si una monja me oyera… Qué risa. Seguía concentrado mirando el asunto y no pude evitar morderme el labio. Yo creo que hasta me había puesto a bizquear de lo centrada que tenía la mirada. Sin querer me empecé a morder el labio y a lamerlo un poco… Entonces Tom se giró. -Bill, ¿estás muy cansad…? ¡JAJA! ¿Y esa cara de pervertido? – Me dijo cayéndose casi de la risa. Tapándose los abdominales con los brazos, aguantándose la risa. Yo por un instante no me di cuenta del momento, porque no podía dejar de mirarle los brazos y el pecho, pero de pronto… -¿QUÉ QUÉ? Perdona pero hay un paisaje mucho más bonito alrededor que mirarte ese culo! – Y de pronto fue cuando me dediqué a mirar a mi alrededor, y pude comprobar que estábamos subiendo muchísimo, y que habían unas vistas increíbles del campamento y de… bueno de todo. Dios mío. -Uno; Yo no he dicho que me estuvieras mirando el culo – Uh. Error. Te ha pillado Bill. – Dos; por la cara que acabas de poner, apuesto que ni te habías fijado en el resto de las vistas… - Dijo con una voz socarrona y provocativa. Se sacudió el piercing del labio con la lengua. Maldito seas. Lo miré fijamente y al instante tuve que separar nuestros ojos porque sabía que ya no podía replicar nada. Él simplemente ensanchó una amplia sonrisa y se me acercó, abriendo una bolsa que habíamos recogido de la oficina de su padre, con botellas dentro. De esta me sacó la que parecía haberse mantenido más fresquita. -Ten bebe un poco de agua, que te asaltan los calores por todas partes. Estás rojísimo. Mañana te picará la cara y se te caerá la piel. – Dijo riéndose ¡¿Qué qué?! ¿!Que mi piel qué?! -Estás de coña ¿no? – Dije cogiendo el agua y pegando un sorbo que acabó en absorción de la mitad del contenido. Después puse un puchero tocándome las mejillas, y acariciándomelas, preocupado. – Este cutis siempre se tiene que mantener perfecto. -¡Tss! Siempre tan masculino… No te preocupes, cuando lleguemos te pones algo de crema que también he traído. ¡Te habría dicho que te la pusieras antes, pero no creí que te fuera a coger tan pronto! La verdad es que estás hecho un vaso de leche… - se mofó. -Bueno bueno, tanta palabrería. ¿Cuándo llegamos? Esto empieza a parecerme una broma. -Ya mismo. – Y dicho esto, nos metimos por en medio de unos arboles y no había pasado ni un minuto que empecé a oír un sonido bastante fuerte y estruendoso. Salimos de entre los árboles, y pudimos ver un río. El río que llevaba el agua hasta el lago del campamento. En cuanto llegamos Tom se cruzó de brazos y me miró, expectante. Supongo que querría ver mi cara cuando me cerciorara de cada detalle. Y supongo que se estuvo riendo mucho por dentro, porque la evolución de mi expresión pasó de ser algo parecido a la confusión a ser de asombro y máxima ilusión. El agua era muy bajita y si avanzábamos un par de pasos ya nos hundíamos en lo que al principio era apenas la sensación de meterse en un charco lleno de piedras, pero que por mucho que avanzaras el agua apenas iba a llegarte por debajo de las rodillas. De hecho, la superficie tenía grandes piedras por el centro y podrías tumbarte encima de lo grandes que eran. El río era muy tranquilo y poco caudaloso, supongo que porque estábamos tan arriba que aquí empezaba y no era demasiado agresivo. A mi derecha el río continuaba montaña arriba de manera pausada pero con unas preciosas y pequeñas cascadas causadas por rocas en medio del camino, nada significativo, pero a mi derecha… La vista se me perdía de golpe. Había como un tajo en medio del río, y este desaparecía, y lo siguiente que veías eran montañas a lo lejos y poco más. ¿Pero qué…? Me acerqué con cautela y enseguida Tom vino a cogerme de un brazo, como si me estuviera protegiendo de lo que pudiera pasar. Avancé poco a poco y llegué hasta el final del riachuelo, obligándome echar el cuerpo un poco hacia a delante, para poder ver qué había más allá. Tom me cogió más fuerte aún del brazo. Pude comprobar que se trataba de una cascada que daba a una especie de lago pequeño que daba pie a un río aún más grande y caudaloso, que continuaría su curso hasta convertirse en el lago del campamento. -¡Una cascada! -De hecho… Tres. -¿Tres? – Me puse de puntillas por si conseguía ver algo, pero no fue el caso. -Sí, en cuanto caemos por la primera, si avanzamos un poco nos encontramos con otra un poco más alta, y después con otra también un poco más alta. –Se calló un momento, y luego continuó. -Bueno, en realidad hay cuatro si contamos la que hay antes de esta, pero es demasiado peligrosa. La montaña aún sigue muchos metros más arriba, y si llegáramos a subir un poco debajo de la cima, encontraríamos la cascada. Es genial pensar que se amaina tanto el río en este punto. Tom Me encanaba la cara que había puesto al descubrirlo todo. Recordaba aquella conversación donde Bill quería tirarse por una cascada, y me dije a mi mismo que yo lo llevaría algún día. Si, lo recuerdo perfectamente. -¿Muy peligrosa...? ¿Fue ahí dónde...? - Intentó acabar la frase pero parece que me dejó a la espera, intentando que lo adivinara yo. -¿Dónde fue el qué? -Pues hombre... Ya sabes, lo que me dijiste, Tom. -¿Qué yo te dije qué...? -¡Tom por dios! Aquel amigo tuyo que estuvo en coma un año y se quedo tetrapléjico o algo así me dijiste... - Me miraba con los ojos entristecidos, y culpable por tener que decir en voz alta lo que me estaba explicando. Oh mierda, la historia de Matt... ¿Al final no le conté que era mentira? -Oh... Sí, claro... - Mierda tio, ¿qué coño hago? ¿Enserio que al final no le dije que era mentira? Joder Tom, como te pasas con él. Al final parece que no me acordaba tan bien de esa conversación como yo pensaba. ¿Debería contarle la verdad ahora o esperarme a que el momento bonito haya pasado para que no se estropee todo? Hombre, la verdad que dicho así, no sé ni cómo me lo planteo. Sí, mejor me espero. – Pero no quiero hablar de esto ahora. – ni lo miré a la cara, no quería que se me notara que estaba mintiendo. -Entiendo entiendo. -¡Perfecto! ¿No era esto lo que querías, chico? – Dije radiante mientras abría los brazos mostrándole así todo lo que había alrededor. – No sólo una cascada, sino tres. Primero me miró frunciendo un poco el ceño, sin llegar a entender, y luego vi como miraba a un punto perdido, recordando aquel momento donde me pedía las aventuras peliculeras. -¡Me has traído porque te acordabas de que te lo pedí! – dijo atónito. -Joder, ¿porqué lo dices tan sorprendido? Ni que yo tuviera una memoria de pez, tío. Se rió y se lanzó encima mío. Me abrazó fuerte y luego mi miró a los ojos un instante y me besó dulcemente en los labios. -¡Vamos vamos! ¡¡Quiero saltar!! – tantas ansias tenia de ello, que simplemente con hablar ya estaba dando brincos en el agua, chapoteándolo todo. Lo cogí por el brazo antes de que se despistara y se cayera por la cascada antes de tiempo. – Eeehh, que no soy estúpido. – y cuando me dijo eso me sacó la lengua. Qué desagradecido. -Vale veamos. En esta primera cascada llevo a los niños que superan la edad de los 10 así que espero que no te mates en esta, porque sería bastante patético. – Bill puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos.- Así que para salir ileso tienes que seguir todas las instrucciones que te diga. Bill asintió, divertido. -Dígame profesor, yo le haré caso en todo. Supongo que si me estoy apunto de ahogar, vendrá a salvarme la vida, ¿verdad? – dijo con tono juguetón. -Vaya Vaya Bill, así que te va el rollo alumno-maestro… No sabía yo eso de ti. – Dije divertido y tocándole la barbilla mientras me acercaba sugerentemente. – No te preocupes que te haré el boca a boca como mínimo.- Noté como a Bill se le tensaron los músculos y antes de que me dejara besarlo me apartó. -¡Bueno, bueno! Que yo quiero saltar ya, explícame de una vez las normas. – se había puesto nervioso por un momento e incluso reacio. ¿Qué coño? Lo miré a los ojos un segundo pero no logré ver qué le pasaba exactamente. - ¿Qué pasa? ¿Porqué me miras? – decidí dejarlo estar. -Nada nada, da igual. – Negué rápidamente con la cabeza, como desentendiéndome de lo que acababa de pasar e inicié de nuevo el discurso de las normas. – Lo primero de todo es… quitarse la camiseta, Bill. – dije de pronto, dándome cuenta de lo evidente. Este puso cara de “Ups”, y sonrió. Después salimos los dos del agua y nos dirigimos a donde había dejado la bolsa con las cosas. Bill se quitó la camiseta sin mirarme, y no pude evitar devorar con la mirada todo los tattoos que tenía. El de la estrella… Madre mía, ese tattoo está ahí sólo para volverme loco. Salí de mis pensamientos y volví a guardar la bolsa en el sitio de siempre y volvimos una vez más al agua. Pasito a pasito y cogidos de la mano para que Bill no se resbalara, acabamos justo donde antes, delante de la cascada. -¡Va Tom, que quiero saltar ya! -¡Que sí que sí! Vale veamos, lo primero de todo es no ponerse nervioso y estar seguro de ti mismo, puede que en esta cascada no tengas porqué tener miedo, pero mientras avanzamos el recorrido todo se volverá un poco más peligroso y cualquier gesto de nerviosismo puede crear un incidente. ¿Entendido? -Sí. -¿Sí? Creí que dirías “Sí profesor” y luego me guiñarías un ojo. Ya sabes, por lo del rollo de profe y el alumno. – le dije volviéndole a nombrar la broma de antes, alcé las cejas un par de veces en sentido provocador pero este no pareció cambiar la cara ni un ápice. -Continua. – ¿Pero ahora qué le pasaba? -Voooy. Segundo. Cuando vayas a saltar intenta saltar hacia adelante lo máximo que puedas para evitar que te puedas dar o raspar en la espalda con alguna piedra que pueda estar sobresaliendo. -Sí. -Tercero. Ahora el agua que estamos tocando está medianamente templada porque apenas hay y no tiene demasiado movimiento por lo tanto coge mucho calor del sol, pero la de abajo ni te lo imaginas lo fría que puede estar. Así que no te asustes y cuando llegues abajo ponte a nadar para entrar en calor lo más rápido posible. -Vale. -Finalmente, nada de saltos olímpicos ni nada extraño. Tírate lo más recto que puedas sin torcerte, ya que depende de cómo caigas, si te caes de plancha contra la superficie puedes llegar a hacerte muchísimo daño, sobre todo en la última caída. – Puso cara de horror cuando me oyó. -¿Y cómo dejas que los niños salten? ¡Desde arriba tú eso no lo puedes controlar! ¡Estáis locos! -No hombre no, normalmente cuando hacemos esto, hay tres profesores, en el peor de los casos dos, que siempre solemos ser Erika y yo, ella está abajo, comprobando que ningún niño se tire de alguna manera extraña, y si fuera el caso, ella está ahí para intentar frenar la caída o intentar cogerlo… etc. -Ah… Erika. – dijo, con un tono un tanto extraño. -¿Qué pasa?- Bill me evitó la mirada y se dispuso a mirar a la cascada, como si ya fuera a saltar.-¡Eh eh! Espérate. ¿Porqué lo has dicho de esa manera? -Nada, es sólo que… ¿Esa tía te va detrás, no? - ¿Er comor? ¿A qué venía esto? ¿Mi moreno estaba celoso? Me reí un poco.
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