Tom
Me encanaba la cara que había puesto al descubrirlo todo. Recordaba aquella conversación donde Bill quería tirarse por una cascada, y me dije a mi mismo que yo lo llevaría algún día. Si, lo recuerdo perfectamente.
-¿Muy peligrosa...? ¿Fue ahí dónde...? - Intentó acabar la frase pero parece que me dejó a la espera, intentando que lo adivinara yo.
-¿Dónde fue el qué?
-Pues hombre... Ya sabes, lo que me dijiste, Tom.
-¿Qué yo te dije qué...?
-¡Tom por dios! Aquel amigo tuyo que estuvo en coma un año y se quedo tetrapléjico o algo así me dijiste... - Me miraba con los ojos entristecidos, y culpable por tener que decir en voz alta lo que me estaba explicando. Oh mierda, la historia de Matt... ¿Al final no le conté que era mentira?
-Oh... Sí, claro... - Mierda tio, ¿qué coño hago? ¿Enserio que al final no le dije que era mentira? Joder Tom, como te pasas con él. Al final parece que no me acordaba tan bien de esa conversación como yo pensaba. ¿Debería contarle la verdad ahora o esperarme a que el momento bonito haya pasado para que no se estropee todo? Hombre, la verdad que dicho así, no sé ni cómo me lo planteo. Sí, mejor me espero. – Pero no quiero hablar de esto ahora. – ni lo miré a la cara, no quería que se me notara que estaba mintiendo.
-Entiendo entiendo.
-¡Perfecto! ¿No era esto lo que querías, chico? – Dije radiante mientras abría los brazos mostrándole así todo lo que había alrededor. – No sólo una cascada, sino tres.
Primero me miró frunciendo un poco el ceño, sin llegar a entender, y luego vi como miraba a un punto perdido, recordando aquel momento donde me pedía las aventuras peliculeras.
-¡Me has traído porque te acordabas de que te lo pedí! – dijo atónito.
-Joder, ¿porqué lo dices tan sorprendido? Ni que yo tuviera una memoria de pez, tío.
Se rió y se lanzó encima mío. Me abrazó fuerte y luego mi miró a los ojos un instante y me besó dulcemente en los labios.
-¡Vamos vamos! ¡¡Quiero saltar!! – tantas ansias tenia de ello, que simplemente con hablar ya estaba dando brincos en el agua, chapoteándolo todo. Lo cogí por el brazo antes de que se despistara y se cayera por la cascada antes de tiempo. – Eeehh, que no soy estúpido. – y cuando me dijo eso me sacó la lengua. Qué desagradecido.
-Vale veamos. En esta primera cascada llevo a los niños que superan la edad de los 10 así que espero que no te mates en esta, porque sería bastante patético. – Bill puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos.- Así que para salir ileso tienes que seguir todas las instrucciones que te diga.
Bill asintió, divertido.
-Dígame profesor, yo le haré caso en todo. Supongo que si me estoy apunto de ahogar, vendrá a salvarme la vida, ¿verdad? – dijo con tono juguetón.
-Vaya Vaya Bill, así que te va el rollo alumno-maestro… No sabía yo eso de ti. – Dije divertido y tocándole la barbilla mientras me acercaba sugerentemente. – No te preocupes que te haré el boca a boca como mínimo.- Noté como a Bill se le tensaron los músculos y antes de que me dejara besarlo me apartó.
-¡Bueno, bueno! Que yo quiero saltar ya, explícame de una vez las normas. – se había puesto nervioso por un momento e incluso reacio. ¿Qué coño? Lo miré a los ojos un segundo pero no logré ver qué le pasaba exactamente. - ¿Qué pasa? ¿Porqué me miras? – decidí dejarlo estar.
-Nada nada, da igual. – Negué rápidamente con la cabeza, como desentendiéndome de lo que acababa de pasar e inicié de nuevo el discurso de las normas. – Lo primero de todo es… quitarse la camiseta, Bill. – dije de pronto, dándome cuenta de lo evidente. Este puso cara de “Ups”, y sonrió. Después salimos los dos del agua y nos dirigimos a donde había dejado la bolsa con las cosas.
Bill se quitó la camiseta sin mirarme, y no pude evitar devorar con la mirada todo los tattoos que tenía. El de la estrella… Madre mía, ese tattoo está ahí sólo para volverme loco.
Salí de mis pensamientos y volví a guardar la bolsa en el sitio de siempre y volvimos una vez más al agua.
Pasito a pasito y cogidos de la mano para que Bill no se resbalara, acabamos justo donde antes, delante de la cascada.
-¡Va Tom, que quiero saltar ya!
-¡Que sí que sí! Vale veamos, lo primero de todo es no ponerse nervioso y estar seguro de ti mismo, puede que en esta cascada no tengas porqué tener miedo, pero mientras avanzamos el recorrido todo se volverá un poco más peligroso y cualquier gesto de nerviosismo puede crear un incidente. ¿Entendido?
-Sí.
-¿Sí? Creí que dirías “Sí profesor” y luego me guiñarías un ojo. Ya sabes, por lo del rollo de profe y el alumno. – le dije volviéndole a nombrar la broma de antes, alcé las cejas un par de veces en sentido provocador pero este no pareció cambiar la cara ni un ápice.
-Continua. – ¿Pero ahora qué le pasaba?
-Voooy. Segundo. Cuando vayas a saltar intenta saltar hacia adelante lo máximo que puedas para evitar que te puedas dar o raspar en la espalda con alguna piedra que pueda estar sobresaliendo.
-Sí.
-Tercero. Ahora el agua que estamos tocando está medianamente templada porque apenas hay y no tiene demasiado movimiento por lo tanto coge mucho calor del sol, pero la de abajo ni te lo imaginas lo fría que puede estar. Así que no te asustes y cuando llegues abajo ponte a nadar para entrar en calor lo más rápido posible.
-Vale.
-Finalmente, nada de saltos olímpicos ni nada extraño. Tírate lo más recto que puedas sin torcerte, ya que depende de cómo caigas, si te caes de plancha contra la superficie puedes llegar a hacerte muchísimo daño, sobre todo en la última caída. – Puso cara de horror cuando me oyó.
-¿Y cómo dejas que los niños salten? ¡Desde arriba tú eso no lo puedes controlar! ¡Estáis locos!
-No hombre no, normalmente cuando hacemos esto, hay tres profesores, en el peor de los casos dos, que siempre solemos ser Erika y yo, ella está abajo, comprobando que ningún niño se tire de alguna manera extraña, y si fuera el caso, ella está ahí para intentar frenar la caída o intentar cogerlo… etc.
-Ah… Erika. – dijo, con un tono un tanto extraño.
-¿Qué pasa?- Bill me evitó la mirada y se dispuso a mirar a la cascada, como si ya fuera a saltar.-¡Eh eh! Espérate. ¿Porqué lo has dicho de esa manera?
-Nada, es sólo que… ¿Esa tía te va detrás, no? - ¿Er comor? ¿A qué venía esto? ¿Mi moreno estaba celoso? Me reí un poco.
-Bueno… En los viejos tiempo sí, pero ahora ya no, o eso tengo entendido.
-Ah…
-¿A qué viene tod…?
-¿Os habéis acostado? – Zaska. Me dejó la palabra en la boca.
-Pues claro. - ¿es que no es obvio? - ¿Te vas a enfadar? – pregunté, un poco atónito.
-No no, claro que no. Es solo… Quería saberlo. ¿Y este año? ¿Te la has tirado este año?
-Em… - No lo recordaba. ¿Lo había hecho? Ah sí, el primer o el segundo día, después de pillar un calentón por culpa del que tenía delante. – Sí, pero tú y yo apenas nos conocíamos. Eh eh, ¡tú te tiraste a Ashley y ya hablábamos mucho! De hecho, tenías novia. Si llega a estar aquí te la habrías tirado todos los días… - se rió cínicamente por lo último que dije.
-No no, si no te estoy echando nada en cara, es solo que bueno, como la había visto rondándote alguna vez, me preguntaba si te la habías tirado, aunque supongo que era una pregunta tonta. ¡Va, vamos a saltar de una puñetera vez!
Lo miré un tanto extrañado pero divertido al mismo tiempo. Luego volví a la tierra.
-¡Sí, exacto! Un poco de diversión. ¿Quieres tirarte tú primero? ¿Los dos a la vez? ¿O alguna sugerencia que tengas?
-Mmm… Yo primero.
-¡Muy bien! Pilla algo de carrerilla y cuando saltes intenta nadar apartándote de donde estés, no sea que te salte encima de tu cabeza cuando yo llegue. Y recuerda lo fría que está el agua, intenta saltar alejado de…
-Sí sí, qué pesado eres. Aparta. – Entonces me empujó con su brazo mientras hacía marcha atrás con los ojos concentrados en el punto final de la cascada. Cogió aire, se puso en posición de correr y salió disparado hasta que en la punta, pegó un salto. Yo también corrí para asomarme y asegurarme de que estaba bien. -¡¡IUUUJUUUU!! – su grito de júbilo resonó en toda la montaña y sin haber saltado yo, sentí llenarme de vida y de emoción, como si fuera la primera vez. Se zambulló en el agua y dejó una montón de espuma alrededor de dónde había caído. Esperé un rato a que saliera a la superficie pero no lo hizo. Quizás fue solo los nervios que tuve de que le pasara algo, pero yo sentía que tardaba mucho en salir. Se me puso el corazón a mil por hora y estuve apunto de saltar cuando… - ¡¡AAAAAAHHHH!! ¡¡CONGELACIÓN CONGELACIÓN!! ¡¡QUÉ FRIIIIIO, COÑOOO!!- solté todo el aire que había contenido y empecé a reírme desmesuradamente.
-¡¡JAJAJAJ!! ¡Vaaa, apártate que voy yo!
Me separé de donde estaba y tracé un pequeño camino hacia atrás que sería el desfiladero hacia la caída. Me puse yo también en posición de salida y en menos de un instante ya estaba corriendo. Salté pero intentando ir hacia arriba, para que la caída fuera aún más alta, y recé por que Bill se hubiera apartado ya. Yo también lancé el mismo grito de liberación y me zambullí en el agua congelada. ¡AAAHHHR! Tom aguántalo, que has estado mil veces aquí. Intenté salir a la superficie y me encontré a Bill moviendo los brazos sin parar, frenéticamente mientras se me acercaba a toda velocidad.
-Tooooom – dijo melosamente pero con una pena fingida – que tengo friiioooooww - me estaba poniendo pucheritos y prácticamente estaba nadando como un patito recién nacido, chapoteando por todas partes, y yendo muy torpemente intentando llegar hacia mí.
Me acerqué y lo abracé con fuerza. Pude ver que tenía todo el cuello con la piel de gallina. Ju, qué gracia. Lo apreté con fuerza aunque sabía que eso era una tontería porque no iba a servir de nada, pero mentalmente siempre ayuda.
-¿Estás bien? ¿Qué tal ha ido el salto?
-El salto bien, la caída también, pero el quedarme esperando ¡horrible! Vamos vamos, ¿qué hay que hacer? ¡Necesito movimiento!
-Bien vale, ¿ves ahí delante cómo el rio continua con una pequeña pendiente y se va ensanchando un poco? – Bill asintió con la cabeza – Bien, pues a partir de ahí empiezan unos pequeños rápidos donde nos lleva la corriente. Solamente hay que ponerse estirado en el agua con los brazos cruzados y procurar no desestabilizarse. Aunque si lo prefieres puedes ponerte en mi pecho en forma de cuchara, y nos dejamos arrastrar juntos, que esto yo ya lo he hecho varias veces. ¿Qué te parece?
-Emm… No he entendido mucho qué quieres decir, pero si crees que va a ser más seguro y que voy a entrar en calor acepto ahora mismo.
-Mira nademos un poco.
Fuimos uno al lado del otro, avanzando por el río, y enseguida vimos lo que yo decía; el río empezaba a hacer pequeños zigzags y parecía haber suficiente corriente para que te arrastrara, Al haber desniveles si formaban rápidos y era realmente emocionante pasar por ahí.
Cogí a Bill de una mano y lo puse justo delante de mí, su espalda me tocaba el pecho. Nos pusimos justo en una zona dónde era fácil dejarse llevar si no te soltabas de una roca que estaba perfectamente posicionada. Me agarré con un brazo y con el otro rodeé a Bill. Levanté los pies y noté cómo la corriente se los intentaba llevar y Bill se vio obligado a levantar los suyos también, como si estuviéramos en una hamaca.
-¡Aaahhhh!
-Tranquilo tranquilo. Vale ahora me soltaré de la roca y no quiero que cambies tu posición por nada del mundo.
-Vale vale – dijo muy enérgicamente, pero cagado de miedo.
-Tres… Dos… Uno… - Noté cómo Bill se tensó y me agarró el brazo con fuerza. Al haberme soltado acabé de rodearlo bien. Con ayuda de los hombros, que eran como una especie de timón que me ayudaban a manejar un poco el equilibrio, y de la poca corriente que había al principio pude colocarme más o menos en el centro del río y dejarnos llevar por la corriente que poco a poco fue yendo más deprisa. - ¡WWWWUOOOOOO!! – Grité emocionado. Bill chilló conmigo también mientras el agua nos llevaba de un lado al otro.
Hubo un momento dónde casi nos la pegamos contra una piedra pero entre Bill y yo pudimos esquivarla. De qué poco no me mata Bill del susto.
La corriente nos arrastró un par de minutos increíbles y pronto acabamos cerca de la próxima cascada.
Bill
Esto estaba siendo… Increíble.
La última cascada fue la mejor de todas sin duda, y aunque no me atreví a saltar solo, cuando estuve en el aire, me solté de la mano de Tom para vivir aquel momento tan genial al completo. Al llegar a bajo parece que él no se lo tomó muy bien, pero enseguida se lo expliqué.
Al final de todo el recorrido acabamos en la parte más alejada del lago que ya era conocido y nos pusimos a hacer guerra de agua o de ahogar al otro.
En una de esas, Tom me abrazó y nos besamos en medio del lago. Creo que era la primera vez que nos besábamos en un sitio tan abierto, y tan… de día. Me dio vergüenza al principio, pero después me dejé llevar. Imaginaba que no iba a ver nadie por allí, así que enseguida lo abracé por el cuello y la cabeza mientras que él me rodeaba la cintura y nos besábamos prácticamente con ternura. Lento y bonito. Muy bonito.
Creo que podía notar el calor en mis mejillas, seguro que me estaba ruborizando.
-¿¡PERO QUÉ VEN MIS OJOS?!
La piel de la espalda se me erizó completamente del susto y Tom y yo nos separamos enseguida. Con una taquicardia encima miramos al lugar de dónde provenía esa voz. Notaba que el corazón se me iba a petar dentro del pecho.
Eran Ashley y Georg.
Me quedé estático y boquiabierto. Primero porque: Uno, ¿Ya volvían a ser amigos? Dos, ¿Qué coño hacían tan alejados del campamento? Empecé por lo segundo.
-¿¡Qué hacéis tan lejos!? – intenté desviar al máximo la atención de lo que acababa de pasar. Miré de reojo a Tom y este miraba al agua completamente rojo.
-No estamos tan lejos… - dijeron al unísono Tom y Ashley.
Me quedé callado.
-No no, la pregunta es ¿qué coño está pasando? - Soltó Ashley un tanto indignada.
Joder, lo que faltaba… Ahora que estaba bien con todo el mundo se me iba a enfadar ella. De pronto fui consciente de algo. ¿Realmente estaba bien con Georg? Lo de la cena del otro día fue algo extraño, el abrazo que me devolvió fue bastante forzado. Quizás Ashley habló con él y sólo me perdonó porque ella se lo había dicho. O quizás simplemente no estaba preparado para abrazarme. No sabía nada. El caso es que se lo tenía que preguntar ya.
-Pues esto… Yo… - no sabía muy bien qué decirle. Volví a desviar el tema. - ¿Cuándo os habéis reconciliado tan bien?
-No no, a mí no me trates de tonta. ¡No te vayas por la tangente! ¿Qué está pasando aquí? – en la última pregunta separó cada palabra con fuerza.
-¿Es que acaso no es evidente, Ashley? – esta vez fue Georg el que habló. Yo ya tenía el aire para contestar la primera tontería que se me ocurriera y lo solté de golpe de la sorpresa. Noté que su voz era monótona y con cero emoción, ni buena ni mala, pero al menos era una contestación. La cuestión es que Georg sabía lo mucho que me gustaba Tom, vale que no le había dicho nada de nuestra relación, pero… ¡Porque no nos hablábamos! ¿Se estaría enfadando por no explicárselo?
-¿¿Pero es que tú ya sabías algo de todo esto??
-Pues claro que sí. Hay que estar ciego para no verlo. Así que déjalos, no le pongas ahora en un compromiso, ya hablaréis. – el corazón me latía a mil por hora de la emoción, de la alegría que estaba sintiendo por sus palabras.
-Bill, ¡¿Entonces al final si eres gay?! ¡¿Después de todo lo que has vivido?! ¿¡De todo lo que te han dicho?! No me lo puedo creer Bill. Esto es imposible.– casi me chilló. Me dolieron en el alma esas acusaciones. No estaba yo sufriendo lo suficiente como para que ahora me viniera ella y me dijera las cosas de esta manera.
-Ashley, cállate. – Esta se giró de pronto a Georg muy ofendida y fue a intentar replicar cuando de pronto este volvió a hablar – calla la puta boca. Y será mejor que le pidas perdón.
Había dejado de mirarles y ahora mi vista estaba también fija en el agua, flipando. Recordando las palabras de Ashely una y otra vez. Creo que después de las últimas palabras de Georg esta me miró, pero no sé si bajó el enfado de verme tan hecho polvo. Simplemente hubo un gran silencio después. No quería ni imaginarme como estaba Tom en estos momentos. Seguro que estaba buscando un agujero en el que meterse.
-Esto… - y de pronto oí su voz. Me giré para ver lo que iba a decir pero no agregaba nada más.
-Eh tío, tengo una pelota de playa en la orilla, ¿hacemos un partido uno contra uno de fútbol? – el tono de Georg había cambiado totalmente y esta vez hablaba con mi novio. Le hablaba como a un colega más, como si nada de lo que acabada de pasar fuera demasiado importante. De hecho, parecía incluso como si nunca hubiera existido.
A Tom se le iluminó el mundo y lo miró sonriendo.
-¡Sí, claro! – casi salta de la alegría - ¡Ja, te pienso machacar!
-¡Eso ya lo veremos!
Los dos salieron corriendo lo máximo que les dejaba avanzar el agua. Ashley y yo nos miramos durante sólo un segundo, pero la mirada que compartimos pareció interminable. Había dolor, y rencor; por ambas partes.
Ambos fuimos también al mismo sitio donde el resto de los chicos pero la energía que ellos desprendían hacía cuestionarse si nos habían llegado a robar la nuestra, ya que parecía que estuviéramos de camino a un funeral… con familias enfrentadas.
Nos sentamos en la orilla del río, con los pies dentro del agua y el sol dándonos en la cara levemente. Ya debía de ser tarde porque el sol estaba dejando de dar tanta calor.
Hubo un silencio que contrarrestaba los chillidos de los otros dos, mientras ellos se lo pasaban bien, nosotros no sabíamos ni qué decirnos. Muy a regañadientes, opté por empezar yo.
-Llevamos desde el domingo en una “relación”. Por llamarlo de alguna manera. – solté, seco y desanimado. La verdad es que se lo quería contar a Ash, pero no de esta manera.
-¿Por qué no me lo has dicho antes?
-Porque no quise. – y esa es la pura verdad. No quería decírselo aún.
-¿Y me lo ibas a contar?
-Claro que sí.
Volvimos a quedarnos en silencio. Me fastidiaba que fuera yo el que empezara a hablar, y ella continuara con el mismo tema, sin centrarse en el daño que me había llegado a hacer. Ni que fuera mencionarlo y pedirme perdón.
-¿Eres gay, Bill? – cerré los ojos con fuerza. Encima esto.
-¿Por qué me lo preguntas en ese tono?- sonaba a que me estaba juzgando con crueldad.
-Creo que es evidente. -¿Intentaba darme pena diciéndome indirectamente que le acababa de romper el corazón? Tss, Por favor.
-Mira Ashley, creo que eres lo suficientemente lista como para saber el calvario que estoy pasando como para que encima me vengas con estas. Lo que me has dicho antes me ha dolido, y mucho. – Fue a decir algo pero la corté. Me estaba entrando mucha rabia. - ¿Es que crees que es fácil darse cuenta de algo así? ¡Soy el primero en ser consciente de toda la mierda que he vivido, Ashley! Era a mi a quien insultaban, ¿recuerdas? Claro que lo recuerdas… No hace ni un minuto que me lo has dicho, así, como si nada.
-Bill…
-Déjame acabar. – cogí aire e intenté transmitir lo que iba a decir con el peor tono de voz posible. Me estaban entrando muchas ganas de hacerle sufrir lo que me estaba ocurriendo en esos instantes. Quería que le hirviera el estómago en náuseas. Se había pasado mucho esta vez. - No necesito ese tono de indignación que has puesto, lo siento pero si eso es lo que me vas a dar a cambio a partir de ahora, te lo puedes ahorrar. Siento mucho que te hayas ido a enamorar de alguien como yo, pero es lo que hay. Ni siquiera has intentado pedirme perdón. Yo ya soy mayor como para poder decidir cuando explicar algo a alguien, sin tener que excusarme por ello. ¡Te lo iba a contar, por dios!
-Bill lo siento. – dijo lo más rápido posible. – Me he puesto celosa. Estabas libre por fin, y había tenido una oportunidad contigo, y se acababa de esfumar. Me ha dolido. Lo siento por lo que he dicho, de verdad.
-No me lo puedo creer… ¿Es que no aprendes? Ashley, eres terreno vedado. Por mucho que yo me enamorara de ti, estaría prohibido. Georg va por encima de muchas cosas, y sinceramente, me arrepiento de lo que pasó. – la verdad es que mentí. Pero prefería que Ashley se quedara con esas palabras, para que de una vez por todas, pasara página. – Él no se merece lo que le hice. Ya lo has visto hoy, no sé ni siquiera si realmente nos hemos arreglado, y me ha defendido enseguida. Yo no me lo merezco a él. Es demasiado buena persona… Soy un verdadero hijo de puta.- Esta parte en realidad la dije para mí, pero la solté en voz alta. Como esos pensamientos que derivan sin querer. Pero todo lo que estaba diciendo era verdad.
Escuché un puchero a mi lado, y me giré para encontrarme con una Ashley completamente roja y con los mofletes hinchados. Estaba hiperventilando y notaba perfectamente como intentaba aguantar el llanto, de una manera totalmente fallida. Los ojos los tenía tan rojos que se le inundaron de lágrimas enseguida, que se amontonaron y acabaron por descender por sus mejillas.
Me partía el corazón verla así.
Pero no hice nada.
-Pégame. Me merezco una hostia por tu parte. No debí seguirte el rollo aquel día. – Vi como se recogía las piernas y se las rodeaba, escondiendo la cabeza entre las rodillas, y se ponía a sollozar, lo más silenciosamente que podía.
Y sin poderlo evitar… yo también lloré. Primero fueron un par de lágrimas que no supe controlar. Pero luego me faltaba la respiración y me ahogaba con intentarlo. Me entraban pequeñas convulsiones y cerré los ojos con fuerza, notando como el maquillaje iba a empezar a desteñirse por todo mi rostro.
Un mar de sentimientos se apoderaron de mi ser. Podía verme a través de una ventana, una ventana que me atrevía a abrir justo ahora y que lo que desvelaba era a un Bill con un bidón de gasolina rociando todo lo que había a su paso, para después lanzar una cerilla y conseguir así, quemar todas las cosas que estaban cerca. Y mientras él, en el centro, mirando hacia arriba, el único sitio donde no había fuego; a las nubes. A sus fantasías. ¿Serían Tom esas fantasías? ¿Era eso en lo único que pensaba mientras todo lo demás ardía?
Podía oír los chillidos de desesperación e incluso sentía el olor a carne quemada.
Yo haciéndole tantísimo daño a Ashley. Bill, con los sentimientos no se juega. Deberían cortarte la polla por lo que hiciste.
Decepcionar a Georg de esta manera. De la peor de las maneras diría yo.
Pero un sonido me llamó la atención por encima del resto, y sobre todo fue por la cercanía de esa voz. Era el llanto de pánico de una voz femenina. Dawn ardía justo en mis pies y yo ni siquiera notaba el insoportable calor que desprendía. Dawn me miraba con los ojos abiertos y tiraba de mi pantalón intentando llamarme la atención. Se desgarraba la voz y pedía que la ayudara, pero yo… Yo era un gilipollas que sonreía mirando las nubes, y que era el que más se merecía acabar reducido a cenizas.
Estuvimos por lo menos diez minutos sin decirnos nada, y cada vez controlábamos mejor el llanto, con alguna que otra recaída. Esto era muy extraño, pero sentía que necesitaba cada uno de los lamentos que se escapaban de mí.
-No se lo cuentes a nadie, por favor… -musité, por fin.
-¿Quién lo sabe?
-…-Lo pensé durante unos instantes. – Que estemos saliendo, Mario y ahora tú. Que sepan que Tom y yo tenemos algo raro entre manos… Georg y Dawn. – Ashley me miró de sopetón con los ojos muy abiertos. Podía ver lo realmente rojos e hinchados que estaban.
-¿¡Dawn?!
-Shht! Tom no sabe que ella es mi ex… - le dije, poniéndome el dedo en boca, indicándole que cerrara el pico. – Sí… Cuando le expliqué lo que había pasado, - hice una pausa, para que se aclarara perfectamente a lo que me refería – pensé que merecía saberlo.
-¿Y… qué tal?
-Pues fatal para ella, está claro. – hice una pequeña pausa - Aunque el tema clave, no se lo tomó a mal. Digamos que no me juzgó por lo que me estaba pasando. – dije con un poco de sorna.
-Ya… Ella es mejor que yo hasta en apoyarte en cosas así.
La verdad es que no supe qué contestarle y nos volvimos a quedar en silencio. Al no sentirse nuestras voces pudimos oír las de los otros dos chicos, que jugaban a fútbol detrás nuestro. Me emocionaba pensar que se llevaban tan bien entre ellos. Sobre todo me encantaba ver a cada uno ser feliz. A Tom divertirse y a Georg reírse, porque hacía bastante tiempo que no lo hacía. Eso me hizo recordar algo…
-¿Desde cuando os habéis arreglado tú y Georg? ¿Qué me he perdido? – No quise sonar demasiado desafiante porque yo tampoco le había confiado nada a ella, pero el tono me siguió saliendo bastante monótono y serio por la situación en sí.
-Hace un par de días tuvimos una charla. Bueno, primero fue una charla, después fue una pelea, y luego fue casi un monólogo compartido donde yo primero soltaba todo lo que sentía, y luego él. Llegamos a la conclusión de que tenemos los tres, es algo difícil de explicar, pero aún más de sentenciar. Asi que bueno, siguen habiendo momentos de tensión pero… Nos hablábamos casi normal. Imagino que debes de estar deseando hablar con él.