Pero un sonido me llamó la atención por encima del resto, y sobre todo fue por la cercanía de esa voz. Era el llanto de pánico de una voz femenina. Dawn ardía justo en mis pies y yo ni siquiera notaba el insoportable calor que desprendía. Dawn me miraba con los ojos abiertos y tiraba de mi pantalón intentando llamarme la atención. Se desgarraba la voz y pedía que la ayudara, pero yo… Yo era un gilipollas que sonreía mirando las nubes, y que era el que más se merecía acabar reducido a cenizas.
Estuvimos por lo menos diez minutos sin decirnos nada, y cada vez controlábamos mejor el llanto, con alguna que otra recaída. Esto era muy extraño, pero sentía que necesitaba cada uno de los lamentos que se escapaban de mí.
-No se lo cuentes a nadie, por favor… -musité, por fin.
-¿Quién lo sabe?
-…-Lo pensé durante unos instantes. – Que estemos saliendo, Mario y ahora tú. Que sepan que Tom y yo tenemos algo raro entre manos… Georg y Dawn. – Ashley me miró de sopetón con los ojos muy abiertos. Podía ver lo realmente rojos e hinchados que estaban.
-¿¡Dawn?!
-Shht! Tom no sabe que ella es mi ex… - le dije, poniéndome el dedo en boca, indicándole que cerrara el pico. – Sí… Cuando le expliqué lo que había pasado, - hice una pausa, para que se aclarara perfectamente a lo que me refería – pensé que merecía saberlo.
-¿Y… qué tal?
-Pues fatal para ella, está claro. – hice una pequeña pausa - Aunque el tema clave, no se lo tomó a mal. Digamos que no me juzgó por lo que me estaba pasando. – dije con un poco de sorna.
-Ya… Ella es mejor que yo hasta en apoyarte en cosas así.
La verdad es que no supe qué contestarle y nos volvimos a quedar en silencio. Al no sentirse nuestras voces pudimos oír las de los otros dos chicos, que jugaban a fútbol detrás nuestro. Me emocionaba pensar que se llevaban tan bien entre ellos. Sobre todo me encantaba ver a cada uno ser feliz. A Tom divertirse y a Georg reírse, porque hacía bastante tiempo que no lo hacía. Eso me hizo recordar algo…
-¿Desde cuando os habéis arreglado tú y Georg? ¿Qué me he perdido? – No quise sonar demasiado desafiante porque yo tampoco le había confiado nada a ella, pero el tono me siguió saliendo bastante monótono y serio por la situación en sí.
-Hace un par de días tuvimos una charla. Bueno, primero fue una charla, después fue una pelea, y luego fue casi un monólogo compartido donde yo primero soltaba todo lo que sentía, y luego él. Llegamos a la conclusión de que tenemos los tres, es algo difícil de explicar, pero aún más de sentenciar. Asi que bueno, siguen habiendo momentos de tensión pero… Nos hablábamos casi normal. Imagino que debes de estar deseando hablar con él.
-Mucho.
-Pues tendrás que esperarte a que él se te acerque. Él considera que tu parte es el triple de peor que la mía, porque “yo hacía un par de días que sabía que me quería” – las comillas era porque ella sabía eso desde hacía siglos, ya que era más que evidente – en cambio tú, en principio eres su mejor amigo, ¿verdad? Pues sabías eso desde que me conocisteis.
-He intentado hablar con él cientos de veces.
-Pero antes no quería saber nada. Ahora ha recapacitado, así que está esperando a que vuelvas.
Asentí con la cabeza y respiré fuerte.
-Está bien.
-Oye… ¿Me perdonas? – dijo con miedo, con pavor. Sabía que me había afectado mucho.
-Sí, claro que te perdono – no costó nada responderle, era verdad. Ella era mi mejor amiga. – Pero… No me pidas que estemos como siempre al menos hasta mañana.
-Lo entiendo.
Nos levantamos y fuimos a buscar al resto de chicos, que se habían sentado con la pelota en los pies, a fumarse un cigarro. Sin decir nada nos pusimos cada uno al lado del correspondiente, por decirlo de alguna manera y con la mirada le pedí un cigarro a Tom, que le echó una mirada a Georg y este me abrió el paquete con una mano. Lo sacudió hacia arriba y un par de cigarros quedaron levantados del resto, haciendo así más fácil el poder cogerlos. Cogí uno y después desvió el paquete hacia Ashley, que también decidió fumar.
Pudimos ver como finalmente el sol desaparecía entre las montañas dejándolo todo prácticamente a oscuras y dejándonos a todos la piel de gallina. Georg nos prestó una de las dos toallas que habían traído para que nos tapáramos ya que nosotros habíamos venido con lo puesto.
-Tom, aún tenemos arriba la mochila.
-No te preocupes, la iré a buscar mañana pasado, que me toca excursión.
Asentí. Enseguida nos levantamos todos y enfilamos el camino hasta nuestras cabañas. Nos separamos en cierto punto y Tom y yo nos dirigimos a la mía. Una vez que llegamos me dio un beso justo enfrente de la puerta.
-Nos vemos en el comedor en media hora. – y guiñó un ojo mientras se iba.
Se iba y ya quería que volviera. Media hora me parecía un infierno.
Bill
No me podía creer que había acabado convenciéndome para esto.
Cogí aire con mucha fuerza y miré a Tom a los ojos algo frustrado. Es que de verdad, ¡no sé para qué me dejo convencer! Este hombre me puede.
Estábamos en la cabaña diez. En principio es una cabaña normal, si no fuera por que era el lugar de reunión del grupo de mi novio. Sí, exactamente. Esa misma cabaña que tiene un charco de barro enorme en un lateral que parece no extinguirse nunca. ¡Hace un montón de calor y no hay manera de que eso se seque!
Muy bien, el contexto ya está puesto. La pregunta es: ¿Porqué estás aquí, Bill? Muy sencillo. Mi novio es un crack, y a la mínima que me pide algo voy corriendo como un perrito faldero a hacerlo, y le lamo el culo un rato antes. De verdad tío, quien te mira y quién te ve.
-Bill… Lo vas a hacer muy bien, de verdad. A demás sólo te vamos a ver nosotros. Te lo he dicho mil veces. – Erika seguía mala y necesitaban ensayar para el final del campamento, ya que había aquel mini concierto del grupo.
¿Que no me iba a ver nadie? Este se piensa que me chupo el dedo o algo.
-Tom… Ahí fuera está lleno de chicas que cagan hormonas, y que te están mirando mientras suspiran tu nombre. – Ese fue el principal motivo por el que acabé en la ventana de atrás, aquel día… Todo estaba rodeado de féminas ansiosas de carne de hombre. En concreto de la de mi actual hombre.
Éste miró enseguida hacia una de las ventanas y yo seguí su mirada acto seguido a ver qué hacía. Se encontró con un par de chicas que estaban fijas en él, de lejos, casi en un perímetro que parecía ajeno a la cabaña, pero que les delató el haber estado mirando tan fijamente. Se sorprendieron mucho y una posó la vista al suelo avergonzada mientras que la otra, más valiente que su amiga, alzaba una mano y saluda apenas moviendo un par de dedos, muy nerviosa.
Tom sonrió de lado y la saludó también con su mano pero muy enérgicamente. Creo que casi se podía escuchar el chillido de chica fan que hicieron las dos.
Lo miré enseguida, anonadado.
-¿Pero qué haces, tío?
-¿Qué más da? Son crías, Bill. Ni te voy a dejar por ellas, ni me iría con ellas aunque no estuviéramos juntos… - dijo riéndose y poniendo los ojos en blanco. En aquel momento también tuve un pequeño instante de “fan girl”, suspirando su nombre mentalmente, pensando en las palabras “juntos” saliendo de su boca. – Va Bill, vamos a empezar con Reden. ¿Te parece? ¿Crees que ya te la sabes?
Esas palabras me devolvieron a la realidad. Maldita sea.
-Pues claro que me la sé. He tenido que cambiarle la letra casi entera. – dije, recordando la tarde de ayer.
Día 25/07/09
Estaba intentando ver una película en el ordenador portátil. Sinceramente agradecía habérmelo traído, sobretodo porque sabía que esto me iba a pasar tarde o temprano. Soy una persona a la que le gusta salir y siempre estar en compañía, pero siempre hay una tarde que la necesito para mi solo, para poder pensar y todas esas cosas. Vamos, hacer un poco el perro, y vagar por la habitación un poco. Mi madre casi me mata cuando descubrió que me había llevado el ordenador. No paró de chillarme por teléfono que era un insensato y que a saber qué le podía pasar al aparato. ¡Y que no lo iba a usar!
¡Pues ja! Chúpate esa. Aquí estoy. Aunque cierto es que yo era el primero que pensaba que no lo iba a usar.
Hoy Tom estaba de jornada completa. Por la mañana clase con los niños pequeños en la cascada pequeña, y por la tarde tenían un ensayo importante. Y la verdad que cada ensayo siempre es un acontecimiento. Les encantaba a Mario y Andy, y ahora que Ashley intentaba recuperar la normalidad al máximo con Georg, siempre estaba presente en los ensayos.
A mí también me gustaría ir, pero no soporto ver a esa tal Erika rondando cerca de Tom y yo no poder hacer nada. Primero por que evidentemente, lo llevábamos en secreto, y segundo porque aunque Tom se desharía de ella enseguida, yo aún así, montaría algún numerito estúpido para intentar marcar territorio. Después apuesto que Tom se enfadaría y blablablí blablablá… Paso. Mejor me reservo en mi cabaña intentando disfrutar un poco de la soledad.
Aunque… En el fondo, quedan ya pocos días para irnos. Una semana.
Oh dios, una semana.
Me entró un pequeño ataque al corazón. Me faltó la respiración y el corazón me latía con fuerza.
De pronto entré en el baño como alma que lleva al diablo, me metí bajo la ducha. Fui tan aprisa que sólo tardé media hora en estar listo del todo. En cuanto salí del baño llevaba el pelo mejor arreglado que en toda mi vida, liso pero con un poco de volumen que me había puesto con laca, y había estrenado el mejor maquillaje reservado para ocasiones especiales. Sí, el más caro. Y es que joder, vale que nos íbamos a ver después del campamento, pero ¿cuántas veces se vive un amor de verano y no se disfrutaba al máximo? ¡Es el momento ahora! Va Bill, a la película que le den por culo.
Tardé apenas diez minutos en llegar y calculaba que llevarían poco más de veinte minutos con el ensayo así que tampoco me había perdido demasiado.
En cuanto me puse enfrente de la cabaña volví a ver a un corrillo de chicas alrededor de ésta intentando mirar por las ventanas. ¡Y dale! Qué pesadas.
Fui apartándolas con algo de desdén, y una se me quedó mirando de muy mala manera.
-Eh eh, si quieres ver intenta encontrar un hueco, gilipollas. – Me giré a mirarla cual negra americana y con cara de “¿what d’y just said?”.
-¿Perdona?
-Lo que has oído.
La miré fijamente y la verdad es que me arrepentí de lo que le dije después.
-Chúpamela.- casi ni pude ver la cara que me puso porque subí las escaleras enseguida para picar a la puerta. Recé lo que no había rezado en mi vida a la velocidad de la luz para que fuera mi rubio de rastas el que abriera la puerta, y así dejarla aún más hundida. Y efectivamente.
-¡Bill! – dijo entusiasmado - ¡Pasa, pasa!
Le sonreí y cerré yo la puerta, mirando fijamente a la chica de antes, que estaba completamente roja de la rabia. La miré con una sonrisa muy falsa que decía muy sutilmente “Jódete, no hables cuando no tienes ni idea”. Y pegué casi in portazo que tuve que disimular dentro.
-Uoh, ha sido el aire, se me ha escapado la puerta de las manos. – me reí mientras me sentaba en un sofá viejo junto a Ashley, la cual, al igual que el resto, me miraban extrañados.
-Bill, ¿como que has decidido aparecer? – era Mario el que me hablaba.
-He preferido aprovechar el tiempo con vosotros. ¡He llegado a la terrible conclusión de que le queda poco tiempo al verano!
-Pero serás mamón, no saques ese tema tío, que nos deprimes. – saltó Tom. – A la mierda, necesito una cerveza. Voy a por una, ¿quien quiere otra? – dijo mientras se dirigía a una pequeña nevera roja, al lado de un armario que sólo tenía vasos y servilletas. Cómo se notaba que no hacían más que componer, beber y fumar.
Todos nos pronunciamos y Tom hizo la repartición de cervezas en dos grupos, una parte se la quedó él, con tres cervezas aparte de la suya que por proximidad, repartió a Gustav, Georg y Mario, y el otro grupo de cervezas se lo dio a Erika, para que estas las repartiera entre Mario, Ashley y… yo.
Cuando me fue a entregar la cerveza la miré fijamente. Esta me sonrió.
Me cago en la puta, qué buena estaba la condenada. Mi parte hetero salió a la luz en cuanto me di cuenta que estaba un poco sudada de haber estado cantando un rato, y tenía todo el escote brillante.
-Hola Bill. Soy Erika, encantada. – Se me cortó la respiración en cuanto se me acercó a dar dos besos, y por consiguiente, sus pechos también se me acercaron.
-Je… - no sabía qué decir en cuanto se separó. Por un instante me quedé en blanco. – eh eh estooo… ¡Sí sí! Yo también estoy encantado, ii.. igualmente. – y miré al suelo de la vergüenza. Se giró para volver al sitio y creo que me mordí el labio en cuanto me fijé en su culo. ¿Pero qué coño te pasa, Bill? Ayer la odiabas. ¿Qué coño ayer? ¡Hace media hora! Jamás me había fijado que fuera tan… ¿sensual? ¡Lo estaba siendo hasta conmigo!
De pronto vi de fondo la mirada de Tom, fija en mi, con los ojos achinados, intentando entender algo. Vio que yo le miraba y puso cara de “¿qué coño haces?”. Me quedé estático y después desvié la mirada pegándole un gran trago a la cerveza.
-Eh Erika, ¿tú no bebes? – preguntó Georg. Mira el listo, se la quiere pescar. – Veo una cerveza alemana de la hostia en tus manos, y no la has ni mirado, por no decir que aún no está abierta.
-No no, he pasado una noche horrible, y ya tengo la voz suficientemente cascada como para encima ponerme a beber… No sé si debería seguir con el ensayo de hecho. – todos los integrantes del grupo se giraron a mirarla, alertados.
-¡Si hombre! Sin ti no podemos ensayar Erika. – dijo Gustav, con un tono algo elevado.
-Ya lo sé joder, pero si fuerzo hoy demasiado para mañana no voy a poder mejorarme, por lo cual igual para el concierto estoy por los suelos. – hizo una pequeña pausa. – No sé chicos, en este par de canciones me he cansado muchísimo y apenas llevamos un rato. Creo que estoy incubando algo. – Y se sentó conmigo algo apretujada, tanto que los brazos apretaban la camiseta y se le apretaban los pechos. Oh dios mío, no podía apartar la mirada.
-¡BILL!- me llamó Tom de golpe. Me giré sobresaltado y lo vi con cara de enfadado. ¿Cómo? ¡Pero si están Andy, Gustav y Erika delante! ¿Está loco? Vi como se le cambiaba la cara. Intentaba disimular – Bill eh… Esto… ¿Tú podrías cantar sólo por hoy? – su tono aún sonaba algo enfadado. Pero no lo tuve mucho en cuenta ya que sus palabras me descolocaron por completo
-¿Qué qué?
-¡Coño Tom, tienes razón! Bill, necesitamos una voz para guiar la música, es que la parte que más trabajo necesita son los instrumentos y no podemos perder ni un ensayo. – Georg me puso esa voz de mejor amigo que me podía. Será cabrón, sabe perfectamente que tal y como estábamos no podía decirle que no.
-Es que, joder…
-¡Sí Bill, que cantas muy bien! - Ashley esta vez.
-Vale estupendo, ¿estáis todos locos? ¡Pero si no me sé ni una canción!
La figura de Georg se dirigió a la funda de su bajo, de dónde sacó un par de folios llenos de las letras de sus canciones y me las dejó delante de mi cara. Me sonrió con algo de sorna. Las cogí con un poco de violencia mientras le devolvía la sonrisa con el doble de desdén.
Respiré hondo e intenté leérmelas por encima. Cuando me dispuse a leerme una que tenía como título “Der letzte Tag” noté como un peso desaparecía de mi lado. Miré a ver qué pasaba y vi como Erika se iba. Recogió un par de cosas que había en la cabaña y luego se dirigía a Tom. Fruncí el ceño y después me alarmé.
Erika se había inclinado a decirle algo al oído. Vi como esta sonreía mientras le decía lo que fuera, y Tom también sonreía de lado. Después negó con la cabeza y la acompañó a la puerta. ¿Pero qué coño…?
Cuando éste hubo cerrado del todo me miró, y pudo ver perfectamente mi cara de ira. Se encogió de hombros y luego me miró como diciendo “A esto también sé jugar yo”. Pero después me guiñó un ojo, disimuladamente, supongo que para calmar el ambiente y decidí pasar del tema.
-¿Qué te parecen las letras, Bill? – oí decir a Gustav.
-Em, sisi, estoy en ello.
¿Por donde iba? Ah sí, Der Letzte Tag.
…
¿Pero qué mierda era esta? Leí anonadado las letras un par de veces, sin llegar a creérmelo. Tenían exactamente siete canciones propias y no había por donde cogerlas. Yo recuerdo que cuando Tom me cantó un par me encantaron. ¿Pero qué diablos había pasado? Las letras eran malísimas, no rimaba nada con nada, la idea principal de la canción apenas se intuía porque no la sabían explicar del todo… Yo diría que aquel día, estaba tan anonadado mirándole tocar la guitarra y oyéndole intentar cantar, que pasé olímpicamente de la letra.
En silencio y sin darle explicaciones a nadie me levanté y me di una vuelta por la cabaña buscando algo que fue en vano. Todos me miraban extrañados y el que más Georg en cuanto me vio hurgar en los bolsillos de la funda del bajo así sin más. Vi como tuvo intención de acercarse hasta que encontré lo que buscaba y me dirigí a sentarme en el mismo suelo.
¡Por fin había encontrado un lápiz!
Me senté en forma de indio y puse las letras en mis piernas mientras que un codo lo apoyaba en una de las rodillas, y me sujetaba la cabeza con la mano. La otra la tenia ocupada jugando con el lápiz. Me puse leer y enseguida puse tachones por todas partes.
-Esto, es malísimo. – no tuve ningún reparo en decirlo. - ¿Quién lo ha escrito? – dije después de un buen rato. Miré al frente y pude ver una imagen muy graciosa de la que ni me había enterado. Georg y Ashley intentaban aguantar la risa pero es que el resto se estaban casi ahogando mientras que Tom me miraba seriamente. Gus fue el que más se estaba divirtiendo, ya que había apoyado un brazo en el hombro del otro, casi llorando de la risa.
Oh oh.
-Pues son mías. ¿Qué les pasa? – me sentí mal. Creí enseguida que dirían que eran de Erika…
-Pues Tom… No sé, no hay rimas, todo esta… fatal. La letra parece tener buena intención, pero se tuerce sola. – le fui a mostrar lo que había escrito, sólo de la primera canción y se la miró con concentración. – ¿Ves? ¿Están bien los cambios? – mi voz intentó sonar lo más dulce que pude, como si fuera una profesora de un niño que tenía problemas con el resto y necesitara tranquilizar la rabia. Me sabía mal haberle ridiculizado. Vi como fruncía el ceño. -¿No era esto lo que querías transmitir? – igual estaba siendo peor el remedio que la enfermedad. Mierda Bill, ¿quién te manda ir de listo?
-Esto es… -se me paró la respiración- …justo lo que quería transmitir.
Sonreí ampliamente.
-¡Muy bien, tarde de reparación necesaria de letras para el grupo! – oí como Gustav se dirigía a coger una caja enorme y se sentaba encima de ella, justo antes de hablar repicó un poco en ella, era uno de esos cajones flamencos. Creo que estaba hasta incluso emocionado. – Va, que yo también odiaba las letras. Tengo ganas de ver los cambios. – este se frotaba las manos, con expectación máxima.
También observé cómo Georg tomaba la iniciativa y cogía de una de las esquinas de la cabaña dos guitarras acústicas y una se la daba a Tom, justo antes de sentarse junto al batería, pero evidentemente, en una silla. Mi chico tomó el sitio donde estaba antes Erika y yo los observé, algo atontado. ¿Qué estaba pasando?
-¿Qué es todo esto?
-Bueno, es que si no te enseñamos cómo es la música no creo que puedas acabar de entender la canción para hacer los cambios.
-Oh… Entiendo.
-Lo vamos a hacer en acústico para que se haga más fácil y menos ruidoso. Vale, empezamos con Der Letze Tag. Te la tararearé la primera vez para que sepas cuando tienes que empezar tú, y así pillas el tono completamente. En la segunda vez que la toquemos, tararearé igualmente pero puedes intervenir cuando quieras e intentas agregarle la letra directamente, y metes los cambios– Vi como ponía cara de emoción - ¿Te parece?
-Esperad, antes de nada. ¿Alguien se fía de Bill como letrista? Porque igual no sirve de nada todo lo que vamos a hacer… Y no estamos como para perder el tiempo -dijo Gustav, ni corto ni perezoso. – Sin ofender, Bill.
-Sí sí, yo me fío mucho de él. He leído un par de perlas suyas que tela. Son una pasada.
-Lo secundo, llevo años oyéndolo cantar, y además temas propios, y realmente son muy buenos- las palabras de Georg me inundaron el alma. Lo miré con mucha emoción.
-¡Entonces perfecto! Aunque hay que hacer que Erika se las aprenda… Aunque a las malas, podemos dejar que este concierto sea con las letras antiguas para no liarlo demasiado y después ya… Bueno qué mas da. Ya se hablará. – Gus hablaba solo.
Si el ensayo había empezado a las cuatro y media de la tarde eran casi las diez de la noche. Estuve arreglando la letra prácticamente entera de las siete canciones y mi mente empezaba a colapsarse hasta tal punto que ya no recordaba ni mi nombre. Noté que Tom estaba un poco decepcionado conmigo porque en realidad no llegué a cantar en ningún momento. No como él me había oído. Me había dedicado a entonar las palabras y poco más, y yo sabía que a Tom le hubiera gustado que me metiera del todo en el papel de cantante, pero él casi mejor que nadie, sabe que tengo miedo escénico.
Finalmente, acabamos editando Schrei y sobre las once menos cuarto salimos todos prácticamente corriendo hacia el comedor, más que muertos de hambre.
Al llegar nos encontramos con un edificio completamente cerrado. Tom se quedó pensativo y nos dijo que no nos moviéramos. Al cavo de diez minutos volvió con una llave maestra que nos abría las puertas del paraíso. ¡Qué hambre que había, joder!
Con mucho sigilo enfilamos dentro poco a poco y encendimos sólo un par de luces para que no se viera desde fuera que habíamos entrado. Tom se metió directamente dentro de la cocina saltando por encima de la barra donde se sirve la comida, y el resto hicimos lo mismo. Algunos con más dificultad que otros… Qué desastre estás hecho, Bill.
Comimos lo suficiente para que no se notara nada en falta pero había tantísima comida que no nos hizo falta mucho ni pensar en eso. Al acabar nos quedamos en el suelo de la cocina, casi a reventar.
-¡Perfecto! Todo el mundo a sus posiciones. – Tom se emocionó de golpe. Hasta fue dando saltitos entre tanto cable hasta llegar a su posición.
Me puse de espaldas a ellos. No quería ni mirarles. ¡Y eso que hoy sólo eran los integrantes del grupo! Ashley les había pedido a Mario y Andy que posaran para unos dibujos de la universidad y hoy estaba completamente solo.
La música empezó a sonar y me entraron ganas de llorar.
Y la entrada en 3… 2… 1…
Nada.
No podía
-¿Bill? Ya has de entrar. – dijo Tom, aproximándose. Se le cambió completamente la cara cuando me vio los ojos llorosos. – Eh… ¿Qué te pasa? – su mano se acercó a mi cara y estuvo apunto de acariciármela, pero se quedó a mitad de camino y se posó en un hombro. Del colegueo.
-Ya lo sabes Tom… Que yo, no puedo. No puedo hacerlo.
Tom expiró profundamente y se quedó pensativo. Vi como se rascaba por encima de la gorra y después desaparecía de delante de mí, yendo a buscar vete tú a saber qué. De pronto, empezó a cerrar todas las cortinas de manera que nadie nos pudiera ver fuera. Y la bandana que llevaba en la frente se la bajó hasta los ojos, descolocándole todo el peinado. Se rió ampliamente y separó los brazos, como dándose a mostrar.
-¿Qué te parece? Nadie te ve. – Se giró con una brusquedad que debería haber controlado, ya que al no ver nada casi pierde el equilibrio - ¡Eh!, ¿que me decís?
-¡Vale!- dijeron ambos al unísono. Cada uno fue a buscar un pañuelo y se en vendó los ojos. El pobre Gustav tuvo que requerir mi ayuda para volver a sentarse en la batería sin desmontar nada. ¡Madre mía! ¡Y todo esto por mí!
-¿Preparado? – dijo Tom, mirando a un sitio donde no estaba. Se me ocurrió algo.
-Emm… déjame un segundo y prometo que cantaré. – cuando oyó que mi voz provenía de otro sitio, se giró algo confuso.
Me acerqué peligrosamente a él y sin que se lo esperara le besé en la boca. Primero se apartó un poco, completamente entrado en pánico, hasta que se dio cuenta de la situación. Soltó el mástil de la guitarra mientras sonreía y me acercó hacia él haciéndome presión por el culo. Oh dios, me encanta. Nos besamos el tiempo máximo y suficiente hasta que empezó a ser sospechoso y para acabar le mordí el labio. Éste hizo ademán de hacer lo mismo pero me aparté enseguida.
No me puedo imaginar la frustración de querer seguir con el juego pero estar en la mala situación de no ver nada.
-¿Bill? Empezamos – oí a Gustav.
-Dale. – dije. Esta vez si los estaba mirando. Y verles tan indefensos me hizo, muy a mi pesar, sentirme mejor. Nadie me estaba viendo. Nadie iba a decirme nada porque no lo iban a ver. Esto era justo lo que quería.
Se me torció un poco el mundo cuando volvió a sonar la música pero me tranquilicé contando hasta diez.
Mi voz al principio estaba un poco nerviosa. Temblaba y se quebraba un poco, y lo podía notar en sus caras. Intenté calmarme, meter parte de ese actor que llevo dentro. Meterme dentro de la historia de la canción. Y a demás esta era completamente sensual y atractiva. Algo en mí se activó justo en la frase de…
-Wilkommen im Hotel… - sonó completamente porno y pude ver como Tom sacaba la lengua como si fuera con lujuria. ¡Uhh, me estaba poniendo malo! Empecé a liberarme y a cantar con más entusiasmo. No era como cuando estaba en mi habitación, pero al menos sí como cuando intentaba grabar una de mis canciones, que el solo hecho de estar grabándola me daba vergüenza, pero seguía estando yo solo. Llegábamos al final de la canción ya, y por consiguiente a la mejor parte de todas… - Vor der Tür Alarm, die ganze Welt ruft an. Alle zerren an mir, ich will mit keiner außer Dir- No pude evitar acercarme a él y cantarle esa parte. Es que de hecho, ayer cuando la estábamos cambiando, no podía más que imaginarme la escena sólo con él, y surgió sola. ¡Incluso le estaba señalando con un dedo mientras lo cantaba! ¡Esto de que no me vieran era lo mejor!
Y acabó la canción.
Los tres se quitaron lo que llevaban en los ojos y me miraron anonadados.