Capitulo 4

3898 Words
Bill Dawn conducía de miedo. Casi llevábamos dos horas en el coche, sentía las curvas en todas mis entrañas, sentía que iba a potar de un momento a otro y lo peor, tenía muchísima hambre. Mis tripas no podían más. -¿A dónde me llevas? – le dije lastimero. La miré mientras yo me tocaba y me frotaba la barriga. Qué hambre tenía, joder… -Ya veras, es un sitio precioso al lado de la costa.- ¿Alemania con costa? Lo nunca visto…- El otro día fui. Pero claro, son un par de horas desde Berlín, pero merece la pena. Es increíble. A más nadie nos conoce ahí. Nadie puede sospechar que una profesora está saliendo con su alumno. – me dijo apartando unos instantes los ojos de la carretera para mirarme a mí, sonriente. -Eso desde luego, pero yo creo que no debemos de estar ya ni en Europa. Esto se me está haciendo eternamente eterno… Rió sin más. Estuvimos un rato más sin hablar, simplemente observando el paisaje hasta que ella volvió a decir algo. -Ahora viene la mejor parte del camino, no pierdas un detalle. Asentí y miré por la ventana de nuevo. Al cavo de cinco minutos llegamos a un túnel. Ya llevábamos pasando por una carretera rodeada de árboles y más coches, pero hasta ahora no habíamos pasado por ningún túnel ni nada por el estilo. Vi de lejos la salida de este, un agujero de luz que cada vez se hacía más y más grande. Cuando salimos al exterior casi me quedo mudo. El túnel daba a una carretera que daba la vuelta a una montaña, rodeándola, y justo en el lado de mi ventana se veía el mar, grande, azul, inmensamente increíble. Ese paisaje me recordó a mis vacaciones en Barcelona el verano pasado, fuimos a una ciudad llamada Sitges y cogimos una carretera que bordeaba la montaña, creo que se llamaba “las costas de Garraf” o algo así… Todo curvas, cualquiera se mareaba, pero desde luego era increíble, precioso. Me pareció tremendamente imposible que Alemania tuviera esto, y que mucho menos tuviera playa. Playa apetecible, claro. -Guau… - dije sin más. -Ya te dije que te gustaría. -Es precioso. Apoyé la cabeza en mis brazos que estos los apoyé en la ventana abierta mientras me daba aire y observaba el precioso y cristalino mar. Hacía un día increíble y el sol se reflejaba en el agua, dejando puntos brillantes de luz cegadora. Daban ganas increíbles de bañarse, y de no salir del agua. Yo apenas había estado diez veces contadas en mis diecinueve años de vida, en la playa. Cuando me haga más mayor me compraré un piso en la costa, con vistas al mar, lo tengo decidido, aunque eso me suponga salir de Alemania... -Me tienes que decir cómo llegar a aquí. -Eso está hecho. Aparcamos en un sitio que estaba lleno de casitas blancas rodeadas de arboles verdes con vistas a la costa, de arena negra, limpia e impresionantemente grande. De camino al restaurante, Dawn paró en un chiringuito y se compró un gorro blanco precioso que le hacía resaltar la piel. Jamás entenderé que vio en mí. Mira que había chicos en clase, y de todos ellos, le gusté yo. Aunque era como un sueño hecho realidad, desde navidades, la increíble, deseadísima e inalcanzable profesora de historia, era mi novia. Hacía medio año que la besaba, la acariciaba y la hacía mía. Medio año en que oía los comentarios de la peña de clase mientras babeaban por ella y yo sonreía pensando que solo la tenía yo. Pero fue a parar a la persona menos indicada, ella esta enamoradísima de mí y yo en cambio… La quiero. Sólo eso, y dudo que algún día pase de ese sentimiento. -Mira, es allí. Miré en la dirección en que me indicó y vi un edificio bajo que hacía esquina. Tenía un toldo azul con líneas blancas y debajo unas mesas que a estas horas ya estaban más que vacías. Nos dispusimos a entrar y de pronto un camarero de una mediana edad enseguida nos reconoció. Bueno, la reconoció a ella. -Pero si es la señorita Dawn… - dijo acercándose a nosotros. De pronto se agachó y le cogió la mano a mi novia, dándole un beso. Mi boca llegó al suelo. ¿Pero se puede saber que coñ…? -Ehh, que es mi novia tío. – solté descarado mientras la agarraba por la cintura y la atraía a mí. -Disculpe señorit…¿o?. – mi mirada asesina le taladró – E-Era un mero saludo… – dijo separándose, nervioso. – Po-por favor tomen asiento. – indicó una mesa que daba al mar. Me parecía increíble que Alemania tuviera este sitio tan escondido, apenas había visto una playa fuera de este país, jamás imaginaría que aquí hubiera algo semejante. -Será c*****o… -comenté mientras me sentaba. -Oh vamos cariño, no pasa nada… Alcé una ceja mirándola y reprochándola con sólo los ojos, ella levantó las manos en sentido “vale vale, dejémoslo…”. La comida me sentó como un trozo de cielo. Estaba buenísima, no sé si porque realmente estuviera buena o porque tenía tanta hambre que moría si no tragaba lo que fuese. Estuvimos hablando del viaje al campamento. Que el campamento se llamaba “Kaulitz” o algo así. Estuvimos barajando la idea de cogernos una cabaña juntos pero podría ser muy sospechoso para la gente. -Pero no es tan mala idea… - solté sin más. – Ya sabes que mis únicos amigos en la universidad son Georg y Ash, y que ellos ya saben lo nuestro… Por mi parte nadie tendría porque enterarse… Y tú por tú parte tampoco, eres la única tutora. A más cuando era pequeño y me tenía que ir de colonias con el colegio siempre me tocaba pringar y compartir cuarto con la profesora… No es nada ilegal… Ella se quedó callada, sin saber que decir. Recordé la cara de Ash y Georg al pillarnos un día en casa. No sé en que estaba pensando cuando les di la llave de mi casa. Tanto mi madre como yo confiábamos en ellos y ya eran casi de la familia, pero ni se me había pasado por la cabeza que me podrían pillar con Dawn… Fue divertido, y al cavo de una semana sin hablarme vinieron riéndose de la situación. Ahora se llevan de puta madre con Dawn, sobre todo Georg. Ash y ella se llevan bien pero… No es lo mismo. -Bueno, se puede barajar. Al fin y al cavo yo digo quién va en las cabañas. Así que intentaré ponernos juntos…- me dijo mientras me acariciaba la mejilla con la mano. Se la cogí y la empecé a besar profundamente. Las manos le olían al metal de los cubiertos. -Por favor, la cuenta. – dije en voz alta a ver si alguien nos atendía. Al cavo de un par de minutos un camarero con pierciengs por toda la cara, y unas rastas castañas recogidas en una coleta baja, nos sirvió la cuenta. Me quedé mirándole. Sin duda era el típico pringado al que le habían dado trabajo porque era verano, el ambiente estaba caldeado y les faltaba personal. Tenía una cara y una nariz alargada, barba de dos o tres días y andaba falto de vocabulario. Aun así, no sé porque, pero lo que más me gustó de él fueron las rastas. Y repito, no sé porque, y ello empezó a escamarme, me entraron unas terribles ganas de follar… -Dawn, larguemos ya… Te necesito… - le dije. Pensé que lo había dicho lo suficientemente bajito como para que solo lo oyese ella pero justo cuando Dawn estaba dando la tarjeta de crédito me miró sorprendida, incluso el camarero hizo un leve gesto con el labio, medio sonriente. -Intentaré traeros de vuelta la tarjeta lo antes posible para que os vayáis a hacer cosillas… - nos dijo el rastafari. Lo miré sorprendido. -Emmm… Gracias, tío – me reía. Qué majo el chaval. Estuvimos mirando al mantel un par de segundos esperando a que volviera con el cambio. Dawn avergonzada y yo impaciente por salir de ese pedazo restaurante. Un par de segundos después el chaval que nos había atendido apareció de nuevo. -Tened. Disfrutad del polvo – dijo giñándonos un ojo – Por cierto, tu piba está muy buena. Cada vez flipaba más. No solo por la extraña [sinceridad y desparpajo del tío, sino porque no paraba de mirarle el piercing del labio, uno de muchos, mientras hablaba, y eso me estaba poniendo mucho. ¡¿Pero qué coño es esto?! -Tío, como molas. Yo quiero que todos mis camareros sean como tú… - dije riéndome mientras le daba la mano. – soy Bill, si algún día vuelvo por aquí pediré que me atiendas tú. -Jajaj. Está bien. Soy Jake. Salimos casi corriendo de allí. Mejor dicho, yo salí casi corriendo de allí arrastrando a Dawn conmigo. Había sido tal la embobada que había tenido con ese chico que me estaba muriendo del calor. De pronto me di cuenta que no tenía ni puta idea de donde estaba, y mucho menos de cómo moverme. Miré al fondo y lo único que vi fue agua. Agua… ¿Por qué no…? Tiré de la mano de mi novia una vez más y ella me siguió obediente. Había caminitos pequeños entre casas y más casas hasta que llegamos a la orilla. Se notaba que aquella playa era de zonas del Norte. No había apenas arena, lo que si había era mucha piedra, ya redondeada por los años y años de ser arrastrada y comida por el mar, y mucho sol. Cogí a Dawn en brazos y me encaminé. -Bill… ¿A dónde me llevas? No me digas que… ¡No! ¡No Bill! – empezaba a pegarme patadas por todos los sitios que podía pero yo no hacía caso, apenas los notaba. Metí mis pies en el agua y me fui adentrando poco a poco sintiendo el placentero cosquilleo del frio del agua, atacando mis piernas. Dawn estaba al borde de la histérica hasta que la solté y calló de pleno y de culo en el agua. Antes de dejarla hablar y quejarse hasta quedarse muda, la cogí de la cintura y la atraje a mí. La besé con fuerza, con desesperación. Hasta ella se sorprendió. Yo no era de ese estilo, yo era más… Pasivo. Más romántico. La trataba como si fuese de cristal. Pero esta vez me había puesto nervioso de verdad. Y eso me preocupaba… ¡Joder el camarero, era un tío! ¡Qué estaba plano! ¡Qué no tenía tetas! Introducía mi lengua en su cavidad con desesperación, como si mi vida dependiera de ello. Acariciaba sus curvas bajo mis manos mientras notaba la ropa pegada a su cuerpo. No tardé mucho en meter mis dedos por debajo de la tela mojada. Noté que tenía la piel de gallina. -Bill por favor… frénate… estamos en medio da la playa, con gente, en el agua… -No importa… Te necesito ya… -Vámonos a otro sitio… Vamos a mi coche si quieres… Me paré un segundo. Sí, podríamos ir a su coche, pero moverme de donde estábamos, con ese “pequeño” asunto entre piernas no era muy alentador… La besé de nuevo y rápidamente me la llevé fuera del agua, buscando de nuevo su coche. Dawn estaba mojada, muy mojada. Y no precisamente por el agua. El color tintado de las ventanas impedía a la gente de fuera observara nuestros movimientos, al mismo tiempo que me daba ventaja para que estos, fueran de lo más excitantes para ella. Le había metido la mano bajo las bragas mientras la miraba a los ojos. Y aunque ambos estuviéramos empapados aquella humedad que sentía en la yema de mis dedos era diferente… Estaba muy cachonda. Yo seguía mirándola a los ojos y Dawn me sostenía la mirada mientras que yo jugaba con mis dedos haciendo pequeños circulitos, notaba como ella abría y abría más las piernas, casi casi inconscientemente para que me fuera más fácil la tarea. No apartaba mis ojos de los suyos y sonreía pícaramente cuando le introducía un dedo más, con el pequeño espasmo que siempre daba. Notaba como mi erección cada vez era más notoria y sentía en mis pantalones una presión tan grande que llegaba a rozar el dolor. Así éramos de bastos, que ni tan solo me había quitado la camiseta. Pronto empezó a entrecerrar los ojos y a berrear mi nombre entre gemidos. -Bill… Sonreí. Sin pensármelo ni un segundo me puse a morderle en el cuello dejando marcas rojas por todas partes. Era genial ir al colegio por las mañanas y ver que la profesora que estaba más buena de todo el profesorado llegaba con una bufanda alrededor del cuello en pleno verano o incluso dejando el cuello al descubierto con demasiado maquillaje, que en vano, intentaba taparle mis marcas. También era terriblemente placentero oír los murmullos de la gente que suspiraban con celos mirando el cuello de mi amante. Subí hasta llegar a su oreja y le susurré cosas mientras que me cortaba a mi mismo el discurso, devorándosela con pasión. Su respiración se podría oír fuera en la calle, y ya me había sorprendido de alguna cara pegada al cristal, forzando la vista a ver si veía algo, pero después de unos momentos de frustración sus intentos eran en vano y se iban sonrientes, seguramente pensando en lo salida que anda la peña últimamente. Y no era para menos… -Bill… Por favor… - le sellé los labios con mi dedo índice y le sonreí. Me desabroché el pantalón y un gran alivió salió por mi boca, un gemido. Pero algo me distrajo, Dawn se levantaba de debajo de mí mientras yo me desnudaba. Cogió mis manos y me las quitó de donde estaban, colocando a su vez las suyas. Me bajo ella misma el pantalón, y los bóxers. Hizo una gran mueca de felicidad cuando vio mi virilidad al descubierto. La cogió con una mano y empezó a masturbarme mientras yo miraba hacia el techo muerto de gusto. Pronto se introdujo mi m*****o en su boca y empezó a lamer, a chupar, a succionar, a… ¿morder? No importa, lo increíble era que cada día lo hacía mejor y la verdad es que hoy me hacía una falta… Aún no había podido apartar de mi mente el excitante movimiento del piercing de aquel chaval. Como se contoneaba de un lado a otro en el labio del camarero. Y aún no se cómo pero las rastas que caían en cascada en una coleta baja eran… Dios. Me había gustado. Realmente me había gustado. De repente Dawn me suplicó que la penetrara ya. Que no podía más. Y como buen novio que soy, la estiré todo lo que pude en los asientos traseros de su coche y la abrí mucho, para mí. Me adentré en ella de una manera brutal. -Dios Bill… Qué raro estas hoy… - me dijo entre jadeos. Y tan raro. Comencé a embestirla con fuerza mientras ella se agarraba a mi espalda y me arañaba por encima de la camiseta. Notaba perfectamente como mis caderas rozaban su ingle y como me separaba de ella momentáneamente. Comenzó a morderme en los hombros dejándome saliva por todo el cuerpo, cosa que agradecía. Qué calor, joder … Empezamos a gemir con fuerza, por el placer y el agotamiento. Sin embargo no bajaba en velocidad ni en intensidad. Parecía que a ella le encantaba. -No pares… por favor… Bill más fuerte, Bill más fuerte- me gritaba al oído. Me había quedado flipando. Joder, así que le iba la marcha… Medio año con ella y yo sin saberlo. Ambos llegamos al clímax, primero ella y luego me dejó continuar a mi hasta que yo también hube llegado y nos quedamos estirados en los asientos. Aún sin salir de ella la besé. Tom Iba caminando por la calle sin rumbo fijo. Fijándome en las baldosas del suelo. Tenían unas formas que suponía algo imposible que fueran más sencillas. Andaba perdido en mi particular mundo y apenas me enteraba del real. De pronto un pensamiento me atacó. Recuerdo que cuando era pequeño y viajaba con mi padre me explicó algo que nunca olvidaría. Nos fuimos aquella cuidad tan importante de Francia. Un largo recorrido en coche, y con un destino fijo: Estábamos en París. Mi padre había ahorrado y quiso llevarme a algún sitio que me costara mucho olvidar. Recién había cumplido los diez asique por desgracia, en mi memoria se conserva vagos recuerdos de aquel viaje. Uno de ellos, es que Bipa, una perra que apenas hace tres años que murió, me acompañó. Flashback Eran las siete de la tarde y estábamos en el hotel. Hacía algo de calor y allí teníamos aire acondicionado asique yo no me quería mover por nada del mundo. Pero con anterioridad mi padre ya me había adelantado que saldríamos a dar una vuelta. Yo no entendía porque le gustaba tanto esa ciudad. Ver la Torre Eiffel me había dado vértigo. ¿Cómo le puede gustar tanto a la gente? Fijo que si alguien se cae se mata. Estaba sumergido en la música escuchando un estilo que me estaba empezando a gustar mucho; Hip-hop. A más estaba estrenando el Discman nuevo y estaba la mar de contento. Bipa estaba estirada justo dónde daba el aire acondicionado, y estaba dormida. -Tom – mi padre me llamó – vámonos hijo. Quiero que veas lo bello que es esto… -Per… - me iba a quejar pero de pronto vi la cara de tristeza mi padre, al ver que no le quería ir con él. Miró al suelo, abatido. – Está bien… De pronto me miró feliz. Me extendió la mano con petición de que se la aceptara, pero la aparté de delante de mí. Y con los ojos le dije que ni soñando iríamos de la mano. Cogí la correa y me llevé a Bipa dónde debería haber estado mi padre de la mano. Salimos a la calle y me fijé en la gente. No tenía nada de diferente. Simplemente caminaban como el resto. Era igual que la gente de Alemania, lo que pasa es que no entendía nada de lo que decían. No entiendo cómo se enteran entre ellos… Mi padre en cambio no miraba a las personas que había alrededor suyo, sino que tenía la vista perdida más arriba. Entonces me miró a mí. -Hijo, cuando conocí a tu madre siempre me explicó que lo más bello de una ciudad era cuando mirabas arriba. Cuando mirabas las fachadas altas de un edificio. Seguí el consejo de mi padre y me dispuse a mirar hacia arriba. Me quedé prendado con las fachadas de los edificios antiguos. Nunca había visto una arquitectura así en mi ciudad… La gente de antes se lo curraba mucho, y sobre todo el final de los edificios, con detalles impresionantes… Era realmente bonito. Fin Flashback El recuerdo me hizo casi involuntariamente cambiar mi dirección de la mirada. Pero pronto la mirada se me entristeció sola. Düsseldorf, como mínimo los lugares a los que solía visitar, no tenían de eso. Era muy aburrida la vida a aquí… Quizás sí debería ir al campamento… ¿Pero qué digo? Agité la cabeza apartando esa idea de mi mente. De golpe el móvil me sonó sacándome de mis pensamientos de inmediato. Lo miré. ¿¡Cuatro mensajes a la vez?! ¿Pero qué es esto…? Me dispuse a mirar y todos eran de “Numero desconocido”. Pero eran mensajes al fin y al cavo… Le di a la tecla indicada y abrí el primer mensaje. Señor Kaulitz. Ante todo, muchas gracias por habernos elegido a nosotros para formar parte de nuestro equipo de trabajo pero hemos de comunicarle que no va a poder ser. Muchas gracias y por favor, intente volver el año que viene si lo desea. La boca me llegó al suelo. ¿Pero qué coño…? ¿Cómo que denegado? ¡Me cago en la puta! A ver Tom, tranquilo… Te quedan otros tres mensajes, no tienen todos porque ser como el primero ¿no? Tú simplemente ábrelos. Señor Kaulitz… Señor tu padre, que no tengo ni los veinte desgraciado. En fin, blablabla… ¿Qué pone al final? … Lo sentimos. ¡Ostia…! ¡Qué me estas contando! ¡El siguiente! No va a poder ser… La madre del cordero… ¡Siguiente! ¡YA! Nuestras disculpas… La virgen del Topo… ¿Pero qué pasa aquí? ¿Tenéis todos un complot contra a mi o qué? ¿Pero tiiiiooo… tanto cuesta darme un puto trabajo? Me entró un arrebato increíble de tirar el móvil lejos de donde yo estaba y estamparlo contra la pared. Pero al final lo metí en el bolsillo, con una rabia que casi atravesó el pantalón. Caminé enfurruñado por la calle y de nuevo volví a mirar el suelo. ¿Qué coño le decía ahora a mi padre…? ¡No puedo volver y decirle que sí! ¡Sería caer demasiado bajo…! Pero, pero, pero… Empecé a apretar tanto los puños que casi me hago sangre con las uñas. Debería pensar una excusa lo demasiado buena como para que sonase creíble y no muy rastrero… ¿Pero, el qué? ¡Pero es que me parece increíble que no me hayan pillado en ninguno de los sitios…! Aunque aún no me hayan dicho nada del resto de trabajos estoy seguro de que tampoco me han cogido. Estaba cabreado, apuesto a que la gente que pasaba a mí alrededor podía sentir la tensión. Si esto fuese un cómic se podría ver el aura negra que salía de mí. Otra vez me sonó el móvil. … Era una llamada. … Número desconocido. … Lo cogí. -¿¡QUÉ!? -Ho-hola señ-señor… Kaulitz… -¡¿Qué coño quieres?! -Es po-por… la oferta de tra-trabajo… -¡¿Qué no me admitís verdad?! ¡Pues que os den por culo! -No…no… Sí que está admitido… Pu-puede empezar el día u-uno… Abrí los ojos desmesuradamente. Ostia… ¿Estoy pillado? Mierda. ¿Pero por qué coño soy tan burro? ¿Y ahora cómo lo arreglo? Tengo que aprender a escuchar, Soy gilipollas. -Ahh… Estoop… ¿Gracias? Digo… Perdón… Y… Gracias. -Eh.. si-sii… Estamos en la calle catorce que hace esquina con la diagonal. – de pronto no tuve con qué apuntar la dirección y me empecé a estresar mirando al rededor. Vi a una mujer de mediana edad que apuntaba algo en una agenda. Sin preguntar ni nada me apunte la dirección en la mano después de quitarle el bolígrafo de sus manos. La mujer enseguida me miro “¿Pero se puede saber que mierdas haces?” Joder con la tía. No le di tiempo a seguir que ya le había devuelto el boli. Le guiñé un ojo y enseguida se calló poniéndose roja como ella sola. Cuando estuvo lejos rodé los ojos “qué fáciles son todas… Así cualquiera se divierte”. Entonces recordé que un tenía a aquel hombre al teléfono.- Empieza el día uno como ya he dicho… A-adiós… -Adiós… Colgué. Los primeros instantes fueron en estado de shock. ¡Tomaaaaaa! ¡Tengo trabajo! ¡Ya no tengo que inventarme nada para mí padre! ¡Y lo mejor… este año no iré al campamento!
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