Capitulo 7

4936 Words
Número 2. Cabañas 10-18 Vale, estaban cerca. Volví a meter el papel en el bolsillo y cogí la maleta y la mochila de la niña. -¡Vale! ¡Seguidme, y no os perdáis por favor…! – siempre igual. Y lo peor es que siempre se perdía alguien. Llegamos y enseguida me puse a dictar los nombres. Algunos no respondieron seguramente porque no habrían venido y como era de esperar la niña no respondió. Si quería saber su nombre tenía que mirar de nuevo en la lista con las fotos. Le di la cabaña que me apeteció e intenté dejarla en el suelo. Pero parecía que ella no se soltaba de mi cuello. Respiré hondo, cogiendo todo el aire que pude, y después lo solté sonoramente. Estresado. -A ver niñita, tienes que meterte en tu cabaña, que a más es para ti sola porque tus compañeros no han venido, tienes que sacar tus cosas de la maleta… Ponerlas en el armario… No sé, hacer las cosas que hacen las niñitas de tu edad… Jugar con muñecos… Pintar las paredes… Ya sabes. -No. Dijo bajito, agudísimo. Se me enterneció la cara al instante. Qué graciosa era, ¿no? Después de pensarlo me rendí y al final le puse yo sus cosas en su sitio, le abrí los cajones de los armarios para cuatro que tenía en la cabaña y le junté dos camas para que durmiera mucho más ancha. No sé porque pero creo que me había gustado la niña. Madre mía, lo que me faltaba, p*******a. Mientras, ella si me había soltado por fin y me observaba desde una silla, con las manos entre las piernas y mirándome como medianamente podía con los pelos en la cara, movía las piernas de una forma divertida, hacia delante y hacia atrás, en un gracioso balanceo. -Me llamo Tom. -¡Dom! –dijo con un respigo, vi que le faltaban un par de dientes. -No, Dom no, Tom. -¡Doom! Suspiré. Era medio autista así que dudo mucho que consiguiera cambiarle de opinión. La volví a coger por la espalda y ésta con mucho gusto se me cogió. Parece que le había caído bien. Espero que no sea una de estas especies de niña-lapa. Salí fuera de la cabaña y anuncié a todos que se quedaran en sus cabañas, y que a la hora de cenar se les iría a recoger, que después habría una especie de celebración de bienvenida y ahí se les explicaría las cosas que se hacen en el campamento, los horarios… etc. En vano intenté que la niña volviera a bajarse de mí pero esta se convirtió en una lapa de verdad. Bueno, al menos no me aburriría si la tenía a ella. Otro autocar llegó. Genial, a ver qué grupo era este. Después de estar un par de instantes aparcando correctamente la puerta pequeña se abrió. De esta no bajó nadie hasta al cavo de un rato. ¿Qué debe de haber pasado para que la gente tardase tanto en salir? Los pensamientos se me fueron enseguida nada más ver a la primera persona que había bajado del bus. ¡La madre que la trajo…! Una chica que parecía latina apareció de dentro y fue a por sus cosas. Era realmente guapa, con un cuerpo de escándalo, pelo largo, n***o y ondulado. Cogió sus cosas de dentro del maletero y con ayuda de alguien que acababa de aparecer las sacó al exterior. Mi padre. Empezaron a hablar, se dieron la mano y en menos de un segundo mi padre ya me estaba buscando con la mirada. ¿Sería esa la tutora? ¿Joder con la tutora, no? ¿Qué grupo sería? Por favor que sea la de los mayores y se quede todo el mes… Mi padre y ella avanzaron hasta mí. Por un momento pensé que Jörg estaba intentado ligar con ella. Ais viejo, ella es muy joven para ti, mejor me la follo yo, pensé, y ya lo creo que me la iba a follar, en cuanto mi padre se vaya me la camelo. -Niña – dije mirando para arriba. Esta movió la cabeza. -Ahora verás lo que es ligar en cuanto mi padre… Sí, el hombre feo que hay al lado de la chica guapa… Se vaya. La niña simplemente me abrazó más el cuello. Joder, parece que le he gustado de verdad. Debería hablar de esto con mi padre. -¡Tom, hijo! Mira, esta es Dawn, es la profesora de los mayores. Son el grupo 5, y el último. Mientras no estabas han llegado el resto. Ella sonrió mientras me daba la mano. Joder, bonita sonrisa. Tenía unos dientes que parecían perlas, tan blancos al contraste de su piel, morena. -Tom… - volvió a hablar Jörg - ¿Qué haces con esta niña? Ahh… Creo que esta es la que tenía problemas con el habla, que apenas se relacionaba. O eso creo, porque se asemeja mucho a la de la foto. Pero parece que os lleváis bien… -de pronto le sonó el móvil – Me llama Erik, debe de estar a punto de llegar, me voy. En cuanto pueda te busco y hablamos de la niña. Asentí y este se alejo poniendo el auricular del móvil en su oreja. -Bueno, soy Tom, soy uno de los tutores. Y bueno, ya sabes cualquier duda me preguntas. Ahora os llevaré a vuestras cabañas. De paso te digo donde está la mía por si me necesitas y eso… - comencé a jugar con el piercing de mi boca. Dawn alzó una ceja. Me había calado, perfecto, ahora me dirá que sí. -Tengo novio. -Bueno, tú dame tiempo. -Y yo no pongo los cuernos. Estoy enamorada – me dijo con una sonrisa irónica. Joder. -El amor no existe.-exclamé divertido. -Sí existe, yo lo he encontrado. Y tú deberías encontrar el tuyo. -Imposible. –me encogí de hombros. – Yo no creo en esas mierdas. -Bueno… Tú date tiempo. – Repitió mis palabas y con una media sonrisa y una mirada fija en sus ojos acabamos la conversación. Era una tía difícil. Eso me ponía. Sería divertido este año. Ya lo creo. – Sois el grupo 5 ¿no? Dawn comenzó a reírse. Genial, ¿y ahora se mofa de mí? Pronto descubrí que no se ría de la conversación, sino de otra cosa. -¿Qué pasa? – pregunté divertido. Ella simplemente se tapó la boca intentando no reírse mucho y señaló hacia arriba, hacia la niña. Se ve que esta jugaba con mis rastas y se las pasaba por el pelo, por delante de los ojos interrumpiendo su vista, justo cuando estaba a punto de metérselas en la boca la paré. -¡Eehh eehhh! Frénate amiga. ¡Ni se te ocurra hacer lo que estabas a punto de hacer, que te bajo! – le dije, alzando el dedo amenazante. De fondo oía a Dawn reírse de nuevo. Intenté contenerme mi propia risa. -¡Dom!-dio un respingo, que casi me jode la espalda. Su voz había sonado deliciosamente divertida, con una risilla de fondo, aguda, preciosa. ¿Dom…? ¿Pero no se aprende mi nombre? Sencillamente frustrante. -¿Dom? – Esta vez era la profesora. ¡Joder dejad todo el mundo de decir Dom! - ¿Pero no era Tom? – dijo entre confundida y divertida. -Sísí, es Tom, pero la tipeja esta no se lo aprende. - La cogí de mi espalda y la sostuve en mi pecho mientras ella se agarraba a mí camiseta, bien fuerte. -Te ha pillado cariño, eehh… -No me jodas – ironicé. Volvió a sonreír. -Bueno, he de irme. Esta noche nos volvemos a ver en la “fiesta” esa, ¿no? Me lo acaba de decir tu padre. – señaló hacia atrás, recordando el camino que acababa de recorrer el susodicho. -Yep. – y se largó. Suspiré. – Al final caerá, ya verás. – dije mirando a mi mini compañera. – solo he de currármelo un poco más. A más, las difíciles son las que más me gustan – dije con una sonrisa juguetona. Miré por los alrededores y vi que el autocar aún seguía ahí, parado, y con el maletero abierto totalmente. ¿Habría alguien dentro con problemas? En fin, este año al final me pagaran a sí que por ayudar a la peña, no me va a pasar nada. Conforme me acercaba miraba quien podría haber aún dentro del autocar. La mirada se me iluminó. Había alguien a gatas dentro, buscando sus cosas supongo. Era una chica, seguro. Y madre mía, qué culo tenía. Los vaqueros oscuros que llevaba le marcaban un trasero de la leche. Pero no le podía ver nada más, puesto que estaba de espaldas a mí, mejor dicho, de culo a mí. Solo le podía ver las piernas y evidentemente el trasero. Me acerqué hasta llegar a poder tocar el bus, pero si de verdad quería ver a la chica debería entrar dentro. Dejé a la niña en el suelo después de insistirle un rato que le prometía que volvería. -Que síi… Que ahora vengo. – le toqué el pelo y me metí en el maletero- no te muevas de ahí, ¿eh? Dom… Que diga, Tom – me cago en el puto nombre – ahora vuelve. La niña simplemente asintió enérgicamente. Me acerqué a la chica sigilosamente. Un olor a acetona me invadió de pronto. Bill Algo me tocó el trasero, con ganas, con sensualidad. -¡¿Pero qué…?! – alcé el cuerpo tan rápido que me di con toda la cabeza en el techo. - ¡Arrggg…! ¡Mierda! Oí una risa de fondo. Esa risa me sonaba. - Ups, lo siento, preciosidad – la voz perteneciente a la risa, sonó detrás de mí. Pero enseguida calló – Joder, ¿Vas sin camiseta? Bueno, me van las liberales, ya lo creo que sí. ¿Quieres que te deje mi camiseta? Aunque parece que no te importa que se te vean las… - me giré a la persona que me hablaba detras de mí. En cuanto me vio cambió el rostro de repente, de ir del palo chulo se puso rígido y completamente pálido en un solo instante. -Las… las… digo… los… los… lo-los tattoos. – dijo mientras miraba al suelo del maletero y se rascaba en el cuello disimulando. Me lo quedé mirando. Hostia, puta. Era el chaval de las rastas. Me quedé mirándolo, y en cuanto volvió a subir la cabeza me quedé prendado de sus ojos. Eran encantadoramente castaños. El chico también se me había parado mirándome a mí. Había algo en él que me era tan jodidamente familiar… Repasé las fracciones de su cara sin saltarme ni un centímetro. Y parecía que él hacía lo mismo. De pronto hizo un gesto con la nariz, arrugando el ceño. -Cómo huele a acetona… - dijo como para sí mismo, interrumpiendo aquel momento. De pronto reaccioné. Salí del trance en el que la mirada de aquel chico me había sumergido, casi sin poder evitarlo. Fruncí yo también el ceño, pero por un motivo muy distinto. Repasé el momento vivido y abrí la boca, formando con mis labios una gran y notoria “o”. Sólo se me ocurrió gritarle. -¡¿ME HAS CONFUNDIDO CON UNA CHICA?! Bill -¡¿ME HAS CONFUNDIDO CON UNA CHICA?! Estaba indignado, aunque no sé de qué me sorprendía, la costumbre debería incrementar el hecho de que no me afectara, ¿no? Creía tenerlo superado. Pero esta vez la hostia la sentí doble. Y por encima de cualquier sentimiento existente sentí ¿decepción? Sí, algo así. ¡Era el chaval que llevaba mirando un cuarto de hora seguido! Evidentemente ¿en qué iba a ser distinto al resto de la gente? Soy un puto andrógino. Qué voy a hacerle, ¿no? Vi que sus fracciones cambiaron. Su cara se tornó una mueca como diciendo “mierda, se ha dado cuenta”. Había cerrado fuertemente los ojos y había fruncido el labio, cosa que me hizo perderme en el brillo de su piercing, que podía ver más claro que nunca. Fue entre abriendo un ojo, y después el otro. Miró finalmente, con sus manos apoyadas en el suelo del maletero y se disculpó. Si hubiera sido otra situación, si hubiera sido otro día… Qué coño, si hubiera sido otra persona se lo abría perdonado, ¡pero me jodía! Me jodía muchísimo. Y no sabía porque. Miré hacia otro lado y pasé de él. -Hey joder, que te he pedido perdón, coño. -Piérdete. No quería ni mirarle, aunque me pidiera mil perdones, ahora mismo mi orgullo estaba demasiado herido, y mi orgullo tiene un nivel muy alto. Cogí el asa de una de mis mochilas y empecé a tirar de ella, intentado arrastrarla fuera del autocar, sorprendiéndome a mí mismo de poner moverme en una cavidad tan jodidamente baja. -Pero tiiiooo… ¿Cuánta gente se ha olvidado la maleta? ¿Aún falta más gente por bajar del autocar? ¿Por qué coño hay dos maletas más y dos bolsos? – Tom hablaba en voz alta. Me hizo gracia y no pude evitar sonreír. No Bill. No. Tenía una voz perfectamente grave, que sacaba de los pensamientos a cualquiera. - Todo lo que queda es mío – dije entre tajante y avergonzado. Aún así con la cabeza bien alta. Me la sudaba mucho lo que pensara este hombre sobre mí. Miré con la ceja alzada su reacción. Vi como soplaba fuertemente. Rodando los ojos. -No sé de qué me sorprendo… - dijo sigilosamente, casi algo inaudible para mis oídos. Pero lo oí. -No te cortes, ehh. Como si no te pudiera oír. – le dije. Qué tío, madre mía. Vi como cogía una de las maletas, remangándose un poco. Qué brazos… Ya empezamos ¿Pero qué coño estas pensando, Bill? A ver si voy a ser gay al final. De pronto me di cuenta de algo. – ehh ehhh deja mi maleta. Nadie te ha dicho que la cojas – dije mientras soltaba la que tenía entre las manos y me acercaba a donde estaba. Llegué como medianamente pude, evitando mis maletas de por medio y gateando hasta llegar. Puse mis manos justo en el lado opuesto al que estaba él y tire de mis propiedades. – ¡Dámelo! ¡Nadie te ha dicho que puedes cogerlo! -¿Pero qué dices? ¡Yo soy el encargado de ayudar! ¡Claro que tengo permiso! Me quedé mirándolo una vez más, pero esta vez lo miré y lo analicé. Espera, espera. Rapero, con rastas, con un piercing, con una ropa más grande que él mismo… ¿Era un tutor? -¿Te han dado el trabajo por pena, no? – dije mientras me medio reía. -No te importa mi vida. Y ahora, deja que te ayude o no saldremos de aquí en días. – intentó apartarme las manos de la maleta, y noté el calor de su tacto, realmente excitante. Pero no podía dejar que se me pusiera chulo. -¡Qué no joder! – aparté sus manos de las mías mientras le pegaba un empujón. -Pero de qué vas, nenaza – dijo empujándome a mí. Dioss, eso había dolido. Para defenderme le pegué otra vez, pero esta vez me había pasado. Observé con horror como de su nariz salía un fino hilo de sangre. Me tapé la boca con la mano y vi como las suyas se dirigían a la zona del daño. -¡Lo siento, lo siento, lo siento, LO SIENTO! – dije mientras me acercaba y me ponía a cuatro gatas cerca suyo, intentando verle la nariz. Busqué uno de los algodones que no había utilizado y que había dejado en el bolsillo trasero del pantalón y lo saqué. –A ver, déjame ver… - murmuré tranquilizándome, apartándole una de las manos. A cambio me la apartó en un segundo. -No. Me sé cuidar solo, gracias. – se había enfadado… Y yo me había pasado. Suspiré profundamente. Genial, hace cinco minutos había sentido una especie de ¿celos? hacia Dawn porque estaba con él y ahora que estábamos hablando no le dejaba ni que me ayudara. Bien Bill, Bien. De putísima madre. -Vale, está bien. Olvidemos todo ¿vale? Empecemos de nuevo. Lo siento… A ver, déjame ver si tienes mucha sangre. Vi como me miraba, dudoso. Miré al suelo resignado. En fin. Lo he intentado. -Está bien. – alcé la mirada sorprendido. Y no pude evitar sonreír. No mucho por eso, para que no se lo creyera demasiado. Me aproximé más y puse una de mis manos en sus mejillas. Con la otra la limpie el poco de sangre que tenía, con cuidado. -Tienes las manos suaves. – susurró. De pronto le miré. Le sostuve la mirada y este consiguió sostener la mía unos instantes. Parecía que no aguantaba mucho mirándome fijamente. Desviaba los ojos. Entonces sentí su mano sobre la mía. El chico intentaba romper el contacto. -Y yo tengo la piel demasiado áspera como para que me toques… -pero por mucho que él intentara romper el contacto mi mano seguía en su mejilla, y parecía que el chaval de las rastas no se volcaba mucho en apartar su mano de la mía. Sentía que me perdía en sus ojos. Notaba su pecho bajar y subir lentamente, notaba el respirar un poco agitado en mis manos. No nos perdíamos detalle el uno del otro y por unos instantes sentí que me acercaba a él, que nos aproximábamos. -A ver, que coño pasa aquí… Joder, ¿¡Aún no habéis sacado las maletas!? –nos separamos de pronto y nos dimos cuenta. El conductor, que estaba gordísimo, había aparecido por el agujero de la puerta, con una cara furiosa. - Llevo media hora esperando a que me digan que podía bajar la puerta del puto maletero y veo al maricón de folleteo. ¡De puta madre! Me puse rojísimo, pero algo se puso por encima de ese sentimiento de vergüenza, el sentimiento de rabia. -¡Que no soy maricón coño! ¡Que tengo novia! – grité furioso. El conductor se puso a reír, sarcástico. -Seh, tu reflejo… - alcancé a oír mientras la bola de sebo andante se dirigía de nuevo al autocar. Olvide por completo al chico rapero y cogí la maleta con rabia, la arrastré fuera y de un bote me dejé caer en el suelo, terrenoso. Me estaban tocando mucho ya la moral. Me froté la frente y vi que el chaval sacaba las dos otras maletas junto con los bolsos al mismo tiempo. Joder, qué fuerte es. -¿Dom…? – un vocecilla a mi lado me sacó de mis pensamientos. Me giré y vi como una niña preciosa de unos ojos verdes increíbles me tiraba del pantalón. Me agaché de cuclillas y mirándola tiernamente le aparté el pelo de la cara. Apenas veía. -¿Dom…? – repitió. Me miraba con el entrecejo fruncido y me tocaba la cara. Después miro al suelo y me abrazó. - ¡Dom! – dijo divertida. -¿Mocosa? ¿Qué haces abrazando a… este? – la voz del rapero hizo girarme. Le puse cara de “¿Cómo que este?” Pero simplemente me ignoro. Genial. Bill eres invisible. Acéptalo. Sentí como la niña sacaba la cabeza de entre mi pelo, fácilmente confundible con el suyo, y me miró con una expresión indescifrable. Puso unos ligeros pucheros antes de soltar. “¿No Dom…?” Mi cara era de incredulidad total. No entendía nada de nada. -No mocosa, yo soy Tom.- y salió corriendo hacia él. El chico dejó mis maletas en el suelo al mismo tiempo que recogía del mismo sitio a la preciosa niña. Esta trepó hasta llegar a su cuello y se lo cogió con fuerza y recelo. Después me sacó la lengua. Mi cara llegó al suelo. ¡La jodida niña me había sacado la lengua! -Domdo feo. Dom mío. – dijo mirándome. El chico empezó a reírse a carcajada limpia. Mientras que giraba la cabeza hasta mirar a la criaja, que se había puesto detrás suyo, en su espalda, y tocarle el pelo. -¿Qué coño es Domdo? –exclamé alterado. El chico se encogió de hombros y me cogió una maleta y dos bolsos. -¿Qué más da? Es una cría. Oye, coge tú las otras dos que como ves no puedo con más… Asentí y las cogí. Empezamos a caminar por un suelo lleno de hojas, arena y mínimas elevaciones de terreno que me hacía imposible el manejo de las ruedas de la maleta, resignándome a cogerlas por el mango, justo como hacía el chaval. -Oye… Has dicho que te llamabas Tom ¿verdad? –exclame, rompiendo el silencio que se había creado. Después de mirar un papel que este había sacado de su bolsillo nos dirigíamos hacia algún sitio, no sabía ni a donde, y no habíamos dicho nada en todo el camino. El resto de mis compañeros, e incluso Dawn no se veían por ningún sitio. -Sep. –contestó secamente. -¿Y tú? Oye, ¿en serio no eres gay? -Bi… ¿PERDÓN? – no me había dejado ni acabar de decir mi nombre que me había saltado con eso. La madre que lo trajo al mundo… ¿Por qué él también lo pone en duda después de yo haber dicho que no? Jodeeer. -¿Que eres bi? Ah, está bien eso. Sisi… -dijo mientras andaba. -¿Qué…? ¡No! ¡No soy ni gay, ni bi! Soy hetero y tengo novia. ¡He-te-ro! ¡No-vi-a! – dije hasta separando por sílabas las palabras. Por un momento me derrumbé moralmente. Incluso él se lo preguntaba. Aunque lo acababa de conocer sentía que el chaval… el tal Tom… Era alguien como… ¿importante? Jamás me había pasado nada parecido. Miento, sí que me había pasado. Con Dawn, la primera vez que la vi. Supongo que como ella es lo más cercano que tengo a querer a alguien pues mi corazón reaccionó cuando la vio. Cuando vi a Ashley también hubo un… algo, en medio. Pero como yo ya sabía, a ella jamás la querría tanto. ¿pero por qué me pasaba con este chico? En fin. Bill, piensa en las tetas de tu novia, piensa en las tetas de tu novia. -¿Entonces porque has dicho bi? ¿Y cómo coño te llamas? – me giré y le miré asesinamente. Este puso una cara cómica y después puso la misma expresión de antes – Va… Dímelo. -No. Suda de mi cara ¿vale? Dime dónde coño duermo y punto. Tom El chaval/a de la acetona me estaba mosqueando ya. ¿Cómo me va con esos aires de diva? Ni que fuera aquí un famoso. Aunque con lo andrógino que llega a ser ya podría salir en la tele… Le mire, y él me sostuvo la mirada. Tenía unos ojos increíblemente hipnotizantes, quizás por el color, quizás por lo magistralmente maquillados que estaban. Parecía una chica joder… ¡Si es que hasta me ponía! El pelo liso y n***o con alguna que otra punta de mecha blanca amarillenta, le sobrepasaba los hombros y caía en una preciosa cascada. La verdad es que tenía unos tattoos de la hostia, repartidos por su delgado y blanquecino torso. Tenía una estrella en un lugar realmente sugerente… pa-para una chica, claro. Y el otro tattoo era inmensamente más grande, en el otro costado, que rozaba la inmensidad. Quise leer lo que ponía pero el chico de la acetona se había puesto lo más lejos posible, lo necesariamente separados para podernos oír sin levantar mucho la voz, y me costaba bastante ver las letras. Fruncí el ceño y entrecerré mis ojos para fijarme mejor. No… No lo conseguía ver bien. “Wir…?” -¿Qué miras? – su voz me sacó de mis pensamientos. Vi que se cambiaba de lado mostrándome el lado de la estrella, tapándose el gran tatuaje. Joder, ahora me tomará por un depravado, o algo raro… ¿A quién se lo ocurre quedarse mirando? – He dicho que me digas cual es mi cabaña – dijo tajante. Ya está. Ya me estás mosqueando. -A ver chaval, a mi no me vengas con estas, que voy por encima de ti, este es MI campamento ¿entiendes? Mi padre es el dueño de este tinglado y si me da la gana te echo, ¿está bien? Así, que o te dejas de poner chulo o te arreo dos hostias y te dejo el culo guapo, ¿sí? Y si no me dices como coño te llamas no puedo decirte donde duermes – saqué el papel de mi bolsillo y otra vez efectué la maniobra para abrirlo con una mano. Intuía que la niña estaría prestando atención aunque no se enterara de mucho, supongo que los pequeños gritos la abrían alarmado un poco. El chico calló. Le pregunté de nuevo e irritadísimo, cuál era su nombre, pero no me lo quiso decir. Pero a ver, ¿este tío es tonto o qué? -A ver amigo, te lo voy a poner más fácil ¿vale? Tu nombre en lista, lista decir dónde dormir, si tú no nombre, tú no dormir. ¿Vale? – decir eso me hizo sentirme totalmente gilipollas. Y no pude evitar ponerme a reír, el chaval de la acetona también se puso a reír. Su risa era brutalmente graciosa. Y me hizo reírme más, como si su risa se me contagiara, y esta me gustaba. Cuando nuestras risas dejaron de ser el papel importante en la escena, el chico miró hacia abajo mientras se mordía el labio inferior. Me dedicó una mirada baja después de relamerse de nuevo el labio inferior. Como un acto reflejo hice lo mismo. El desvió la mirada hacia un lado y después de medio segundo volví a suspirar, como dejando soltar el último alarido de risa. Un leve y sonoro suspiro, mientras encorvaba los labios. El ambiente se relajó notablemente y se acercó a mí. De hecho la tensión había desaparecido en tal grado que se puso a mi lado. Mi brazo rozaba el suyo e inclinó su cabeza un poco hacia delante, fijándose en mi papel. Con el dedo fue como marcándose los nombres que ya había leído hasta que se detuvo en un nombre. -Bill Trümper. – pronunció lenta y ¿sensualmente?. La cuestión, ahora ya sabía su nombre. Bill. Qué curioso, ese era el nombre que le había gustado a mi madre si hubiera tenido un hermano… O eso me decía Jörg de pequeño. – Cabaña número 45. Vaya, la última de la lista. - se acercaba más a mí y sentía su contacto muy próximo. Su respiración golpeaba en los dedos que sostenían el papel y me hacía unas mínimas pero placenteras cosquillas. -¡Aahhh! –de pronto el trance en el que me había metido desapareció. ¿Pero qué…? – ¡Me cago en la niña de los huevos! – el chico de la acetona, que diga, Bill, se apartó de mí y se puso las manos en el pelo, frotándose en una zona de este. Le miré sin entender. -¿Y ahora qué te pasa? -¡Me ha tirado del pelo! –exclamó alzando un brazo, señalando a la niña en cuestión. Miré hacia arriba y noté aún más sus brazos rodearme posesivamente. ¿Estaría celosa de Bill? ¿De que se me hubiera acercado? Empecé a carcajearme enseguida. Cogí la niña y le removí el pelo, se me ocurrió soltar algo en voz alta. -Muy bien, apartándome a las moscas gays que se han enamorado de mí nada mas verme… - miré a Bill. ¿Pero qué me pasaba? Le estaba picando por… ¿morbo? Por… ¿”jugar”? Dios mío, parece que me esté intentando ligando al gay este. -¿Perdón? Qué no soy gay, hostia puta ya, joder – tuve que pararme a pensar en todas las palabrotas que había dicho en una frase. ¿Cómo no se traba? -y mucho menos me he enamorado de ti nada más verte… Tss… Pues no tienes el ego alto ni nada. - dijo riéndose. Se mofó de mí unos instantes y después de un silencio de intercambiar miradas soltó una última cosa - más quisieras que yo te fuera detrás. Abrí la boca indignado, divertido. Esto se ponía interesante, era una especie de “a ver quien dice la última palabra”. -Antes me quedo con la niña, que contigo… - ojalá no me haya entendido la cría. Bill me dedico una mirada a modo de escáner repasándome de arriba a bajo con una ceja alzada, como si me chuleara. -Eso no te lo crees ni tú. Que yo tengo un encanto natural. Si me lo curro, acabarás a mis pies antes que se acabe el campamento. – amenazó. -¡Ja! Yo no soy marica, amigo. -Yo tampoco. – sonrió. Sonreí. Me dirigía de nuevo, y por segunda vez en esta mañana a la oficina de mi padre. Estaba alejado de donde estaba yo y tuve que caminar al menos cinco minutos de reloj. Bueno, realmente, era la zona de los mayores la que estaba alejada, algo así como mi cabaña. Pero esta, estaba en otra dirección. Después de colocarle las maletas en su cabaña a Bill había salido de allí, casi pitando. El despido fue un simple “bueno, ya nos veremos por ahí”. Me había puesto tenso. ¿Qué me pasaba?
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