capitulo 45

4926 Words
Martes - 21/07/2009 Tom Bueno, llevaba como media hora corriendo de aquí para allí delante de una puta pelota, porque hoy tocaba jugar a fútbol. La verdad es que no me apetecía mucho, pero el programa de esta semana marcaba que se había de jugar o a esto, o a básquet, y preferiblemente, me quedaba con el fútbol. Los chavales con los que jugaba eran los de dieciséis, y como mínimo tenía rivalidad, pero no eran precisamente buenos que digamos. Eran los mismos que se quedaron hasta el final el otro día, jugando a la botella, y ciertamente, se preocupaban más por que no se les moviera el pelo de sitio que de dónde estaba la pelota. Y los únicos que jugaban medianamente bien estaban prácticamente solos. Pero… Yo no estaba muy fino, y nos ganaban de tres goles. ¡TRES! ¿Cuándo me he dejado ganar por tanto? Vale, que cuando he querido dejar bien a alguien, me he dejado ganar por un gol, y en el último momento, ¡pero no a medio partido con una diferencia tan grande! Mierda, es que… ¡Arg! ¡Estoy perdiendo la poca cordura que me quedaba! Ayer apenas vi a Bill, y en los pocos momentos en los que podía disfrutar de su presencia, era de lejos. No podía apartar la vista de encima suyo. No es justo, me ha hecho volverme loco por completo. Y ahora es mi novio. ¡Tiene huevos! Pero tiene el doble de huevos, el no verme con mi propio… Sí, emm… esto… No-novio. Parece que no haya pasado nada, tío. Como antes, como amigos, vamos. ¡Pam! De pronto algo me dio en la barriga creando un dolor punzante en la boca del estómago. Jooder, yo estaba en mi puto mundo, y de pronto ¡zaska! Me apartaban de él, cuando menos lo necesitaba. ¡Muchas gracias, me gusta estar out del mundo, no hacía falta pegarme de hostias! Una… Una pelota de color blanco con topos negros y grandes, casi me taladra el estómago de una punta a la otra cargándose mis costillas. Enseguida llevé mis manos hasta la zona e hice un sonido un tanto peculiar, porque… Iba a quejarme, pero un hilillo de voz salió por mi boca y me enmudeció enseguida. -¡Tom! ¡Vamos, ¿qué coño estás haciendo?, a jugar! ¡Era una jugada maestra, si hubieras cogido esta pelota lo habrías tenido a huevo para tirar! – la voz de uno de los de mi grupo, me hizo reaccionar del todo, y hacerme ver que, uno, lo que me había golpeado era la pelota de fútbol, y dos, que yo estaba jugando con ella a un partido. -Mierda… - dije al cavo de dos segundos, habiendo recuperado la voz. -Jajajajajajaja – una estruendosa risa que me hizo voltearme alarmado para buscarla, sonó detrás de mi espalda. Ese carcajeo se metió dentro de mi cabeza y activó algo en un instante. Se me paralizó la mente e hizo voltearme al momento de oírla. Era terriblemente familiar y por encima de todo, me gustaba mucho. Y cuando vi a quién pertenecía, no me sorprendí en absoluto de que me agradara. Era… ¡Joder, ¿quién va a ser si no?! ¡Bill! ¡Era Bill! Que justo acababa de llegar y que me miraba de lejos. Se estaba riendo de mí porque me había golpeado la pelota, qué novio tan simpático tengo. Menudo c*****o está hecho. Aunque bueno, no me importaba. En esos momentos me sentía totalmente incapaz de enfadarme con él ni lo más mínimo. Es que… Joder, mierda. Estaba radiante bajo el increíble sol, con el brillo en su pelo aireado, y con los ojos achinados por la risa. Sonreía tan ampliamente que, sinceramente, servía para un anuncio de dentífrico o de algún dentista. Pero su alegría se esfumó de su rostro, cuando… Se dio cuenta de que le estaba mirando. De que en cuando había empezado a escuchar su carcajeo no había podido evitar voltearme a mirar, encontrándome con él. Yo, con cara de pocos amigos ya que alguien se mofaba de mí, y él con cara de estar viendo la mejor comedia jamás hecha. Pero en cuanto me vio, abrió los ojos fuertemente y se tapó la boca con las manos al instante. Se quedó tieso y hasta parecía que hubiese ganado altura de lo encogido que estaba en sí mismo, alargándose hacia arriba. Después intentó disimular, tocándose cómicamente el pelo y mirando hacia otro lado, supongo que a la línea dónde empezaban los árboles y la espesura del bosque. Entonces, cuando notó que mi vista seguía posada en él, yo con una ceja alzada, mirándolo con gracia y superioridad casi, me miró de reojo y sonrió de lado, para finalmente, bajar el cabeza, derrotado. Y yo… Me había quedado jodidamente embobado. ¿Qué como me di cuenta después de a saber cuánto tiempo sin pensar en algo que no fuese él? Pues porque el movimiento de manos que yo creí que era un saludo por parte de él, era una manera para llamar mi atención, cómo diciendo: “¿Hola, hay alguien? ¡Juega, hombre!”. Movía sus brazos en alto de un lado a otro entrecruzándolos todo el rato y me miraba con el ceño fruncido. Pero la segunda señal ya fue definitiva: -¡Tom, que te has quedado mirando al infinito, tío! Va, que te toca sacar. No se qué te pasa hoy macho… - el mismo chaval que antes me había llamado la atención ahora volvía a hacerlo. Salí del trance y un poco aturdido cogí la pelota y la puse entre mis brazos. Después de medio segundo reaccioné. -Ehh, chavalín, a mí no me vengas con esas, que soy yo el único que ha marcado los goles que tenemos. Así que a callar que yo ya estoy concentrado. – ts… ¿me venía a mí diciéndome lo que tenía que hacer? Vamos, ni que fuera mi padre. Avancé, de espalda al equipo, al mismo tiempo que me ponía de cara a Bill, hasta la línea que marcaba el campo, para salirme de él y me paré una vez estuve fuera. Vi cómo este, se había ido de donde estaba y sin embargo se había puesto un poco más allá, supongo que procurando estar en un sitio dónde no le pudiera alcanzar la pelota. Se sentó en el césped y les hizo señas a mis dos mariconcetes personales que llegaban de dar un paseo, aburridos de verme jugar. Estos se sentaron junto a Bill y los tres me miraron enseguida. Me volteé, y les di la espalda. Alcé los brazos al aire, y puse los brazos en catapulta para poder lanzar la pelota, y cuando estuve seguro de a quién pasársela, se la pasé lo mejor que pude. La pregunta es, ¿por qué coño me estaba tomando tantas molestias en sacar lo mejor posible? Sencillo. Porque tenía que bordarlo. Tenía que jugar perfecto, como macho dominante amante del futbol que era. Vamos, segurísimo que sí. ¡No podía quedar delante de Bill en ridículo como lo había estado haciendo hasta ahora! Tenía que marcar amenos… cuatro goles, ¡pero ya! Teníamos que ganar y demostrar a todos y sobre todo al moreno, que soy el mejor. ¡Tengo que lucirme, por dios! El partido empezó a tomar otro color totalmente diferente. Quizás porque ahora ya sabía que debía estar concentrado a tope. Lo cierto es que tenía un buen motivo para hacerlo. Puse mis cinco sentidos completamente en la bola esférica y no dejé de seguirla con los ojos, sin quitarle nada de atención. Mi equipo tenía la pelota, pero estaba en la otra mitad del campo, opuesta a la mía. Después de que yo la hubiese pasado, hubo complicaciones y un tío la cogió, llevándola lo más rápido que pudo hasta nuestra portería. Y yo, como era un delantero tenía que estar pendiente de si alguien conseguía y traerla de nuevo aquí, y así hacer una de mis súper jugadas que salvaría el partido. Y por suerte, ocurrió. Mike, un chaval del otro equipo, perdió la bola en un descuido y mis neuronas (pocas), se activaron al instante, haciendo que mis pies se movieran casi inconscientemente lo más rápido que pudiese, hasta llegar a ella y cogerla. Lo hice y la conduje yo solo, sin nadie que me pudiera ayudar hasta un par de metros antes de la portería, donde marcaría tenía que marcar si o si. De pronto, un tío se me puso delante. Lo vi… Realmente chungo, pero que muy chungo. ¡Ya he dicho que estaba solo y no sólo eso, sino que rodeado por tres tíos más! ¡Mierda, no tenía por dónde tirar la pelota, joder! La reculaba para atrás con un juego de pies, intentando distraerlos y hacer que me abrieran un sitio para largarme y rematar un chute, pero me estaba siendo imposible. -¡Ehh! – grité. Vamos, no me dejéis ahora vosotros mal. En seguida aparecieron un par y me ayudaron a sacar la bola. Me maldije a mi mismo, porque ahora metería él el gol, y yo me quedaría comiéndome los mocos. Pero sin embargo al irme un poco hacia la izquierda, hice el plano perfecto para el chute que me propino y yo… ¡PAM! La metí de pleno en toda la portería. Se quedaron todos boquiabiertos. De hecho, era un tiro bastante difícil, y sin embargo, ahí había estado yo, ¡al pié del cañón para lanzarla y metérsela casi en toda la boca! Pero casi sin darme tiempo a nada, otra vez se puso el juego en marcha. Ahora sólo nos separaban dos goles de la victoria y me sentía en racha. Un tío se me acercaba a toda velocidad. Lancé la pelota al aire y salté por encima de éste, que se había tirado al suelo para tratar de detenerme. Recuperé el balón y avancé a toda leche. Sentía la velocidad en mi cuerpo y mi mente incluso, y la cara de todos los jugadores estaba puesta en mí de nuevo. Y otra vez, una oportunidad de oro, en un momento, en un instante. Avancé sin pensar en el dolor de piernas que estaba empezando a sentir y… ¡TOMA! Menuda hostia le pegué a la pelota. ¡¡GOOOOOOL!! ¡El segundo! ¡Sí, toma ya! No me pude evitar girar en su dirección y lo vi sonreír de felicidad. Arg, mierda, me hubiera gustado correr hasta allí y besarlo. Meterle la lengua hasta la campanilla pero…Había mucha gente, y no era plan, desde luego. El partido continuó y perdimos el contacto visual, aunque las pequeñas corrientes eléctricas de entusiasmo y pasión reprimidas, seguían allí. De pronto, algo me sobresaltó. Yo estaba bastante abandonado porque ahora la atención estaba en la otra mitad del campo, ya que nos la habían vuelto a robar la bola y se debatían en una lucha casi interminable. Es posible que nos volvieran a marcar, y estaban todos concertados. Pero… Lo que me sobresaltó fue algo en el bolsillo del pantalón. Tanteé, curioso, qué era eso que me había molestado y saqué el móvil como respuesta. Tenía un nuevo mensaje. Tom… Vamos al bosque. La boca me llegó hasta el suelo. ¡Era Bill! Miré en su dirección de nuevo, éste me hacía señas pequeñas para que Andy y Mario no se dieran cuenta. Sonreí. ¡Joder, me encantaba! ¿Lo había dicho ya antes alguna vez? Hice ver que me habían llamado y con señas anuncié que me tenía que ausentar. Bill vio que yo entraba en el bosque y este hizo lo mismo pero por otro camino. Finalmente, nos encontramos entre ramas y hojas y empezamos a devorarnos. ¡Me cago en la puta! ¡Tom, deja de soñar, por dios! Me habían vuelto a quitar la pelota, joder. Pero a más. ¡Qué gilipollas soy! ¡Ni tan solo llevo el móvil encima! Y peor aún, que yo recuerde aún no nos hemos dado los móviles… Después se lo tendré que pedir. Lo había conseguido, había marcado otro tanto. Me mordí el labio de la alegría contenida (no podía mostrarme sorprendido claro, esto tenía que parecer una jugada de lo más normal común para mí…), y miré en su dirección. Me aplaudía sin llegar a rozarse las manos para que no sonara y me miraba radiante. Oh mierda, me moría por ir ahí y estamparlo contra el césped y meterla la lengua con tanta fuerza que me suplicaría una tregua. -Uuuf… Hace calor… - me dije a mi mismo, mientas me quitaba mis dos gorras y me acercaba a ellos tres. Era justo el momento para salir del partido mientras sacaban desde el centro. Una vez me las saqué, me pasé el brazo por la frente quitándome todo el sudor y después me recogí del todo las rastas, para que no me dieran tanto calor en el cuello como lo estaban haciendo. Cuando me quedaban dos metros para llegar, me quité la camiseta como quien no quiere la cosa, e hice un nudo con mis tres prendas. Vi la cara de empanados de los tres y me reí interiormente. Mario y Andy ya habían flipado muchas veces a principio de verano cuando me quietaba la camiseta y me metía en la piscina (aunque al final de este, ya se habían acostumbrado a mí), pero la cara de Bill… Oh dios, eso era un puto poema que me elevaba a las nubes. -Guardarme esto, anda – y lo lancé cuando estaba a medio metro de ellos. Bill fue el más rápido y lo cogió al instante, poniéndoselo todo entre las piernas, las cuales estaban sentadas de indio y las agarró fuerte con sus manos. Pero mientras yo me quedaba mirando al moreno, casi sin poder apartar la vista, porque no podía dejar que me perdiera cómo recorría su mirada mi vientre desnudo, con una cara de querer comerse una tarta de pastel, Mario, se quitaba del agarre de su novio y se alzaba hasta poder tocarme los abdominales con las manos. Hizo una leve pasada que me hico cosquillas y me aparté enseguida. Todos miramos al susodicho. -¿Puede ser que cada año estés más bueno? – me dijo, tal cual. -Ehh Ehh… Se mira pero no se toca. - dijimos Andy y yo al mismo tiempo. Era como una frase un tanto común. Todos los veranos me hacía la misma broma, y siempre le decíamos lo mismo. Pero en cuanto Bill vio de pleno su mano tocándome, alzó una ceja sorprendidísimo y miró a Mario con descaro. Después lo supo disimular y simplemente me miró. -Sí claro, yo te lo guardo. – removió mis cosas, como señalando que ahí estaban, y finalmente sonrió de lado. Cogí aire fuertemente sin poder romper su contacto visual; es mi novio, es mi novio, ahora es MIO, ahora me pertenece. -Bueno, vuelvo… - No, no me quería ir. Quería tirarme encima de Bill AHORA. Asintieron, y justo cuando me iba a voltear para largarme, le escuché. -¡Eh! ¡Por cierto! Buenísima jugada – y sin que nadie se diera cuenta, me giñó el ojo y me mandó un beso. Y ¡zas!, noté a la perfección cómo ese beso me atravesaba el pecho completamente, saliendo volando por mi espalda y perdiéndose por el cielo. Arg… Lo había notado, lo juro, como una especie de flecha de Cupido, que me aturdía. Incluso podía notar como de la herida de esta empezaban a salir corazoncitos. ¡Una puta descarga eléctrica que no tenía que ver (por primera vez), con una puta erección! Me había… Emocionado, joder. Saqué la lengua y me largué dando unos primeros pasos hacia atrás, sin dejar de mirarle y finalmente me di la vuelta y volví hacia el partido. Me sentía jodidamente renovado, y eso que era había sido un gesto que me habían propinado miles de chicas anteriormente. Pero, ¡toma! Viene Bill y te saca del mundo real con un movimiento de labios. Oh… Sus labios. ¿No era que podía besarle cuando quisiera? ¡Pues era el jodido momento! Mierda, había perdido la cuenta de las veces que había fantaseado con llevarme a Bill de ahí en todo lo que llevábamos de partido. Este hombre es demasiado “soñable”. Vale, no existe la palabra, lo sé, pero Bill crea sensaciones nuevas, y creedme la palabra “soñable” es una de ellas. Sacudí la cabeza y de nuevo volví al partido. Había una jodida distracción en un lateral del campo pero no podía prestarle atención, no ahora que sólo me faltaba meter un último gol. Ahora tenía que estar cien por cien concentrado, sin excusas ni idas de olla. El partido fue genial, realmente me había lucido como un puto campeón, y estaba tan satisfecho conmigo mismo que no podía desdibujar esa estúpida sonrisa de mi rostro. Como si lo necesitase, recordaba mentalmente todas y cada una de las jugadas que había realizado, todas y cada una de ellas con la mirada correspondiente a mi chico, que me miraba estupefacto y con la boca abierta. Salí del campo y todos mis compañeros me chocaron las manos. -Muy bien tío, nos has salvado. -Menudo partido macho, eres un puto as. -Joder Tom, pedazo remontada. ¡Me has dejado parado! Sonreía como un niño pequeño que no quería que le dejaran de alagar por todo aunque sólo haya dicho una palabra graciosa. Me acerqué a mis amigos y estos me aplaudieron tiernamente, sonriéndome de una manera muy graciosa. Entre ellos, evidentemente Bill, que me miraba hasta con ternura, y con orgullo. -La has clavado campeón – me dijo Andy estrechándome la mano bien fuerte. Pero yo no le miraba a él, simplemente no podía. Estaba con mi vista fija en el moreno, que estaba cabizbajo pero que miraba hacia arriba con los ojos. Estaba sonrojado y tenía entre las manos mis cosas. Sus brazos estaban hacia abajo y muy juntos, como si fuese tímido y le costaba mirarme. Yo me encargué de hacerle reaccionar, y en un descuido le pillé la ropa fuertemente, haciendo que se sobresaltara. -Eh, gracias por guardármelo – y pegó un bote. No se lo esperaba porque de hecho no lo tenía yo mismo ni en mente, pero se deshizo el mundo de ternura cuando lo vi sobresaltarse y mirarme directamente con los ojos bien abiertos. Después, intentó disimular y me levantó el dedo pulgar como diciendo: “Eh, de nada, pa’ lo que sea”, como si se tratara de un amigo más, normal y corriente. Sostuvo mis cosas y empezamos a caminar. La clase, acababa de terminar así que ya tenía el resto de la tarde libre. Era realmente gratificante que me iba a despedir por un tiempo de tantos niños y adolescentes. Mis mariconcetes se pusieron por delante de nosotros y como siempre, empezaron a cogerse de la mano y a hacerse mimitos, se arrimaban mucho y acababan dándose besos fugaces. Arg, eran tan empalagosos. ¡Eran demasiado novios para mi gusto! ¡Si yo fuese maricón y tuviese novio no estarí…! ……… Ohhh… Mierda. Mi novio está a dos centímetros de mi mano, sin decir nada. Que sí, que sí, que tengo novio, que está conmigo, que yo… Yo… ¿Debería hacer lo mismo que ellos? ¿Qué hace un novio en estos momentos? ¿Se tiran todo el día como ellos? Sinceramente, espero que no, porque no me acaba de gustar. Es como muy… Rosa. Demasiado empalagoso y asquerosamente tierno. Como un pastel sólo de chocolate. Arg, no sé si me explico. Bueno, pero eso ahora da igual, ¿Qué hago? ¿Le vuelvo a dar la mano? ¿No quedará muy repetitivo? ¿Y si se ha fijado en Mario y Andy y ahora piensa que sólo quiero copiarme? ¿Y si se muere de ganas de que le trate como a una puñetera princesita y está esperando a que haga de príncipe azul y le de la mano cordialmente? Venga, que realmente, Bill tiene muchas pintas de princesita de cuento… ¡Pero yo tengo pinta de criado rebelde y fuerte! No puedo ser romántico y principesco. Vale, lo mismo me estoy comiendo el coco y ni tan solo él está pensando en ello. Bueno, mejor saco tema. -Hey… Ayer no hablamos en todo el día. - Anda que yo también, que optimista soy. -Ya… - dijo entristecido. ¿Veis, lo que decía? ¡Optimista total! – Te eché de menos… De hecho, te busqué por todas partes, pero… No estabas. Y a la hora de la cena, que fue el único momento en el cual te encontré, vi que estabas tan ocupado con tus amigos, riéndote y pasándotelo bien, que… No quería molestar. Y encima después, hubo la pelea aquella de los dos críos y tuviste que hacerte cargo, y eso… Que, bueno, al final no hablamos nada. -Lo sé. Y bueno… ¿qué hiciste? – me atreví a preguntar. -Mmm… Pensar en ti. Ya te lo he dicho. Ensanché una gran sonrisa. -Vaya, ya somos dos… - le miré pasándome la lengua por el labio inferior, deteniéndome en mi piercing. -¿Pensaste en mí? – me miró con los ojos brillantes, ilusionado y con las manos entrelazadas encima del pecho. -Emm… Nop. Pensé en mí mismo. – y ensanché aún más si se podía mi engreída sonrisa. Su expresión se derrumbó y me miró con desdén. Después se cruzó de brazos y se paró en medio del camino, dándome la espalda. -Oh vamos, baby… No te pongas así… Era una broma. -Tienes los humos muy subidos eh, chaval… Eres muy pero que muy creído. Bufé fuertemente. Vale, es verdad, pero no lo hago por fastidiar. Sólo es diversión, este hombre se ha enfadado demasiado. Miré al suelo y me rasqué la nuca. Va, haz ver que no ha pasado nada. -Oh vamos… - y le fui a abrazar. Pero en el último instante, me separé antes de que notase siquiera mi presencia. Algo me preocupó. ¿No habría… alguien alrededor, no? Estábamos detrás del campo de fútbol, en la zona de los árboles y definitivamente parecía que habíamos perdido a Mario y Andy, seguramente estos habrían continuado con su camino sin darse cuenta que nosotros nos habíamos quedado parados. Me giré hacia la derecha, donde apenas un par de árboles nos tapaban el campo de fútbol, que de lo poco que se podía ver parecía que no había nadie. Buena seña. Le abracé por la espalda, entrelazando mis brazos con su cintura. Le ronroneé en la oreja y después le besé en el cuello seguidamente -Sí, he pensado en ti – No me gustó mucho decir esa frase porque parecía que se había cargado todo el morbo. Bill me intentó evitar juntado el hombro con la mejilla y así impedirme el paso a su lujurioso cuello, pero se le notaba de lejos que se estaba riendo y que se había puesto completamente rojo. -Tom… -se quejó. Aunque bueno, más que queja… -Uhh… Eso ha sonado muy a gemido. - y quise volverlo a oír. Quise volver a oírle decir mi nombre de esa manera tan jodidamente sensual. – Repítelo. Le besé en la oreja y después le pasé la lengua a lo largo de esta. Sentí como se le erizaba la piel bajo mis manos y como instintivamente cambiaba la posición de la cabeza hasta el otro lado, de manera que me dejara todo su jodido cuello al descubierto. -Hazme repetirlo… - me dijo, tan sensualmente que creo que había sentido un pinchazo en la polla del morbo que me había dado. -Jah… - me reí – Como desees. - humedecí mi lengua y se la pasé por el largo del cuello lentamente hasta llegarle a la parte trasera de la oreja. Noté cómo empezaba a coger más y más aire a cada respiración que daba. Estaba empezando a acalorarse gracias a mí y noté cómo me apretaba con las uñas en mis manos que lo tenían rodeado. Estiraba el cuello lo máximo para que no parara y cuando me detuve en una sola zona para chupar y chupar, lo hizo de nuevo… -Dios… Tom… - gimió. Su voz sonó alto y claro, demasiado diría yo. Se me puso la piel de gallina nada más escucharlo y no pude evitar finalizar aquello con un leve mordisco en el cuello. -Creo que he incrementado los chupetones que te dejé, baby – dije sonriente. Puse mis manos en su cadera y lo agarré fuerte. De un golpe de muñecas le di la vuelta para que se quedase mirando hacia mí. Se sobrasaltó un poco, pero después unió nuestras frentes mientras me rodeaba el cuello con sus brazos. Me sonrió prácticamente en mi propia boca y me sorprendió dándome un beso de esquimal, rozando nuestras narices. -No me importará nada en absoluto llevar el cuello aún más rojo su es por tu culpa. Me quedé sin respiración al acabar de oírle y mi vista se fue directamente a sus labios, exactamente igual que sus ojos, que me miraron a mí. Me quedé petrificado un instante y sentí deseos de lanzarme y comérmelo, pero… Mierda, me había quedado parado, respirando esta vez yo, fuertemente. Se me lanzó él a los labios en un instante, y en cuanto los juntó fuertemente con los míos, reaccioné. Nos empezamos a besar febrilmente, como otras tantas veces. Pero… esta vez era diferente. Bueno, realmente no, porque es una tontería, pero… Digamos que era la primera vez que nos besábamos después de ser declarados novios (sin contar aquellos momentos, que nos quedamos bajo la lluvia) Pero sí, es cierto, ayer apenas nos vimos, y ahora es la primera vez que tenemos contacto de algo… Ahora era un jodido beso de novios, un beso… ¿legal? Puuff… ¿Pero qué coño importaba? Bill se estaba volviendo loco y eso era lo único que importaba ahora. Lo rodeé más si cabía y lo alcé en el aire. Ahora yo miraba hacia arriba y él hacia abajo mientras nos besábamos y le cogí del culo. Me rodeó la cintura con sus piernas y después se rió en mi boca. Caminé con él en brazos y después lo llevé hasta el tronco de un árbol. Lo empotré contra él y abandoné mi tarea para volver a su cuello. Creo que no se sentía muy cómodo en esa postura ya que en un principio no hizo mucho por su parte, pero al cavo de poco volvió de nuevo a gemir, y a sentir mi lengua en su piel. Tiré al suelo la camiseta que llevaba en la mano todo el rato, y le agarré bien fuerte el culo. ¡ARG! ¡Pero qué culo! -Dios Tom, noto todos tus músculos en mi barriga. Me reí en su oreja. Era una sonrisilla traviesa, de lado, socarrona. Su tono de voz había sido como si estuviera impresionado, y eso me llenó de gozo y de… De todo. Me separé un poco y me miré el torso a mi mismo. -¿Y te gusta? – aunque ya me sabía la respuesta claro. “Me encanta Tom, por favor, fóllame”. Ou yeah nena, los dos sabemos que yo estoy buenísimo. -Emm… Eso creo. - dijo no muy seguro de ni tan sólo su propia voz, que había sonado algo así como temblorosa e indecisa. Pero lo peor fue el chasco que me había pegado. ¿Qué? A ver, vamos a ver, ¿Qué clase de contestación es esta, tío? Si no lo sabes, no abras la boca, puedes herir los sentimientos de gente como yo. Vale, fuera coñas. -¿Crees? – dije alzando una ceja y mirándole fijamente. Este me evitó y me miró el pecho. Me quitó uno de sus dos brazos con los que me tenía rodeado y con los dedos me delineó algo. No sabía muy bien el qué, ni tan solo si tenía algún sentido aquellos garabatos, pero lo hacía casi sin rozarme, como con miedo. -Bueno es que… No sé, nunca me había sentido así con el cuerpo de un tío. Sintiendo que me impresiona tanto de vista y que me llega a sentir como… Joder, ya sabes qué quiero decir. Pero, entiéndeme… - el tono de voz que puso ahora era como una especie de rogación. Decanté la cabeza como si esa fuese mi posición de pensar y le di un par de vueltas a lo que acababa de decir. Instintivamente le miré la camiseta. Bueno, supongo que ese era el factor x del tema. El cuerpo que escondía esa camiseta, y esos pantalones. ¿Realmente me gustaba a mí? ¿El pecho plano y caderas cuadradas? -Ahora que lo dices… te entiendo. - le miré con ojo crítico. -Oye, a ver, que no estaré tan cuadrado como tú, pero que no estoy mal tampoco, ehh… - y me tapó el campo de visión cubriéndose con sus brazos. No me reí aunque el comportamiento de Bill fuese teatro puro y requiriera un momento de humor. Me quedé mirándolo, de lado, observando sus facetas. Cada línea que formaba su cara, la nariz, los ojos, la boca… Su precioso pelo, n***o carbón y su piel de porcelana. Lo dejé de nuevo en el suelo, y lo fui apoyando poco a poco hasta que tocó él solo en el suelo y se aguantaba de pié. Me miró extrañado y deshizo su propio abrazo.
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