-¿Tom…? – le besé y dirigí mis manos enseguida a la parte baja de su espalda. Hice inciso de meter mis manos por debajo del pantalón, dónde Bill casi pega un bote del susto. Pero en vez de ello le agarré los extremos de la camiseta y tiré de ella hacia arriba.
Vale, esta es la primera vez que le quieto una camiseta a un tío mientras me lio con él, pero… No problem. Tú, no pienses en que te estás comportando como un puto maricón, y ya está.
El moreno, me miraba con los ojos como platos y una vez su camiseta quedó junto con la mía, estirada en el suelo, nos separamos. Y nos miramos el uno al otro, como si fuésemos extraños y nos inspeccionásemos.
Mi chico estaba realmente pálido y sin color. Pero los tatuajes le daban un aire sensual que conseguía arreglarlo. Estaba delgado aunque se le notaban unos brazos fuertes y trabajados. El piercing del pezón me estaba llamando a gritos.
-¿Tom, qué…?
-Tócame y yo te tocaré a ti. – le miré firmemente y este cogió aire sonoramente. Después lo soltó de una.
Y esta vez, sin que ninguno nos dijéramos nada, nos empezamos a volver a besar, con lentitud y sin profundizar. De hecho, todo lo contrario, simplemente entreabríamos los labios y nos tocábamos con ellos mientras, que con más lentitud aún, nuestras manos se paseaban temerosas a lo largo de nuestro torso.
Debo decir, que Bill estaba mucho más temeroso que no yo. Yo de hecho, estaba tratando todo el asunto como si fuese un juego y simplemente me dediqué a tocarle como a mí me gustaría que me lo hicieran.
Empecé desde abajo, acariciándole la cintura con lentitud, poniéndole nervioso, al querer más y más. Después le subí poco a poco por los laterales, haciéndole cosquillas. Notando como se le metía la barriga para dentro depende de dónde tocaba.
Dios, qué morbo me dio aquello.
Intenté buscarle de nuevo ese punto tan sensible que le había encontrado y lo hallé. Volví a pasar mis manos por uno de los laterales y volvió a esconder la barriga de nuevo, sin quererlo. Lo hice un par de veces hasta que Bill empezó a romper el beso y a quejarse.
-Mierda… Tom, que tengo cosquillas. -decía entre pequeñas risillas.
-Me encantan tus cosquillas… - le confesé, lo más sensual posible. Volví a tocarle en el punto clave y este hizo un gesto con el cuello en el que lo retorció todo y me dejó vía libre de nuevo a ese camino de manchas rojas. Puse mi nariz en su cuello antes de que lo volviera a colocar dónde estaba y le impedí que se moviera de ahí. Le lamí toda la longitud y este suspiró fuertemente.
Seguí moviendo mis manos hacia arriba hasta que llegaron arriba del todo.
He de admitir que clarísimamente, ahí faltaban dos buenas tetas que tocar y manotear a mi antojo. De hecho, no podía evitar sentir que ahí faltaba algo vital y se me cortaba el rollo por completo que no estuvieran. Sólo deseé que Bill no se hubiera dado cuenta que el parón que acababa de sufrir, era por ello.
-No te pares ahora… - este, hacía rato que se había dejado de tocarme a mí y había dejado que yo tomara el control del asunto. Y de tal manera, que hasta me recriminaba que me parara.
-Tsk… - me reí en su cuello y después le mordí.
-Gñr… - gruñó.
Y a mí me hizo sentir casi un orgasmo con ese gruñido. Joder, qué… Voz. Pero como mínimo, esta vez me correspondió. Nos juntó en un instante y puso sus manos en mi trasero.
Y ¡zas! Nos separamos los dos.
Nos miramos a los ojos, abiertos como platos, y después nos miramos el pantalón. Nos habíamos empalmado los dos, como dos putos campeones. En cuando nos habíamos juntado los dos, nuestras erecciones se habían rozado y… Bueno, ¡qué digo rozado! ¡Se habían… aplastado mutuamente! Y ambos nos hemos separado en un instante.
-Emm… Parece que te está gustando. –dije, intentando que la tensión que se acababa de formar, no aumentara por un silencio incómodo.
-Bueno… No soy al único al que le gusta. – me señaló con el dedo a mi paquete y yo me lo tapé con mis manos al instante, sin ningún tipo de pudor. Este puso los ojos en blanco y miró hacia otro sitio
-Eh, Soy un tío, ¿qué quieres? Hago cosas de tío. – recriminé.
-¿Y? Yo también soy un tío y no me toco el paquete en público… - dijo con vocecilla de diva.
-Tsk, pues deberías. Es bastante gratificante, baby. – la aconsejé.
Este negó con la cabeza y después miró hacia otro sitio. Dejé mis manos a cada lado del cuerpo y finalmente me las puse en la nuca. Apoyé toda mi cabeza en ellas, y me sirvieron de cojín, digamos.
Estuvimos un momento de silencio.
Pero a ver, ¿y esto ya les pasa a los novios oficiales? ¿Se tiran tres mil años para pasar de un beso a quitase las camisetas? No me gusta mucho la idea… Pero, ¿Qué podía hacer? Si ni tan solo yo mismo me atrevía a hacer nada más.
Pero, mierda. Ahora que podía tocarlo y besarlo cuando quisiera, no podía dejar que se fuera así como así. No por no poder follar iba a dejarle, ¿verdad?
Bueno, es hora de volver al mundo real.
-Oye… Tengo toda la tarde libre. ¿Quieres que hagamos algo? – le dije, sin ningún tipo de segundos sentidos, ni nada por el estilo. Simplemente, por pasar el tiempo con él.
-¿Cómo en una cita…? – se rió de lado, como pensando “¿Estás hablando en serio?”.
-Hombre, una cita… No sé. Simplemente, hacer algo.
-Bueno, vale. ¿Qué quieres hacer?
-Lo que tú quieras. – yo ya me sabía este campamento de memoria, y desde luego yo ya lo había hecho todo. No le sacaría ilusión a nada, así que prefería que él decidiera qué hacer, y yo dar el voto final a su idea.
-Pues… No sé.
-Joder Bill, nunca sabes nada. ¿Nunca has pensado en hacer algo por iniciativa propia?
-Em… ¡Pues yo que sé! Bueno si… Alguna vez que te he besado, ha sido por iniciativa propia.
Tss… Puse los ojos en blanco.
-Creo que eso ya me lo había supuesto yo solo. No, va, ahora en serio. Dime algo que te apetezca hacer. Algo que se pueda hacer en un campamento, claro. Dime lo primero que se te venga a la cabeza.
Lo miré y este hizo un gesto extraño con la cabeza. Como un pequeño tic de tirar la cabeza hacia atrás como si le hubieran dado un golpe, como si estuviera sorprendido. Después miró al infinito y se puso a pensar.
-He dicho lo primero que se te pase por la cabeza. No le des tanto al coco, tío…
Se rió de lado, y después habló, con la mirada iluminada.
-Vaya, estaba pensando… En esas películas en las que hay un bosque, hay un lago, hay una cascada… ¿Aquí hay cascada? – me miró con el cejo fruncido un segundo. Como si el hecho de que un hubiera, le estuviera jodiendo la sorpresa.
-Emm… Sí. Pero… ¿Qué tienes metido en la cabeza ahora? – le miré distante, con miedo. Porque, hablar de películas y de acantilados con lago al final de este, con cascadas y con distancias altas, solo me podía llevar a…
-¿Saltamos desde arriba del todo?
Mierda.
Cerré los ojos fuertemente, y después con el pulgar y el índice, me los froté fuertemente.
-Vamos a ver campeón… ¿Tú te quieres matar? – lo dije un tanto cómico para que no me salieran las palabras bordes que estaba a punto de soltar, y este se rió.
-¡Oh vamos, Tom! ¡Me has dicho lo que yo quiera!
-O sea que sí, que te quieres matar… Pues te vas a ir a matar tú solo, porque yo paso. ¿Pero, qué digo? No, ni tú solo. Ni hablar, ni flipando, amigo. – un par de recuerdos se me vinieron a la mente.
-Tsk, no creo que nos pueda pasar nada malo, tío… Es solo, saltar hacia el agua… ¡Como en las películas!
-Ya, pero en las películas siempre hay dobles, que llevan toda la vida entrenándose para que nada les pase, y hay ambulancias a dos milímetros, tomas a ordenador que no son reales, gente pendiente de cada cosa… Y un larguísimo etcétera, que aquí no tenemos. ¿Qué pasa si calculas mal y te das una hostia con una piedra? ¡Podrías matarte o… O quedarte discapacitado para el resto de tu vida!
Bill puso cara de aburrirse, y puso los ojos en blanco. Parecía que no escuchaba lo que decía, ya que como nena mimada que era, siempre conseguía lo que quería y ahora yo se lo negaba.
-Vamos Tom… ¿Dónde está tu sentido de la aventura?
-En Matt – me puse tenso. Hacía meses que no sacaba su tema. Pero de nuevo un espasmo me recorrió la espina dorsal.
-¿Matt? – alzó una ceja, desconcertado.
-Era el otro hetero del grupo. O sea, yo y él éramos los hetero, y Andy y Mario los maricones. Me dio el mismo discurso que tú hace dos años, y yo le dije lo mismo que a ti a ahora, pero insistió tanto que al final fuimos a saltar.
Bill me miró con el ceño fruncido y finalmente preguntó:
-¿Era…? – en su voz se podía notar el miedo.
-Se dio un golpe muy fuerte contra una de las piedras del lateral, que estaba muy salida y casi se ahoga al caer inerte al agua. Lo saqué con la fuerza que no tenía y llamé a mi padre. Se quedó en coma medio año, y ahora tiene un 40% de deficiencia.
Bill cambió el semblante en un momento.
-¿Y a ti no te pasó nada?
-Me quedé bastante traumado. -Se calló. Vale, en realidad todo esto era una puta trola. Matt sí existía pero jamás ha sido “el otro hetero”, es simplemente un colega más, pero así ya le estaba metiendo en la vena sensible. Tampoco se quedó discapacitado ni mucho menos, y lo de estar en coma… No sé ni cómo se lo ha creído. Pero si es cierto que intentando saltar desde lo más alto de la cascada Matt casi se parte la cabeza.
Lo que pasó es que Matt quiso saltar de la cascada más grande, y casi pasa una desgracia. Primero le llevé a las cascadas pequeñas a las que llevamos a los críos, pero pareció que hasta se reía de la sola idea de saltar por sitios tan bajos.
Y le he mentido porque... No soportaría llevar a Bill a las cascadas pequeñas y que éste piense igual que Matt, haciendo que lo lleve a la zona peligrosa. No soportaría que le pasara algo malo ni parecido. Así que supe que si le mentía, seguramente se le quedaría clavado en la mente.
Igual podía planear algo para que las cascadas de los niños pequeños no parecieran saltos de guardería… La verdad es que no estaría mal llevarlo a saltar. Igualmente, se me vino a la mente otro plan.
-Oye… ¿Y si nos vamos a mi cabaña a tocar la guitarra o algo…? – intente sonreír para que se le quietara la cara de horror que tenía en el rostro. Vale, creo que me he pasado.
-Dios, Tom, lo siento – y me abrazó fuerte. Bueeeenooo… Ahora se pone melodramático. ¿Y ahora como le digo que es mentira? Mierda, ¿y si ahora no quiere saltar cuando lo lleve? En fin. Tom, piensa en el presente, que es lo único que tienes.
-Contéstame, ¿te vienes a tocar la guitarra?
Me miró serio, y después clavó los ojos en mí.
-Bueno, sólo si me haces un concierto acústico, en privado. Sólo y únicamente para mí. Dedícamelo, dime algunas palabras entre cada canción.
-Joder, menos mal que no eras de esos tíos cursis…
Puso los ojos en blanco.
-Ya bueno… es que, me he puesto un poco ñoño con lo de tu amigo… - Jodeeer. Bueno, si se ha puesto ñoño, no es mala señal del todo, ¿cierto?
-¿Preparado para el mejor concierto de tu vida?