Capitulo 33

4411 Words
Qué cobarde soy. ¿Cómo coño puedo ser así? Si me está pidiendo explicaciones, como mínimo debería concedérselas. Pero me daba pánico, porque sabía que si tenía que decirle algo al respecto, me lo inventaría. Y me lo inventaría de tal manera que crearía un nudo muy grande, que más tarde sería incapaz de deshacer… Y prefiero no decirle nada antes que empeorarlo todo. Ni le decía la verdad, ni lo opuesto. Simplemente no le diría nada. Supe enseguida que me miró, indignada y pidiéndome explicaciones, porque la figura difuminada que podía reconocer a un lateral (ya que no la miraba directamente, sino un par de metros más allá) se había girado en mi dirección. Me contestó. Bill, te lo exijo. ¡Necesito saber por qué! ¡¡Es lo mínimo que me debes!! ¿No crees? Me recriminó sin cortarse un pelo, sin evitar nada, sin dejarse cualquier cosa que preferiría no decir. Nada, no le importaba. Intenté convencerle de todo lo contrario. ¿Y si te quedas peor? Esta vez tampoco me quedé sin tapujos. Le acababa de advertir con todas las letras, y estaba esperando que por favor, funcionara. Me volteé la cabeza de nuevo, y la observé. Esta vez ya no me miraba a mí, de hecho ya no miraba a ningún sitio. Tenía una de las manos en la frente, y la dirección de su cabeza se perdía dirección abajo, en la mesa. De pronto un movimiento hizo que me hirviera la sangre. Un hombre sentado al lado de Dawn le tocó el hombro, con el semblante preocupado y el entrecejo ligeramente fruncido. Mi ex novia alzó la cabeza en nada y se hizo la loca, se alborotó el pelo e hizo caso omiso. Erik la cogió por la barbilla y la miró a los ojos, esta se le quedó mirando, y después le sonrió, se quedaron mirando. Y no apartaban la mirada. Un Mississipi, dos Mississippis, tres Mississippis… Vale, ¡esto no acaba! Cogí el móvil y marqué su número. En cuanto el suyo empezó a vibrar delante de ellos, estos rompieron el puto contacto visual y salieron de un repentino trance. Erik pareció disgustado y Dawn avergonzada, colgué en cuanto fue a cogerlo, dejándola toda desconcertada. Después miró la llamada y se entristeció. Erik lo notó. ¡Me cago en el puto Erik de los huevos! La besó en la mejilla, dejando un pequeño rubor en ese precioso color canela que tenía, esta sonrió ligeramente dejando a entrever su preciosa dentadura blanca. Yo lo mato… Yo lo mato. Vale, analizando la situación he llegado a la conclusión de que… Amo a Tom, y quiero a Dawn. Por lo tanto, todo aquel que se acerque a Tom de una manera más allá de la necesaria… merece mi odio. Y por Dawn… ¡Tres cuartas partes de lo mismo! No hace ni una semana que lo hemos dejado y no soporto ver a un tío rondándole sabiendo que ya no está bajo mi coraza. ¿Es normal no? Sí, totalmente. Erik dejó de intervenir finalmente y se levantó a dejar su plato en la zona de platos sucios. Momentos en los que Dawn aprovechó para responderme. Respiró hondo antes de nada, y después marco en su móvil a una velocidad espeluznante. No me importa, lo necesito. Si no, esto no acabará nunca. ¿¡Qué?! ¡¡No!! No por dios… No me digas esto. Vale, estaba entrando en una especie de trance importante. No quería hablar con ella, pero se lo debía. Y sin embargo estaba a punto de esconder la cabeza bajo la tierra y no aparecer en días… hasta que se haya olvidado del asunto. Miles de escusas se me pasaron por la cabeza. Invenciones que de seguro, podrían colar. Pero realmente estaba harto de mentir y de esconder las cosas. Ahora, en el estado de euforia y total desequilibrio mental en el que me encontraba, lo último que quería era callarme, y dejar atrás algo que se muere por salir de dentro de mí, cómo el hecho de que estoy enamorado de Tom, que lo quiero… ¡Qué me siento nuevo, coño! Mierda, me estoy yendo del tema. ¿Y si juego a darle pena yo? Podría utilizar un poco de psicología de forma que sintiese lástima por mí y desistiera de preguntarme. Es que es duro para mí también, y me da vergüenza. Y le di a enviar. ¿¡Vergüenza?! A ver Bill, ¿qué coño excusa es esta? ¡No puedo decirle eso! ¡Se olerá algo! Enseguida miré su reacción. Y me sorprendió, al mismo tiempo que me hacía gracia. Parecía que todo el mal rollo y ese mal estar, hubiera desaparecido durante un par de instantes. Primero la vi releer el mensaje, con una ceja alzada y con una mueca de lo más graciosa, como si no se lo acabara de creer. Y más tarde me miró con una sonrisilla en la boca que creí que jamás volvería a ver. Alzó las manos como diciendo “¿eing?” y más tarde, mientras continuaba sonriendo, me contestó. Nada, está claro que la factura del móvil de este mes, va a ser larga… Mi madre me va a matar. ¡Pero qué dices! ¡Si tú no tienes vergüenza! No seas bobo, conmigo no deberías tener vergüenza. Me tapé la cara con las manos y creo que me puse rojo de verdad. De verdad estaba pasando un ligero bochorno, que con la tontería ahora estaba sintiendo en carne viva. ¡Me estaba poniendo nervioso! Dawn creo que me miraba atenta. Eres adorable. Este mensaje también vino por su parte. En realidad podría hacer el gran esfuerzo de introducirle en el tema… Dawn merece la pena, realmente la merece, y por consiguiente merece que se lo explique. Creo que hasta… hasta merece que otro chico le hable así, aunque se trate del gilipollas de Erik, que en realidad yo no conocía, pero que ya me caía mal. Pero después no te enfades más. ¿Prometido? De hecho creo que te reirás de mí, o yo que sé. Lo mismo me odiarás más tarde. La condición es que tu idea siga adelante, nos separamos un tiempo y cuando ya no me quieras… vuelvas para ser mi amiga. La vi mirar al mensaje, con el cuerpo totalmente estirado en la mesa del comedor, y dejando el móvil alzado totalmente perpendicular a la madera conglomerada de la superficie. Lo releyó mil veces, dedicándome alguna que otra mirada fugaz. Si te soy sincera me has calmado un poco. Decirme que puede que me haga reír me ha tranquilizado. Quedamos justo después de comer, sobre las cuatro. Vale… Creo que me había metido en un agujero sin fondo, de esos que vas cayendo y vas cayendo y no ves el final. No tenía salida. O le contaba a la princesa del cuento la clave para poder seguir adelante… o me quedaba atrapado para siempre. Vale, ¿quedamos en mi cabaña? Sinceramente, no se ir a otro sitio que no esté lleno de gente. Está bien. Estaba de los nervios. Con ganas de trepar por las paredes. Sabía que en cualquier momento Dawn haría presencia en mi cabaña, llenándola toda de tensión y de malos tragos. Estaba casi agonizante entre las faltas de respiración y el demasiado acelerado bombeo de mi corazón. Caminaba de un lado a otro casi sin sentarme a descansar y miraba el reloj cada dos segundos. Eran menos cinco, pero menos cinco en mi reloj, ¿y si en el suyo ya eran en punto? ¿Y si realmente son y cinco ya? ¿Qué pasa si realmente son menos cuarto? ¡AHH! ¡¡Estoy entrando en crisis!! De vez en cuando me asomaba a la ventana y miraba a ver si veía su figura esbelta y preciosa caminar hacia aquí, hasta que finalmente apareció. La vi, vestida de blanco totalmente, a diferencia de mí, y con la cabeza gacha. Tenía las manos apretando en su pecho, y la vi respirar fuerte. … Estaba tan nerviosa como yo. Y eso me hizo respirar tranquilo durante un segundo, ya que ella estaba compartiendo mi mal estar. No le di tiempo a picar a la puerta que ya le abrí. Un pensamiento positivo se me pasó por la cabeza en un instante; cuanto antes empezara, antes acabaría. Dawn me miró sorprendida, después de tirar la cabeza hacia atrás, asustada. Le dediqué una media sonrisa con algo de esfuerzo y ésta simplemente entró, apartando mi cuerpo haciendo presión en mi pecho, con toda la mano. Roce que me gustó… Me mordí el labio y le seguí el culo con la vista… Arg, dios. Me estaré haciendo maricón, pero ahora mismo era tan hetero como siempre. La vi sentarse en la cama y yo seguí sus pasos. Últimamente me estaba cansando de tener siempre el mismo escenario para cualquier “evento” en mi vida. Dawn simplemente me miró, y restó quieta, seria y como si estuviera esperando. Yo repetí su gesto y entrelacé mis manos, nervioso. La miré y esperé a que empezara a hablar. …………… Uno, dos, tres, cuatro, cinco… Buueeeeeeeeno… La miré interrogante y esta seguía mirándome fijamente. Casi estuve a punto de pasarle la mano por delante de los ojos, por si se había quedado petrificada. Esperé unos segundos más pero esta seguía igual. -Emm… ¿No me vas a decir nada? –pregunté de golpe, casi sin pensarlo dos veces. Preguntar por preguntar, y sobre todo, para sacar tema y salir de esta incertidumbre. -No, eres tú el que ha de hablar. -dijo seria como su mirada, y en sí como todo su comportamiento. -¿Por qué estás tan sosa? O sea, no estás mostrando ninguna… emoción. -realmente no sé porque le estaba hablando tan libremente en un momento como este, pero es que en realidad era mi manera de reacción ante estas situaciones. Soy de lo que no hay. -Porque me he prometido que no me pondría a llorar.- soltó alto y claro. Sin avergonzarse, con todas las letras por delante. Simplemente asentí. -Bueno pues pregúntame, no sé, introdúceme en el tema Dawn… Que no sé cómo empezar. -le confesé. Realmente estaba muy perdido. Dawn rodó los ojos, y después se dispuso a hablar. -Pues, veamos… Joder, yo qué sé, Bill sólo quiero saber ¿Por qué te fuiste con ella? – y una vez más, aun habiéndoselo jurado, la voz se le quebró ligeramente. Mierda, se pondría a llorar en la primera frase. La primera frase. Dios, bu bum, bu bum, bu bum, bu bum… ¿Por qué me fui con Ash? ¿Por qué? De nuevo la respiración se me atascaba de los puros nervios. Y otra vez me invadían las ganas de salir corriendo. ¿Se lo decía? ¿No se lo decía? -Yo… -y esta vez se me quebró a mí la voz, no por ganas de llorar, sino por la falta de palabras, por la imagen de Tom a cada letra. - Yo… Dawn es tan difícil… Esta frunció el ceño, decepcionada. -Joder Bill, dijiste que me lo dirías. No me jodas. ¡Sólo quiero saber en qué he fallado! ¿Qué? ¿Ella? ¿Fallarme? -¿Pero qué dices Dawn? ¿Cómo vas a fallar tú en algo? Si eres la chica más perfecta que jamás he conocido… - y eso me salió solo, haciendo que sus ojos cerraran con lentitud, con un peso enorme en sus parpados. -¿Me lo dices enserio? Porque no te creo, no puede ser que yo lo diera todo por ti y que un día así porque sí, de repente te fueras con Ash… ¿Qué tiene ella que no tenga yo? -¡Nada! ¿Qué va a tener? -¿Entonces? ¿Por qué me substituiste? –me continuó preguntando. -No te substituí joder, es solo… ¡Arg! Dawn, esto me cuesta mucho. - escondí la cabeza entre las manos y respiré hondo, al mismo tiempo en que ella repetía el gesto. -Explícamelo, no puede ser tan difícil. -dijo seria. -Sí lo es. -Pues inténtalo, yo puedo ayudarte. Volví a coger tanto aire que se me hinchó el pecho como tres veces de lo normal, costándome el hecho de soltarlo. ¿Qué le digo? Joder, ¿Qué le digo…? El pulso me aumentaba por momentos y el pánico que invadía. Tenía las palabras en la punta de la lengua, las podía sentir. Se morían por salir y ser liberadas, pero al mismo tiempo tenían un combate mortal contra las otras palabras, esas que no mencionaban a Tom en ningún momento, esas que mienten, que simplemente me libran del marrón y punto. Pero no… odio seguir mintiéndole. -Yo… creo que… Pues que yo… - no me salía, ¡No me salían! ¡Y se repetían en mi mente! “Estoy enamorado” “Estoy enamorado”. ¡Sí, eso debería decir! ¡¿Por qué no puedo?! -¿El qué? – me invitó a continuar. -Pues que yo… -me cago en la puta Bill, dilo, simplemente dilo. Estoy enamorado, no es tan difícil. -Yo… yo… crecrecrecreo ququee eesssttototoy e-e-namoradddodo. - ¡OH! ¡YA LO HABÍA SOLTADO! ¡POR FIN! -¿Que estás qué? – vamos no me jodas, no me digas que lo tengo que repetir porque vamos, te quedas ahí esperando. – ¿Ena… enamorado? –vale no, lo había entendido. Miré al suelo respondiendo a su pregunta con un silencio otorgador. -Bill ¿estás enamorado? Pero si tú… tú nunca te has enamorado. -no se lo creía, de hecho parecía hablar como si fuese una broma - ¿Cómo te vas a enamorar? Si estas en contra de un amor así. -Ya… Yo… No sé, yo no lo he escogido. - y me salió de dentro. Esas palabras eran pura verdad. ¿Cuándo había decidió que me gustaría alguien? ¿Cuándo había decidido que me enamoraría? ¿Cuándo había decidido que fuese de Tom? Nunca, desde luego que nunca. Y ahí estaba yo. -Oh dios, eso sí que no lo habrías dicho tú… Joder ¿Bill, te has enamorado de Ash de verdad? –y creo que casi se puso a llorar. Espera espera, ¿ha dicho Ash? La miré ofendido. -¿Qué? ¿Cómo puedes decir eso? ¡Te juré mil veces que no me enamoraría de ella nunca! Sólo es mi mejor amiga, ahora y siempre. No iba a haber nada entre nosotros, jamás. Bueno, nada sentimental. -me corregí. Pero no hizo caso al final de todo lo que había dicho. Se había quedado pensativa. -Espera, eso quiere decir que ¿no te gusta Ash? ¿Nada? ¿Ni un poquito? Negué enérgicamente. -¿Y entonces? ¿De quién? – parecía hecha un completo lío, y no me extrañaba en nada. Yo no es que fuera el mejor en dar explicaciones, desde luego ¡Pero es que yo no podía dar esas explicaciones! ¡No! ¡Cero! ¡Nein! -¿De quién Bill? Y me quedé callado. Si me había costado decirle que me había enamorado, sin haber incluido nombre, decirle de quién me iba a costar más. Me quedé callado aún más rato. -A ver ¿es de Irma? –Negué – ¿Mary? – Negué - ¿Hilary? – volví a negar. Me nombró a todas y cada una de las chicas de la clase y evidentemente, en ninguno asentí. La vi asta cansada de tanto pensarlo. – Pero… ¿es de tu edad? Ahí me lo pensé. Tenía el vago recuerdo de que sí, de que en algún momento me había nombrado su edad. Sí, tenía diecinueve. Asentí. -Pues joder Bill, las chicas de tu edad son todas estas. Las únicas de la clase. El resto de chicas grandes no pasan de los dieciséis, a menos que hables de Erika… Pero vamos, ella debe de tener los mismos que yo. - soltó más tarde. Parecía que el mal estar se le había pasado un poco, sólo un poco, pero el suficiente como para entretenerse en este, “¿Quién es quién?” -¿Es morena? –preguntó. Sonreí mientras negaba. -¿Rubia? ¿Tom era rubio? Sí, bueno, un tanto rubio oscuro. Pero era rubio. Asentí. -Joder, si era morena me lo ponías más fácil, las alemanas son casi todas rubias… - y me reí, después de estar comportándome como un mimo. Y ésta también esbozó una media sonrisa triste. –Va… dímelo Bill. – Me suplicó – o como mínimo dime tú alguna otra pista. Algo importante para adivinarlo. -No es de clase. –y ahí la desconcerté del todo. -Pero si las únicas chicas de tu edad son las de clase. -Dawn es que… Bueno… -¿Sí? -Es que, joder Dawn, no es una… bueno, en fin que no tiene tetas, ni v****a, ni… ni nada. Que es un tío, vamos. - hablé tan deprisa y tan entrecortadamente que creo que no se había enterado de nada. Me entró el nerviosismo tan de golpe que lo solté todo enseguida. Sin mirarle directamente y moviendo las manos de aquí para allí, como señal de un típico tic nervioso. Después de un rato de silencio me atreví a mirarla. Esta tenía su vista fija en la pared, en algún punto perdido en su mente, sin saber qué decir, sin contestarme, simplemente… meditando. -¿Dawn? Joder, no me odies. Lo siento, lo siento ¿vale? Ni yo mismo me lo creo, por favor no te enfades conmigo por eso. Enfádate por lo que más quieras, pero no por eso. ¡Yo también estoy que no me lo creo! Joder… Dawn ahora dime tú algo. Me miró con el ceño fruncido, algo desconcertada, más bien perdida, y con las palabras desordenadas. -¿Un chico? Solté aire fuertemente y escondí la cabeza. Sentí ganas de llorar de la impotencia. Joder, está claro que no le ha sentado bien, uno de mis miedos era ese. Que por el hecho de que ahora sea ¿bisexual? Sí, se podría decir que sí, bueno, yo era ¿Thomosexual? (que palabra más rara), pero eso queda aún más mal. El caso es que aún había homofóbicos en el mundo, y yo no quería que Dawn fuera una de ellas. -Sí. -¿Quién? ¿Rubio? ¿No es de la clase? – asentí ambas preguntas, con desgana, con tristeza y con lentitud, decepcionado. -Es del… del profesorado. - y entonces abrió los ojos desmesuradamente. Me miró fijamente y se tapó la boca, sorprendida. -¿Qué? ¿De Tom? ¡No, Bill! No te acerques a él, ¿no ves que es hetero del todo? Sólo te haría daño. - y entonces, me quedé en el sitio, parado, petrificado. ¿Me estaba dando consejos? ¿No se había enfadado? No me lo podía creer. - El primer día… intentó ligar conmigo Bill. Lo… Lo siento, pero olvídate de él. - supongo que lo decía por cumplir, que en el fondo. -Bueno, es que en realidad… Han pasado cosas. -¿Han pasado cosas? Bueno, no me expliques eso ahora. Yo… A ver, ¿qué tiene que ver que ahora te guste un chico con que te fueras con otra? ¿No era más fácil decírmelo y lo habríamos hablado? -¿Qué? No no, es que realmente no es así la cosa. Yo no me lo creía ¿vale? O sea, era algo imposible. No podía gustarme alguien, Bill no es así… Y muchísimo menos de otro tío. - me excusaba liándome con mis propias palabras. - ¡No podía ser maricón! Yo, yo estaba tan… joder… -…Confuso. –acabó ella por mí. -Sí, exacto. Era, la primera vez que me sentía de esta manera y yo, dios, yo estaba de los nervios. De los putos nervios. Y joder, no me lo quería creer, y como soy tan tozudo pues… hice una locura. -Te escucho. -Me quería demostrar a mí mismo que me ponían las tías. ¡Las tetas! ¡No el pecho plano ni eso de debajo de los tíos! – se rio – Y como que contigo ya tenía pasada esa prueba, porque ya sabía que tú me ponías a cien – y se sonrojó – pues un día que estaba con Ash pues, pues no sé… Se me fue la olla acabó así. Fue como una especie de conejito de indias. -¿Y resultó? -¿El qué resultó? -¿Seguías siendo hetero? -…-respiré hondo – No… estuve pensando en Tom todo el rato, si me excitaba o algo – que violento es esto de hablar con tu ex sobre sexo y no sobre sexo con ella – era porque me lo imaginaba… a él. - solté, tan rojo que se me podría confundir con los colores del crepúsculo. No se rio por poco, pero igualmente parecía algo alterada. -¿Y porque no me lo dijiste Bill? –me recriminó. -Pues porque no lo sabe nadie. Sólo Georg. Tenía miedo y no sabía cómo te lo ibas a tomar, porque no quería que te enfadaras aún más conmigo, porque no quería defraudarte… -¿Defraudarme? -Sí… Tú misma eres consciente de que llevo diciendo que no soy gay prácticamente desde que nací casi, y ahora voy y meto este giro tan de repente. -No digas gilipolleces… No es nada malo. -¿Estas enfadada? -Estoy dolida, Bill. Eres la persona más importante en el mundo para mí, y lo sabes, y sé que enamorado de mí no estabas, pero al menos algo de aprecio me tenías. Lo mínimo como para tenerme un poco de confianza. Y este problema en realidad, es una tontería. Por fin te enamoras, por fin sientes lo bello que es el amor. Y aunque para mí sea una putada, como mínimo me queda el consuelo de que no me has dejado por otra tía. Que entras en terreno vedado, y que aunque no pueda hacer nada pues… no sé, yo me entiendo. - y por un instante, creo que la vi sonrosarse y reírse. -Dawn… Sobre todo, quiero que sepas que eres la chica que más he querido en toda mi vida… Te lo prometo, a ninguna de mis novias la había querido tanto. Eres alguien en mi vida, alguien que ha dejado huella, una marca, algo muy muy grande. Por favor, no pienses que no te he querido ni nada porque eso sí que es mentir. Y me jode que estés con el puto Erik de los huevos pues porque… - alzo una ceja, divertida – porque hace una semana eras mía y ya no y encima te eches miraditas con el cantamañanas ese… - dije, lo más vasto que me salió. Se rio, un poco, pero se rio. -Bueno, ahora sientes un poco lo que he sentido durante toda esta semana al saber que mientras seguíamos juntos, tú habías estado con otra que no era yo. Aunque los motivos sean algo… tontos y casi inexcusables pero, ahora ya me es igual. De verdad, ahora ya parece que todo me resbale por la piel, caiga al suelo y… y se funda con mis pisadas. Nos quedamos en silencio. -Bueno, ahora ya estoy “en paz”. Así que podemos dar por finalizada la charla. Aunque bueno, me va a sentar como una patada en el estómago pero… ¿Quieres que te de algún consejo? – me preguntó. La miré con tal cariño que se habría derretido delante de mí del calor de mi mirada. Le asentí enseguida. -¿Cómo te sientes ahora? -Muerto de miedo. -No te asustes por lo que puede llegar a ser lo más bonito de tu vida. Sobre todo si es tu primer amor. Pero te lo digo en serio, Tom no parece trigo limpio. Conozco a este tipo de tíos, son de los que van con una y se van con otra a la media hora y sólo actúa con tías. Vale que sus mejores amigos sean gays, pero él… Él no tiene pinta. - me volvió a advertir. -Bueno… lo cierto es que nada más llegar ya hubo una especie de… conexión, entre ambos. Creo, creo que también le gusto. -¿Enserio? -Sí. Es que, el otro día, cuando… bueno, cuando me dejaste, el me vio destrozado, y nos montamos una especie de botellón en el que acabamos un poco mal. Tan “mal” que… me besó. –me miró sorprendidísima. Aunque después puso una mueca extraña, supongo que por usar el verbo besar conmigo. -No me lo puedo creer. -Ni yo. - solté, con una pequeña risilla final, alegre por saber que yo podría cautivar a Tom. -¿Y ya le has dicho que te gusta? -No. -¿Y a qué esperas? Cuanto antes se lo digas antes pasarás el mal trago si su respuesta es negativa y… más tiempo estaréis juntos si… - se paró, inspirando algo que parecía llanto – …si es positivo. Me quedé mirándola. -Dawn, dejemos el tema, en serio, creo que no vas a llegar a ningún sitio así, y lo último que quiero es que otra vez salgas llorando por mi culpa. -No Bill, escúchame, si no lo intentas no lo sabrás. Piensa que ya estamos en día quince. Y nos vamos el treintaiuno. Si lo alargas mucho apenas disfrutaréis de una semana… -y se limpió una lágrima. – quien sabe si después del campamento seguiréis en contacto. De seguro que sí si hacéis algo, pero si seguís como ahora, pasará el tiempo Bill. Y el tiempo es un hijo de puta muy grande. Y se quedó callada con las manos en puño. Un par de lagrimones descendieron por sus mejillas. La abracé muy fuerte, tanto que casi me hago daño a mí mismo, pero no le di tiempo ni a reaccionar que ya la había soltado. -Dawn… Gracias. -Creo que me voy a ir a casa. -¿A casa? –pregunté, extrañado. -Bueno, ya me entiendes… Que me voy. Me lio con la palabras… estoy nerviosa.- y se levantó. La acompañe por la puerta y cuando ya estuvo fuera, me miró fijamente, con los ojos humedecidos y rojos – Sobre todo, hazme caso Bill. Y ya me fijaré si os mandáis miraditas fugaces en el comedor y cosas de esas de enamorados… - y se fue. Sin más.
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