Eran las siete de la tarde. Llevaba todo el rato dándole vueltas al asunto de Dawn. Lo que me había mencionado sobre ir y hablar con Tom. Sí, la verdad es que el dialogo era la mejor salida, pero estaba seguro de que no me atrevería, me pondría delante de él a fantasear con sus labios y su lengua y me trabaría la mía propia.
Pero cierto era que me moría por saber qué pensaba él.
De verdad que no quería otra cosa en estos momentos que una puta aclaración de ideas masiva.
¿Y qué pasaba si no lo intentaba hoy? No lo intentaré mañana, ni al otro… De hecho no sería capaz de hacerlo. La emoción del momento se habría esfumado.
O era hoy… O no era nunca.
Me cogí una chaqueta por si iba a llegar demasiado tarde ya que hacía frio y salí pitando. Casi sin querérmelo pensar mucho.
No tenía nada pensado, llegaría allí y ale. Que fuese lo que tuviese que ser. Y punto.
Por suerte, una de las cosas que si me había aprendido a la primera, era cómo llegar a la tan jodidamente escondida cabaña de Tom. Así que emprendí mi viaje, y me puse a cantar. Necesitaba mantener la mente en blanco, así que lo primero que me vino a la cabeza fue una canción.
El camino se me acortaba bajo los pies a una velocidad desmesurada, como si el tiempo quisiera que me afrontara ya contra la vida y en menos de diez minutos ya había llegado.
Ya tenía delante de mí las escaleras que subían hasta la cabaña.
Las subí despacio, poco a poco, con lentitud y serenidad… Necesitaba tranquilidad.
Cuando estuve delante de la puerta respiré hondo tres veces. Y a la tercera, llamé a la puerta.
Primero nadie me contestó, pero después pude escuchar una voz de dentro.
-¡Entra!
Y con el temblor notable a varios kilómetros de distancia… abrí la puerta.
Me encontré con los ojos abiertos de Tom, sorprendidos de verme, casi con miedo. Cómo si no deseara que yo estuviese ahí. Estaba blanco como la tiza prácticamente, y deshizo la postura que tenía (estaba estirado en la cama leyendo una ¿revista porno?) y me volvió a mirar, como si fuese un fantasma. No supe cómo interpretar eso hasta que me di cuenta de algo.
No estaba solo.
-¡Andy mira! ¡El chico del comedor!
Miércoles - 15/07/09
Bill
Me quedé petrificado, aunque yo diría que eso era quedarse corto. Yo, había entrado dentro de su cabaña con toda la ilusión del mundo. ¡De verdad!
Estaba eufórico, estaba… Bueno, enamorado. Ya se sabe, con ganas de caminar por las paredes de emoción y nerviosismo. Sobretodo nerviosismo.
Y… qué rápido se me habían ido todos esos sentimientos.
-¡Andy mira! ¡El chico del comedor! –una voz realmente sorprendida, sonó a mi derecha. Un personaje, sentado en una silla, supongo que leyendo algo, o mirando algo en alguna revista, se me había quedado mirando en mi dirección con los ojos muy abiertos. Como si no se lo creyera, se levantó y pestañeó varias veces.
-¡Hostia! ¡Es verdad! – y esta vez dirigí mi vista hasta ese punto del cual pertenecía la voz. Un chico rubio casi blanquecino estaba sentado en el suelo, apoyado en la pared, con las manos apoyadas en unas rodillas alzadas, con una consola portátil. Postura que deshizo cuando se fijó en mí.
Me quedé estático ahí parado. Mirando a ambos lados, como un gilipollas, sin saber qué decir, totalmente mudo. Durante un instante posé la vista en mi posible salvador, ya que lo mismo le daba por hablar y quitarme de ese mal trago, pero este estaba más o menos como yo, a diferencia de que él tenía en la mano, una puta revista porno. ¡No me lo puedo creer! ¿Eso compra cuando se va a la ciudad? ¡Qué tío!
Conecté con su mirada apenas unos instante y le pedí ayuda de esa manera, pero no hizo nada. Simplemente abrió la boca, con la intención de decir algo y después… calló. Con parsimonia, cerró la revista que tenía una chica morena de portada.
Me entró el pánico en cuanto vi a ambas figuras que no conocía levantarse y hacer el amago de aproximarse a mí. Casi pierdo el equilibrio. ¿Qué hago? ¡Mierda, esto no lo tenía previsto!
Cogí aire, y tal cual había entrado… salí.
Cerré la puerta fuertemente y me apoye en la pared de al lado, respirando fuertemente, como cuando Georg le pidió a Tom de entrar en el grupo. Igual.
Miré al suelo, repasando esa última maniobra que había hecho. Había salido de ahí, sin decir nada, simplemente, deshaciendo los pasos hechos, dejando a los tres con un golpe en las narices. ¡¡Es que, se me había olvidado totalmente que estaban sus amigos!! ¡Y encima se acordaban de mí! ¡Más suerte no se puede tener!
-Oye, ¿a dónde vas? –una voz, peligrosamente cerca de la puerta, sonó detrás de la fuerte madera que me separaba de ellos. Se me aceleró el corazón más si cabía y cerré los ojos, casi rezando para que no abrieran y me pillaran ahí.
¡Es que, ya que estaba fuera, debería salir corriendo! ¡Pero no podía! Ya había hecho suficiente tirando atrás. Se me habían gastado las fuerzas, todo lo que tenía recogido en un gran sentimiento de emoción y de ganas de decirlo todo, se había consumido como una vela a la intemperie en una noche de frío y viento helado.
Entonces, unos pasos muy sonoros descubrieron la posición de alguien que se acercaban demasiado a la puerta.
Mierda.
-¡Bill!
¡Pum! Era Tom… Era Tom… Y yo detrás de la puerta. Si no digo que estoy, ¿Se irá? Se irá seguro. ¡Había quedado fatal!
¿Desde cuándo alguien entra en una casa ajena, te ve todo el mundo, y después sale corriendo? ¡Nunca! Bueno, está claro que yo siempre he sido la excepción.
No debería largarme.
-¿Bill? ¿Cómo que Bill? –de nuevo había sonado la primera voz que sobraba en el contexto – Andy, ¿ha dicho Bill?
-Sí, ¡eso he oído! –y de nuevo la otra voz sobrante. Me sabe mal, pero es que, me han chafado el plan. – Tom, no me jodas que ya lo conocías y no nos habías dicho nada…
-¡Qué fuerte Putom! ¡Dile que entre! ¡Yo quiero conocerlo!
Vale, ahora sí que voy a salir corriendo. ¡Me van a descuartizar entre todos! Nonono… Prefiero morir a manos de gente que conozca.
Muy bien, a la de tres, salgo para el lado del bosque, y si me pierdo… ¡Tengo batería! ¡Esta vez no se me olvidará el móvil! Mierda, ¿Y a quién llamo si me pierdo? A Georg no puedo porque no quiere saber nada de mí. A Ashley… Bueno, sería la excusa perfecta para hablar con ella.
Ok, uno, dos… dos y medio… dos y tres cuartos…
-Bill, sé que estas detrás de la puerta, así que sal dignamente, y no me hagas sacarte que aún quedarías peor.
-¡Sí, sé que ha dicho Bill! ¡Bill! Entra hombre, que somos buena gente.
-Bill, hablo en serio, si giro la puerta y estás, te arrastraré de la oreja.
-Será muy bueno si descubres que hablas solo Tom… -y una voz se empezó a descojonar.
-Tú cállate Andy.
-Admite que sería brutal.
-No sería brutal, además, lo conozco, sé que está ahí detrás.
¿Qué me conoce? ¿Desde cuándo? Ni que hubiéramos estado juntos tanto tiempo como para que se conozca mis movimientos y mis pensamientos.
-¡Que lo conoce dice! Y encima nos lo restriega. ¿Por qué no dijiste nada cuando lo viste?
-Bueno, no es que lo conozca así cien por cien, pero no sé porque… lo conozco. Apuesto a que está pensando en salir corriendo. ¿No es así Bill?
-¡Eh! ¡Deja de leerme la mente! – y abrí la puerta de par en par.
Me volví a quedar parado ahí donde estaba, estático y con los ojos abiertos. Me había descubierto yo solo y ahora ya no sabía qué hacer. Estaba estupefacto. ¡Había flipado con lo que decían de mí, mantenían una conversación sobre mi persona sabiendo que yo estaba tras la madera de la puerta! ¡Y así como si nada! Y para colmo, Tom me lee la mente. ¿Pero qué es esto? Estoy en un campamento de locos. Desde luego, ahora mismo estoy por… ¿convertirme en uno de ellos? Bueno, está claro que podría dejarme llevar.
¿Pero qué digo?
Bill, tú defiéndete. Sobretodo defiéndete.
Miré a las tres caras que se habían quedado paradas, observándome y vi la sonrisa socarrona de triunfo por parte de Tom, la cara de incredulidad del chico rubio que sujetaba a su novio por la cintura, y este, el chico del pelo totalmente n***o y con el flequillo de un blanquecino de mis mechas, tenía en la mirada algo que me asustaba, una sonrisilla de lobo hambriento se dibujó en su rostro. Ay dios… Me van a comer entre todos.
¿Y ahora qué digo? ¿Cómo excuso mi aparición, así por las buenas?
-Emm… Hola. -saludé con la mano mientras miraba al suelo, mano de la cual se me veían apenas el final de cuatro dedos, ya que la manga de la chaqueta era larga. Después, me retiré un poco el pelo que se me había puesto en la cara y seguí con la vista hacia abajo.
Después de un segundo intenso, una figura un poco más baja que yo, se separó del chico rubio y se aproximó a mí.
-¡Hola preciosidad! Me llamo Mario – y antes de que me diera tiempo a reaccionar ya me había elevado la cabeza con dos dedos en la barbilla y me había dado dos besos. Creo que me quedé más parado que antes, si cabía.
-¡Hey Bill! Yo soy Andy – y este repitió su gesto. ¿Me están saludando con dos besos? Vale, me muero. Definitivamente me muero. Miré a Tom desconcertado y este miraba a sus amigos con una ceja alzada y con los brazos cruzados.
Y una vez más, me di cuenta que mis brazos no respondían a las órdenes que le mandaba el cerebro, y vaya, la acción no funcionaba ni para las manos, ni las piernas, ni… nada. ¡¿Qué hacía ahora?!
-Bueno, ya basta de presentaciones –cortó éste, apartando al rubio de delante de mí, Andy por lo que parecía. ¡Mierda, Tom! ¡Ese no es el peligroso! ¡Apártame al moreno!
Y hablando del rey de roma… Mario se me aproximó más si cabía y me tocó la cara con la yema de los dedos. Estos se deslizaron por la superficie de mi piel como si fuese de seda, dejando apenas una dulce caricia en el tacto. Me miró fijamente y yo le miré a él.
Agudizó la vista unos instantes y me sentí intimidado, como si estuviera desnudo a sus ojos, tal fue la sensación que me encogí en mí mismo en cuanto su mano dejó de tener contacto conmigo.
-Tienes la piel suave. - y de pronto me vinieron a la mente aquellas palabras que Tom me había formulado el día en que lo conocí. Instintivamente miré a Tom que al escuchar eso también se giró. Intercambiamos una fugaz mirada de recuerdos en donde ambos sonreímos, con nostalgia, como si habláramos de tiempos remotos en donde el mundo aún conservaba algo de paz. – Y joder… ¿Andy, a que es mucho más guapo de cerca? – Se giró a ver a su, como ya me había dicho Tom, novio. El rubio sonrió de lado y asintió, con un simple “ajá” y después se llevó a Mario de delante de mí.
-Anda, ven para aquí que aún te enamoras de él… -dijo Tom interrumpiendo el delicado gesto de Andy, con rudeza y cogiéndolo por la camisa del cuello, llegando al mismo resultado, alejarlo de mí.
-Qué dices Putom, a eso le queda mucho. - y los tres se volvieron a poner en las respectivas posiciones en las que yo le había visto nada más entrar.
Tom miró con recelo a Mario, que este se sentaba en el suelo, con una sonrisilla feliz, que me hizo gracia ya que el pelo se le había puesto totalmente en la cara y apenas se le veía a partir de la mitad de la nariz hacia abajo.
-¿Cómo estás tú tan seguro de eso? Andy, ayúdame, ¡que es tu novio!
-Tom, qué pesado que estás. Ya sé que es mi novio, y por eso le dejo hacer. ¿No ves que no se iría con otro?
-Exacto, a más Bill y yo somos demasiados parecidos, somos… ¿Cómo decirlo? ¿Del mismo extremo de la acera? Sí, más o menos. Yo no pego en nada con él.
Andy se empezó a descojonar y yo me quedé a cuadros. ¿¡Qué coño quería decir eso?! ¡Por dios, a mí habladme en alemán que si no, no me entero! ¿En el mismo lado de la acera? Volví a buscar apoyo en mi chico de las rastas, pero este miraba igual de desconcertado a Mario. Creo que dejaré de mirarle, cada vez que lo hacía me quedaba o con más dudas, o peor de lo que ya estaba.
Por otra parte ya mencionada, el rubio se estaba muriendo de la risa y parecía que su novio no se quedaba corto, le hacía gracia su propio “chiste”.
-No…no entiendo… -solté después de segundos de nerviosismo, sin saber qué decir. Estaba ahí de pie, frente a la puerta de nuevo, con las manos cogidas detrás, en la baja espalda, y moviendo el peso de pierna, para que no me dolieran de tanto tiempo estar sin sentarme. La verdad es que como no sabía muy bien cómo actuar me había quedado ahí parado.
-Sí hombre, sí. Ya sabes, los que somos como Andy tú y yo. Que siempre hay dos tipos. O sea tú y yo…- me hacía gestos con las manos, como intentando evidenciar lo que me decía pero yo seguía sin saber.
Yo le indiqué con las manos que siguiera la frase y que no la dejara a medias. Este puso los ojos en blanco y después se pasó la mano por la cara, sonriendo a medias.
-A ver ¿Cómo te lo diría? Los que están abajo, los que son mandados, los que usan el agujero, los que muerden las almohadas, los… ¿Sometidos? Sí bueno, algo así. Los pasivos si lo prefieres más fino.
Entonces Tom abrió los ojos desmesuradamente y se tapó la boca, gesto que no le sirvió de nada para insonorizarse el estruendoso carcajeo que salió de su boca.
Miré al moreno con las órbitas desencajadas y alucinando como nunca lo había hecho.
-¿QUE QUÉ? –me quedé atónito con lo que acababa de oír.
-Te acaba de llamar maricón con todas las letras, nene –se descojonaba Tom de mí. ¡Puto Tom de mierda! – Ais cielín – se mofó – te queda como un guante, toooodooo lo que ha dicho. Mario, te felicito.
-Tom, -“¡no sé quién es más maricón de los dos!” pensé. Pero me reprimí a los dos segundos. Bill, no le dejes mal delante de sus amigos. ¡Es algo con lo que puedo hacerle chantaje! – Tú cállate o te callo yo.
-Uuuhh… Qué chungo, baby. ¿Cómo me vas a callar? – y me puso morritos desafiantes. Sabiendo perfectamente, que delante de sus amigos y después del bochorno que estaba sufriendo, no iba a hacer nada que incrementaran las ideas que tenía Mario de mí.
Pero lo que sí hice fue mirarle con una ceja alzada, como si le diese a entender que realmente me estaba pesando esa posibilidad, el hecho de ponerme delante de él y silenciarle con mis propios morros.
Y tal fue la cara que puso, que dejó de hacer el gesto para después, disimular un falso tosido para “aclararse la garganta”.
-A ver, ¿qué coño está pasando? –soltó de pronto Andy, que como era normal, no entendía la situación. Miraba de un lado para otro, como si de un partido de tenis se tratara y pedía explicaciones.
-¡Qué no soy gay! –solté enfadado. Bueno, más que enfadado, herido en mi orgullo. Es cierto que ahora me estaba haciendo unas cuantas preguntas existenciales que teóricamente, a los diecinueve años ya debería tener resueltas, como qué sexo es el que prefiero, pero de ahí a que me llamen pasivo… ¡Hay mucho!
Mario me hizo un escáner de arriba abajo, como si no se creyese mis palabras, como si estuviese buscando algún gesto que me delatara.
-Ya, bueno… -soltó irónico - Yo tampoco soy gay. Sólo me gusta un chico, ¿no?– ¡Esto parecía una especie de tortura verbal!
-Yo también decía eso al principio. -soltó el rubio. - ¡Madre mía! ¡Qué confuso estaba la primera vez que me gustó un chico, joder! – soltó, rememorándose en su pasado.
¡¿Y ahora que contesto?!
-Bueno… cambiemos de tema. - pero esta vez, no fui yo el que habló. Tom, mi chico rubio, zanjó el tema y nadie tuvo nada que decirle. Y no entendía por qué quería cambiar ahora de conversación porque en principio se lo debía de estar pasando bien y a mi costa… - ¿A qué has venido Bill? –preguntó mientras se estiraba bien en la cama y se ponía los brazos tras la cabeza, haciéndole un apoyo, y alzando esta para que me pudiera ver bien.
Una vez más, y en menos de cinco minutos me puse nervioso.
Un flash back de porqué había venido me apareció por la mente en menos de dos segundos. Había hablado con Dawn y ella me había apoyado. Me había dado consejos sobre cómo estar con Tom. En pocas palabras, que me declarase.
Que dijera lo que siento, que me pusiera enfrente de él y le contara una a una, todas esas cosas, que hacen que se me remueva el estómago, al tenerlo delante, ese cosquilleo indescriptible cuando se me queda mirando, ese deseo de ver su sonrisa a todas horas, esa especie de ¡De cosa! Tenía que confesarlo. Como mínimo, para que lo supiera. Quería saber sí él me podía ¿corresponder?
-¡Eso Bill, dinos que haces aquí! Y joder, ponte conmigo, o con Tom, con quien quieras, pero siéntate, macho. – habló Mario.
…Pero no podía con sus amigos aquí. Y sí le decía que quería hablar a solas con él seguro que se darían cuenta y sacarían conclusiones y suposiciones acertadas. Joder, todo lo que tenía planeado, toda esa efusividad que tenía en todo, la creencia en mí mismo, en mi potencial, en mi saber actuar, el no ponerme nervioso… A la mierda.
-Nnnonooo… Popopor que sssí… -intenté disimular mi nerviosismo. –mememe… me aburría sosoolo…
Avancé con la cabeza gacha y tras dar un par de pasos me paré. Volví a mirar al frente, o más bien a la zona en la que pudiera estar y vi, que Mario estaba sentado en el suelo, porque tanto la cama, como la silla del escritorio estaban ocupadas. Tom y Andy se preocuparon de suplantar aquellos sitios vacíos. ¿Dónde me ponía? ¿En el suelo? No tío, no puedo sentarme en el suelo, me dará tortícolis de mirar para arriba todo el rato.
Vale, a quién intento engañar, sé que la cama es grande, y que Tom apenas ocupa un poco menos que la mitad. El resto podría ser para mí, ¿no?
Intenté avanzar con lentitud pero al mismo tiempo con seguridad.
Sin apenas decir nada, me posicione en la cama, lo más cercano a Tom y lo más precavido posible. Los tres pares de ojos me siguieron los movimientos, pero los que únicamente me importaban, fueron los de mi rubio con rastas, que una vez yo ya estaba acomodado, persiguieron mi figura fugazmente de los pies a la cabeza. Sonreí orgulloso.
Pero en cuanto hubieron pasado más de los segundos estrictos de silencio normales, este empezó a propagarse de una manera que no me gustó. Odiaba los silencios incómodos, sobre todo con gente a la que no conoces de nada, porque… ¡porque no le puedes contar nada! Se podría decir que yo sobraba un poco, pero ellos mismos me habían dicho que entrara, y yo me moría por hacerlo.
A más, ellos mismos podrían probar de sacar tema ¿No? ¿Por qué he de estar yo comiéndome la cabeza por que no haya tema de conversación?
Miré fugazmente a Tom y éste lo notó. Vi que también giró la cabeza hacia mí un instante.
Inmediatamente me puse rojo, y a sonreír tontamente. El pulso empezaba a bombardearme, después de realmente darme cuenta que estaba a diez centímetros de poder tocarle. Que si alargaba un poco un dedo, este le tocaba la tela del pantalón…
-Bueno, ¿y cómo os conocisteis? –dijo de pronto Andy mirándonos, expectante.
Enseguida saltó Tom.
-¡Eh eh! Qué hablas como si fuésemos pareja… - dijo de pronto, saliendo de su postura y alzándose un poco. Moderó el tono a uno un poco como… enfadado, recriminatorio, pero sólo fueron unos instantes. Después volvió a su postura anterior, pero…
Nos rozábamos los brazos.
Pu pum, pu pum, pu pum, pu pum…
-Va tío, no seas tonto… ¿Cómo que sois amigos? Nosotros tres somos amigos porque lo somos desde pequeños. Y ahora, ¿vuestra historia cual es?
-Pues yo qué sé cómo nos conocimos. -soltó un poco borde. –Pues… - puso cara de circunstancias.
-Me confundió con una chica –dije serio y seguro de mí mismo. Le lancé una mirada recriminatoria que no retiré ni en cuento se giró para replicar. Me crucé de brazos y este no dijo nada. Simplemente alzó una ceja y dejó de mirarme después de un intenso intercambio de chasquidos con el contacto de nuestras miradas. -¡Ves! ¡No lo niegas! ¡Me confundiste con una tía!- el primer día no lo admitió y ahora ¡He ganado yo!
Mario hizo un ruido agudo con la boca, como si aspirara aire y se la tapó.
-¡No me digas! – dijo sin poder creérselo. Por su parte, Andy se mofó – No me lo puedo creer, ¡Pero qué tío!
-Sí, e intentó ligar conmigo… - le recriminé de nuevo.
Esta vez sí que se giró y me señaló con el dedo.
-¡Eso sí que no es verdad! –se indignó Tom.
-¡Hombre! ¡Claro que lo es! ¡Como que me tocaste el culo y todo!
Se volvió a callar.
-Jajajajajajaja ¡¡Pero qué Putom estás hecho!! ¿Le tocaste el culo? ¿Y cómo lo tiene? Puff De infarto ¿no?
-Mario, o te callas o te callo –dijo serio el chico de rastas.
-Jajajajaajajajaja Pero cálmate hombre. Pero si hasta yo creo que pegáis. Os lo juro. ¿A que si Andy? Míralos, son tal para cual. Tom, pásale la mano por el hombro que os hago una foto. ¡Parecéis pareja!
Enseguida miré a Mario con los ojos desorbitados y rojo a más no poder. ¿Que qué? Me encogí en mí mismo enseguida, cortando el contacto mínimo que teníamos y Tom hizo lo mismo. Se me alejó. Y no me enfadé porque realmente yo había hecho lo mismo. ¿Qué diablos decía Mario?
-¿Estás loco tío? – exclamó Tom, viendo cómo su amigo sacaba del bolsillo su móvil ultimísima generación con una cámara brutal. –Anda, guarda eso…
-¡Que no que no, que es una buena idea! ¡Oh vamos, yo quería salir de aquí con un álbum de la cámara lleno de fotos! Ya tengo uno del crucero, pues quiero uno del campamento. Cuando volvamos a Düsselforf, las revelaré y las pondré en un buen book. ¡Va chicos, ayer hicimos unas pocas Andy y yo pero no resultaron del todo… Aunque como mínimo, Tom sale genial de fondo, haciendo clase con los pequeños.
La mirada se me iluminó en un instante y salté de golpe y me levanté.
-¡¿A ver?! –y enseguida me puse cerca de Mario y miré su gran móvil.
-¿¡Qué?! ¿Que tienes qué? Mario, bórralas. Esas fotos no pueden salir a la luz.
-¿Por qué no? En todas sales genial. ¡En serio, hay una que tela! Tenías calor y te estabas quietando el sudor del cuello con la camiseta. Puff… ¡Se te ve toda la tableta de chocolate!
Tom se quedó parado y yo me puse rojo de sólo imaginármelo. He de admitir que hace poco que siento un hormigueo cuando se refiere a cosas del cuerpo de un tío. Yo diría que me ponen.
-Ahora te enseño la foto, pero que no se entere Tom, que me parte en dos…-me susurró Mario al oído. Me quedé parado. Como si este me estuviera leyendo el pensamiento. ¡Eh, que yo realmente quería ver esa foto!
-Em… Yo no… –intenté excusarme.
-Que sí que sí, que se te ve a la legua amigo. No sé si antes te había gustado un chico, pero Tom, te vuelve loco.
-…
-Mira, es esta – me puso el móvil delante y pude ver a la pareja de enamorados en un primer plano, cogidos de la cintura, y haciéndose una foto alejándose lo máximo que el brazo de uno de ellos les permitía. Pero de pronto, el zoom de la imagen se disparó y se fue a una esquina. En ella, un cuerpo moreno y trabajado se asomaba por una camiseta roja. Estaba increíble.
Estaba exactamente como Mario había dicho, quitándose el sudor. Pero a decir verdad no me lo imaginaba tan… porno.
Un pensamiento me cruzó la mente de golpe. Mario lo sabía. Estaba claro.
-¿Mario, qué le estas enseñando? –se le oyó de fondo.
-¡No nada, las fotos del crucero!
Le miré y este alzó una ceja, yo disimulé y secundé asintiendo la cabeza. Este puso los ojos en blanco y después se despistó.
-Mario, perdona… Yo prefiero decírselo a Tom en persona. Que se entere por mí. –pensé que quizás Mario le comentaba algo al respecto, y era yo el que debía decírselo.
Este me miró entre sorprendido y dolido.
-Claro que no le diré nada, no voy a hacer la faena por ti, pero ten cuidado… Este nunca sabrás por dónde cogerlo. Es más raro que un perro verde. – me aconsejó.
-Gracias.–me reí bajito.
Dejó de enseñarme la foto y se fue al menú. De ahí se fue a la cámara, y la puso.
-¡Va, poneos juntos! Enserio, que yo quiero la foto. – Desvié enseguida mi vista a su rostro y lo miré extrañado.
-¿Qué haces? ¿No ves que no quiere? - volví a susurrarle.
-Claro que quiere, solo has de poner de tu parte… ¡Vamos! Poneros juntos, Bill ponte a su lado y cogeros como si fuerais pareja, pero que no parezca muy fingido, si es posible.– y me empujó con el brazo hacia su posición.
-¿Qué? No no, yo ya he dicho que no Mario.
-Vale, me parece bien, vamos Tom, que será divertido. - Tom me miró con pánico casi. Y enseguida me tiré a su lado. Lo cogí de la cintura y obligué a su mano que hiciera lo mismo. Me sorprendió que se quejara pero que no evitara, que lo manejara a mi aire.
-¿Bill, estás loco?
-¡Yo quiero la foto! ¿Se puede encender el ordenador y pasar la foto?
-Em… sí.
-Pues después me la imprimo.
-Bill, volvamos al “¿estás loco?”
-¡Que sí Tom! ¡Que es divertido de verdad!
Mario lo miraba expectante con la cámara en la mano, y con el dedo en el botón de captura.
-Madre mía, entre todos me volveréis locos…- y después agregó – Y entonces ¿Cómo nos ponemos? – me miró interrogante. Yo sonreí ampliamente y después me puse a pensar.
-Bueno, no hace falta que nos comamos mucho el coco por eso. Nos agarramos de la cintura y suficiente. –dije enseguida. Vale que me parecía bien que fingiéramos ser novios en una foto, y que en la foto se notara ese “amor”, pero de salir de la mano, a salir… yo que sé, dándonos un beso, había bastante. -¿Te parece bien? –Este se encogió de hombros y aceptó.