Una vez más, y en menos de cinco minutos me puse nervioso.
Un flash back de porqué había venido me apareció por la mente en menos de dos segundos. Había hablado con Dawn y ella me había apoyado. Me había dado consejos sobre cómo estar con Tom. En pocas palabras, que me declarase.
Que dijera lo que siento, que me pusiera enfrente de él y le contara una a una, todas esas cosas, que hacen que se me remueva el estómago, al tenerlo delante, ese cosquilleo indescriptible cuando se me queda mirando, ese deseo de ver su sonrisa a todas horas, esa especie de ¡De cosa! Tenía que confesarlo. Como mínimo, para que lo supiera. Quería saber sí él me podía ¿corresponder?
-¡Eso Bill, dinos que haces aquí! Y joder, ponte conmigo, o con Tom, con quien quieras, pero siéntate, macho. – habló Mario.
…Pero no podía con sus amigos aquí. Y sí le decía que quería hablar a solas con él seguro que se darían cuenta y sacarían conclusiones y suposiciones acertadas. Joder, todo lo que tenía planeado, toda esa efusividad que tenía en todo, la creencia en mí mismo, en mi potencial, en mi saber actuar, el no ponerme nervioso… A la mierda.
-Nnnonooo… Popopor que sssí… -intenté disimular mi nerviosismo. –mememe… me aburría sosoolo…
Avancé con la cabeza gacha y tras dar un par de pasos me paré. Volví a mirar al frente, o más bien a la zona en la que pudiera estar y vi, que Mario estaba sentado en el suelo, porque tanto la cama, como la silla del escritorio estaban ocupadas. Tom y Andy se preocuparon de suplantar aquellos sitios vacíos. ¿Dónde me ponía? ¿En el suelo? No tío, no puedo sentarme en el suelo, me dará tortícolis de mirar para arriba todo el rato.
Vale, a quién intento engañar, sé que la cama es grande, y que Tom apenas ocupa un poco menos que la mitad. El resto podría ser para mí, ¿no?
Intenté avanzar con lentitud pero al mismo tiempo con seguridad.
Sin apenas decir nada, me posicione en la cama, lo más cercano a Tom y lo más precavido posible. Los tres pares de ojos me siguieron los movimientos, pero los que únicamente me importaban, fueron los de mi rubio con rastas, que una vez yo ya estaba acomodado, persiguieron mi figura fugazmente de los pies a la cabeza. Sonreí orgulloso.
Pero en cuanto hubieron pasado más de los segundos estrictos de silencio normales, este empezó a propagarse de una manera que no me gustó. Odiaba los silencios incómodos, sobre todo con gente a la que no conoces de nada, porque… ¡porque no le puedes contar nada! Se podría decir que yo sobraba un poco, pero ellos mismos me habían dicho que entrara, y yo me moría por hacerlo.
A más, ellos mismos podrían probar de sacar tema ¿No? ¿Por qué he de estar yo comiéndome la cabeza por que no haya tema de conversación?
Miré fugazmente a Tom y éste lo notó. Vi que también giró la cabeza hacia mí un instante.
Inmediatamente me puse rojo, y a sonreír tontamente. El pulso empezaba a bombardearme, después de realmente darme cuenta que estaba a diez centímetros de poder tocarle. Que si alargaba un poco un dedo, este le tocaba la tela del pantalón…
-Bueno, ¿y cómo os conocisteis? –dijo de pronto Andy mirándonos, expectante.
Enseguida saltó Tom.
-¡Eh eh! Qué hablas como si fuésemos pareja… - dijo de pronto, saliendo de su postura y alzándose un poco. Moderó el tono a uno un poco como… enfadado, recriminatorio, pero sólo fueron unos instantes. Después volvió a su postura anterior, pero…
Nos rozábamos los brazos.
Pu pum, pu pum, pu pum, pu pum…
-Va tío, no seas tonto… ¿Cómo que sois amigos? Nosotros tres somos amigos porque lo somos desde pequeños. Y ahora, ¿vuestra historia cual es?
-Pues yo qué sé cómo nos conocimos. -soltó un poco borde. –Pues… - puso cara de circunstancias.
-Me confundió con una chica –dije serio y seguro de mí mismo. Le lancé una mirada recriminatoria que no retiré ni en cuento se giró para replicar. Me crucé de brazos y este no dijo nada. Simplemente alzó una ceja y dejó de mirarme después de un intenso intercambio de chasquidos con el contacto de nuestras miradas. -¡Ves! ¡No lo niegas! ¡Me confundiste con una tía!- el primer día no lo admitió y ahora ¡He ganado yo!
Mario hizo un ruido agudo con la boca, como si aspirara aire y se la tapó.
-¡No me digas! – dijo sin poder creérselo. Por su parte, Andy se mofó – No me lo puedo creer, ¡Pero qué tío!
-Sí, e intentó ligar conmigo… - le recriminé de nuevo.
Esta vez sí que se giró y me señaló con el dedo.
-¡Eso sí que no es verdad! –se indignó Tom.
-¡Hombre! ¡Claro que lo es! ¡Como que me tocaste el culo y todo!
Se volvió a callar.
-Jajajajajajaja ¡¡Pero qué Putom estás hecho!! ¿Le tocaste el culo? ¿Y cómo lo tiene? Puff De infarto ¿no?
-Mario, o te callas o te callo –dijo serio el chico de rastas.
-Jajajajaajajajaja Pero cálmate hombre. Pero si hasta yo creo que pegáis. Os lo juro. ¿A que si Andy? Míralos, son tal para cual. Tom, pásale la mano por el hombro que os hago una foto. ¡Parecéis pareja!
Enseguida miré a Mario con los ojos desorbitados y rojo a más no poder. ¿Que qué? Me encogí en mí mismo enseguida, cortando el contacto mínimo que teníamos y Tom hizo lo mismo. Se me alejó. Y no me enfadé porque realmente yo había hecho lo mismo. ¿Qué diablos decía Mario?
-¿Estás loco tío? – exclamó Tom, viendo cómo su amigo sacaba del bolsillo su móvil ultimísima generación con una cámara brutal. –Anda, guarda eso…
-¡Que no que no, que es una buena idea! ¡Oh vamos, yo quería salir de aquí con un álbum de la cámara lleno de fotos! Ya tengo uno del crucero, pues quiero uno del campamento. Cuando volvamos a Düsselforf, las revelaré y las pondré en un buen book. ¡Va chicos, ayer hicimos unas pocas Andy y yo pero no resultaron del todo… Aunque como mínimo, Tom sale genial de fondo, haciendo clase con los pequeños.
La mirada se me iluminó en un instante y salté de golpe y me levanté.
-¡¿A ver?! –y enseguida me puse cerca de Mario y miré su gran móvil.
-¿¡Qué?! ¿Que tienes qué? Mario, bórralas. Esas fotos no pueden salir a la luz.
-¿Por qué no? En todas sales genial. ¡En serio, hay una que tela! Tenías calor y te estabas quietando el sudor del cuello con la camiseta. Puff… ¡Se te ve toda la tableta de chocolate!
Tom se quedó parado y yo me puse rojo de sólo imaginármelo. He de admitir que hace poco que siento un hormigueo cuando se refiere a cosas del cuerpo de un tío. Yo diría que me ponen.
-Ahora te enseño la foto, pero que no se entere Tom, que me parte en dos…-me susurró Mario al oído. Me quedé parado. Como si este me estuviera leyendo el pensamiento. ¡Eh, que yo realmente quería ver esa foto!
-Em… Yo no… –intenté excusarme.
-Que sí que sí, que se te ve a la legua amigo. No sé si antes te había gustado un chico, pero Tom, te vuelve loco.
-…
-Mira, es esta – me puso el móvil delante y pude ver a la pareja de enamorados en un primer plano, cogidos de la cintura, y haciéndose una foto alejándose lo máximo que el brazo de uno de ellos les permitía. Pero de pronto, el zoom de la imagen se disparó y se fue a una esquina. En ella, un cuerpo moreno y trabajado se asomaba por una camiseta roja. Estaba increíble.
Estaba exactamente como Mario había dicho, quitándose el sudor. Pero a decir verdad no me lo imaginaba tan… porno.
Un pensamiento me cruzó la mente de golpe. Mario lo sabía. Estaba claro.
-¿Mario, qué le estas enseñando? –se le oyó de fondo.
-¡No nada, las fotos del crucero!
Le miré y este alzó una ceja, yo disimulé y secundé asintiendo la cabeza. Este puso los ojos en blanco y después se despistó.
-Mario, perdona… Yo prefiero decírselo a Tom en persona. Que se entere por mí. –pensé que quizás Mario le comentaba algo al respecto, y era yo el que debía decírselo.
Este me miró entre sorprendido y dolido.
-Claro que no le diré nada, no voy a hacer la faena por ti, pero ten cuidado… Este nunca sabrás por dónde cogerlo. Es más raro que un perro verde. – me aconsejó.
-Gracias.–me reí bajito.
Dejó de enseñarme la foto y se fue al menú. De ahí se fue a la cámara, y la puso.
-¡Va, poneos juntos! Enserio, que yo quiero la foto. – Desvié enseguida mi vista a su rostro y lo miré extrañado.
-¿Qué haces? ¿No ves que no quiere? - volví a susurrarle.
-Claro que quiere, solo has de poner de tu parte… ¡Vamos! Poneros juntos, Bill ponte a su lado y cogeros como si fuerais pareja, pero que no parezca muy fingido, si es posible.– y me empujó con el brazo hacia su posición.
-¿Qué? No no, yo ya he dicho que no Mario.
-Vale, me parece bien, vamos Tom, que será divertido. - Tom me miró con pánico casi. Y enseguida me tiré a su lado. Lo cogí de la cintura y obligué a su mano que hiciera lo mismo. Me sorprendió que se quejara pero que no evitara, que lo manejara a mi aire.
-¿Bill, estás loco?
-¡Yo quiero la foto! ¿Se puede encender el ordenador y pasar la foto?
-Em… sí.
-Pues después me la imprimo.
-Bill, volvamos al “¿estás loco?”
-¡Que sí Tom! ¡Que es divertido de verdad!
Mario lo miraba expectante con la cámara en la mano, y con el dedo en el botón de captura.
-Madre mía, entre todos me volveréis locos…- y después agregó – Y entonces ¿Cómo nos ponemos? – me miró interrogante. Yo sonreí ampliamente y después me puse a pensar.
-Bueno, no hace falta que nos comamos mucho el coco por eso. Nos agarramos de la cintura y suficiente. –dije enseguida. Vale que me parecía bien que fingiéramos ser novios en una foto, y que en la foto se notara ese “amor”, pero de salir de la mano, a salir… yo que sé, dándonos un beso, había bastante. -¿Te parece bien? –Este se encogió de hombros y aceptó.
Nos acercamos el uno al otro lo máximo hasta que todo nuestro lateral se tocaba. Le apreté el brazo que tenía en la cintura y lo atraje más a mí si podía. Yo estaba sentado como un indio, y Tom tenía las dos piernas alzadas. Este puso su mano en mi hombro y me rodeó. Ambos miramos a la cámara después.
-¿Bien? –dijimos los dos.
-Emm… No. En vez de mirar al objetivo… miraos entre vosotros. Juntad la cara y quedaos fijos mirando. -dijo Mario -¡Hostia! ¡Ya sé! Bill, encoge las piernas y una de ellas pásala por al lado de él, y tú Putom, cógele del muslo con el brazo con el que no lo rodeas. – dijo este, como si le hubiera dado una inspiración divina de golpe. Me puse rojo de sólo imaginármelo. ¿Qué coño será Putom?
-¿Qué? Yo creo que eso ya es pasarse. –dijo Tom.
-¡Que va que va, es mejor! ¡Lo otro parecía que fuerais grandes amigos! Cómo si se estuviera haciendo una foto conmigo – Miré a Tom y este rodó los ojos, como si lo secundara con desgana. Después me miró y alzó las cejas desde un punto bajo, preguntándome indirectamente. Me lo pensé un segundo. ¿Qué cojones? ¡Ahora mismo!
Como respuesta le pasé una pierna por al lado, y éste, con dificultad por el mero hecho de que no le agradaba del todo la idea, me pasó el brazo por encima, y me agarró la pierna como Mario le había dicho.
-Perfecto, pero le falta algo. -dijo este, no muy seguro.
-No, no le falta nada- se quejó el de las rastas.
-¡Ya sé, ya sé! ¡Bill, con la mano que te queda a ti libre, cógele fuerte de la camiseta y atráelo hacia ti! – lo miré sorprendido y este simplemente agitaba con energía la cabeza, asintiendo. ¡Estaba hasta emocionado!
-Va, hazlo de una puta vez y que haga la foto… -dijo rendido, Tom.
Respiré fuerte y aproximé mi mano a la zona indicada. Creo que me temblaba el pulso.
Le agarré fuerte y pude notar momentáneamente sus pectorales. La atraje hacia mí, y hasta el propio Tom fue arrastrado. Apenas quince o veinte centímetros se tenían de espacio nuestras narices.
-Bien, genial. Ahora miraros bien. - pude notar que Mario se movía por la cabaña porque una figura daba pasos de un lado a otro. Yo estaba cien por cien concentrado en los ojos de Tom y en sus repentinos movimientos de piercing. ¿Estaría nervioso? Empecé a respirar más fuerte, del repentino calor que me vino y esperé paciente a que hiciera la foto. – Vale, no os dejéis de mirar ¿eh? Pero sólo una cosa. Bill, has de poner cara desafiante, de zorrona, de querer decir “Ven, fóllame”. -abrí los ojos desmesuradamente y Tom hizo lo mismo. Creo que ambos nos sonrojamos, y hasta Tom se relamió los labios. –Y tú Tom has de estar sonriente, como si fueras el Putom que eres cuando cazas a tu presa.
Le vi sonreír de lado y soltar aire por la boca a modo de risa. Me puse tan nervioso que creo que el corazón se me iba desbordar. ¿Podría Tom oír mis latidos?
Intenté respirar profundamente y cuando lo tuve hecho, puse en práctica todos los cursillos de teatro que había hecho hasta ahora. He de poner cara sugerente.
Alcé una ceja y le miré con el labio mordido. Le pequé un repasón de arriba abajo, notorio, para que sonara más creíble y creo… que funcionó. Tom me apretaba más en el muslo, subiendo tanto la mano que creo que casi me tocaba a tocar el culo si estiraba los dedos. Sin quererlo estábamos más cerca. Su cara denotaba éxtasis, placer, lujuria, sexo, y calor, mucho calor, sudor, agotamiento, respiraciones fuertes, clímax…
Creo que me iba a dar un ataque ahí mismo.
-Per-fec-to –separó en sílabas, Mario. –Ya podéis dejar de posar. Si queréis, claro… -y se rio.
En cuanto nos cercioramos del mundo exterior nos soltamos enseguida, con el rostro desconcertado y la mente en otra parte. Pero… aún me rodeaba con su mano.
-¡Joder Bill, parecía que de verdad le estuvieras proponiendo algo eh! – soltó Andy, impresionado.
Me enorgullecí.
-Bueno, quiero llegar a ser actor algún día así que… Seguramente me pedirían escenas peores a esta en algún momento. Supongo que me ha servido de entrenamiento. – lo dije sin pensar, con cosas que me venían a la cabeza. Realmente era verdad todo lo que había dicho, pero no aplicable al momento. Yo de verdad que he sentido el puto deseo de tirarme encima suyo.
Pero, de pronto la mano de Tom que aún seguía en contacto conmigo se fue separando poco a poco. Con lentitud, con parsimonia, pero con… decepción. Lo miré, sorprendido y apenado de que dejara de tocarme, y lo vi con el rostro serio. ¿Qué le debería de haber pasado?
-Pues yo creo que te harás famoso si actúas así –dijo este, más seco que un palo.
¡¡No me jodas que le ha sentado mal!! ¡Vaya, estaba celoso! ¡Tom no quería que fingiera!
Pero claro, ahora no podía decirle que realmente no había actuado en esa foto. Bueno, que sufra, que ya le toca.
-Bill, ya estoy encendiendo el ordenador, quieres la foto imprimida ¿no? –oí de fondo, quitándome el tema principal de fondo.
-Em… -me situé en el nuevo contexto - ¡Sí! ¡Sí la quiero! –me levanté de la cama y fui a su posición. Me puse a su lado y éste me habló.
-Yo de t me iba al baño a darme corriendo. Se te nota demasiado el paquete. –se rio.
Instintivamente me puse las manos en la entrepierna y sí, efectivamente… Me había empalmado.
Viernes - 17/07/2009
Tom
Era la hora de cenar, había estado estos dos días hasta arriba de faena y apenas había tenido tiempo de estar ni con los chicos ni mucho menos con Bill. Ayer por la tarde como mucho estuvimos una hora juntos y media juntos, en la que solo hablamos… y encima con interrupciones.
Me acababa de encontrar a Bill por el camino y creo que nunca me había alegrado tanto de ello. Llevaba dando clases y enredado en mil cosas todo el día, y aún me quedaba mucho. Me había puesto una alarma en el móvil para que no se me olvidara que dentro de una hora y medía tenía clase con los mayores todavía. Pero verle sentado, en la zona común del campamento (que hoy, estaba raramente desierta), entre el edificio de profesores, y el comedor, hizo que se me iluminara el rostro. Estaba sentado en el suelo, con un refresco, y con su gran bloc de dibujos entre las manos.
Lo vi enfadarse con el lápiz, o con el papel, y le vi borrar fuertemente con el ceño fruncido.
-Eh, proyecto de futura maricona, ¿qué tal? – le pequé un pequeño golpecito con la punta de mi zapatilla y éste alzó la cabeza.
Me miró sorprendido y a la vez sonriente. Se puso la mano de visera para que no le molestara el sol y después dibujo una preciosa sonrisa en su rostro. Me indicó con la mano que me sentara a su lado y acepté.
No me dijo nada y siguió a lo suyo. La mitad del dibujo estaba borrado y aún estaba ocupado con el resto.
-¿Por qué lo borras? –pregunté. Ahora ya no podía ver qué dibujo era, o que dibujo había sido, pero como mínimo parecía estar bien hecho.
Bill respiró profundamente y después paró con su movimiento de brazo y dejó a la goma descansar. Miró el dibujo y sopló encima para quitar los restos que habían quedado por ahí esparcidos. Después me miró serio.
-No me sale. –dijo simplemente. Como si esa respuesta fuese obvia.
-¿Cómo que no te sale? ¡Pero si de lejos estaba perfecto! –señalé, extrañado. Y era cierto, de lejos era increíble. Bueno, como casi todo lo que hacía.
-Que va… Desde que estoy enfado con Ash y con Georg no me sale una mierda. -suspiró fuertemente y después se apoyó en una de sus manos, encima de su rodilla, tirando el cuerpo hacia delante.
-¿Entonces no lo habéis hablado aún? –dije con voz cansina. -Pero si hace una semana que os enfadasteis, ¿no? – acusé.
-Ya, ya lo sé. Es que joder, no me atrevo. ¡Y mira que es una tontería! Porque es Ash y a ella la quiero como una hermana, pero la verdad es que tengo la cabeza en la otra punta del mundo y me cuesta concentrarme.
-¿Algo más importante que tus mejores amigos? –me sorprendí. – Yo no sé si tengo algo más importante que ellos dos… -era evidente que hablaba de Andy y Mario.
-Joder, no sabía que los querías tanto… -se sorprendió. Después me miró con una mirada profunda, llena de… sentimientos. Sentimientos que me afectaron en lo más hondo. Un algo se conectó. Sentí de pronto que algo iba mal. Algo estaba fuera de contexto. Creo que era mi corazón, que se había incrementado su velocidad.
-Sí bueno, desde bien pequeños hemos sido inseparables, los veo más que a mi propio padre.
-Ajá… - después se puso de nuevo a mirar a su hoja. Acabó de borrar todo el dibujo. – Joder, no tengo inspiración. De verdad, que esto de no estar bien con Ash me afecta. Mañana hablaré con ella. - sentenció.
-¿Pero que hay más importante que lo que te está pasando? No puedo entender que estés en otro mundo, con toda la mierda que llevas encima. - no se me había olvidado de lo que me había dicho. Me había parecido hasta raro. Yo sé que si ahora me enfadara con alguno de mis maricones personales, movería tierra y cielo para que todo estuviera normal, para no estar mal entre nosotros. No podía estar mal con ellos.
Se quedó en silencio, Como si estuviera pensando algo. Como si estuviera reflexionando algo que tenía que decir. Yo creo que la pregunta no era tan difícil como para meditársela ¿no?
Igualmente, esperé paciente. Esperé a que acabara de pensar. Pero con el paso del rato me empecé a dar cuenta, que se estaba poniendo nervioso, se relamía mucho el labio y se toqueteaba los dedos, se frotaba las manos, y bueno, en fin, tenía todo tipo de tics nerviosos.
A veces alternaba su mirada, de un sitio a otro. Me miraba, me dejaba de mirar, se paraba a mirar al suelo, y volvía a fijar sus ojos a mí.
-Oye ¿estás bien? – termine por preguntar.
-¿Qué? Ah… Sisi. - respondió, un tanto ido - Es que… Tom…
-¿Hum? –respondí.
-Bueno… Llevo un par de días, bueno quizás más… Lo mismo llega a la semana o… o incluso a la semana y media…
-Bill, no te enrolles.
-Sí, cierto, perdona. Es que me embalo y digo tonterías y después me desvío del tema totalmente y ya no sé ni por dónde voy, y encima ya no sé cómo retomar la conversación, y claro, eso me pone nervioso, e incluso termino por no decir nada. - nunca había oído tana “y” junta.
-Bill. –sentencié de golpe.
-Mierda. Vale, ya. Bueno… pues eso, que llevo un tiempo, que estoy empezando pues… a notar… que me pasa… algo. No sé si me entiendes. - el chaval estaba sudando la gota gorda de verdad. Ahora ya ni me miraba. Ahora evitaba mis ojos totalmente. Había cogido el bloc de dibujo y estaba empezando a hacer garabatos sin sentido, sin orden aparente. Simplemente por hacer algo con lo que distraer la mente mientras hablaba.
-Bill, dilo ya.
-¡Estoy en ello! No me pongas más nervioso anda… - Los trazos del lápiz se tornaron muy gruesos y fuertes, como si Bill apretara a conciencia.
-Vale Vale…
-Joder, pues que… Creo que yo… Pues que me estoy ena… -pero se cayó.
Lo miré con cara de asesino casi. ¡Me estaba poniendo de los nervios! ¿¡Quería decirme de una puta vez lo que le pasaba?! Pero de pronto lo vi mirando a un punto un poco más allá de nosotros, con la cara de pánico y con ganas de salir corriendo.
Me extrañé y miré en la misma dirección. Un grupo de chavales de su curso estaban a dos metros de nosotros. Alcé una ceja, y después pregunté.
-¿Qué pasa? ¿Son amigos tuyos?
-¡No! ¡Todo lo contrario! ¡Estos me odian!
Ya estaban delante de nosotros cuando se pararon de golpe. Oh, por dios, no me jodas que ahora nos van a decir algo.
-¡Hombre! ¡Sí es la Barbie de la universidad! – el de en medio habló alto y claro. Era un chaval grande, y musculoso. Tenía a tres tíos más a su espalda, y a una tía impresionante que iba de adorno. Me la quedé mirando enseguida y la observé de arriba abajo. Ésta también se había fijado en mí y alzó una ceja en cuanto notó el repaso que le había hecho. Me empecé a toquetear el piering hasta que recibí un codazo. Me giré confuso y vi a Bill con la cabeza gacha. – Mira… si se ha asustado la nena, y todo. – continuó el tío.
-Diego… lárgate. –dijo, con voz temerosa mi moreno. ¿Diego? ¿Entonces este se llama Diego? – Déjame en paz.
-Eh, aquí el que dice lo que se ha de hacer, soy yo. – se aproximó un poco.
Me estaba entrando la risa. ¿Se estaban metiendo con Bill? Qué curioso. Vacilé unos instantes antes de apoyarme en las manos traseras y mirar sin ningún tapujo, cómo estos dos mantenían esta “conversación” tan entretenida. Durante un segundo, el tal Diego me miró sorprendido, pero después centró de nuevo su atención en Bill, el cual también me miró lleno de pánico.
-Didiego… Vete. –repitió, aún menos convincente que la última vez.
-Ay ay ay… Que parece que a la primera no lo pillamos. A ver si te voy a tener que dar otra lección. - ¿Otra? ¿Le habían pegado anteriormente? Entonces se le puso de cuclillas delante de él y Bill se tiró hacia atrás enseguida – Bueno, dime… ¿Dónde está tu “novia”? – Hizo comillas con los dedos y después se rio de su propio comentario – ¿Qué, sigue siendo trabolo? – después se oyeron el coro de risas de fondo y este sacó la lengua con triunfo.
-¡Que me dejes en paz! – Bill se rebotó de golpe y se tiró para adelante. En un segundo había empujado a Diego al suelo con un simple empujón de niño pequeño.
Este cayó al suelo como si le hubiera dado una ventada de aire que lo hubiera desequilibrado y después miró con los ojos muy abiertos hacia Bill.
Yo pensé que no diría nada malo, bueno, malo en el sentido de “mal tono”. Incluso pensé que se volvería a reír en su cara, pero resulta que se cabreó. Se levantó de golpe y frunció el ceño. Cogió aire y antes de que me diera tiempo a reaccionar le dio una patada a Bill en toda la cara.
-¡¡AAHG!! –se quejó Bill, que se tapó la cara y se encogió.
Me levanté de golpe, y ni corto ni perezoso cogí al chaval por el cuello de la camiseta y lo alcé un par de centímetros por encima de mí, ya que era de mi misma altura.
-¡Eh, eh! Te ha pasado chaval. Vuelve a tocarlo y dejo incrustado tu cráneo en el suelo. – entonces lo lancé un metro más allá y por pura suerte cayó de pie. Todos se quedaron cayados y la chica se asustó. – Menudos mierdas estáis hechos todos, que sólo os sabéis meter con tíos que no tienen vuestra fuerza. Tú, vuelve aquí, a ver qué me haces a mí, tío listo.
Su cara era pura rabia en su mejor estado. En su punto máximo. Lo vi avanzar pasos, decidido.
-¿Pero de qué coño vas? ¿Quién te ha dicho que te metas? Que ese maricón es una vergüenza para todos. – dijo señalándolo. Me volteé a mirarlo, y volví a encontrarle encogido en sí mismo con las manos en la mejilla izquierda, tapándosela. Me entró una rabia repentina que no me había entrado en años.