Capitulo 36

4966 Words
Alcé una ceja y le miré con el labio mordido. Le pequé un repasón de arriba abajo, notorio, para que sonara más creíble y creo… que funcionó. Tom me apretaba más en el muslo, subiendo tanto la mano que creo que casi me tocaba a tocar el culo si estiraba los dedos. Sin quererlo estábamos más cerca. Su cara denotaba éxtasis, placer, lujuria, sexo, y calor, mucho calor, sudor, agotamiento, respiraciones fuertes, clímax… Creo que me iba a dar un ataque ahí mismo. -Per-fec-to –separó en sílabas, Mario. –Ya podéis dejar de posar. Si queréis, claro… -y se rio. En cuanto nos cercioramos del mundo exterior nos soltamos enseguida, con el rostro desconcertado y la mente en otra parte. Pero… aún me rodeaba con su mano. -¡Joder Bill, parecía que de verdad le estuvieras proponiendo algo eh! – soltó Andy, impresionado. Me enorgullecí. -Bueno, quiero llegar a ser actor algún día así que… Seguramente me pedirían escenas peores a esta en algún momento. Supongo que me ha servido de entrenamiento. – lo dije sin pensar, con cosas que me venían a la cabeza. Realmente era verdad todo lo que había dicho, pero no aplicable al momento. Yo de verdad que he sentido el puto deseo de tirarme encima suyo. Pero, de pronto la mano de Tom que aún seguía en contacto conmigo se fue separando poco a poco. Con lentitud, con parsimonia, pero con… decepción. Lo miré, sorprendido y apenado de que dejara de tocarme, y lo vi con el rostro serio. ¿Qué le debería de haber pasado? -Pues yo creo que te harás famoso si actúas así –dijo este, más seco que un palo. ¡¡No me jodas que le ha sentado mal!! ¡Vaya, estaba celoso! ¡Tom no quería que fingiera! Pero claro, ahora no podía decirle que realmente no había actuado en esa foto. Bueno, que sufra, que ya le toca. -Bill, ya estoy encendiendo el ordenador, quieres la foto imprimida ¿no? –oí de fondo, quitándome el tema principal de fondo. -Em… -me situé en el nuevo contexto - ¡Sí! ¡Sí la quiero! –me levanté de la cama y fui a su posición. Me puse a su lado y éste me habló. -Yo de t me iba al baño a darme corriendo. Se te nota demasiado el paquete. –se rio. Instintivamente me puse las manos en la entrepierna y sí, efectivamente… Me había empalmado. Viernes - 17/07/2009 Tom Era la hora de cenar, había estado estos dos días hasta arriba de faena y apenas había tenido tiempo de estar ni con los chicos ni mucho menos con Bill. Ayer por la tarde como mucho estuvimos una hora juntos y media juntos, en la que solo hablamos… y encima con interrupciones. Me acababa de encontrar a Bill por el camino y creo que nunca me había alegrado tanto de ello. Llevaba dando clases y enredado en mil cosas todo el día, y aún me quedaba mucho. Me había puesto una alarma en el móvil para que no se me olvidara que dentro de una hora y medía tenía clase con los mayores todavía. Pero verle sentado, en la zona común del campamento (que hoy, estaba raramente desierta), entre el edificio de profesores, y el comedor, hizo que se me iluminara el rostro. Estaba sentado en el suelo, con un refresco, y con su gran bloc de dibujos entre las manos. Lo vi enfadarse con el lápiz, o con el papel, y le vi borrar fuertemente con el ceño fruncido. -Eh, proyecto de futura maricona, ¿qué tal? – le pequé un pequeño golpecito con la punta de mi zapatilla y éste alzó la cabeza. Me miró sorprendido y a la vez sonriente. Se puso la mano de visera para que no le molestara el sol y después dibujo una preciosa sonrisa en su rostro. Me indicó con la mano que me sentara a su lado y acepté. No me dijo nada y siguió a lo suyo. La mitad del dibujo estaba borrado y aún estaba ocupado con el resto. -¿Por qué lo borras? –pregunté. Ahora ya no podía ver qué dibujo era, o que dibujo había sido, pero como mínimo parecía estar bien hecho. Bill respiró profundamente y después paró con su movimiento de brazo y dejó a la goma descansar. Miró el dibujo y sopló encima para quitar los restos que habían quedado por ahí esparcidos. Después me miró serio. -No me sale. –dijo simplemente. Como si esa respuesta fuese obvia. -¿Cómo que no te sale? ¡Pero si de lejos estaba perfecto! –señalé, extrañado. Y era cierto, de lejos era increíble. Bueno, como casi todo lo que hacía. -Que va… Desde que estoy enfado con Ash y con Georg no me sale una mierda. -suspiró fuertemente y después se apoyó en una de sus manos, encima de su rodilla, tirando el cuerpo hacia delante. -¿Entonces no lo habéis hablado aún? –dije con voz cansina. -Pero si hace una semana que os enfadasteis, ¿no? – acusé. -Ya, ya lo sé. Es que joder, no me atrevo. ¡Y mira que es una tontería! Porque es Ash y a ella la quiero como una hermana, pero la verdad es que tengo la cabeza en la otra punta del mundo y me cuesta concentrarme. -¿Algo más importante que tus mejores amigos? –me sorprendí. – Yo no sé si tengo algo más importante que ellos dos… -era evidente que hablaba de Andy y Mario. -Joder, no sabía que los querías tanto… -se sorprendió. Después me miró con una mirada profunda, llena de… sentimientos. Sentimientos que me afectaron en lo más hondo. Un algo se conectó. Sentí de pronto que algo iba mal. Algo estaba fuera de contexto. Creo que era mi corazón, que se había incrementado su velocidad. -Sí bueno, desde bien pequeños hemos sido inseparables, los veo más que a mi propio padre. -Ajá… - después se puso de nuevo a mirar a su hoja. Acabó de borrar todo el dibujo. – Joder, no tengo inspiración. De verdad, que esto de no estar bien con Ash me afecta. Mañana hablaré con ella. - sentenció. -¿Pero que hay más importante que lo que te está pasando? No puedo entender que estés en otro mundo, con toda la mierda que llevas encima. - no se me había olvidado de lo que me había dicho. Me había parecido hasta raro. Yo sé que si ahora me enfadara con alguno de mis maricones personales, movería tierra y cielo para que todo estuviera normal, para no estar mal entre nosotros. No podía estar mal con ellos. Se quedó en silencio, Como si estuviera pensando algo. Como si estuviera reflexionando algo que tenía que decir. Yo creo que la pregunta no era tan difícil como para meditársela ¿no? Igualmente, esperé paciente. Esperé a que acabara de pensar. Pero con el paso del rato me empecé a dar cuenta, que se estaba poniendo nervioso, se relamía mucho el labio y se toqueteaba los dedos, se frotaba las manos, y bueno, en fin, tenía todo tipo de tics nerviosos. A veces alternaba su mirada, de un sitio a otro. Me miraba, me dejaba de mirar, se paraba a mirar al suelo, y volvía a fijar sus ojos a mí. -Oye ¿estás bien? – termine por preguntar. -¿Qué? Ah… Sisi. - respondió, un tanto ido - Es que… Tom… -¿Hum? –respondí. -Bueno… Llevo un par de días, bueno quizás más… Lo mismo llega a la semana o… o incluso a la semana y media… -Bill, no te enrolles. -Sí, cierto, perdona. Es que me embalo y digo tonterías y después me desvío del tema totalmente y ya no sé ni por dónde voy, y encima ya no sé cómo retomar la conversación, y claro, eso me pone nervioso, e incluso termino por no decir nada. - nunca había oído tana “y” junta. -Bill. –sentencié de golpe. -Mierda. Vale, ya. Bueno… pues eso, que llevo un tiempo, que estoy empezando pues… a notar… que me pasa… algo. No sé si me entiendes. - el chaval estaba sudando la gota gorda de verdad. Ahora ya ni me miraba. Ahora evitaba mis ojos totalmente. Había cogido el bloc de dibujo y estaba empezando a hacer garabatos sin sentido, sin orden aparente. Simplemente por hacer algo con lo que distraer la mente mientras hablaba. -Bill, dilo ya. -¡Estoy en ello! No me pongas más nervioso anda… - Los trazos del lápiz se tornaron muy gruesos y fuertes, como si Bill apretara a conciencia. -Vale Vale… -Joder, pues que… Creo que yo… Pues que me estoy ena… -pero se cayó. Lo miré con cara de asesino casi. ¡Me estaba poniendo de los nervios! ¿¡Quería decirme de una puta vez lo que le pasaba?! Pero de pronto lo vi mirando a un punto un poco más allá de nosotros, con la cara de pánico y con ganas de salir corriendo. Me extrañé y miré en la misma dirección. Un grupo de chavales de su curso estaban a dos metros de nosotros. Alcé una ceja, y después pregunté. -¿Qué pasa? ¿Son amigos tuyos? -¡No! ¡Todo lo contrario! ¡Estos me odian! Ya estaban delante de nosotros cuando se pararon de golpe. Oh, por dios, no me jodas que ahora nos van a decir algo. -¡Hombre! ¡Sí es la Barbie de la universidad! – el de en medio habló alto y claro. Era un chaval grande, y musculoso. Tenía a tres tíos más a su espalda, y a una tía impresionante que iba de adorno. Me la quedé mirando enseguida y la observé de arriba abajo. Ésta también se había fijado en mí y alzó una ceja en cuanto notó el repaso que le había hecho. Me empecé a toquetear el piering hasta que recibí un codazo. Me giré confuso y vi a Bill con la cabeza gacha. – Mira… si se ha asustado la nena, y todo. – continuó el tío. -Diego… lárgate. –dijo, con voz temerosa mi moreno. ¿Diego? ¿Entonces este se llama Diego? – Déjame en paz. -Eh, aquí el que dice lo que se ha de hacer, soy yo. – se aproximó un poco. Me estaba entrando la risa. ¿Se estaban metiendo con Bill? Qué curioso. Vacilé unos instantes antes de apoyarme en las manos traseras y mirar sin ningún tapujo, cómo estos dos mantenían esta “conversación” tan entretenida. Durante un segundo, el tal Diego me miró sorprendido, pero después centró de nuevo su atención en Bill, el cual también me miró lleno de pánico. -Didiego… Vete. –repitió, aún menos convincente que la última vez. -Ay ay ay… Que parece que a la primera no lo pillamos. A ver si te voy a tener que dar otra lección. - ¿Otra? ¿Le habían pegado anteriormente? Entonces se le puso de cuclillas delante de él y Bill se tiró hacia atrás enseguida – Bueno, dime… ¿Dónde está tu “novia”? – Hizo comillas con los dedos y después se rio de su propio comentario – ¿Qué, sigue siendo trabolo? – después se oyeron el coro de risas de fondo y este sacó la lengua con triunfo. -¡Que me dejes en paz! – Bill se rebotó de golpe y se tiró para adelante. En un segundo había empujado a Diego al suelo con un simple empujón de niño pequeño. Este cayó al suelo como si le hubiera dado una ventada de aire que lo hubiera desequilibrado y después miró con los ojos muy abiertos hacia Bill. Yo pensé que no diría nada malo, bueno, malo en el sentido de “mal tono”. Incluso pensé que se volvería a reír en su cara, pero resulta que se cabreó. Se levantó de golpe y frunció el ceño. Cogió aire y antes de que me diera tiempo a reaccionar le dio una patada a Bill en toda la cara. -¡¡AAHG!! –se quejó Bill, que se tapó la cara y se encogió. Me levanté de golpe, y ni corto ni perezoso cogí al chaval por el cuello de la camiseta y lo alcé un par de centímetros por encima de mí, ya que era de mi misma altura. -¡Eh, eh! Te ha pasado chaval. Vuelve a tocarlo y dejo incrustado tu cráneo en el suelo. – entonces lo lancé un metro más allá y por pura suerte cayó de pie. Todos se quedaron cayados y la chica se asustó. – Menudos mierdas estáis hechos todos, que sólo os sabéis meter con tíos que no tienen vuestra fuerza. Tú, vuelve aquí, a ver qué me haces a mí, tío listo. Su cara era pura rabia en su mejor estado. En su punto máximo. Lo vi avanzar pasos, decidido. -¿Pero de qué coño vas? ¿Quién te ha dicho que te metas? Que ese maricón es una vergüenza para todos. – dijo señalándolo. Me volteé a mirarlo, y volví a encontrarle encogido en sí mismo con las manos en la mejilla izquierda, tapándosela. Me entró una rabia repentina que no me había entrado en años. -Tú sí que eres una mierda – y antes de que pudiera decirme nada, le pegué un puñetazo que lo dejó peor que a Bill, y mientras intentaba recolocarse lo amenacé. – teóricamente no te puedo pegar porque soy un profesor, a menos que tenga una excusa muy muy fuerte. Así que no me cabrees chaval, que te puedo echar de aquí cuando quiera. -¿Te crees que me preocupa largarme de aquí? -Ni lo sé, ni me importa, pero fuera. Lárgate ahora mismo. Se me pueden ir las manos y dejarte más feo de lo que eres. Y sí, eso es posible. A más, si agredes a un profesor también te echan, y a mí no me harían nada si fuese al contrario. Soy el dueño de este cotarro. – mi padre no me quitaría del negocio, nunca. Por mucho que le pegara a un alumno. Vi que dos de sus amigos se estaban yendo como unos putos perros cobardes, y que el tercero se lo estaba pensando. Sin embargo la rubia me miraba sin perderse ni un instante. Tsk, esta se me quiere follar. -Anda, mira, tus amigos se han largado, - solté en cuanto el tercero había desaparecido – te has quedado solo tío, cómo lo siento. – fingí pena. - Ni la rubia te quiere. ¿A qué no, encanto? No sé qué haces con estos mierda… - alcé una mano y le indiqué que se me aproximara. Ni se lo pensó. Se me acercó a paso lento, insinuante y me cogió de la cintura, bueno, del bolsillo del pantalón. La miré con la ceja alzada y ésta se mordió el labio. ¡Perfecto! -¿Ves? – pero en cuanto me giré, ya no había nadie. -¿Diego? ¿No me jodas que ya se ha ido? Eso sí que es ser un marica. En efecto. El tío se había largado con el resto de sus “compañeros”. Vaya, qué decepción. En fin, volví a mirar a la rubia y esta se me lanzó a los labios. Me sorprendí de su efusividad, y al cabo de dos segundos ya le estaba metiendo mano por debajo de la camiseta de tirantes, tan jodidamente pequeña y escotada. -¡Snif…! –un ruido de fondo me desconectó totalmente. Me giré tan rápido que creo que me crujió el cuello. Pero no me dio tiempo de sentir dolor que un placer se me esparció por esa misma superficie en dos segundos. La chica rubia había aprovechado que me había separado de sus labios para morderme en el cuello. Me reí. Pero me puse pálido en cuanto reparé en Bill. Estaba en el suelo, encogido en sí mismo, con una mano manchada de rojo carmín. ¿Tenía sangre? ¡Oh joder, se me había pasado totalmente! ¡Bill! Separé a la rubia de mí, enseguida. -Búscame a la hora de la cena encanto. –la besé con rudeza antes de indicarle que se largara, con un simple movimiento de cabeza. En cuanto hubo desaparecido me acerqué, casi con miedo al lado del moreno. ¿¡Cómo coño se me ha olvidado que estaba detrás?! Joder, ¿dos putas tetas ya me sacan de mis propios intereses? Me senté a su lado y le rodeé con los brazos. Lo zarandeé apenas un poco, casi nada, y cuando no contestó… hablé yo. -¿Bill? Eh, Bill… ¿Estás bien? – mi voz sonó preocupada. Pero aun llamándolo éste seguía sin contestar. Me estaba empezando a poner nervioso y todo. Le quité las manos de la cara y le aparté el pelo. Bill tenía los ojos cerrados con todo el maquillaje corrido de llorar, y todo el labio hinchado. Un hilo de sangre se le escapó de la boca y cayó por su barbilla. Mierda, mierda… -Bill, Bill, dime algo joder. ¿Te duele mucho? Vámonos a la enfermería. Dios, lo siento, debería haberme metido en cuanto llegaron esos capullos… -Arg… Tom. Vete. Creo que alguien te espera. – Su voz fue inaudible y aguda por la llorera, pero seria y firme al mismo tiempo – un coño reclama tu atención. Bárbara te llama. – Pegó una sacudida tan fuerte, que me obligó a que lo soltada. – Ni me toques. – y de nuevo se le escaparon dos lágrimas. No sé si de dolor o de… No sé de qué. -¿Pero qué dices? -Eso, que te largues. – apenas se le oía con ese timbre de voz tan agudo, pero sin embargo me estaba enterando de todas y cada una de sus palabras, metiéndose en mi cabeza. Taladrándome. ¿Qué me largue? ¿Con él sangrando? Ni flipando. Busqué en mi pantalón algo con lo que poder lavarle la sangre seca de las manos y de la barbilla y encontré un paquete de clínex. Saqué uno y busqué algo con lo que mojarlo. De pronto vi el refresco. Lo cogí sin pensármelo y apreté fuerte la mano de Bill entre las mías. Derramé cola por encima d la mano y después pasé el pañuelo. -¿Pero qué haces? Esto es asqueroso. -Sólo te estoy quitando la sangre seca de la mano. No lo voy a hacer con la herida de la boca. – le dije serio. Apenas un minuto después, ya le había desparecido rastro de la mano. – eres un tozudo. -Y tú una puta. – no tardó nada en contestarme. Después cerró los ojos, como si se maldijera a sí mismo por decir tal cosa. -Oh, ¿te has puesto celoso? – le desafié. -Por supuesto que sí –me contestó de nuevo, esta vez seguro de sus palabras y de todo lo que me decía. Una imagen muy distinta a la de antes de aparecer sus “amigos”. Lo miré serio, agudizando la mirada, y este no fue capaz de aguantar el contacto visual. Decidí no contestarle y me humedecí el dedo con mi propia saliva, y le froté en la barbilla. -Lo siento –repetí. Y este tardó en contestar. -Tranquilo… Gracias por defenderme. – y se levantó, levantándome a mí con él, como si todo lo que él hiciera, supusiera un imán para mí. Empezó a caminar. -Bueno, ya te dicho que los amigos son lo más importante. – y después enmudecí. ¿De verdad había dicho yo eso? Mi moreno me miró enseguida, con una expresión en el rostro indescriptible. Sonrió de pronto, una sonrisa, dulce y pequeña que era para mí, sólo para mí, para nadie más. Y caminando, llegamos a ser tapados por el comedor, estando en la parte de atrás de todo. Me… empecé a poner nervioso. Se me acercó y después me cogió del brazo con los dos suyos, cogiéndome fuerte de la mano. -Un amigo… ¿Con derecho a roce? – dijo asustado. Con miedo, y con lentitud. -¿Derecho a roce? ¿A qué viene esto ahora? – no entendía muy bien lo que me decía, porque de pronto, el contacto con su piel me había nublado los sentidos y a medida que más se me acercaba más se paraba nuestro paso. Hasta llegar un momento en que ambos nos quedamos quietos. Nos paramos sin decir nada, sin comentar absolutamente nada de nada. Simplemente oyendo la respiración del otro, lenta y constante por parte de ambos. -¿Quieres ser mi amigo con derecho a roce? – parecía que se había olvidado de lo que acabábamos de vivir, el enfado, la rubia… Y la verdad es que no me desagradó. No me desagradó nada de nada. -Creo… - y me aproximé a él más si cabía – que hace una semana… - y le cogí de la cintura – que somos amigos con derecho a roce. Le besé. No sé cómo ni por qué, pero le besé. Con todas las letras. Me había aproximado a él y de pronto nuestros labios se habían fusionado en uno solo, sintiéndose, tocándose, lamiéndose… mordiéndose. Había efusividad, había movimiento, desafío, juego, morbo… Creía que me lo iba a comer ahí mismo. Nos separamos unos instantes en los que empezamos a jadear ambos. El calor se había incrementado y la temperatura ya era alta en sí. Me entró una especie de vértigo cuando vi que se le había abierto un poco más la herida del labio, no le sangraba pero no le quedaba mucho. Pero eso no me impidió volver a comerme su boca. Me lancé en cuanto hube respirado un poco y este me correspondió de buena gana. Joder, ¿qué estaba haciendo? Ya ni me conozco. Estuvimos un rato largo sin separarnos hasta que Bill cortó el beso, y un hilo de saliva se escapó de nosotros. -Tom… Yo… -¿Hum? -Yo… Pero de pronto, la alarma del móvil sonó. Un sonido estridente que nos asustó a ambos. Maldije por lo bajo a quién parió al móvil y lo fui a buscar al bolsillo. La cara de Bill, era de cuadro, se estaba enfadando a medida que la alarma no paraba de sonar. Puse el móvil por delante de mis ojos y después le di a “Recordar” en vez de “Apagar”. -Ven aquí, que tengo sólo cinco minutos antes de que vuelva a sonar. Lo único destacable que pasó después fue que la rubia volvió a mi encuentro a la hora de cenar, pero la rechacé, un cosquilleo en el estómago me decía que mejor no le siguiera el juego a la muchacha. La gente estaba empezando a irse del comedor, e incluso mis maricones personales ya estaban empezando a recoger. Pero de pronto, los dos se me quedaron mirando. Ya había tenido constancia de que habían estado toda la cena, hablándose a la oreja y cosas de esas, pero imaginaba que eran cosas suyas… Pero vi que no, que estaban… Tramando algo. -¿Qué queréis? –dije con voz cansina. Ambos se miraron, fingiendo una sorpresa que en ningún momento llegó a parecer verdadera. Me puse las manos en los bolsillos y espere paciente, con una ceja alzada. Estos se miraron medio sonrientes y avergonzados. Andy empezó a hablar. -Bueno… Verás… -Lo sabía, sabía que queríais algo. -¡Putom! ¡Déjanos hablar! –se quejó Mario. -Vale vale. -Pues resulta qué bueno, digamos que llevamos desde el domingo pasado… A pan y agua. No sé si me entiendes. Digamos que no hemos hecho absolutamente nada en lo que llevamos de campamento porque, o estábamos mucho contigo, o bueno, lo que fuera. Incluso teníamos miedo de que se repitiera lo de la casa abandonada. ¿Me sigues? Analicé la información en poco rato. En resumidas palabras, llevaban sin follar desde el domingo ¿no? Vale, hasta ahí lo pillo. -Te sigo perfectamente. ¿Y qué queréis? – entendía todo eso, pero no sé qué pintaba en sus problemas matrimoniales. -Puuueeeeees… Nos preguntábamos, si… Bueno, si nos dejabas esta noche la cabaña a nosotros solos. Ya sabes, para hacer cosas a nuestro aire…- esta vez fue Mario. Esta vez la información tardó en ser analizada. Espera, espera. ¡¿Me están diciendo que quieren MI cabaña para follar?! -Pero a ver… ¡Iros al edificio de las habitaciones de los profesores! ¡La habitación libre que hay es la mía! -Sí, ya lo hemos pensado, pero es que somos muy escándalos, Tom. -Nos oirían desde la puerta de entrada del edificio. –acabó Andy. Me quedé en silencio, y solté mucho aire sonoramente. Vale, entiendo que es una putada estar sin follar pero, joder, ¡que es mi cabaña! A demás… -¿Y dónde coño se supone que debería dormir yo, entonces? – ajá. Esa es una buena pregunta, ¡me quieren echar de la cabaña! -Puedes irte con… ¿Cómo se llama esa chica profesora? ¿Erika? Seguro que te deja dormir con ella – dijo Andy después de pensar un segundo siquiera. Hombre… No era mala respuesta. A más, si dormíamos juntos seguro que caería polvo. Y a mí también me hacía falta. Hacía ya un par de días que no coincidía con ella y me estaba entrando ya el cosquilleo nervioso. No podía dejar escapar otro polvo así como así. Pero antes de que pudiera hablar, Mario me interrumpió. -O te puedes ir a la cabaña de Bill. Es majísimo y os lleváis genial. Apuesto a que él también te deja que te quedes a dormir. La vista se me movió directamente a la misma mesa en la que el otro día e incluso ayer, estaba el mencionado. Pero… Esta vez no hubo rastro de él. Me sorprendí. Volví a buscarlo, y lo encontré hablando con Ashley. Menos mal, supongo que lo estarían solucionando de una puñetera vez. -Bueno, ¿qué nos dices? – ambos me miraron expectantes. Medité unos instantes. Realmente, me daba un tanto de coraje dejar mi cabaña a solas con estos dos. ¡Se lo iban a montar! Después no podría volver a entrar a esa cabaña como si nada. Bah… qué más da. Todo sea por ellos dos. -Voy a enviarle un mensaje a Erika a ver qué dice. - y creo que con ello ya dejé claro que les daba mi permiso. -¡Oh, gracias Tom! – y ambos me abrazaron como pudieron. -Tsk… ¡Si prácticamente me estabais obligando! En fin, limpiádmelo TODO en cuanto acabéis, o cuando os levantéis, o como queráis, pero no quiero ni un rastro que delate lo que haya podido pasar. Ambos se rieron. -Hecho. Lo siento, es que he ligado con uno de los mayores y me lo llevo a él a la cabaña. Pero si quieres mañana te vienes tú ;) ¡¿Qué?! ¿¡Qué Erika no puede?! Mierda mierda. ¿Y ahora qué hago? Un sudor frío me resbaló por la espalda, como si mi cuerpo ya supiera lo que iba a pasar. Me tocaba dormir con Bill. Vale, creo que no me importaba del todo que sea así. Volví a buscar a mi “amigo con derecho a roce” con la mirada y de nuevo, me lo encontré en la mesa, hablando con Ash, pero ni ahora, ni antes, había estado Georg. Mierda, no quería interrumpir la conversación. Probablemente, el moreno se enfadaría conmigo si después de tanto tiempo comiéndose la cabeza sobre cómo hablar con ella, ahora voy y les corto el rollo. Me asesina, seguro que lo hace. Se me pasó por la cabeza el hecho de esperar a que dejaran de hablar, pero le encontré un fallo. Lo mismo era muy tarde para aquel entonces, y no podría ir a buscar nada de pijama a mi cabaña. De seguro que estarían en plena faena Mario y Andy, y bueno… Sin comentarios. Es igual, le den por culo. Me espero, y si se van muy tarde ya dormiré en gallumbos o lo mismo me deja algo Bill. Y bueno, para qué hablo. Gus me dejó a cargo del comedor, para que lo cerrara yo, y me quedé solo, con estos dos hablando. ¡Nosotros tres en todo el comedor! Y lo peor es que ni se habían dado cuenda de que yo les estaba esperando, ni de que se había largado todo el mundo. Ellos… estaban hablando. Bueno, hablando, llorando (como mínimo por parte de Ash), y bueno, conociendo a Bill, este estaría por el mismo camino. Yo me había convertido en una figura, apoyada en la pared más alejada de ellos, que estaba esperando, como un alma en pena. Ya eran las once de la noche joder. Me puse a cerrar las luces de la cocina y a dejarlo todo bien puesto para que en cuanto se dieran cuenta de la hora que era, sólo tuviera que cerrar la puerta del comedor en general y no hacer nada más. Se oían sus voces un poco, pero era imposible entender algo de lo que decían. Estaba lejos y ellos hablaban bajito, avergonzados y sin saber muy bien qué hacer, supongo. Joder, me estaba empezando a hartar. Me saqué el móvil y empecé a jugar un rato. Me volví a apoyar en la misma pared, y… esperé. Me puse a jugar a la serpiente. -¿Tom? – una voz sonó un par de minutos después. Alcé la cabeza inmediatamente, tras oír a Bill hablar – Hostia… Pero si no hay nadie.
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