-¡¡AAAAHHHH!! – oí de golpe. Como si después de unos instantes de tensión, se hubiera dado cuenta de lo que acababa de pasar y se hubiera puesto histérico. Abrí los ojos desmesuradamente aún sin ver nada y me preparé para salir corriendo.
A la mierda la manta y todo lo que se mueve. ¿No eran novios? Pues que se den amor entre ellos que eso da calor. Aunque ahora que lo recordaba, yo dormía justo al lado... Mierda.
-¿¡Quién hay ahí?! – una voz grave y asustadiza que pertenecía a Bill recién levantado, me puso los pelos de punta.
¿Y si le robo ahora y salgo corriendo? Joder, me va a costar conseguir la puñetera mantita. A más, ¡me estoy muriendo de cansancio! Mañana no me podré levantar.
A ver, me centro, si se la robo con cuidado lo mismo ni se da cuenta. ¿¡Pero porque digo robar?! Hey tío, ¡que es mía! Pero qué patético era todo esto.
Creo que debería decir algo.
De pronto ahí unos pasos, como posicionándose en el suelo, y el peligroso avance de estos hasta mi posición, poco a poco, pensándose cada movimiento.
-¿Hay alguien ahí… – y esta vez su voz sonó temerosa, con miedo. ¿Y si se piensa que soy un ladrón de verdad o un violador o…? Vete tú a saber qué. Madre mía, ya lo estoy viendo, con el caballete o con los pinceles mismos, intentando darme de hostias. Lo llevo claro. – Joder, joder, joder… -y sin embargo, ahora, estas tres repetidas palabras, sonaron como si fuesen simples suspiros temblorosos y con miedo.
¿¡Y ahora qué digo?! Si descubre que soy yo se enfadará por asustarle de tal manera, y no me hablará, y volveremos a estar como siempre. Joder, parecemos tontos.
-Va… Por favor… di algo… ¿E-eres… un lad… vi… eres alguien malo? – y un lloriqueo pequeño se escapó por sus labios, con la voz de niño pequeño y asustadizo. –Yo… yo no he hecho nada malo. ¡De verdad! ¡Dime quién eres por favor…! ¡No encuentro el puto interruptor! – se estaba poniendo de los nervios y creo que en cualquier momento se caería de los pasos tan inseguros que estaba dando, estaba al borde de la histeria y yo parecía que fuera un puto espectador, en el suelo, con las manos apoyadas en este y observando con incredulidad, sin saber qué hacer, y estático totalmente.
Otro sollozo interrumpió en el momentáneo silencio que se iba reproduciendo cada poco tiempo, dejando que la tensión jugara por nosotros.
¡Tom actúa!
Bill seguía avanzando en la oscuridad y en la incertidumbre que lo estaba volviendo loco.
-Joder, cómo no sea nadie y me lo haya imaginado... - dijo sin soltar su temblorosa voz y siendo constante con su nerviosismo y sus ganas de llorar –Soy gilipollas. ¡Por favor, si hay alguien, dime algo! – casi me empiezo a reír. ¡Parecía que estuviera hablando con un fantasma! O con un ovni, o… como esos locos que de verdad creen que ven a alguien, pero no llegué a ello porque Bill seguía fatal, al borde de la histeria.
Vale, o decía algo o le daba un ataque ahí mismo. Intenté levantarme poco a poco, evitando cualquier disturbio, pero en el último momento resbalé y al intentar agarrarme de la mesa que tenía detrás algo cayó al suelo.
Resonó por toda la cabaña.
-¡¡AAAHHHH!! –volvió a gritar. -¡Vale, esto ya no ha sido invención mía! ¡¡Joder, di algo que sigo sin encontrar el interruptor!!–y casi pude ver como se ponía a dar minúsculos saltos de impotencia. Lo seguí oyendo caminar por casi todo el recinto, queriendo encender la luz, y no se me pasaba desapercibido el constante sollozo de su parte.
-Bill… -me decidía a hablar. Este dejó de andar, petrificado pero su agitada respiración siguió con el mismo ritmo. –Bill… joder, lo siento, soy Tom. - y justo en ese momento abrió la luz, dejándome totalmente expuesto a su vista, y él a la mía, con el poco maquillaje que seguramente no se habría quitado bien, esparcido por toda la cara.
Y me di cuenta que estaba más próximo a mí de lo que creía. A penas un metro nos separaba.
-¿Tom…?- y sonó decepcionado. Rompió a llorar al instante siguiente - ¡Joder Tom! ¡Qué susto me has dado! – Se tapó el rostro con las manos y empezó a sollozar - Creí… creí que… joder, yo que sé. Soy gilipollas.- y entonces me abrazó fuerte.
Yo aún no había dicho nada, y ese gesto me sorprendió mucho. Noté sus manos agarrándome fuerte por detrás, acercando su cuerpo al mío y enterrando su frente en mi hombro, escondiendo su rostro y empapándome seguramente la camiseta con sus lagrimas. Realmente le había asustado.
-Bill, lo siento de verdad… Sólo había venido para ver si me podías devolver la manta. -intenté convencerle desde un principio que no quería asustarle ni hacerle ninguna broma. Bill relajó el cuerpo pero no me soltó, simplemente se quedó ahí, momento en el que aproveché para rodearle yo a él, sintiendo su delgada espalda en mis manos, y la increíble forma en la que se estrechaba si baja mis manos hasta su cintura.
-¿La manta…? – preguntó después de unos instantes, mirándome de perfil, secándose las lágrimas con una de las manos que antes estaba en mi cuerpo. Me puse receloso cuando sentí que la separaba de mí.
Tanto, que fui yo quien se separó y le quité el agua salada que le caía por las mejillas, haciendo que volviera a rodearme.
Volvía a entrar en ese estado en el que yo no controlaba mi cuerpo ni mucho menos, sino que algo dentro de mí, movía los cables para crear esos movimientos tan inapropiados para lo que era yo.
-Sí… Es que, bueno, acabo de llegar con Andy y Mario y estábamos colocando las sábanas de su cama, y eran tan finas que no servían para tapar nada. Así que me he acordado de la manta… Pero la tenías tú. Le he robado la llave a mi padre y la intención mía era entrar cogerla sin que te enteraras y punto, pero… Como la tenías tan cogida pues no sabía qué hacer.
Frunció el ceño y después suspiró, supongo que igual de deshubicado que yo. Se separó poco a poco de mí y casi me lanzo encima suyo cuando me di cuenta, ya que no quería que se separa, incluso apreté los puños para reprimirme.
Se aproximó a su cama y la tendió aquello que buscaba.
Me acerqué poco a poco y la cogí entre las manos, sin apartarle la vista de los ojos, que cuando tardé más de un par de segundos sin retirar el contacto visual, él lo rompió, sonrojándose totalmente.
-La próxima vez, entra como una persona normal, y aunque esté durmiendo, despiértame. Si eres tú, en medio de la noche, no te diré nada. -dijo en una mirada baja.
Pum, pum… pum, pum… Pum pum… pum, pum Si entraba en medio de la noche no me diría nada. ¡Oh dios, lo qué ha dicho! Una descarga eléctrica me recorrió el cuerpo entero. Un juego.
Me mordí el labio sin poder evitarlo, y él… él repitió mi jugada humedeciéndose anteriormente el labio inferior con lentitud. Y eso me recordó que yo ya me había encargado de humedecérselos antes. Vale, me está entrando mucho calor. Tom, contrólate. ¡Es un tío! ¡Es un tío!
¡Contrólate!
-Bueno… creo que me tengo que ir, estoy reventado y mañana me tengo que levantar pronto igualmente.
Bill rompió el contacto visual de nuevo y asintió.
Estreché la manta entre mis manos, y no la utilicé de camino a mi cabaña. El calor perduró en mi cuerpo y renacía cada vez recordaba sus labios. No se me pasó hasta que no me di amor propio tres veces, una vez que Mario y Andy ya se habían dormido.
Miércoles. 15/07/09
Tom
Ayer fue un día de mierda. Después del susto que me pegué con Bill y lo “trastocado” que salí de su cabaña, lo último que quería era salir de la mía y tener que cuidar a críos babosos, pero así fue. Y no sólo eso, si no que me levanté antes porque tenía que ayudar a preparar el comedor, con las mesas del desayuno y todas esas mierdas. Incluso tuve que hacer más clases de las que ya tenía pensadas porque tenía que “devolverle el favor” a Gustav, que se encargó de los míos el lunes. Que ya me dirás tú, qué mierda favor es ese, si lo tienes que devolver por obligación.
Encima, Andy y Mario, mientas yo daba clases no querían estar porque sabían que se aburrían, así que o no salían de los dos metros más allá de mi cabaña o simplemente se ponían a observarme y a no colaboraban en nada. La verdad es que casi me enfado y todo… Pero yo creo que estaba irritado porque no había visto a Bill en todo el puñetero día. ¡No había aparecido! Ni para desayunar, ni para comer y evidentemente ni para cenar. Me estaba empezando a estresar. ¡¡Eso de no aparecer por el comedor parecía ya un hobbie!!
Y lo más desquiciante era que me quería pasar por su cabaña a ver qué tal (creo que también se está convirtiendo en un hobbie) pero si no hacía clase, sí que estaban conmigo Andy y Mario, y claro, no era plan de ir con ellos. Pensarían algo raro, y no quería
Ahora estábamos en la cafetería, era por la mañana y yo estaba hecho polvo. Había dormido de un tirón, pero no lo suficiente. Aunque hoy me levantara tan tarde como hubiese podido, los profesores no se podían saltar ninguna comida, así que tenía que estar lo más puntual posible. Pero no creáis que Andy y Mario se lo saltaron. En cuanto sonó mi despertador empezaron a ronronear entre los dos, quejándose de la hora, y en cuanto me despejé un poco, les quité la manta (que tanto me había costado conseguir) y los dejé al frío de la intemperie casi, y no tuvieron otro remedio, que el de levantarse.
Y aquí estábamos, habíamos puesto una mesa más en la zona de profesores y se sentaban ambos a uno de mis lados, justo los que daban de espalda a la cocina y que sin embargo daban casi perfecta vista al resto de mesas, esparcidas por todo el local con gente y más gente comiendo el desayuno. La verdad es que hoy se agradecía lo que había, adoraba los churros con chocolate y mucho azúcar, así que algo me alegró el día.
Andy y Mario parecía que tenían la misma opinión y estaban muy concentrados en darse de comer el uno al otro, así que puse los ojos en blanco y me puse a mirar a la gente de mi mesa. Mi padre andaba en su mundo como siempre, Erik estaba haciendo algo en su libreta y a veces desviaba su mirada a la profesora de Bill, Dawn, que esta tenía la vista perdida, inmersa en algún recoveco de su mente. Lo mismo le había pasado algo.
Bueno, Erika devoraba feliz sus churros y miraba de vez en cuando en mi dirección, pero yo me hacía el loco. La verdad es que hace mucho que no me la tiraba, pero mayormente por culpa de Bill.
Ayer le cayeron a todo el mundo bien mis mariconcetes, pero creo que aún no se habían acostumbrado del todo a que fueran gays… A más de uno se le iba la vista en estos momentos observando esas ñoñerías de darse de comer. Bueno, yo ya estaba más que acostumbrado, así que me daba igual.
-Tom… -una voz un tanto preocupada sonó a mi izquierda, y enseguida me volteé a mirar quién era. Me sorprendí viendo a Mario, mirando a algún punto a lo lejos, lugar al que ni miré.
-Dime- dije cómo quién no quiere la cosa. Me encogí de hombros, intentándole quitar importancia al asunto, seguro que por muy fuerte que pareciera eso que me quería contar, no tenía nada que ver con todo lo que me podía llegar a pasar a mí en una hora.
-Esto… ¿Quién es esa tía tan rara que nos está mirando? – y señaló a ese mismo punto, con el churro.
-¡Que no! ¡Que es un tío! ¿No lo ves? – escuché por parte de Andy, que también estaba metido en la conversación y también se había dado cuenta.
-Mierda, ha dejado de mirar hacia aquí… Creo que se ha dado cuenta que lo he señalado.
Un presentimiento me recorrió todo el cuerpo entero y sin hacer caso a la dirección de Mario, mi vista se posó directamente en el sitio de Bill, la última mesa de todas que daba justo en diagonal a mí. Pero me decepcioné muchísimo cuando solo vi a Ashley y a Georg sentados. Sin decirse nada, cada uno en una punta. Me sabía fatal, recordaba el jaleo que montaban entre los tres los primeros días de campamento y ahora… ahora parecía que se había ido a la mierda todo. ¡Y Bill seguía sin aparecer coño! ¡¿Qué le pasa a este hombre?! ¿Voy a tener que ir de escondidas a verle? ¿Voy a tener que estar otra vez a solas con él en un sitio cerrado? Vale… Acepto. Creo que no me importaría aparecer de nuevo.
-¡Tom! Ahí no, ¡ahí! – y me cogió el mentón, dirigiéndolo a uno de los sitios más cercanos, una mesa prácticamente solitaria, en el sentido de que solo había una persona.
Un espectro vestido totalmente de n***o, cuyas prendas estaban tan ceñidas a su cuerpo que se veía perfectamente su delgada figura.
El corazón me dio un bote tan fuerte, que creo que me hizo daño. Bill restaba solo, comiendo con parsimonia. El pelo le cubría la cara, para evitar ser visto seguramente, y tenía la cabeza gacha. Alguna vez le molestaba tanto que se lo retiraba un poco tras la oreja, dejando ver momentáneamente un rubor en sus mejillas, delatando la vergüenza que había sufrido al ser descubierto por Mario. Tenía los ojos más oscuros que nunca, como si se los hubiera pintado dos veces, repasado, puesto rímel, colorete, brillo en los labios… No sé, de todo. Hoy estaba… Resaltante, demasiado agradablemente resaltante.
-¿Enserio es un tío? – la voz de Mario había cambiado, ya no era como la de antes, un tato extrañado y alterado por ver a alguien mirarnos fijamente, sino que ahora se había vuelto un tanto… No sabría cómo explicarlo, pero como si quisiera saber más acerca de ello. Y no solo eso, si no que Andy miraba de la misma forma – Pues joder con el tío ¿no? – exclamo alzando una ceja.
Vale, me quedé flipando. ¿Estos tienen una relación abierta y yo no me había enterado o qué?
-Pero a ver… ¿No sois novios, joder? ¿Mario, qué coño haces fijándote en él? –creo que me salió la vena celosa, que recién hace una semana que ha nacido en mí, porque me salió un tono un tanto amenazante. Y creo que ambos se habían dado cuenta, porque me miraron extrañados, pero hicieron caso omiso al cabo de poco.
-Claro que somos novios, pero nos dejamos opinar. A más, Andy también piensa que está buenísimo, ¿a que sí?
-Ya lo creo… -dijo volviéndole a dar un repasón a Bill de arriba abajo.
-Bueno, está bien ya. – Salté distrayéndoles, sin poder contenerme el tono posesivo – a desayunar rápido, que dentro de poco tengo clase.
-¿Y qué? Nosotros no creo que vayamos a la clase… -dijo desconcertado Andy.
-Vosotros os venís conmigo. –dije serio.
-Pero… Joder, yo quería ir a ver al chico este, está un poco marginado ¿no? Podríamos hacernos amigos. -soltó, solidario, Mario.
-Que venís he dicho, y punto. - ¡JA! ¡Encima dicen de acercarse a él! Vamos, ni flipando.
En cuanto la conversación quedó como finalizada no pude evitar de dirigir mi vista a la mesa de Bill. ¡Joder, estaba ahí! ¡No me lo podía creer! Y no me había dado ni cuenta.
Dios, estaba jodidamente adorable. Iba totalmente de n***o, adornado hasta arriba de pulseras y collares, la ropa tan jodidamente apretada le quedaba de puta madre. ¡Y Mario y Andy han dicho que está bueno! Supongo que lo debe de estar tanto, que yo… que yo también lo puedo admitir ¿no? Cómo en esos casos en los que hay una tía que esta tan pero que tan buena, que hasta algunas chicas lo reconocen. Pues supongo que eso es lo que me pasa a mí ¿no?
Esta bueno el tío y ya está. Sólo eso.
Aunque no concuerda con la descripción de chico follable con el que una chica está de acuerdo ¿o sí? Teóricamente, han de estar cachas, han de parecer tíos, no se pintan los ojos, no llevan ropa ajustada, no llevan esas pulseras ni esos collares… Nono, de hecho son como yo. O sea, yo soy el ideal de belleza masculina. ¡¿Por qué cojones les gusta a Mario y a Andy?! ¿¡Y porque cojones me gusta a mí?! Quizás es porque hay más de un tipo de tíos buenos ¿no?
Vale, estoy flipando conmigo mismo. ¿Cómo es posible que yo diga “gustarme un tío bueno”? ¡¡AARRGG!! ¿¡Pero qué coño estoy diciendo?! Esto, me supera… Necesito un respiro.
No, necesitas a Bill.
Sí, justo eso, a Bill.
No no, a Bill no. A Bill es al último que necesito.
Necesito una tía.
¿Una tía? Tienen demasiadas curvas ¿no crees…? No se parecen a Bill las tías.
¡Exacto! No se le parecen, eso es lo que yo necesito. Algo que NO sea Bill.
Si quieres saber realmente qué es esto que te está rondando la cabeza a cada minuto, yo iría a por Bill. Admite que es guapo, está bueno, tiene un culo flipante, y unos labios… Dios qué labios.
Qué labios… Qué labios…
Exacto, sabes que te gustan sus labios. Que te gusta él.
Me gusta él.
Bill
Vale, cagada monumental, al completo.
¡¡Uno de sus amigos se ha dado cuenta que los estaba mirando!! ¿Y ahora qué hago? Cómo le pregunten por mí, ¡a saber qué dice este hombre!
Aunque bueno… Conociendo lo poco que conozco de él, seguramente me negará totalmente como amigo con derecho a roce aunque en realidad no hayamos hablado nada de eso. Me acabo de declarar de esta manera porque no sé en qué otra posición colocarme.
Lo cierto es que el chico moreno era… gracioso. Ese pelo era realmente original y me gustaba. Vestía de una manera que parecía la que yo vestía. Oscuro y con decoraciones. No tan exagerado como yo, pero por el camino iba.
El supuesto novio no me acababa de agradar tanto como el otro.
Ayer no aparecí por aquí porque simplemente me dormí. Después de la aparición inesperada de Tom, me había vuelto a dejar como en una puñetera nube, de donde no pude bajar…
Y bueno, supongo que eso me afectó al sueño, ya que no había dormido casi nada para recuperarme de los dos días anteriores en los que no había pegado ojo. Y el resultado fue que me desperté a les tres de la mañana, del día siguiente. O sea, esta noche. ¡Cuando he mirado la hora no me lo he podido creer! Y bueno apenas he estado una hora haciendo el gilipollas y dando vueltas por la cama y después me he vuelto a dormir pera levantarme hacía apenas dos horas, en las que he estado arreglándome demasiado. ¿Por qué me habré arreglado tanto?
Ni idea, quizás para causar buena impresión en sus amigos, quizás para gustarle más a Tom… Quizás porque quiero.
No.
La segunda opción tiene más sentido. Cada hora que pasa, hace que cada minuto tenga sesenta imágenes de Tom en mi cabeza, distintas, una por segundo.
Y no era algo me desagradara… De hecho, me gustaba. Y no podía apartar la vista de él… Bueno, no podía hasta que me habían pillado, y me habían señalado tan descaradamente. ¿Quién sería Mario y quién sería Andy? Bueno, el nombre era lo de menos, lo más importante era… Si eran simpáticos. Aunque bueno, supongo que sí ¿no? Si no, Tomo no sería amigo de ellos.
Entonces crucé miradas con Tom, sólo un instante, sólo un segundo, apenas nada importante, apenas algo sin importancia. Oh dios, ¡me había votado el corazón como no me había votado en mucho tiempo! ¡Y eso que ha sido una mirada de nada!
¡Adoro sentirme así! ¿Lo he dicho muchas veces ya?
No importa, me siento bien, me siento libre, me siento… ¡Enamorado, joder! Enamorado de un tío. Sí, de un tío, con todas las letras. Todas.
-Enamorado… -me susurré a mí mismo, bajísimo, de una manera casi inaudible, mientras mojaba en el chocolate ya no tal caliente, uno de los pocos churros que quedan. Aun así, no pude evitar sonreír mientras lo pronunciaba, sentía una sensación el estómago, tan aguda que hacía cosquillas, no llegaba a ser molesto pero, si tan… intenso. Aumenté la respiración sin querer y de nuevo me mordí el labio.
El lunes por la noche, (bueno, realmente el martes), cuando Tom vino a por la manta, yo… Yo en el fondo de mi corazón, quería que fuera él. ¡Y era una idea totalmente descabellada, eh! ¿Qué pintaba Tom a esas horas en mi cabaña? Pero aun así… Era la primera persona que tenía en mi mente, y la única que deseaba ver. Y creo, creo que me puse a llorar de felicidad. Bueno, no exactamente, era una sensación extraña. Inexplicable. ¡Lo había acertado! ¡Era él! Era imposible.
Y sin embargo lo tenía delante.
Lo abracé y sentí todos y cada uno de sus músculos en mi barriga, en mis manos… Las suyas me mostraban su fuerza en mi espada y en mi cadera y dios… Lo que tardé en dormirme. Ya lo digo yo, hizo que durmiera un día entero.
Ahora, la cuestión era, ¿cómo acercarse a él, siguiendo con mi plan de cautivarlo a base de un juego de morbo, con sus amigos cerca? ¿Cómo sabré yo, donde no están? Se me está complicando.
De pronto algo me sonó en el bolsillo, un tembleque, una vibración. El móvil.
Estuve tentado de no mirarlo por miedo a que fuese Ashley de nuevo, que también debería replantearme eso de hablar con ella, pero finalmente pensé que si fuese ella, simplemente haría caso omiso, y lo miraría más tarde. Podría ser importante y yo no hacerle caso.
Dawn
Coño. Esto sí que era sorprendente ¿Dawn me ha enviado un mensaje?
Vale, ¡me estoy perdiendo por momentos! ¿No se supone que no debo hacerle caso? ¡¿Joder, ahora porque me habla ella?!
No lo abrí, y miré primero a su mesa.
Se me paró la respiración en cuanto la encontré mirándome directamente. Me hizo señas con la cabeza y después señaló su propio móvil. Como diciéndome, que mirara el mensaje.
La miré extraño y más tarde le hice caso.
Bill, sé que te sorprenderás, pero necesito hablar contigo. Quiero que me expliques porqué te fuiste con Ash. Desde el sábado no he pensado en otra cosa, y está claro que así no me olvidaré de ti. Cuando tenga todos los follones mentales solucionados, entonces creo que ya podré descansar de todo esto, y olvidarme de ti.
Y tan ancha se quedó.
No me lo podía creer. ¿Y ahora le tengo que explicar porque me lo monté con Ash? ¡Pero si eso no se lo puedo contar! ¡Me mataría!
La volví a mirar y esta seguía con la vista fija en mí, algo fruncida y dando a resaltar todo lo que le estaba costando siquiera aguantarme la mirada.
Le contesté.
No. ¿No querías que te evitara? Pues paso.
Qué cobarde soy. ¿Cómo coño puedo ser así? Si me está pidiendo explicaciones, como mínimo debería concedérselas. Pero me daba pánico, porque sabía que si tenía que decirle algo al respecto, me lo inventaría.
Y me lo inventaría de tal manera que crearía un nudo muy grande, que más tarde sería incapaz de deshacer… Y prefiero no decirle nada antes que empeorarlo todo.
Ni le decía la verdad, ni lo opuesto. Simplemente no le diría nada.
Supe enseguida que me miró, indignada y pidiéndome explicaciones, porque la figura difuminada que podía reconocer a un lateral (ya que no la miraba directamente, sino un par de metros más allá) se había girado en mi dirección.
Me contestó.
Bill, te lo exijo. ¡Necesito saber por qué! ¡¡Es lo mínimo que me debes!! ¿No crees?
Me recriminó sin cortarse un pelo, sin evitar nada, sin dejarse cualquier cosa que preferiría no decir. Nada, no le importaba.
Intenté convencerle de todo lo contrario.
¿Y si te quedas peor?
Esta vez tampoco me quedé sin tapujos. Le acababa de advertir con todas las letras, y estaba esperando que por favor, funcionara.
Me volteé la cabeza de nuevo, y la observé. Esta vez ya no me miraba a mí, de hecho ya no miraba a ningún sitio. Tenía una de las manos en la frente, y la dirección de su cabeza se perdía dirección abajo, en la mesa.
De pronto un movimiento hizo que me hirviera la sangre. Un hombre sentado al lado de Dawn le tocó el hombro, con el semblante preocupado y el entrecejo ligeramente fruncido. Mi ex novia alzó la cabeza en nada y se hizo la loca, se alborotó el pelo e hizo caso omiso. Erik la cogió por la barbilla y la miró a los ojos, esta se le quedó mirando, y después le sonrió, se quedaron mirando.
Y no apartaban la mirada. Un Mississipi, dos Mississippis, tres Mississippis…
Vale, ¡esto no acaba! Cogí el móvil y marqué su número. En cuanto el suyo empezó a vibrar delante de ellos, estos rompieron el puto contacto visual y salieron de un repentino trance.
Erik pareció disgustado y Dawn avergonzada, colgué en cuanto fue a cogerlo, dejándola toda desconcertada. Después miró la llamada y se entristeció. Erik lo notó.
¡Me cago en el puto Erik de los huevos!