-Mario, imagínate… - empezó Andy. - Que Tom… Es gay. - sentí como si algo me golpeara de golpe. No me esperaba para nada que dijera eso. O sea, me había quedado en shock. Claro, detrás de todo este asunto, se llega a la conclusión, de que Tom es gay. En otras palabras, que le puede gustar cualquier otro chico de su alrededor, incluso alguno de nosotros… Creo que me iba a explotar la cabeza. Sentí como si de pronto me hubieran tirado un cubo de agua fría, y me hubieran levantado.
-Hostia, pues ahora que lo dices… - me había incorporado y ahora simplemente avanzábamos, lentamente, mirándonos con cara de pasmados.
Andy se empezó a reír.
-Dios, te imaginas a Tom diciendo “Tíos, mirad que bueno está ese” - me empecé a reír con él escandalosamente. ¡Sería demasiado imposible verle decir eso! Sonaría demasiado raro.
-Hombre, la verdad es que no se si es gay… lo mismo, lo único que le pasa es que se ha enamorado de Bill, o bueno, simplemente le gusta, no sé. Pero quizás, ahora se lo pone delante sin ropa, y le da un gatillazo o algo por el estilo… Aun que, no estoy muy seguro. Lo mismo es bisexual de golpe…
-¿Crees que solo se ha enamorado de Bill como persona? - intuyó Andy.
-Sí, ¿porqué no? Tom está tan acostumbrado a las tías y a sus curvas que dudo mucho que se fijara en Bill por el físico. Quizás por lo guapo que puede ser, pero solo porque parece una muñequita de porcelana. Pero no por otra cosa… A Tom, le gusta Bill por como es, no por… Bueno, por el físico, el exterior… lo que sea.
-A lo mejor…
-Yo soy un claro ejemplo, tío. - Andy alzó la ceja - Yo tengo clarísimo que me ponen las pollas. Pero sin embargo me enamoré mucho de Victoria. ¿Te acuerdas? - Andy frunció el entrecejo esta vez. Se quedó pensando y finalmente puso cara de sorpresa.
-¡Ah sí! Aquella chica de tu casa de Lima. Que la conociste el verano que te fuiste de vacaciones un mes entero. Sí, el verano antes de empezar a salir tu y yo.
Sonreí ampliamente, ¡madre mía, qué bien se acuerda de todo!
-Exacto. Estuve muy pillado de ella. Y tiene tetas y coño, ¿sabes? O sea, nada que ver contigo, ni con las pollas. Pero no sé…
Y justo Andy abrió la puerta del comedor. Madre mía, entre una cosa y la otra ya habíamos llegado y yo sin darme cuenta. El tema quedó por zanjado y enseguida buscamos a nuestro amigo con la mirada. Y no hablábamos de Tom. No, si queríamos que el plan funcionara, teníamos que sentarnos a solas con Bill, y que entonces, Tom, al ver que no estábamos con él en la mesa de profesores, se acercara a nosotros y se quedase en nuestra mesa.
Lo importante sobre todo, era que la pelirroja no estuviera con Bill. Por que nosotros no sabíamos si se lo había explicado a ella o no, pero para no cometer errores, preferíamos que solo estuviera Bill. Y sí, gracias al cielo, encontramos a Bill, aún solo en la barra, cogiendo la bandeja para que le pusieran la comida.
Corrimos y nos pusimos a su altura. De pié, avanzando con lentitud, mientras nos íbamos poniendo los platos, las servilletas, los cubiertos, los vasos… Etc.
-¡Bill! - grité a su lado.
Éste pegó un bote y me miró sorprendido. No se lo esperaba, claro. Pero en cuanto puso su mirada en mí, sonrió ampliamente.
-¡Mario! ¿Qué tal estás? - dijo, alegre como él solo. Pero se le cambió la cara en cuanto se cercioró lo que la señora de la comida le había echado en el primer plato. Era algo… ¿verde? ¿Era eso de color verde exactamente? - Arg… - dijo bajito, mientras seguía arrastrando la bandeja por las barras de metal y se ponía enfrente de otra cocinera.
-Bien bien, aquí. ¿Te importa que nos sentemos contigo? - primera fase del plan.
-¿Eh? - el pobre se había quedado mirando aún la cosa de color indefinido mientras que en el otro plato, le iban poniendo carne con patatas. Esto le alegró bastante. - ¡No, claro que no! ¡Veníos! Me ha llamado Ash, que estaba enferma, así que comería solo… - ¿Ash?
-¿La pelirroja?
-Ahá. - contestó. ¡Vaya, perfecto! Más redondo no podía salir el plan. Esto se iba poniendo interesante. - pero… ¿Y Tom? ¿Lo vais ha dejar solo a él? - dijo algo confuso. Oh, qué mono. Se preocupa por su nene.
-No, claro que no. Es psicología. Ya verás, en cuanto vea que estamos contigo, se vendrá. Seguro. Ya verás, ahora, mientras pases por delante de la mesa de profesores, salúdale como quien no quiere la cosa, que nosotros haremos lo mismo. En medio minuto se sentará a nuestro lado.
-Mmm… Tom. Me gustaría decirte algo.
Segunda parte del plan. Andy empezaba a decir que tenían que ausentarse un momento, e iba poco a poco, como es debido.
Evidentemente, Tom, en cuanto notó que no nos sentábamos con él, se cogió su bandeja de comida y se puso a nuestro lado, sentándose con una sonrisa radiante en la boca. ¿Quizás porque veía que tenía una excusa para comer con su supuesto amado sin que se viera evidente que quería estar con él?
Vimos como primero miraba a Bill, feliz como él solo, y cómo este, se sonrojaba levemente. Después, se puso serio, negó, con la cabeza medio disimuladamente y miró a Tom, le saludó con un levantamiento de cejas a lo: “What‘s up, man?”, y después volvió a su plato. ¿Y este comportamiento? Parece que Bill se quiera hacer el interesante… Tom simplemente, sonrió de lado.
Estuvimos comiendo y hablando de todo un poco y finalmente, después de hacer mil señas a Andy, con el tenedor, con la cuchara y dándole patadas por debajo de la mesa, se decidió a hablar. ¡Estaba claro, que si él no se llevaba a Tom, yo no podía hablar con Bill!
-Claro tío, dispara - contestó este, mientras se quitaba algo de Kétchup que tenía en la boca.
-No bueno… Es que… - le di otra patada por debajo de la mesa - ¡Hm! Bueno, es que tendría que ser en privado… Ya sabes.
Tom lo miró desconfiado, con una ceja alzada y haciéndole un escáner.
-¿Qué más te da? ¿En privado? ¿Qué no sabe tu novio? - ay madre, que ya la está liando.
-No bueno… Es que me da vergüenza.
-¿Vergüenza? Oh, vamos tío… No me hagas que me levante. - ¡Pero qué vago, joder!
-Que tires ya, joder - soltó de pronto Andy, casi con la vena del cuello marcada. Tom se sobresaltó y finalmente obedeció. En cuanto ambos se levantaron, Andy me guiñó un ojo y lo se llevó hasta la puerta del comedor.
Bill me miró interrogante.
-¿Tú sabes algo de todo esto? - me preguntó, confuso. Los miraba a tientas, y alternaba su mirada dirigiéndose a mí. ¿Qué le contesto? ¿Qué sí? ¿Qué no?
-Ni idea… - mentí a lo descarado.
Bill se encogió de hombros y siguió comiendo. Me estaba preguntando cómo sacarle el tema. En cierto modo, es bastante difícil, no hay confianza como para preguntárselo muy directamente, pero tampoco era plan de empezar con otro tema intentando direccionarlo hasta este otro… Podría pasarme media hora, y Andy no creo que tardara mucho en pedirle a Tom la cabaña como picadero. Va, Mario, o te lanzas o pierdes una oportunidad de oro.
-Bill… - tanteé.
-¿Hum? - me dijo este, con comida en la boca.
-¿Te puedo hacer una pregunta? - dije sutilmente.
-Clagro… go que quiegas… -Mira el listo, hablando con la boca llena. Bueno Mario, a la de ya. O se lo dices, o se lo dices.
-Bueno, es que… Inevitablemente, me he fijado un poco en vosotros… Y bueno…
-¿Nosotgros? - finalmente acabó de tragar - ¡Ah! Lo siento. ¿Qué nosotros?- creo que se estaba empezando a poner un poco serio.
-Sí, ya sabes. Tú y Tom.
-Ahá… ¿Y? - sisi, se estaba poniendo tenso por momentos.
-Bueno, es que… Oye, ¿a ti te gusta Tom, verdad? - Bill se escandalizó enseguida. Se puso la mano en el pecho y abrió la boca, como si estuviera indignado. Un gesto bastante gay por cierto.
-¿Yo? ¡Qué va, ya te dije que no soy gay…! - y otra vez con la teoría esa… Ahí decidí intervenir.
-A ver, no te estoy preguntando que si te van los chicos, Bill. Sólo te pregunto si te gusta Tom. A ver, que aquí donde me ves, maricón perdido, estuve enamorado de una chica eh… No porque sea un pasivo de cuidado quiera decir que no me pueda enamorar de una chica. Y lo mismo por ti. - creo que me puse demasiado serio. Y Bill se me quedó mirando embobado. De pronto, una sonrisilla se le asomó por la comisura de los labios. Sus ojos brillaban.
-¿Enserio te gustó una chica…?
-Me enamoré de ella. Y te prometo que tengo un gran amor por los nabos, chaval. - este se rió levemente por mi comentario, para finalmente, callarse como una tumba. Se puso serio.
-¿¡Otra vez, tio?! ¿¡Me vas a estar desalojando cada dos días o qué?!
-Shh… baja la voz Tom, no hace falta que chilles.
Abrí los ojos desmesuradamente. ¡Mierda, Tom es un puto escandaloso de mierda! Bill salió de su trance y los miró algo divertido. Después negó con la cabeza y suspiró fuertemente.
-Sí. -¿Sí? Por un instante no lo pillé. Y él lo dedujo con mirarme a la cara. Volvió a bufar, algo cohibido - Que sí… Que me gusta Tom. - confesó.
Cogí mucho aire, y sentí que se me llenaba el pecho de una sensación increíble. ¿Por qué? No lo sé ni yo, pero me hizo muchísima ilusión que me lo contara, que se atrevería, que me lo confiara. Aun que bueno, prácticamente le había coaccionado a hacerlo…
-¿Y a él? ¿A él le gustas? - Ya que estamos, le sigo preguntando. El moreno se quedó callado un instante, mirando su comida.
-No lo sé. Creo que no… Bueno, ¿tú lo has visto? ¡Es demasiado macho como para fijarse en alguien como yo! - dijo, algo inseguro de sus palabras.
-Ya bueno… Yo no estaría tan seguro - enseguida volvió a fijar su vista en mí, algo contrariado por mi respuesta, mirándome expectante - yo creo que está igual de pillado de ti que tú de él.
-Sí, bueno… Quién sabe. - suspiró - Ojala. - y sonrió tan ampliamente que me mordí el labio sin querer, creo que hasta sonrosándome. Joder, qué sonrisa.
-Qué guapo eres, joder… - se lo dije en castellano porque sabía que no me iba a entender. Está claro que algo así no se lo podía soltar a la cara así porque sí, así que ya que tenía tantas ganas de decírselo, se lo dije en otro idioma. ¿Os imagináis la cara que habría puesto si se lo suelto así? Seguro que me miraría peor de cómo lo está haciendo ahora.
Bill se había quedado estático, y no supe muy bien porqué, y cuando este iba a decir algo, aparecieron los dos de nuevo. Andy iba sonriente y Tom con cara de circunstancias.
Bill
Tom me acababa de explicar que de nuevo, Andy y Mario se quedarían la cabaña para hacer sus cosas, y que esta noche, dormiría conmigo. Ni me ha preguntado ni nada, me lo ha afirmado. “Bill, hoy duermo en tu cabaña”. Y listo, no más rayadas. ¡Menuda geta que tenía el colega!
Bueno, es lo que tiene que sea mi novio. Le he hecho prometer que no dormiría en el suelo y antes de contestar, me ha mirado algo extrañado.
-¿Porqué iba a dormir en el suelo? La última vez, lo hice porque sabía que si estabas a mi lado, me iba a lanzar para comerte… Vale que después me quedé dormido, pero fue porque tenía demasiado sueño de estar sin poder dormir… Pero ahora, ¿qué más te da si te como, cierto? - me había dicho. Mirándome directamente a los ojos. Cuando Mario y Andreas ya se habían ido por su camino, y nosotros estábamos apunto de llegar a mi cabaña. Después de pronunciar esa frase me rodeó la cintura con los brazos y paseó su lengua a lo largo de mi cuello. - Humm… - soltó después. Sentí una punzada bajo el estómago que me puso rojo del todo.
Dios, los dos solos en la cabaña. Vale sí, como esta tarde pero… Pero, la canción nos había entretenido demasiado y entre pitos y flautas ya era la hora de cenar. Ahora, se trata de dormir… De compartir cama, de estar despiertos hasta que el cuerpo aguante…
Oh, me estaba poniendo nervioso por momentos. Sentí que la respiración se me atragantaba cada poco, y eso… Era un mal presagio.
Comencé a jugar con mis dedos, tocándomelos, moviéndolos, crujiéndolos… lo que sea. Pero era un tic nervioso, y creo que no me tranquilizaba nada.
¿Y ahora qué coño me pasa?
Llegamos a la cabaña y tras abrir, en un silencio sepulcral, encendí las luces.
Estaba todo bastante desordenado, y sentí algo de vergüenza. Joder, debería arreglarlo todo un poco antes de salir, que después aparecen imprevistos como estos, y uno no tiene la casa visible…
Algo de ropa estaba esparcida por todas partes, y mis pinturas tiradas por encima de la cama (que gracias a dios, sí que estaba hecha), y aparte de eso, el escritorio lleno de folios en blanco y de deberes por acabar.
Intenté calmarme de ese repentino ataque de nervios que había sufrido y me puse a recoger la habitación, así, como si fuese lo más normal del mundo.
Antes de nada, tenía que demostrar seguridad frente a la situación (fuese la que quiera que fuese), y de esta manera, empecé a poner los papeles en su sitio, bajo la mirada de Tom que no sabía muy bien qué decir o qué hacer. Me ponía el pelo tras la oreja mientras me agachaba a recoger las cosas que habían encima de la cama. Sobretodo, las pinturas, que como me descuidara, la sombra de ojos mancharía toda la sábana, y quedaría bastante mal, la verdad.
Me dirigí al baño sin decir nada y abrí el pequeño armario, el típico pegado a la pared y al espejo, que casi no cabe de nada, pero que para algo sirve. Saqué el pequeño baso que había robado del comedor, y puse los objetos que eran largos, como el pincel de la sombra, el eyeliner, etc… Y el resto de cosas, como la sombra propia, o el pote, lo dejé en la estantería que había, minúscula, pero útil al fin y al cavo.
-Madre mía Bill, ¿cómo te puede caber todo esto? - escuché de fondo. Me quedé un poco pillado y asomé mi cabeza por la puerta del baño, encontrándome con un Tom curioso y que había cogido la ropa que había esparcida por encima de la cama, lanzada así como así por que “no combinaba con lo que llevaba puesto”. Al final, uno sale, y piensa, “bah, ya lo recogeré cuando vuelva…”. En fin.
Tom, estaba con una camiseta mía, normal, que se la había puesto en el pecho y se la esparcía por el torso haciendo ver que se la probaba. Dios, a comparación de su camiseta, esta parecía tres tallas más pequeña de lo que ya era.
-Jajaj Tom, no te quedaría bien - me reí.
-Hostias, ya ves. Como el puto culo me iría esto… Enserio, ¿Cómo te embutes aquí dentro? ¡Es imposible, macho!
Me acerqué sonriente a él, y sin poder evitarlo miré hacia la cama. ¡Ey! ¿Dónde está toda la ropa? Puse el ceño fruncido y empecé a buscar, algo extrañado.
-Tom, ¿qué coño…? - empecé.
-Si buscas tu ropa, la he doblado un poco así a mi estilo, y la he dejado ahí, encima de la silla. Es que ibas con tanta parsimonia, solo para guardar las pinturas, que si ibas a doblar todo eso con la misma rapidez, creo que habría muerto… Miré la pila de ropa que había encima de la silla, y me mordí el labio de gozo. ¡Joder, qué gracioso!
-Em… ¿gracias? - dije mirándole, de lado, con una media sonrisilla de interesante. Este sólo me pegó un ligero puñetazo en el brazo y después rodó los ojos. - Bueno a ver, si quieres te dejo lo mismo que la última vez, para que duermas y tal. - dije, apartándome de su mirada, en cuanto noté que esta se acentuaba demasiado.
-Sí, bueno… - dijo, como si no le hiciera caso a lo que yo le estaba diciendo, y es que de un golpe, me agarró de la cintura, y me pegó un empujón. Ambos estábamos ya de un principio, cerca de la cama y evidentemente, caí en el centro. Éste, se puso encima de mí a cuatro patas. Se me puso a dos centímetros de la boca y me habló - Bill que… Bueno, estaba yo pensando, que estamos solos en una cama y eso… - noté su respiración agitada en mis propios labios, y la presión de su pecho contra el mío hizo que yo mismo notara mis propias palpitaciones. ¡Debe de pensar que tengo un ataque cardíaco! Se acercó tan peligrosamente a mi boca, que solo se me ocurrió cerrar los ojos con fuerza y esperar. ¿Pero que coño estoy haciendo? Cuando pensé que me iba a besar, pasó a mi cuello, lentamente, forzando su respiración para que la notara en mi oreja, y sintiera ese subir y bajar, ese movimiento, y ohh… Mierda, me mordió en el cuello, tras el lóbulo.
-Eh sí, eh esto… Cierto… pero, ¿y el pijama? - joder joder joder, me estaba poniendo muy nervioso. ¡Tanto que había dicho esa gilipollez! ¿A quién se le ocurre repetir eso? ¡Está claro que pasaba del tema!
-¿Eh? - dijo, como dentro de un sueño. - Creo que… Si me dejas dormir en gallumbos me irá perfecto.
Hostias. ¿En gallumbos?
-Em… Sí sí, claro - y decidí callarme ahí. A saber qué más era yo capaz de soltar por mi preciosa boquita…
Acto seguido, se quitó la camiseta delante de mis narices, y esta vez si me besó. Con fuerza, con lujuria y algo salvaje. ¿Y ahora que le pasaba? Noté su torso caliente a través de mi camiseta, y empecé a sofocarme. Estaba duro allá donde tocaras, pero también era suave.
Joder, me encantaba.
¡Bill, Bill! ¿Dónde han quedado las tetas? ¡¿Y las curvas?!
No, no, no… Bill, no pienses en eso. Piensa que esto te gusta y que encima lo tienes delante. ¡Joder, que Tom es el tío que está más bueno en todo el puto campamento! ¡Aprovecha esta oportunidad de sobarlo a tú gusto, como mínimo para no defraudar a las decenas de chicas que desean tu sitio!
Noté cómo sus manos se filtraron por debajo de mi camiseta, con algo de inseguridad pero ya acostumbrado a mí. Acabó quitándomela con lentitud, sensualmente, y mirándome a los ojos fijamente. El momento en que perdimos el contacto por que la camiseta estaba en mi cara, se me hizo eterno, después el pelo me cayó en todo el rostro y por los hombros, quedando muy peliculero.
Tom tiró la camiseta al aire.
-Te queda sexy el pelo así… - soltó, revolviéndome más el pelo si cabía, para finalmente, apartármelo de la cara y besarme de nuevo. Puso las manos en mi cintura, y empezó a descender y ascender con avidez.
Yo repasaba con mis uñas sutilmente toda su espalda. Yo ya empezaba a reaccionar y dios, de qué manera. ¡Me estaba poniendo muy cachondo, joder! Me hacía cosquillas sin querer mientras me acariciaba y eso hacía que mi cuerpo se pegara al suyo por el espasmo. Madre mía, a veces me impulsaba tanto hacia arriba que Tom se elevaba conmigo. Dios, esos movimientos me estaban matando por dentro. ¡Qué calor! ¡Qué calentón, joder!
-Bill… ¿Vamos a follar, vale? - casi afirmó. No tardó nada en empezar a desabrocharse el pantalón.
A mí se me paró el corazón ahí mismo. ¿Que, qué? Empecé a sentir mucho pánico.
-No no no no - me levanté de debajo suyo y le abroché el pantalón yo solo, sin pensar que detrás de la tela habían cosas que no debería tocar. Al menos, no aún… Tom me miró raro y con cara de ído. Pero de pronto, negó con la cabeza, como si el hecho de que le estuviera rechazando solo fuera un pequeño delirio y no le hacía mucho caso. Me apoyó un poco contra la pared de la cabecera de la cama, volviéndose a desabrochar los pantalones esta vez, con mis propias manos, que eran movidas por las suyas, besándome con ansias. - ¡Qué no! ¡Que no, que no…! - me escurrí como pude y salí de la cama, alarmado y con el calentón por los suelos.
-¿¡Cómo que no!? - creo que Tom estaba más alterado que yo.
Me puse a respirar fuertemente mientras me tranquilizaba. Me di un par de vueltas por la habitación. Madre mía, esa frase me había taladrado la mente y ahora no me dejaba pensar con claridad. Le miré directamente, sin poder contestarle nada, con mis ojos reflejando algo de miedo y los suyos algo enfadados. Oh, genial, lo que me faltaba… Ahora se ha cabreado.
-…
-¿Qué pasa ahora? - dijo algo cansino. Se sentó en forma de indio en mi cama, y cruzó los brazos, con cara de expectación, pidiéndome una explicación, inmediata, a la de YA.
Respiré hondo un par de veces.
-A ver… Yo lo siento, pero esto de meter cosas en agujeros que no deberían ser profanados… ¡Me da mal royo! Tío, que joder… Vale que dé placer, pero en serio… Yo no estoy preparado para algo así. Yo acepté un par de cosas en cuanto empezamos a salir, como que ambos nos empalmemos, ninguno tenga tetas, y estas cosas… ¡Y tú estarías pensando lo mismo, y lo sabes! Pero no acepté nada de encular a nadie, o como mínimo, yo aun no lo tenía tan cercano…
El de las rastas me miraba como si fuera tonto, como si me hubieran pegado en la cabeza o algo, y no razonara con normalidad.
-Sí, ya… ¿Y qué? - esperé a que acabara la frase o que le agregara algo, pero este lo no hizo. Me exasperé.
-A ver, ¿qué de qué, tío? - escupí.
-Pues que coño, a joderse y a aguantarse. A mí no me hace tampoco especial gracia, pero es lo que toca. Y yo quiero follar.
-¡Que no, que no! Que yo paso…
-¿Pero cómo que pasas? ¿Hasta cuando? A ver tío, que al campamento le queda una semana y dos días…
-¿Y qué? ¿No piensas verme después o como va la cosa? - Ui… esto estaba pasando de castaño oscuro.
-¡Sí, claro que sí! Pero ¡¿vamos a estar toda la puta semana sin hacer una mierda?!
-¡No lo sé, ¿vale?! ¡Dame un respiro!
-A ver Bill… Puede que tú solo hayas follado con tres tías en tu vida, ¡pero yo me he hecho esa cifra en un solo día! ¡Necesito follar! - Abrí los ojos como platos y lo miré algo flipando.
-Lo que tú tienes es un problema, chaval… - ¡Con tres en un solo día! ¿Pero de que iba este tío? Vale que sea un campeón en este tema, pero eso es exagerado.
-Sí, tengo un empalme de caballo y parece que no vas a hacer nada al respecto… Ese es mi puto problema.- me contestó, muy borde. ¿Quería bordarías? Las iba a tener.
-Pues hazte una puta paja, que no es tan difícil. - me dirigí al armario y busqué mi pijama. Yo ya me había enfriado de golpe, y ahora solo quería dormir, a dos metros del salido este.
-Házmela tú, no te jode. - y se empezó a bajar los pantalones enseguida.
-¡Eh eh eh… guárdatela dónde esta! - salté alterado. Nada más me faltaba que me sacara la polla. Me miró con algo de asco y se levantó. Se me puso de espaldas a dónde estaba yo. Me quedé un momento en silencio y luego sentí cómo rebuscaba algo entre un bolso que estaba tirado por el suelo. ¿Qué diablos hace? Que es mi bolso.
Estuve apunto de saltar a decirle algo pero de pronto sacó de él lo que se supone había estado buscando todo este rato; los cigarros.
Sacó uno como si se tratara de su propio paquete de tabaco y luego no le costó mucho encontrar el mechero. Tiró el paquete dentro del bolso como si fuera un trapo viejo y se dispuso a salir de la habitación. Lo miré con recelo y fui a coger otro cigarro. Como era mi cabaña no me importó ponerme a fumar ahí.
Tom tardó más de un cuarto de hora en volver dentro y a mí aún se me pasaba el mal estar. Joder, se supone que tiene que respetar ese tipo de decisiones, no enfadarse por ello… ¡Es como si fuera mi primera vez de nuevo! Estoy nervioso, es algo raro.
-Tsk… - le escuché de fondo al mismo tiempo que abrió la puerta. Supongo que se esperaba verme dormido, y eso le decepcionó. Se quitó los pantalones con rudeza y los tiró por ahí. Lamento admitir que no pude evitar fijarme en el paquete en cuanto éste quedó medianamente visible. Se volteó y volvió por el camino en que se había ido. Se puso frente a la cama y agregó algo más - Ponte en la otra punta, que yo me pondré en esta.
Cerré los ojos y respiré hondo.
Mierda, se había enfadado mucho.