Lo que necesitas

1288 Words
Mily se quedó en silencio mientras comía, Niza hizo lo mismo y vio a Arturo con agradecimiento por sus palabras. Tengo que reconocer que no conocía este lado de mi primo, lleno de madurez, amor y respeto. Niza se giró hacia su hija y le tomó de la mano. —Mily, yo no soy las drogas. Lo único que te estoy pidiendo enfrente de todas estas personas es una oportunidad. Puede que no me quieras como mamá porque no me lo he ganado, pero Sergio me ha nombrado “la tía más cool del planeta” y puedo ser una tía-mamá muy comprometida. Mily siguió comiendo y dibujando, no respondió nada, solo siguió en su dibujo mientras los demás retomábamos la conversación. Olivia se limpió los dedos y se aclaró la voz antes de decir: —Yo cometí un error en no buscarte Niza, porque... me daba miedo que estuvieses muerta y cuando reapareciste estabas demasiado bien —dijo. —Niza fue una drogadicta e hizo cosas horribles y tú tienes demasiada memoria para tu propio bien, pero, lo creas o no es una buena mamá. Esa declaración llamó la atención de todos los que estábamos en la sala, porque sonaba contradictoria y yo era el único que sabía aquello. Niza es una mamá estupenda, cariñosa y dedicada, la forma en la que cuida de Emiliano es impresionante. Lamentablemente, a su hija le tocó la peor versión de ella. —Niza fue mi mamá primero, Mily. Fue la persona que me arropó en las noches, me enseñó etiqueta y valores, me llevaba a la iglesia, preparaba el desayuno y me trenzaba el pelo todas las noches. Me defendía de los monstruos y me consolaba cuando algo no salía de la mejor manera. Niza es y ha sido mi única familia durante siglos y yo le voy a dar un pequeño voto de confianza—aseguró y tomó la mano de su hermana. Olivia sonrió y Niza le devolvió la sonrisa, ates de que Milena soltara su cuaderno. —Entiendo lo que tratan de decir y quiero creer que eres una mejor persona, pero eso no quita el hecho de que me dejaras. Solo no quiero ilusionarme con alguien a quien no le importo. Niza no dijo nada más, se puso en pie y le dio un abrazo. Mily se resistió durante unos segundos, sin embargo, su madre le dio un beso en la frente y continuo abrazándole. Mi tía recibió un correo y dio un grito de alegría cuando le aclararon que retrasa veían el viaje unos tres días mientras encontraba nuevo diseñador y examinaban los diseños. Mily le dio su libreta a su abuela y Sofía le pidió a Niza la suya, yo pedí un momento para llamar a mi hijo unos minutos. Estaba pasándolo genial con su mamá, me contó que fueron por helado y un paseo a la feria. Maya me compartió un par de fotografías de nuestro hijo, el cuál parecía mucho más emocionado. Arturo me alcanzó y me dio un beso en la mejilla y un abrazo como cuando éramos chiquitos. —Te amo—Dijo y sonreí. —Yo a ti.—aseguré. —Oye... seguro que no hay problema con Niza y conmigo. —Segurísimo, la quiero, pero de una forma diferente. —Arturo caminó un par de pasos hacia el elevador y se volteó. —Oye, Millo, no la lastimes. Tragarse a mi sala de trabajo y Niza estaba hablando de coser ella misma las piezas. Mily quería ayudar, pero, a mi tía le parecía horrible que se quedasen en la oficina hasta tarde. —¿Por qué no se quedan con nosotros? —pregunté. —Mi casa es grande, tienen espacio de sobra, camas de sobra, excelente iluminación y a Emilio le encantan las visitas. Milena y Sergio estaban muy ocupando intentando convencer a su mamá de dejarle faltar a clase un día lo cual no parecía encantarle Olivia porque los chicos suelen tener idea en cadena, como por ejemplo un día de clase que resulta ser un mes y luego me salgo. —¿Qué tal si tú vas a cole? Yo me quedo cosiendo y tu mamá va por ti a medio día, almuerzos juntas y a trabajar. —propuso Niza. —Bueno, pero puedo quedarme con ustedes hoy a trabajar, por favor mamá. —Trabajas hasta la una de la madrugada, ¡y a dormir! Que tienes clases Mily. —Gracias, gracias, gracias—respondió y le llenó de besos. Olivia nos hizo prometer vigilarle con la comida y el sueño y los dos confirmamos que estaríamos atentos, le dijo a su hija que fueran pro sus cosas y Sofía se acercó y nos las gracias por poner tanto empeño en el trabajo. —Niza, me encantan los diseños —reconoció. —Te felicito y si tienes más no dudes en enviarme un portafolio. Que estoy segura de unos cuantas matarían por darte una pasantía. Niza sonrió, pero, no estaba convencida de ser lo suficientemente buena para una pasantía. Le dije que le acompañaría a su apartamento, sin embargo, estaba cerca la hora en la que dejaban a mi hijo. —Mejor ve—pidió Niza. —No, la señora que me ayuda con él está ahí y Maya dice que está retrasada por quince minutos. Vamos por tus cosas. Conduje según lo que me indicó Niza. Honestamente, estábamos fuera de lo que es común para mí, no pensé que Niza estuviese viviendo en un barrio de escasos recursos. Iba a decir algo cuando ella abrió la puerta y advirtió: —Emilio, solo... quédate en el auto. Niza casi no tardó en regresar con sus maletas y algunas revistas. Le ayudé a subirlo a la parte trasera de mi auto y le acompañé a su lado de la puerta, un hombre se asomó por una de las ventanas y salió del apartamento. Yo esperé a que mi novia subiera al auto y después conduje en dirección a casa. Le tomé la mano a Niza en cuanto pude y ella continuó mirando por la ventana. —¿Quién era el que te veía? —No les conozco, paso muy poco tiempo ahí. —Creí... que Arturo u Olivia... te ayudaban con el apartamento. —Lo pago yo y estoy bien ahí Emilio. —No es seguro Niza, has visto los llavines o las ventanas. —Es lo que yo puedo pagar, Emilio.—Dijo y se giró hacia mí. —Sé que puede ser difícil de entender para ti, pero yo no soy rica, yo ahorro y compro mis cosas. Vivo en un lugar pequeño y no es el paraíso, solo... No voy a aceptar caridad de mi hermana o el papá de mi hija porque no me siento cómoda, así por favor, no diga nada—pidió y los dos nos quedamos en silencio. —Solamente, promete que si necesitas ayuda me la pedirás —ella sonrió y se inclinó hacia mí para besarme, yo enredé mis dedos en su pelo y le devolví el beso que acabó de manera abrupta cuando escuchamos un auto parquearse atrás. Miré por el retrovisor y Maya estaba bajando para sacar a Emilio. Le cargó hasta la puerta de mi casa y nosotros nos bajamos. Emiliano corrió hacia Niza y ella le cargó. —Príncipe. —Hoy me vas a contar tus cuentos —preguntó y le dio un par de toques en la nariz. Le dio un beso en la mejilla a Niza y su mamá me saludó antes de preguntar si podíamos hablar. Niza y yo compartimos una mirada y ella sonrió antes de llevarse a Emiliano al interior de la casa. —¿Qué necesitas que hablemos?
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