Era una mañana tranquila en nuestra nueva vida como recién casados. Gabriel y yo estábamos disfrutando de un desayuno relajado en nuestra cocina, charlando sobre los planes para el fin de semana cuando la tranquilidad se vio interrumpida por un timbre inesperado en la puerta. —¿Quién podrá ser a esta hora?— pregunté, mientras me levantaba para abrir la puerta. Gabriel me miró con curiosidad, ya que no esperábamos visitas. Al abrir la puerta, me encontré con un rostro que no esperaba ver: Lucas. Estaba allí, con una expresión mezcla de sorpresa y preocupación. —¡Pablo!— exclamé, sin poder ocultar mi sorpresa. —¿Qué haces aquí? —Hola, Laura,— dijo Pablo, con un tono que intentaba ser casual. Luego se volvió hacia Gabriel. —Gabriel, necesitamos hablar. Gabriel se levantó de la mesa y se

