27
Mel se levanta a toda prisa. Mira a los lados y la habitación está a oscuras. Lo que la hace desesperarse más. Se levanta de la cama y busca el interruptor de la luz. > > encuentra el interruptor y enciende la luz a toda prisa. Mira hacia los lados y las fotografías que llenan las paredes del cuarto le hacen saber que está en casa de Felipe. En su cuarto. Su respiración sigue agitada y está sudando. Mira sus pantalones y están mojados. > al igual que aquella noche. Se ha orinado encima. Había estado soñando con Richard y esa noche. Sintió el mismo miedo que sintió esa vez – ¡mierda! Felipe ahora sí que va a matarme. Le vomite encima. Y acabo de mojar su cama. Con sabanas súper caras y de seda – camino de regreso a la cama. Y quito las sabanas. Miro en la mesa justo al lado de lámpara una nota.
Melanie. He salido a hacer unas cosas. No quise despertarte. Te ves hermosa cuando duermes. Regresare pronto. Por favor toma todo lo que necesites. Estás en tu casa. Si no lo haces me sentiré ofendido. Felipe
> Mel camino hasta los mismos cajones de donde había tomado la camisa y los bóxer el día anterior. Busco en el cajón de la ropa interior y se fijo que todos los bóxer son igual de ajustados que los oros que ya había usado. Esta vez tomo unos grises. Y en el cajón de las camisetas. Una hizo que sonriera. Era su primera sonrisa. Desde que empezó toda esta odisea. La camiseta negra. Con la foto de la banda Queen – Qeen greatest hits – leyó en voz alta la escritura de la camisa. Su sonrisa de hizo más grande. Al pensar en Felipe con esa camiseta puesta. > tomo también unos calcetines. Sus pies estaban helados. Fue hasta el baño. Se dio una ducha rápida. Lavo sus dientes. Con un cepillo que encontró. Nuevo. Y regreso al cuarto. Busco sabanas limpias para la cama. Tomo unas blancas. No quería dañar el gran diseño que había en el cuarto de Felipe. Colocando unas sábanas que no combinaran. Tomo las sucias del piso y su ropa. Y se fue a toda prisa hasta el cuarto de la colada. Y metió todo a la lavadora. La encendió. Añadió jabón. Y la puso andar. Miro que su ropa seguía ahí. Dudo un momento entre sí ponérsela o no. Al final decidió que no. Le gusta estar vestida con la ropa de Felipe. Regreso a la cocina. > saco varias cosas de la nevera para preparan un desayuno presentable. Para Felipe. Y para ella. Miro hacia el tocadiscos que se divisaba desde la sala a la cocina. Desde que lo vio. Estaba tentada a encenderlo y oír alguna canción de Queen. > se encogió de hombros y camino hasta el tocadiscos. Tomo unos de los discos. Y lo puso. Lo coloco a un volumen moderado. Un volumen que no molestara a los vecinos. Ni Felipe si regresaba. Y la encontraba escuchando música. De inmediato aquel lugar se llenó. De la voz de fredie Mercury. Cantando. We Are The Champions. Mel regreso a la cocina cantando la canción. Llena de inspiración. Tomo unos huevos y rompiendo la cascara. Los puso en una taza y comenzó a batirlo al ritmo de la música. De vez en cuando tomaba el batidor para que fuera su micrófono.
Felipe había salido esa mañana a correr. Eso le ayudaba a aclarar la mente. Ya que desde hace un tiempo para acá. Esta parecía un bosque a oscuras bajo la espesa niebla. Mientras corría. Su cabeza no dejaba de pensar en todo lo que había sucedido. Saber que le sentía algo por Melanie. Pero qué diablos era lo que sentía. Su pasado siendo removido ante la intromisión de Melanie en su vida. La muerte de su padre. Melanie y su imán para todas las cosas malas. Un padre que la abandona. Una madre psicópata. Y un ex novio totalmente loco y fuera de control. > tanto así. Que había logrado atraparlo a él. El mismo desastre andante. Se detuvo y puso las manos en sus rodillas. Para calmar su acelerada respiración. Cerró sus ojos. Que por el sudor que se había metido en ellos. Estaban ardiendo – estoy jodido – se enderezo. Y tomo un trago de agua de su botella. Cambio de dirección hacia su departamento de nuevo. Corriendo aun más rápido. > al salir del ascensor y pararse frente a la puerta de su casa. La música que suena. Lo hace fruncir el ceño. Mete la llave y abre la puerta con mucho cuidado. Deja las llaves y la botella de agua junto a la mesa de la puerta. Y lo que ve lo hace sonreír. Pero lo impresiona también. Melanie tiene una espátula de cocina. Usándola como micrófono. Cantando a todo pulmón. A Queen. El ambiente esta impregnado a ese delicioso aroma de pan francés. Camina con cuidado hasta la cocina. No quiere interrumpirla. Ni asustarla. De hecho le gusta mucho lo que ve. Se sienta con cuidado. En una de las sillas de la barra de desayuno. Con su mano apoyada en la barbilla. Mel sigue cantando se voltea. Para tomar otro pan y ponerlo en la plancha. Aun con la espátula como su micrófono. Al mirar a Felipe. Sus ojos se abren como platos. Y sus mejillas se tiñen de rojo. Baja la espátula a toda prisa. Y la deja a un lado en el mesón. Y traga grueso antes de hablar. Pero Felipe le gana
– buenos días Melanie
– buenos días Felipe
– sabes. Jamás en vida. Me hubiera imaginado. Que llegaría a mi casa. Y me encontraría a una mujer cantando con una espátula de cocina. Una canción de Queen – Felipe está apretando los labios para contenerla risa. Mientras que Mel está mordiendo su labio. Y jugando a romperse un dedo de las manos. Por lo avergonzada que esta. Felipe la recorre con la mirada. Lleva puesta su camisa de Queen. Sonríe ante lo fabulosa que le queda esa camisa
– ¿te gustaría una taza de café? O puedo preparar té si prefieres
– no. El café está bien – Mel se voltea hacia la cafetera. Recuperado la respiración. La forma en que Felipe la mira. La hace hiperventilar. Un fuerte escalofrió se apodera de su cuerpo
– Aquí tienes – dice extendiendo la taza de café. Sus dedos se rozan y Mel se extrémese ante la corriente que produce en su cuerpo. Ese roce
– Muchas gracias – dice Felipe dándole un trago al café sin quitar la mirada de Mel
– ¿Cómo has dormido?
– bien. Y tú
– también
– he preparado el desayuno
– huele bien. Pero primero tomare una ducha – Mel asiente y Felipe le da otro trago al café. Deja la taza y camina hasta su cuarto. Mel lo sigue con la mirada. Pantalones cortos deportivos. Zapatillas deportivas. Y camiseta. >
– Creo que deberías dejar de mirarme tanto – escucha la voz de Felipe antes de perderse en el pasillo. Mel reacciona rápidamente. Pone la mano en su pecho. Por su corazón parecer querer salirse. Felipe la ha asustado > se volteo de nuevo y saco la ensalada de frutas de la nevera. Termino de preparar el pan francés y los huevos. Preparo té. Earl Grey. > > la señora Beaumont le había enseñado algunos trucos para preparar un buen té ingles. Sirvió el desayuno en los platos y armo la mesa > espero sentada a que Felipe apareciera. Luego de unos minutos. Felipe aparece. Con unos pantalones de lino negros. Y un jersey vinotinto. Muy bien peinado como siempre. Y su perfume. Mel cerró los ojos por unos segundos. Para permitirse perderse en su exquisita aroma. Sin que él se diera cuenta
– ¿Por qué me esperaste?
– no me gusta comer sola. No si estas tu aquí – Felipe le regalo una sonrisa ladeada. Eran las mismas palabras que él le había dicho el día anterior. Mel miro el espacio de la silla que Felipe había hecho trisas
– Llamare para que hagan otra – le dijo como respondiendo a sus pensamientos
– ¿una mesa redonda?
– me llamo Arturo. Es ilógico que no tenga mi mesa redonda – dijo moviendo la cejas en forma graciosa. Mel sonrió tímidamente
– no he visto muchas casas con mesas redondas
– sí. A la gente le gusta mucho lo convencional y repetitivo
– le da un toque diferente. Me gusta – dice Mel encogiéndose de hombros. Felipe la miro sonriendo
– ¿has leído la historio de Arturo y la mesa redonda
– sí. La he leído. Cuando vi tu nombre. En el reconocimiento. Luego el libro y la mesa. Se me hizo algo gracioso. Era demasiada coincidencia
– ¿no sabías que me llamaba Arturo?
– No
– tu segundo nombre cual es – Mel negó con la cabeza. No le gusta mucho su segundo nombre
– vamos dímelo. O tendré que mirar un reconocimiento tuyo para poder saberlo
– estoy muy segura que no encontraras ningún reconocimiento mio. No soy tan importante
– claro que lo eres. Y por favor ya deja de denigrarte tu misma – dice Felipe algo molesto. El ambiente se volvió silencioso. Solo se escuchaba. El tenedor pinchar alguna fruta. Y los sorbos que le daban al té
– Charlotte – dijo ella para romper el incomodo silencio. Felipe quito la mirada de su plato y la miro con las cejas encarnadas
– mi segundo nombre es Charlotte
– como una de las hermanas Brontë
– si eso me temo
– ¿Por qué no te gusta? Es precioso
– no es que no me guste. Es solo que… en realidad no lo sé. Tal vez no me acostumbro a que me llamen así
– al parecer nuestros segundos nombres están llenos de historia
– si
– Charlotte tiene novelas muy buenas. Has leído alguna
– en realidad las he leído todas
– debí suponerlo. Eres muy inteligente Melanie. Cuál es tu obra favorita de ella
– el profesor
– extraño
– ¿Por qué? No me digas que pensaste que mi favorita era jane Eyre
– fui muy obvio
– todo el mundo es muy obvio. Lo pensaste. Porque Se trata de una niña huérfana que se ha educado en un orfanato miserable, sin embargo su inteligencia y su afán por aprender consiguen apartarla del mundo de su infancia. Solo que hay una diferencia entre ella y yo. Yo tengo padres. Me abandonaron pero los tengo – la voz de Melanie está cargada de tristeza
– ¿por qué te gusta el profesor?
– porque el tenia familia. Una muy buena familia. Ellos lo han renegado solo porque se negó a ser lo que ellos querían que él fuera. Crimsworth es renegado por su familia. Y se va a Bélgica y ahí después de tantos acontecimientos. Descubre que por fin hayo lo que le gusta hacer – Felipe estaba impresionando ante las explicación del Mel acerca del libro. >
– eres muy inteligente Melanie
– ¿Por qué no me dices Mel? Como todo el mundo lo hace
– porque tienes un nombre precioso. Muy digno de ti. Me molesta que te digan Mel –
Mel apretó los labios. Al mirar la cara que puso Felipe al decir que le molestaba que la llamaran Mel >
– Me gusta que me llames Melanie – esconde su rostro mirando atentamente al plato
– recogeré la mesa
– te ayudare
– no. Está bien. Espérame en la sala
– Tengo que mirar algo primero – se acordó de la ropa que había puesto a lavar. No quería que Felipe lo notara y tuviera que explicarle que había mojado la cama.
Al llegar al cuarto de la colada saco las cosas de la lavadora y las puso en la secadora. Las puso en marcha. Y salió nuevamente a la sala. En donde Felipe la esperaba con el sombre blanco en las manos. Los acontecimientos de la noche anterior volvieron a su mente. Sintió sus manos frías. Así que cruzo los brazos para que se calentaran un poco. Y con paso lento camino hasta Felipe. Tomo asiento a su lado. Descruzo los brazos y metió las manos en medio de sus rodillas
– Tu… tú las miraste – pregunta mientras cierra los ojos. En la espera de la respuesta
– no. Nadie las miro – lamento haberte vomitado encima
– Melanie que sucedió. Porque reaccionaste así
– yo… no…no puedo
– está bien. Entenderé si no quieres contármelo. Pero Melanie te encontramos en el piso del baño tirada
– ¿me vieron sin ropa?
– no. Dijiste que no querías que nadie te viera. Y nadie lo hizo. Mi madre te cambio de ropa. Y luego te traje conmigo
– y Theo no dijo nada
– no. él estuvo de acuerdo
– Lamento también haber tomado nuevamente tu ropa prestada
– no hay problema. Además mi ropa de queda mejor a ti que a mí –
la mirada de Felipe recorrió el rostro de Mel deteniéndose en su boca. La miro atentamente. La detallo muy bien. Y luego paso su lengua por su labio inferior. Deseaba besarla. Pero temía que se sintiera ofendida. O acosada por él. Pero ya no podía resistirlo más. Ansiaba probar a que sabían sus besos. Si eran tan intensos y dulces como se lo había imaginado tantas veces. Se contuvo aquella noche en la discoteca. Luego en el cuarto en casa de su hermano. Y la noche en la que ella fue a su cuarto porque no podía dormir. Y él le había pedido que se fuera
– Melanie quiero besarte
– hazlo. Por favor – suplico ella con los ojos cerrados y la boca entre abierta.
Felipe se acercó con cuidado. Y junto sus labios con los de ella. Y permaneció así. Sin moverse por unos segundos. Lo había deseado tanto que no sabía si era real. U otros de sus sueños. Al sentir el calor de los labios de Mel junto a los suyos. Supo que era verdad. Que no soñaba. Así que la empujo más hacia él. Y sujeto su nuca. Devorando la boca del Mel con deseo y desesperación. Mel gimió entre sus labios. Y metió sus manos en el cabello de Theo. Atrayéndolo también más hacia ella. Felipe le succiono el labio inferior y luego lo mordió. Mel volvió a gemir. > pensó Felipe.
Las puntas de sus lenguas se encontraron. Y se dieron un cálido saludo de bienvenida. Para luego pasar. A una danza erótica y sensual. Como los besos de los amantes. El cuerpo de Mel temblaba ante las oleadas de placer que producía ese beso en ella. Sentía cada parte de su cuerpo vibrar. La sangre correr por sus venas a toda prisa > pensó Mel.
Felipe presiono más su cuerpo al de ella. Esta vez con más fuerza. Recorriendo con las lengua toda su boca. Ella volvió a gemir. Nunca antes la habían besado así. Trato de seguir el ritmo de Felipe. Pero este se detuvo > pensó Melanie.
Sin ser capaz todavía de abrir los ojos. Se encontraba como en una especie de trance. Había esperado tantas veces ser besada por Felipe. Que ahora que había pasado. El la había dejado sin aliento alguno. Sentía sus labios hinchados. > pensó ella al sentirse extasiada por el beso
– Melanie está bien – la voz de Felipe era ronca
– sí. Muy bien – respondió con la voz entrecortada
– Abre los ojos por favor – ella los abrió poco a poco. Y se encontró con esos ojos cafés dorado. Oscurecidos por el placer. Parecían dos hogueras encendidas
– Deberías dormir un poco – dijo acariciando su mejilla
– no. Estoy bien
– se que no dormiste bien anoche – decía mientras acariciaba sus ojeras. Felipe se puso de pie. Y le extendió la mano a Mel
– Vamos – Mel tomo su mano. Y Felipe la guio hasta el cuarto. Al llegar encendió la luz. Miro a Mel de arriba abajo. Deteniéndose en sus pies. >
– lo siento. Es que tenía frio – dice ella moviendo los pies en forma graciosa
– Debí graduar el termostato a una temperatura más baja – ella mira la cama y luego a Felipe. Ya había dormido con él antes. Pero en las otras ocasiones ella había estado inconsciente. Felipe se quito los zapatos. Y el jersey. Quedando en una camiseta blanca que dejaba al descubierto sus fornidos brazos. Tomo nuevamente la mano de Mel y la guio hasta la cama. Ambos entraron bajos las sabanas. Ella puso su cabeza sobre su pecho. Pasando su mano por su abdomen. El paso la mano por su cintura. Metiendo la mano bajo la tela de la grande camisa. rosando su piel. Mel se estremeció un poco por el toque. Felipe metió su nariz en su cabello e inhalo con fuerza.
Luego de unos segundos. Mel podía oír el corazón de Felipe. Sus latidos iban suaves. Al ritmo de su respiración. Acaricio su pecho con la mano. Deteniéndose en el bello que cubría su pecho
– Felipe – llamo. Pero el no respondió – Felipe. Quiero que te quedes – > ella ya no quería seguir negándolo mas. Felipe le gustaba. Y quería que se quedara a su lado. Ya no quería luchar más. Ni negarlo tampoco. Ya no huiría a casa de sus abuelos. Ni le aterraba que Felipe fuera igual que el. Solo quería darse una oportunidad. Y se la daría. Estaba aterrada. Pero Felipe le dijo que la ayudaría a aclarar sus dudas. Espero unos segundos. A que le respondiera. Pero no lo hizo. Se aferro mas el > pensó ella.
Pero no lo estaba. Felipe había escuchado a Mel pedirle que se quedara. Había deseado tanto escucharlo. Que no sabía que decir. No sabía cómo reaccionar. Ella le gustaba. Más de lo que el mismo podía creer. Y eso lo alteraba. Lo tenía fuera de lugar. Ella había llegado a derrumbar lo que durante varios años había construido. Una coraza de control. En donde él era el dueño de sus emociones y de sus pasiones. El mandaba en su cuerpo. El decidía quien podía o no alterarlo. Quien o no podía despertar el demonio de lujuria que llevaba dentro. Pero todo eso se había derribado. Cuando apareció Mel. Quien con un solo dedo había derribado toda una muralla. Con ella cerca su lujuria parecía una serpiente moviéndose cuando le prenden fuego. Totalmente fuera de control.
Mel se removía bajo las sabanas. Sentí el cuerpo de Felipe a su lado. Se volteo con cuidado para no romper el agarre de Felipe. Se le quedo mirando. En años no había dormido tan bien. Le gustaba dormir a su lado. Pegada a él. Miro sus labios entre abiertos. Y una sonrisa se hizo presente al recordar el beso > apretó los ojos y mordió sus labio. Dando mentalmente pequeños salticos de emoción.
Quería quedarse todo lo que quedara de día con el así. Pero tenía que pensar que iba hacer con su vida a de ahora en adelante. Su madre la había abandonado. Bueno la había abandonado desde ya hace mucho tiempo. Pero ahora ya era oficial. No tenía a donde ir. Y no quería abusar de sus amigos. Ya ellos la habían ayudado demasiado. Tendría que buscar un departamento que se ajustara a sus ahorros. Y un trabajo con que pudiera mantenerse.
Se levanto con cuidado de despertar a Felipe. Y camino hasta la sala de estar. El sol ya estaba cayendo. Y la vista desde el gran ventanal del departamento de Felipe es hermosa. Central Parck se veía hermosa bajo la puesta del sol. Camino hasta el cuarto de la colada. Saco las cosas de la secadora. Y la doblo muy bien. Escucho el timbre sonar varias veces. No quiso abrir. No le pareció correcto. Pero no dejaba de sonar. Ahora más deprisa. Como si la persona que lo tocaba estaba desesperada. Mel corrió hasta la puerta y antes de abrirla se aliso la camisa. Y se acomodó el cabello. No quería dar una mala impresión. Si era algún vecino. O colega de Felipe. El timbre volví a sonar varias veces. Y Mel abrió la puerta. Al hacerlo sus ojos se encontraron con una imponente mujer de cabellera risada roja. Y ojos azules. Tan alta como la madre de Felipe. Llevaba una gabardina color crema. Y tacones del mismo color que la gabardina. Melanie la recorrió con la mirada. Y se detuvo en su rostro. La mujer tenía facciones realmente hermosas y perfectas. La detallo muy bien > mientras trataba de ocultar su asombro. La mujer miro a Melanie de arriba abajo. Deteniéndose en la camisa que llevaba puesta. Y frunciendo el ceño
– ¿en dónde esta Felipe? – pregunto la mujer con brusquedad y mirando muy atentamente a Melanie. Que no sabía que responder. Ella no era quien para recibir la visitas de Felipe. Pero la mujer dejo de mirarla para mirar detrás de ella. Era suficientemente alta. Como para mirar todo el departamento por encima del hombro de Melanie. Melanie siguió su mirada. Ella estaba mirando a Felipe. Que estaba aun algo adormecido
– Felipe cariño… no sabes cuánto siento lo de Cedric – dijo la mujer pasando y empujando a Melanie hacia un lado
– Ginebra ¿Qué haces aquí? – > Melanie miro cada movimiento de la mujer. Camino hasta Felipe lo abrazo con fuerza. Y luego tomo su rostro entre las manos de ella y lo beso. Melanie sintió como el piso daba vueltas >
– no sabes cuánto lo siento. Cedric era un hombre increíble. Sabes cuánto lo adoraba – dijo la mujer sollozando y volviendo a abrazar a Felipe. Que no quito ni un momento su mirada de Melanie. La vio bajar la mirada y tomar aire. Para luego erguirse. Aparto con rapidez a Ginebra. No esperaba a que apareciera. Ni mucho menos que lo besara. Y justo ahora que había logrado que Melanie fuera más abierta con él. Y le diera una oportunidad > le reprocho su subconsciente
– Ginebra que haces – dijo mientras se la quitaba de encima
– consolarte Felipe. Sé que en estos momentos necesitas una amiga. Y por eso vine
– ejem… yo creo que los dejara solos. Con permiso – dijo Melanie caminando al cuarto de la colada
– Melanie. Por favor espera – le pidió Felipe. Pero ella no se detuvo. Camino más rápido. Y al llegar al cuarto. Puso seguro a la puerta. Se pego a ella y se tapo la boca. Ahogando sus sollozos > se limpio las lagrimas con brusquedad. Se quito la camisa de Felipe y los calcetines. Se puso la ropa que había dejado. Cuando vino a buscarlo bajo la lluvia. Y los zapatos – Melanie abre la puerta por favor – era Felipe y estaba tocando la puerta – Melanie vamos abre la puerta – toco más fuerte. Melanie termino de colocarse el jersey de su tío que disimulaba su falta de sujetador. Y abrió la puerta – ¿a dónde vas? – Pregunto Felipe siguiéndola
– lejos de aquí. Y lejos de ti – dijo sin voltear a mirarlo
– Melanie espera. No sabía que ella se aparecería. Tengo años sin saber de ella
– pues eso no es lo que parecía. O lo que a mí me pareció
– a donde iras. No tienes a donde ir – Melanie se detuvo. Era cierto no tenía a donde ir. Su madre la había prácticamente echado. Y había dejado lo único que tenia de sus cosas en Fargo. A donde se suponía que iría. No sabía a dónde ir. Pero lo que si sabía era que no se quedaría en ese lugar
– prefiero dormir bajo un puente. Que quedarme aquí – dijo abriendo la puerta y saliendo a toda prisa de aquel lugar. Limpiando sus lágrimas. Apretó el botón del ascensor varias veces. Nunca en su vida había tenido tanta prisa. Al abrirse las puertas del ascensor. Estaba adentro la misma anciana. Que había visto el día en que trajo a Felipe borracho. La mujer le dedico una sonrisa. Que Melanie devolvió con los ojos llenos de lágrimas. El ascensor se abrió y Melanie salió a toda prisa. Hacia la calle. Camino unos cuantos metros. Cuando un auto se detuvo a su lado. Se asusto. Pero se fijo que no era auto de Felipe. Al menos no ninguno de los que ella había visto. El vidrio bajo y apareció la anciana