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New York hace cuatro años atrás
– Mel crees que podrías entender a la mesa tres necesito hacer una llamada
– bien Hanna. Pero será la última. Tengo que llegar a la universidad dentro de media hora
– será rápido lo prometo. Solo toma el pedido y de lo demás me encargo yo –
Mel saco la libreta y el lápiz de su delantal amarillo. Y se encamino a la mesa. En donde solo estaba una persona
– buenas tardes. En que puedo ayudarle – el chico al oír la voz levanto la cara con una gran sonrisa
– Podrías ayudarme diciendo tu nombre hermosa – Mel se ruborizo de inmediato
– Soy Mel – dijo en un susurro
– hermoso Nombre. Bien Mel soy Richard – dijo el apuesto chico de cabello color caoba y ojos azules
– un gusto Richard en que puedo ayudarte
– quiero un late y un emparedado de queso – Mel apunto en su libreta
– eso es todo
– sí. Por ahora – digo el chico guiñándole un ojo
Mel tenía diecinueve años. Y estaba por segundo año de su carrera de filosofía. Era joven y muy risueña. Había logrado conseguir trabajo en una cafetería cerca de la universidad. Tenía desde los diecisiete trabajando en esa cafetería. Era cerca de la universidad. Así que se podía ir caminado o en bicicleta. Había conocido a Richard en ese café. Esa mañana de septiembre.
Habían pasado tres días desde que Mel había conocido a Richard. Y una mañana. Mientras trabajaba en la caja. Lo volvió a ver. Ella estaba tan ocupada ese día. Por alguna razón que desconocía. La cafetería estaba abarrotada de gente
– buenos días. Puedo tomar su pedido por favor – dijo Mel mirando a la pantalla del ordenador
– claro. Quiero que salgas a cenar conmigo – Mel levanto la mirada. Y Richard estaba con un ramo de lirios amarillos. Tapando su cara. Y cuando Mel lo miro con una sonrisa con perfectos dientes. Extendió el ramo de flores hacia ella
– sabes necesito una respuesta. Hay mucha gente en la cola. Y pronto empezaran a quejarse
– a… ejem… pues…creo… – balbuceo
– entonces… eso es un ¿sí? – pregunto Richard impaciente
– Si – dijo Mel moviendo la cabeza también
– No sé dónde vives – ella escribió rápidamente la dirección de la casa de Mely en una servilleta y se lo dio
– Estaré ahí a las ocho treinta – Mel asintió sonriente y tímida. Y Richard salió a toda prisa del café