3

627 Words
Me estoy yendo cuando el abogado dice, "Mi colega, un abogado de familia, se encuentra aquí al lado. ¿No quieres esperarlo para preparar un documento de divorcio y hacer una firma de los dos? Ya oficialmente están divorciados", murmura. "Está bien, tengo todos los documentos, incluso fotocopias del DNI de mi esposo", murmuro, y el abogado me mira sorprendido pero no dice nada. Bueno, oficialmente, después de media hora, estaba divorciada y no solo eso, ahora era millonaria con increíbles empresas a mi nombre. No podía dejar de asombrarme por cómo la vida cambia en un instante. En cuanto llegué a casa, lo primero que hice fue correr hacia mi habitación. Por fin, era libre. Las lágrimas llenaron mis ojos al darme cuenta de eso. Tomé unas maletas y comencé a llenarlas con ropa y lo necesario para escapar de allí. Entonces me di cuenta de que no necesitaba nada de eso. Decidí tomar la maleta de los recuerdos que aún no había abierto y me fui, dejando todo atrás. Compraré más ropa y trataré de olvidar todo esto. Han sido cuatro meses tristes y solitarios, donde Nicolás apenas me había hablado. Mientras camino, dejo el papel del divorcio sobre la mesada junto con la suma de dinero que él me había dado por casarme. Oficialmente, soy libre, y eso es lo más importante para mí. Una semana entera ha pasado, y oficialmente soy la CEO de las empresas más importantes del país. Lo que conlleva estar ahí es que tuve que estudiar día y noche los números, los productos y todo lo relacionado para poder ser una buena líder. Así que ahora que ya sé bastante, gracias al diario que dejó Horacio, siento... Sentía que estaba preparada. Era mi primera semana y tenía que estar de una junta a la otra. La primera vez que la tuve como presidenta, estaba nerviosa. "Señorita Lucía, tiene que pasar, los directivos ya la están esperando", murmuró alguien. Yo no era una profesional, nunca había dirigido una junta, y mucho menos una conferencia con personas tan elegantes. En cuanto ingresé, el silencio se hizo presente. Me sentí pequeña y me miré a mí misma, comprobando si estaba bien vestida o si quizás tendría que haberme puesto una falda entubada como me sugirió mi amiga Melissa. "¿Usted es la nueva presidenta?", preguntó un hombre, mirándome de arriba abajo. "Lo soy, ¿tiene algún problema?", pregunté, mirándolo de reojo. Mi temperamento era escaso; podía subir de cero a cien en presión en un segundo. A veces me daba más miedo a mí misma que a los demás. Los compañeros se rieron divertidos, y él frunció el ceño. "Bueno, iniciaremos con la conferencia. Aquí tengo una estadística de los últimos datos de estos seis meses… ", empecé a explicar, y pronto todos prestaron atención, dejando de lado las bromas. Quince minutos más tarde, me encontraba libre, caminando por el pasillo. No me había ido mal después de haber practicado 22 veces la conferencia y haberme memorizado otros 30 diálogos. "Le hiciste increíble", comentó Rosa, mi secretaria. "Es la primera vez que tengo una conferencia así", murmuré, apenada. "Pero lo hizo increíble", comentó ella, y yo sonreí. Ingresé a mi oficina y dejé caer mi cuerpo hacia atrás. No había tenido noticias de Nicolás, ni siquiera una sola. Era como si la tierra se lo hubiera tragado. Sabía que no le interesaba separarse de mí, pero al menos podría haber mostrado un poco de interés. Aquello en parte me hacía lastimar, porque me había encariñado un poco con él. "¿En qué piensas?", pregunta Rosa una vez que se acerca a mí y me entrega una carpeta. "En mi ex esposo", digo, y ella me observa mientras se sienta enfrente.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD