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526 Words
"¿Y qué piensas de él?", pregunta. "Que nunca se contactó conmigo después de que lo dejé", murmuro, y ella suspira. "Tranquila, seguramente en algún momento lo verás", dice. "¿Por qué dices eso?", pregunto un poco asustada. "Tranquila", murmura, tomándome de la mano con una sonrisa, "lo que ocurre es que él también tiene empresas, puede ser que en algún momento se crucen." "Tienes razón", asiento con desgano, cerrando los ojos. "A propósito, acuérdate que hoy tienes el evento de beneficencia, tienes que estar a las 8 de la noche", me recuerda. "Sí, tienes razón", murmuro, aún con los ojos cerrados, y agrego, "tienes que acompañarme." "Pero señora, yo no tengo vestido", se disculpa. "Luego por favor", le pido, abriendo los ojos, y ella suspira. "Bueno, veré qué puedo hacer. Te daré dinero para que puedas comprarte un vestido", sugiero. "No, he prestado uno", insiste ella. "Por favor, insisto", digo, y ella suspira. "Bueno, si quieres, nos podemos cambiar juntas en tu casa", acepta. "Bueno, pero no te esperes una gran mansión", bromeo, y nos dirigimos a casa. Eran las 7 de la tarde, y estaba con Rosa en nuestra casa. Había comprado una casa acogedora, no era una mansión, tenía 70 metros cuadrados, dos habitaciones y un solo baño. Creo que con esto yo ya estaba conforme. Me gustaba lo sencillo. Aunque ahora fuera millonaria, no iba a cambiar mi estilo ni mi esencia. "Hola, Pomelo", comento una vez que llego, hacia mi perro, quien ladraba sin parar desde afuera. Abro la puerta, él ingresa para saludarme. "¡Qué bonito!", comenta Rosa, mirándolo con alegría. "Lo es, es muy lindo", murmuro, y pronto subimos las escaleras. "Bueno, vamos hacia arriba", comento, y Rosa me sigue. Llegamos a mi habitación, y abro el placard, que es de madera, a diferencia del enorme pasillo que tenía con Nicolás. "¿Estás bien?", pregunta Rosa, y yo le digo "Claro." "¿Por qué mientes? ", preguntó ella. "De verdad, estoy… perfecta", suspiro, como si quizás fuera muy difícil para mí aceptar que una parte de mí sí lo quería. No digo nada, tampoco borro la sonrisa que tenía en el rostro, sino que salí con varios vestidos. Los dejo sobre la cama, todos con etiquetas, ya que los compré pero no me los había probado. "Creo que son de mi talle", bromeo, y me los coloco. Empiezo a probarme uno de color n***o brillante y me sorprendo, me queda muy bien. Luego, tomo uno de color blanco, que parece muy cuadrado, pero en cuanto me lo pongo, sé que es para mí. Se ajusta perfectamente a mi cintura, haciéndome ver muy bonita, y me sorprendo. "Se ve muy bien, señora", comenta Rosa, y suspiro. "Supongo que sí", murmuro, y me pongo unos zapatos. Había tenido que comprar toda esa ropa desde que empecé en ese trabajo. Así que sí, me estaba quedando corta de guardarropa. Mi siguiente objetivo sería ampliar un poco la casa, ya que tenía bastante patio trasero con algunos árboles frutales. Pero solo lo haría para eso, además, quería un pequeño gimnasio para mantenerme en forma. Pero no necesitaba más.
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