"¿Está bien?, señora", pregunta Rosa, y yo asiento. Pronto empezamos a maquillarnos. Rosa me arregla un poco los ojos y me pinta los labios. "Claro", dice Rosa. Dejo caer mi cabello castaño claro detrás de mi cintura. A mis 30 años, ya no soy aquella jovencita, algunas arrugas empiezan a salir. Nunca fui de usar cremas ni nada que mantenga mi piel, que es blanca. Tengo unos ojos marrones, no soy tan guapa, y mi altura apenas llega a 1.60 metros, peso 60 kg. "Se ve preciosa", comenta Rosa, quien está a mi lado con un vestido n***o. "Y tú también", murmuro y tomo su mano. Pronto, nos apresuramos un poco porque se nos hizo tarde, son más o menos las 20:00 y tenemos que estar allí a las 8. Tomo mi cartera junto con el sobre de la invitación y vamos hacia abajo. Justo a las 8 en punto, ll

