6. Detente

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Te lo suplico, detente por favor… Basta, no lo hagas... ¿Por qué?, ¿por qué debo sufrir?, te lo suplico detente…  Pip… Pip… Pip… - ¡Maldito sea! – grite furiosa y con el corazón a mil. Me quede en cama unos minutos más hasta que mi corazón se calmara por completo. Me levanto de mala gana, cada vez que volvía a tener estos sueños solo hacía que me diera mal humor en todo el día. Lo único que deseaba era no volver a recordar mi pasado, pero está visto que la vida aún desea atormentarme, ¿hasta cuándo?, no lo sé. Me arregle para empezar mi turno en el hospital, debía realizar unas cirugías que estaban programadas para hoy, además debía supervisar a mis otros pacientes. Después de estar completamente arreglada salí de casa, me subí al auto y fui directo hasta el hospital, compraría un café y un croissant para desayunar, ya que no tenía suficiente apetito. - Buenos días, podría por favor darme un café cargado y un croissant – le dije a la chica de la cafetería. - Claro, con gusto – responde con una sonrisa. - Gracias – dije devolviéndole la sonrisa. - ¿Estás bien? – escuche a mi mejor amiga Abigail hablar a mis espaldas. - Hola Abi, no mucho. ¿Y tú? – dije. - Yo estoy bien, ¿tus pesadillas han regresado?, lo digo por tu mal humor – dice mi amiga con voz suave. - Desgraciadamente sí, no entiendo porque ahora, ya sabes… han pasado años – dije pensativa. - Sabes que cuentas conmigo para todo – dice ella aferrándose a mi brazo. - Lo sé, gracias Abi – dije sonriendo. - Aquí tiene su café y su croissant – dice la chica. - Te lo agradezco – dije. - ¿Vamos? – dice Abigail. - Si, ¿qué tienes para hoy? – pregunté. - Creo que hoy saldré cansada, es día de vacunación en pediatría, además, tengo a un bebé de once meses con problemas cardiovascular, me temo que, si no encontramos pronto un donante, no resistirá – sabía que eso la ponía muy triste. - Lo siento mucho Abi, espero que ese bebé se recupere – dije. - También yo, estaré en mi consultorio vacunando a los pequeños, no dudes en llamarme por si pasa algo – dice. - De acuerdo, yo debo realizar unas cirugías programadas, así que llámame tu igual – dije despidiéndome. Me estaba cambiando de ropa en la sala de descanso, hasta que escuche mi teléfono sonar. Me quede observando mi teléfono unos minutos y la ira se apodero de mí en ese instante, al ver que el imbécil de mi ex me llamaba. Cancele la llamada y guarde mi teléfono, por más que me pagaran no contestaría su llamada, no quiero volver a saber de él, nunca más. - Doctora Brown, se solicita en el quirófano dos, doctora Brown… – dicen por los altavoces y me dirigí hasta los quirófanos corriendo para ver qué pasaba. - ¿Qué sucede? – pregunte al llegar. - La señora Ramírez ha tenido convulsiones, la estábamos preparando para su cirugía, hasta que empezó a convulsionar – dice David, mi mejor amigo y mejor anestesiólogo que tiene el hospital. - ¿Hace cuánto fue su última convulsión? – pregunte sin acercarme, para no contaminar la sala. - Hace diez minutos – dice David. - Muy bien, parece que debemos apresurar la cirugía, su tumor está haciendo que empeore, iré a lavarme – dije saliendo, para ir a la zona de lavado. He estado concentrada en la cirugía, no quería iniciar mi día perdiendo a un paciente, suficiente había tenido con ese mal sueño y la repentina llamada del imbécil de Matías. Luego de unas horas, logré extirpar todo el tumor y la cirugía fue todo un éxito. - Felicidades, salvaste su vida – dice David. - Su ubicación ha facilitado extirparlo sin problema alguno, ahora solo es cuestión de que se recupere y siga el tratamiento para mejorar – dije sin importancia. - Tienes razón – dice. - Avísenme cuando despierte, debo ir a revisar más pacientes – dije. Salí del quirófano por un café, en veinte minutos tenía otra cirugía, luego debía hacer rondas para ver el progreso de mis pacientes. No he dejado de trabajar, no quería detenerme, sabía que el más mínimo descanso, me haría recordar mi mala noche y no era lo que quería. Al terminar las rondas fui hasta mi oficina y me quedé mirando a la nada, me sentía mentalmente agotada, pero mi cuerpo aún resistía. Toc… Toc… - Adelante – dije sin importarme quien estaba tocando la puerta. - Hola – no puedo creerlo, el innombrable ha venido. - ¿Qué rayos haces aquí? – dije levantándome furiosa de mi asiento. - Te estuve llamando – dice Matías entrando a mi oficina.    - Te he dejado en claro muchas veces que no tengo interés en volver a verte, así que vete – dije. - No me iré hasta que hablemos – dice acercándose a mí. - No hay de qué hablar, te he dejado muy claro, jamás volveré contigo y no quiero volver a verte, ¡ahora lárgate! – dije casi gritando. - Preciosa, deja de hacerte rogar, sabes que no me gusta rogarle a nadie. Más te vale contestar todas mis llamadas – dice agarrándome de los brazos de mala manera. - Te lo advierto Matías, aléjate de mí o te arrepentirás – dije quitando sus sucias manos de encima. - Te equivocas Charlotte, volverás a mí – dice besándome a la fuerza. - Eres un maldito imbécil, jamás volveré a ti – dije abofeteando su rostro – aléjate de mí, fue tu culpa, no lo mía, así que jamás volveré a ti. Tú fuiste quien decidió engañarme y usarme a su antojo. Así que ten por seguro que no volveré a ti, nunca en mi vida. - Ten por seguro que lo harás – dice abofeteándome. - ¿Cómo te atreves? – dije gritando – lárgate en este instante.  - Maldita… - dice, pero es interrumpido. - ¿Qué sucede aquí? – habla alguien abriendo de golpe la puerta. - ¿Samael? – dije sorprendida. - Que te importa, esto es entre mi mujer y yo, no tienes nada que ver en esto – dice Matías. - ¿Tu mujer?, no me hagas reír, no eres más que un idiota, no soy tu mujer, así que déjate de estupideces – dije supremamente enojada. - Lo eres – dice Matías enojado. - Te equivocas – dice entrando Samael a mi oficina. - Samael, ¿qué…?  – dije incrédula. - Suelta a mi nuera – dice tranquilo, pero su frialdad me asusta. - ¿Nuera? – pregunta Matías viéndome a los ojos. - Así es, ¿algún problema con eso? – dice Samael. - Te lo advierto, suelta a mi mujer o no respondo – no podía creer lo que estaba escuchando, ¿y este sujeto quien es para que de repente diga eso? - No me hagas reír, ella es mi mujer – dice Matías. - Tu eres quien se equivoca, si vuelvo a verte cerca de ella te arrepentirás – dice el hombre extraño tomándome de la mano y empujándome a su pecho.   - Esto no se quedará así Charlotte, eres mía, que te quede claro, eres mía y de nadie más – dice saliendo de mi oficina. - ¿Querida estás bien? – me pregunta Samael luego de varios minutos. - ¿Hasta cuándo piensas quedarte ahí? – su voz, ¿dónde la escuche? - ¿Ah? – pregunto. - Quítate mujer – dice empujándome para alejarme de él. - Pero que grosero – dije enojada. - ¿Grosero?, he salvado tu trasero y te atreves a insultarme, esto es increíble. Abuelo debo irme – el muy imbécil no me deja responderle y eso hace que me enoje, aunque su presencia me hipnotice, es muy grosero. - Lo siento Charlotte, aunque mi nieto es un poco frío, es de buen corazón. Lamento que fuera grosero contigo – dice Samael. - No te preocupes, aunque me ha parecido grosero lo que hizo, estoy agradecida de que me salvaran. La verdad no sé qué hubiera pasado, si ustedes no llegan a tiempo – dije con vergüenza. - No te preocupes, no estás sola. Si quieres hablar con alguien, estoy aquí para ti – dice sonriéndome, lo cual me hace sentir tranquila. - Muchas gracias Samael, la verdad no quisiera molestarte – dije nerviosa y avergonzada. - No te avergüences, no me molesta en lo absoluto, me agradas demasiado y estoy seguro que no es tu culpa – dice. - Bueno, la verdad es que nunca hablé de esto con alguien, ni siquiera con mis amigos por la vergüenza que me da – dije con demasiada pena. - Entiendo, estoy aquí para ti – dice abriendo sus brazos. 
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