La sorpresa de todos los presentes era más que evidente, incluso Jack, quien resultaba ajeno a todo y a todos, quedó atónito con la noticia que estaba dando Alexander en el escenario. Si el salón hubiese estado en completo silencio, se hubiera escuchado el jadeo colectivo. Los ojos miel con verde del tal Alexis, se cruzaron con los míos y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Me aferré al brazo de Paul recuperando la fuerza que amenazaba con abandonar mi cuerpo y no entendía por qué. Las preguntas comenzaron a rondar por mi cabeza sin apartar mi vista de aquel hombre en silla de ruedas, y mientras más pensaba, más me estremecía. ¿Por qué nunca supe de su existencia? ¿Por qué lo ocultaron hasta este momento que acaba de despertar? ¿Qué fue eso tan grave

