POV Luisa María Gutiérrez. La carretera estaba oscura, pero no de esa oscuridad que asusta. Era la oscuridad suave que tiene diciembre, como si el cielo también estuviera de fiesta, callado, mirando desde arriba. José Joaquín manejaba con una mano en el volante y la otra entrelazada con la mía. Nuestro silencio no era incómodo. Era… anticipación. Era ese tipo de silencio que vibra, que pesa en el pecho, que te prepara para algo que no sabes qué es, pero presientes que será importante. Yo miré por la ventana un instante. Las luces de Navidad parpadeaban en algunas casas, los faros pasaban rápidos y la brisa de la noche entraba por la ventana entreabierta, fría, limpia, perfecta. —¿Me vas a decir a dónde vamos? —pregunté, intentando sonar tranquila, pero mi voz tembló un poquito. José

