ENAMORADA

1700 Words
Camila sonrió, en el momento exacto de ver a Maximiliano abrir la puerta del coche, la sonrisa sexy en su rostro le hacía presagiar una velada de ensueño. Pensaba en lo increíble de todo, no estaba en busca de amor. Mas parecía ser, era el amor quien tocaba a su puerta. Maximiliano era un hombre maduro, inteligente y para nada aburrido, a su lado sentía haber encontrado su alma gemela, importando muy poco la notable diferencia de edades entre ellos.   —Por favor —Maximiliano le ofreció el brazo, ella encantada lo tomó, caminando hacia el Restaurante, el mozo esperaba con las puertas abiertas, les guió hasta un apartado privado en la terraza con vista espectacular sobre Ciudad Vieja.   —¿Tiene preferencia por algún vino en especial? —Camila negó ante la pregunta de Maximiliano.   —Sorpréndame Maximiliano —él sonrió, ante sus palabras.   —Tenga la plena seguridad de que voy a hacerlo Camila. Quisiera preguntarle ¿podemos tutearnos?   Camila abrió los ojos sorprendida ante la pregunta. Por alguna razón, la idea le hizo sentir mariposas en el estómago.   —No tengo ningún inconveniente Maximiliano, podemos hacerlo.   —Gracias por concederme el placer Camila, eres una mujer fascinante, lo he con anterioridad, me gustas, estaría encantado de iniciar relación contigo y no precisamente como amigo —Camila trago fuerte.   —¿Siempre eres tan directo? —preguntó tratando de ocultar los nervios que inundaban su cuerpo y calmar los locos latidos de su corazón.   —Solo cuando mi interés por algo o alguien es genuino y por ti Camila, estoy sintiendo algo mucho más allá que una simple atracción, mi corazón late, como un loco desesperado, con tan solo verte, las cuatro semanas, fueron un verdadero infierno, querer verte y no poder llegar a ti, habría sido feliz con tan solo escuchar el sonido de tu voz, al menos eso — admitió dejando a la joven, sin palabras.   —Tu interés, me halaga Maximiliano, debo confesar no he dejado de pensarte desde ese día en el estacionamiento, te espere, durante cuatro semanas. Llegué a perder toda esperanza de volver a verte —Camila confesó con las mejillas rojas.    Maximiliano no le dio oportunidad, acercó su rostro a la joven hasta rozar los labios de Camila con los suyos. Camila abrió los labios dándole acceso libre a su boca, con el deseo de probar los labios de Maximiliano, saber de primera mano si sabían tan bien como parecía.   Maximiliano no tuvo reparos, haciendo a un lado la razón, dejó a sus instintos hacerse cargo de todo. Probó los labios de Camila, gimió involuntariamente al sentir como esos jóvenes y temblorosos labios correspondieron a su beso. Su lengua se abrió paso por la dulce cavidad de la chica, hasta ser  interrumpidos por el camarero.   —Siento interrumpir, señor, señorita —el mozo se disculpó al darse cuenta de la imprudencia cometida.   Camila se sonrojo al ser descubierta; sin arrepentimientos, había disfrutado del beso, hasta la piel se le erizo, deseo que Maximiliano sintiera lo mismo.   Maximiliano ordenó, vino francés, tostadas de salmón y caviar. Camila no dijo nada; estaba sorprendida de que él conociera sus gustos.   Maximiliano tuvo la impresión de haber ido demasiado lejos, en tan corto tiempo. Esperaba Camila, no lo viera de esa manera, con premura se disculpó.   —Camila yo… lo sucedido antes de ser interrumpidos por el mozo —Camila negó, colocó uno de sus finos y delicados dedos sobre los labios de Maximiliano, para reemplazarlo por sus labios. El segundo beso de la noche iniciado por ella.   Camila volvió a casa sintiéndose en las nubes, la cena terminó en más de un beso y la promesa de volver a encontrarse.   —¿Disfrutaste tu noche, Camila? —Calista preguntó desde el sillón en la sala, bebía un whisky. Era fácil adivinar que estaba llegando al igual que ella.   —No tengo porque responder a tu pregunta. Sin embargo estoy complacida en responder, ha sido una noche perfecta y maravillosa —sonrió, sabía el malestar que su felicidad provocaba en Calista.   —Es un hombre mucho mayor que tú —espetó enarcando una ceja.   —Mi padre es treinta años mayor que tú, no puedes juzgar mi relación o mis amistades Calista, ten buen sueño —la joven se despidió con la sonrisa más satisfactoria que pudo darle al ver el rostro de su madrastra arder en ira.   **** —No me dirás, cómo te fue ayer —Mariano, investigó toda la noche, necesitaba comprobar la inocencia de Camila, antes de ver a Maximiliano cometer una injusticia, tenía la seguridad de que la joven no era la responsable del accidente donde perdió la vida Camilo. El problema estaba en descubrir quien había sustraído las pruebas de las cámaras de vigilancia. Le llevaría tiempo, más estaba seguro que lograría descubrir la verdad. —No tienes que preocuparte tanto por la chica, Mariano. Parece ser una buena chica, incapaz de matar una mosca. Apenas bebe vino, prefiere agua mineral, su mundo y los negocios parecen ir de la mano.   —¿Estás siendo sincero?   Maximiliano fijó su dura mirada sobre su amigo y abogado ¿Se atrevía a poner en duda sus palabras? Sabía el interés de Mariano para hacerle desistir de su venganza contra Camila. Nada le apartaría del camino trazado. La culpable pagaría por su mano.   —¿Qué has averiguado de Calista Salvatierra? —cambió el tema de conversación. Mariano y él nunca llegaron a un acuerdo, mientras el tema de conversación era la joven Salvatierra.   —Hasta hoy no he encontrado nada comprometedor, parece una mujer entregada a su marido y su casa.   —Perfecto, tengo una cita con la señora Salvatierra en media hora, me marcho, te veo luego —Maximiliano salió complacido, si las investigaciones sobre Calista eran ciertas, sería ella quien le ayudaría a descubrir la culpa de Camila.   ****   —¿Enamorada? ¿No te parece muy rápido hablar de amor? —Altaír observó a Camila, estaba asombrada, su amiga no era una mujer que se dejará impresionar fácilmente. Admitía Maximiliano Fonseca era tan ardiente ¿Pero hablar de amor?   —Siento mariposas en el estómago cada vez que lo veo. Es muy pronto, lo sé Altaír; pero trata de explicarle eso a mi corazón, cielos late tan fuerte, siento se me saldrá del pecho en cualquier momento, si es así cómo se siente el amor, entonces estoy enamorándome de Maximiliano Fonseca.   —Nunca antes te he visto enamorada Camila, ve con cuidado, es un hombre maduro, podría estar casado —Altaír, era consciente que le había alentado; pero fue por el poco interés que había mostrado entonces. Ahora era distinto, Camila tenía un brillo especial en los ojos. Su mirada era la de una mujer enamorada.   —No lo había pensado, le preguntaré en nuestra próxima cita, espero sea un hombre libre Altaír, te juro, siento es el hombre de mi vida —Camila, estaba más que ilusionada.   —¿Próxima cita? —Altaír se puso de pie, fue por la jarra de agua, sirvió dos vasos antes de continuar con la conversación.   —Me ha invitado al Club Ecuestre, el próximo fin de semana —Camila abandonó su silla, caminó hacia el ventanal, observando el panorama de la Ciudad Capital, antes de girarse y continuar.   >>Estoy enamorándome de él, Altaír y es la sensación más hermosa que he sentido en mucho tiempo, quiero darme una oportunidad con Maximiliano, una sola, para ser feliz —la bella sonrisa dibujada en su rostro, hizo a Altaír, hacer una nueva advertencia. Esperaba de corazón Camila fuera feliz.   **** —Señor Fonseca —Calista saludo con una coqueta sonrisa. La cual Maximiliano ignoró completamente, la única relación que deseaba tener con la mujer era puramente negocios. Su objetivo estaba fijado desde varios meses atrás.   —Señora por favor —Maximiliano se puso de pie, ayudando a Calista a tomar asiento, volvió a su lugar, los documentos estaban sobre la mesa.   —¿La documentación del traspaso? —Calista podía saborear finalmente el dinero obtenido por la venta de sus acciones.   —Todo en orden, apenas usted firme, mi abogado girará el cheque a su nombre y todos felices —giró el documento hacia Calista, dejó la pluma a un lado.   Calista no dudo, un solo segundo en firmar, sin leer las letras pequeñas del contrato, era de suponer, su único interés era obtener el dinero y nada más, la empresa le importaba tan poco, como le importaba su marido. Pero eso nadie debía de saberlo.   —Un placer hacer negocios con usted Maximiliano.   —El placer ha sido mío,  señora Salvatierra, el aseguro que nada cambiará para usted, podrá continuar fungiendo como propietaria del cuarenta por ciento de las acciones, siempre y cuando no le complique la vida a Camila —Calista borró la sonrisa de su rostro al escuchar el nombre de su hijastra.   —¿Tiene algún interés sentimental en mi hijastra? —preguntó con fingido asombro.   —Tengo mucho más que un interés sentimental en ella, señora. Espero un día no muy lejano ser el esposo de Camila.   —Vaya, no esperaba que un hombre como usted, inteligente, guapo, fijara los ojos en Camila. No quiero ser cruel, es la hija de mi marido, pero la chica no es lo que aparenta. Lastimosamente tiene un pasado turbio, aún tiene pesadillas con el último suceso producto de su irresponsabilidad ¡No puede siquiera conducir con auto sin temor!  —exclamó, para  luego disculparse.   >>Estoy hablando de más, lo siento señor Fonseca. Es mejor que conozca a Camila. Mi pobre hija, necesita amor en su vida, quizás eso le ayude a vivir sin temores —fingió una sonrisa, segura de haber sembrado la duda en Maximiliano.   —Lo ha dicho usted señora, conoceré a Camila, personalmente antes de juzgarla —Maximiliano se contuvo para no exigirle que hablara claro. Aunque tenía la certeza de que hablaba del accidente provocado por Camila.   —Por supuesto perdóneme, solo quise advertirle —se puso de pie, para despedirse. Camila no sería feliz mientras ella pudiera impedirlo, su hijastra la había humillado en más de una ocasión y esta sería su pequeña venganza.
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