INVITACIÓN

1782 Words
— Perdóname por no seguir el hilo de tus pensamientos, no entiendo sinceramente el motivo por el cual has comprado las acciones  de Casa Fátima S.A. si no tenías planeado tomar posesión de ellas, encima permites a Calista Salvatierra seguir al frente como dueña.   —No es necesario que entiendas Mariano, es una carta que servirá para llegar a Camila —sonrió al recordar el rostro de la chica, no deseaba pecar de presumido; pero podía jurar sin temor a equivocarse que había logrado impactar a la chica.   —Ten cuidado Maximiliano, la venganza es una espada de doble filo, puedes sufrir en el proceso y se te equivocas harás sufrir a una inocente —la ira ardió en los ojos negros de Maximiliano.   —Camila Salvatierra no es ninguna inocente, ella conducía el auto que terminó con la vida de Camilo. No sabes el dolor que llevo dentro, el mismo dolor que le haré sentir en carne propia, Camila no conocerá paz hasta que mi hijo sea vengando —Mariano permaneció en silencio al escuchar las palabras de Maximiliano. Tenía sus dudas, no se atrevía a asegurar que la culpable fuera esa chica, su perfil no encajaba con la descripción del testigo; pero las grabaciones de las cámaras de seguridad de ese día específicamente habían desaparecido y la renuencia de Max a llevar el caso a los tribunales, él deseaba vengarse personalmente y solo entonces la enviaría a presión.   Un mes después…   Camila suspiró resignada habían pasado cuatro semanas desde la última vez que había visto a Maximiliano, había sido cosa del destino el verse una segunda vez. Podía recordar los sucesos de esa tarde como si fuera ayer.   —Descuide, quizás seas el destino que ha permitido volvernos a encontrar Camila —ella tembló al escuchar su nombre salir de aquellos perfectos labios. Por un momento creyó en el amor a segunda vista, la primera vez le había dejado con la sensación de desconfianza, una segunda vez le hizo temblar desde la cabeza a los pies. Despertando en ella sensaciones nunca antes experimentadas.   —¿Cree usted en el destino señor Fonseca? —preguntó aclarando su voz. Ella no creía  mucho en las casualidades. Siempre pensó que las cosas sucedían porque alguno de los individuos buscaba crear  la ocasión. Ahora empezaba a dudar, no creía a Maximiliano capaz de buscar encontrarse con ella, no era un chico, su edad era una ficha en la que bien podía confiar.   —No, no creía en el destino, hasta la semana pasada, cuando mis ojos se posaron en usted, no puedo explicar con palabras, fue un flechazo a primera vista —sonrió fingiendo, escondiendo su malestar, y odio en lo más profundo de su ser.   —Sin embargo nos volvemos a encontrar señor Fonseca —Camila dijo con una tímida sonrisa, no había conocido hombre alguno con la capacidad de intimidarla y calentarla al mismo tiempo, porque aunque muy vulgar sonará, Maximiliano le hacía mojar las braga con una sola sonrisa, no podría imaginar de lo que era capaz en la intimidad.   —Una completa casualidad Camila ¿Puedo llamarle Camila? —ella asintió, mordiéndose el labio.   —Por supuesto señor Fonseca.   —Maximiliano, llámame simplemente Maximiliano, dame ese placer Camila —la chica temía correrse ahí mismo, si el hombre continuaba pronunciado su nombre de esa manera.   —Tengo que irme Maximiliano —le sonrió tontamente, pero Camila no podía evitarlo.   —Ha sido un verdadero placer Camila, espero volver a verla y que no sea por azares del destino, sino porque usted lo desea.   —Almuerzo todos los días en el mismo lugar, a la misma hora —Era claramente una invitación, por un momento se sintió una completa seductora, aunque no tenía idea de cómo ser una, eso era más de Altaír y no de ella, tendría que pedirle clases.   —Gracias Camila, entonces volveré a verla —se despidió dejando un beso a mano de Camila haciéndole estremecer por completo.   —¿Esperando a alguien señorita? —Camila batió las pestañas, saliendo de sus recuerdos para encontrarse a Maximiliano frente a ella.   —Maximiliano —musitó, creyendo era solo una ilusión.   —¿Me permite unirme a su mesa? —preguntó con educación, Camila asintió, no estaba acostumbrada a este trato tan caballeroso, los chicos de su edad parecían bestias al tratar de conquistar una chica.   —Por supuesto Maximiliano, siéntase libre por favor, han pasado…   —Cuatro semanas, lo sé, lo siento y me disculpo, mi madre sufrió un pequeño quebranto de salud, nada grave afortunadamente; más quise asegurarme y me vi viajando al exterior, donde ella vive —explicó   —Entiendo, no se preocupe ¿Se encuentra mejor su madre?—preguntó, ella habría hecho lo mismo por su madre de estar viva.   —Sí, gracias por preguntar, ha sido una falsa alarma.   —Me alegra escuchar eso, no hay nada mejor que saber sanos y salvos a la familia y más tratándose de una madre —dijo con cierta nostalgia en su voz.   —Es exactamente lo que pienso —Maximiliano dijo, tomando la carta, para tener las manos ocupadas.   —Comprendo, me alegra verle Maximiliano —confesó con sinceridad, provocando una ligera sonrisa en los labios del mayor.   —Debo confesar, me sentí inquieto, no tenía manera de comunicarme con usted y no deseaba hacerle pensar mal de mí. Hoy vine con la esperanza de encontrarla y me alegró haberlo hecho —sonrió de nuevo. Camila evitó el suspiró que amenazó con abandonar su cuerpo.   —También me alegro que lo hiciera —ordenaron el almuerzo, el mozo les sirvió media hora después, tiempo en la cual conversaron de trivialidades, ningún tema engorroso y delicado, nada que hiciera sospechar a Camila de las intenciones de Maximiliano Fonseca, y mucho menos  los planes fríamente calculados que él tenía para ella.   —El tiempo ha sido verdaderamente corto en su compañía Camila —Maximiliano se puso de pie, para ayudar a la chica a retirar la silla.   —He sentido exactamente lo mismo, conversar con usted es fascinante —Camila dijo con sinceridad.   —Me alegra escucharlo Camila, no soy un jovencito y tampoco soy hombre de ir por las ramas. Usted me gusta, estaría complacido si aceptara cenar conmigo esta noche —las mejillas de Camila se encendieron, porque ella estaba encantada con el hombre frente a ella, esa mirada penetrante y fija sobre ella le hacía sentir mariposas en el estómago.   —Será mi placer cenar con usted Maximiliano —sonrió, estaba en las nubes, poco le conocía; pero quería saber todo de él, estaba embrujada y lo mejor todo disfrutaba de la sensación de estarlo.   —Pasaré por usted entonces —Camila le extendió la mano, Maximiliano fingió no comprender.   —Me permite su móvil, anotare mi dirección y el número de mi móvil.   —Claro, gracias Camila —despidieron al salir del centro comercial, Camila salió del establecimiento bajo la atenta mirada de Maximiliano a quien despidió con la mano.   —Ya no podrás escapar de mi Camila —pronunciar su nombre era recordar la razón de estar ahí de pie fingiendo un interés que no sentía. Conteniéndose para no estrangular a la mujer con sus propias manos.   **** —No sé qué vestir esta noche Altaír, te juro estoy emocionada, tenías razón ese hombres es maravilloso, estoy loca, por todos los cielos, es una simple cena y estoy tan ansiosa —Camila escuchó la risa de su mejor amiga a través del móvil, mientras se perdía en el closet buscando algo decente que ponerse.   —Yo que tú, llevaría el mejor conjunto de ropa íntima hasta hoy creado por ti, un vestido sugestivo dejando poco a la imaginación —Camila bufo ante las palabras de su amiga.   —Es una cena Altaír, estamos conociéndonos no pretenderás que me le insinué a la primera, no soy como tú en todo caso querida —dijo mientras elegía un vestido rojo ajustado y zapatos altos en color dorado, y el collar regalo de su madre cuando cumplió quince años.   —Te dejo mi guapa, me daré una ducha rápida, Maximiliano estará aquí dentro de una hora, no quiero hacerle esperar —colgó la llamada sin esperar una respuesta de la morena.   **** Maximiliano estaciono el auto frente a la casa de Camila, una construcción lujosa, estilo colonial muy acogedora.   —Señor Fonseca ¿Usted en mi casa? —Calista preguntó al ver a Maximiliano recargado de manera elegante sobre el capó del auto.   —Señora Salvatierra un placer saludarle —sonrió, causando el efecto deseado en la madrastra de Camila.   —El placer es mío Maximiliano ¿A que debo el honor de su vista? Espero no sea por la compra de las acciones —Calista cambió la voz de seducción por una de preocupación.   —De ninguna manera, pienso respetar nuestro acuerdo señora Salvatierra, respondiendo a su pregunta, espero por Camila —la sonrisa se borró del rostro de Calista, dejando solo una mueca de disgusto.   —Veo que la ha conocido, no quiero importunar, me retiro —giró sobre sus pies para marcharse; más pareció dudar un minuto antes de hablar.   —Tenga cuidado con ella, Camila no es lo que aparenta; pero puede ser una mujer peligrosa para un hombre como usted —Calista dijo sin medir sus palabras.   —Agradezco su interés señora, soy un hombre adulto y muy consciente del peligro que representan todas las mujeres, cuando uno se enamora de una de ellas —sonrió apretando el puño con disimulo.   —Estoy lista —Camila apareció al final de las gradas con una sonrisa pegada al rostro, dejando ver sus emociones a flor de piel.   —Está usted hermosa, casi perfecta —Camila se sonrojo violentamente, mientras Maximiliano besaba su mano, era una especie de amor a la antigua.   —Gracias Maximiliano, es usted un caballero —él abrió la puerta de copiloto ayudándola a subir, antes de dirigirse a su asiento.   —¿Piensa secuestrarme? —Camila preguntó, mientras él conducía fuera de la ciudad.   —¿Le molestaría? —le dio una mirada seductora antes de volver su atención a la carretera.   —Podría estar tentada ¿A dónde nos dirigimos? —preguntó luego de un momento   —Espero le guste el lugar que he elegido para nuestra primera cena  ¿Ha visitado el Restaurante Welten? —preguntó.   —¿Antigua Guatemala? —preguntó asombrada   —Exacto ¿Le asusta estar conmigo?   —No estuviera aquí, si desconfiara de usted —Camila le sonrió.   —Maravillosa respuesta —“Es una pena seas muy confiada Camila” pensó con una sonrisa que disfrazó de seducción.
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