Hans se quedó conmigo en la galería por horas, se sentó en el piso y me observó pintar. Quién se iba a imaginar que yo iba a tener de espectador, sentado en mi piso, a un tipo imponente de traje que me sonreía ¿como si yo fuera la mejor cosa del mundo?
Yo solo pude pintar sus ojos reflejados en un cielo y solo, cuando terminé, lo miró encantado. Pero se quedó boquiabierto, cuando le conté qué significaba.
—¿En serio me pintaste a mí? —preguntó sin poder creérselo. Cuando asentí me sonrió emocionado —. Hoy, definitivamente, es el mejor día de mi vida. Sky Price hizo un cuadro inspirado en mí. ¡Vaya que soy un tipo afortunado! —sonreí enrojecida y le conté que había soñado con sus ojos hace mucho —. Esa historia merece una cita, ahora mismo —negué diciendo que estaba llena de pintura y que no estaba en condiciones de ir a ningún lugar, pero él me dio un beso en los labios negando —. Estás hermosa.
—Pero llena de pintura —se quedó pensativo unos segundos y tomando pintura de mi paleta de colores, se untó pintura en la cara y en la ropa —reí nerviosa —. ¡¿Qué haces, Hans?!
—Ahora estamos iguales. ¿Vamos, entonces? —lo llamé loco y él solo se encogió de hombros —. Ya no me importa que me llames intenso, pero sí, soy un loco por ti.
—¡Dios! Cómo amo estas cursilerías —dije en voz alta pensando que esas palabras no habían salido de mis pensamientos y Hans se acercó a mí.
—Pues te las diré siempre. Seré un cursi por y para ti.
—¡¿Lo dije en voz alta?! —pregunté avergonzada y él asintió. Así que, roja de la vergüenza cubrí mi cara, solo para escucharlo reír.
—No tienes nada de qué avergonzarte, yo también amo estas cursilerías, pero solo, cuando son para ti —dijo quitando mis manos del rostro —. Ahora vamos a nuestra cita —y así sin más me tomó de la mano para que nos fuéramos. Le hice señas a Emma para que cerrara el lugar y ella asintió poniendo su mano en la frente, como acatando una orden de un superior.
Hans y yo fuimos por un helado y caminamos tomados de la mano, mientras charlábamos.
—¿Cómo te fue? —pregunté, cuando él estaba distraído.
—¿Con qué?
—Con eso que tenías pendiente en Asia.
—¡Ah, bien! —dijo restándole importancia, como dándome a entender que no quería hablar de eso. Y yo no pensaba presionarlo —. Cuéntame de ti, siento que no sé mucho —reí con sarcasmo.
—Eso mismo digo yo —él asintió con una sonrisa.
—Yo pregunté primero.
—¿Qué quieres saber de mí?
—Todo.
—Mmm, veamos… Me llamo Sky, soy la hermana mayor de Bree, no crecimos juntas, porque yo fui algo así como adoptada y ella no.
—¡Vaya, qué pena!
—Realmente lo fue, pero mi bebé y yo ya recuperamos todo ese tiempo perdido, así que, no te preocupes. Como ya lo sabes, pinto cuadritos —él rio.
—¡Qué modesta! —me encogí de hombros y con una media sonrisa hablé.
—A veces no me creo todo lo que he logrado, así que, mantengo mi humildad.
—¿Hijos? ¿Un exesposo? ¿Perros?
—Nada de eso. Y en casa no tenemos perros, tenemos a mi sobrino Caronte.
—Ese gigantón dulce. ¿Cómo está?
—¿Lo conoces?
—Caronte es de la primera camada de khaleesi, la perra de mi hermana. Ramsés y él tuvieron eso que llaman amor a primera vista, así que, él le suplicó a mi hermana para tenerlo. Por lo que, Caronte también es mi sobrino.
—¡Eres una caja de sorpresas! ¿Cómo es que has estado en la vida de mi familia y yo nunca te vi?
—Es una muy buena pregunta. Aunque no sé, tal vez, sí te vi, pero te confundí con Bree.
—No lo creo, yo te recordaría.
—No lo sé, tal vez, me viste, pero tus ojos pertenecían a alguien más y no miraste más allá.
—Vamos a quedarnos con eso de que no te vi —sonrió.
—Está bien.
—Ahora, háblame de ti.
—Me llamo Hans —dijo burlándose de mí, porque yo había empezado así —. Estudié negocios internacionales, como tu hermana. Así que, me ocupaba de todo lo que estuviera en el extranjero para que Ramsés no tuviera que viajar mucho. Conocía a Ramsés desde que éramos niños, pero nos hicimos más amigos de adultos. Aunque, cuando me fui, nos distanciamos un poco, ya sabes, la distancia, la diferencia horaria y la carga de trabajo, pero, aun así, lo consideraba mi mejor amigo, lo considero mi mejor amigo —su voz se rompió un poco al hablar de él y yo le di un abrazo. Para cortar el triste momento, hice lo mismo que él y repetí sus palabras.
—¿Hijos? ¿Una exesposa? ¿Perros?
—Nada de eso. Y soy más de gatos —dijo riendo.
—Te imagino con una gata persa blanca en tus brazos, así todo imponente —lo escuché reír genuinamente, como si hubiese dicho la cosa más graciosa del mundo y negó diciendo que prefería los esfinge.
—¿Esos gatos sin pelo y de mal genio?
—Me encantan. Quisiera tener tiempo para tener uno, pero con todo lo que viajo, el pobre se quedaría solo, así que, eso me ha detenido —luego me dedicó una mirada extraña, como juzgándome —. Para ser fan de perritos, sabes mucho sobre gatos —reí.
—En mis inicios con la pintura, tuve una clienta loca por los gatos, así que, tuve que empaparme mucho de ellos para seguirle el ritmo.
—Vamos a creer eso y no que sueñas tener un gato esfinge como yo —me encogí de hombros.
—Quien sabe y cumplamos nuestros sueños —él me sonrió, mientras me miraba embelesado. Y no lo sabía, pero su mirada no me hacía sentir para nada incómoda, de hecho, me encantaba. Tenía algo que me hacía confiar en él a ojos cerrados, que me hacía saltar al vacío sin tener ni una pisca de miedo.
—¿Dónde estuviste toda mi vida? —preguntó pegando su frente a la mía.
—Es una muy buena pregunta, porque conocías a Ramsés, a mi hermana y hasta a mi pequeña Rachel, pero tú y yo jamás nos vimos.
—Quiero pensar que no era el momento y que por eso no nos habíamos encontrado antes —asentí.
—También quiero creerlo.
—¿Algo más que deba saber de ti? —preguntó.
—Hay un millón de cosas más, pero no sé si sea el momento adecuado para hablar de ellas.
—Pruébame.
—Preferiría que no.
—¡Vamos, pruébame!
—No.
—Mmm, veamos… Te digo yo una y tú me dices otra. Nunca he tenido una relación, jamás me planteé tener una hasta que te conocí —su respuesta me dejó muy sorprendida, tanto, que me quedé callada un largo rato, ya que, la información que él acababa de darme tenía sus pros y sus contras. En sus pros, estaba el hecho de que no había una ex que pudiera molestar, al menos, no de su lado y en sus contras, teníamos que él jamás había estado en una relación y que solo se había acostado con mujeres porque sí. Y, aunque yo no era una santa, enterarme de esto era algo que debía procesar —. Quería ser sincero contigo y contártelo —dijo encogiéndose de hombros y sacándome de mis pensamientos —. Pero espero que hayas escuchado el “jamás me lo planteé hasta que te conocí” —asentí, pero no dije nada —. ¡Diablos, sí que voy rápido! Lo siento, yo solo… —suspiró —No sé qué me pasa contigo. Por favor, no salgas huyendo —reí, porque a mí me pasaba lo mismo que a él, así que, le resté importancia. Continuó contándome de su vida y agradecí que no me preguntó nada más sobre mí. Me contó sobre su sobrina y su hermana —. Mi hermana ya sabe de ti y te juro que no fue por mí, fue por mi sobrina, quien quedó encantada contigo y con Rachel.
—Es una linda adolescente.
—¡Sí que lo es! —dijo orgulloso —. Me recuerda mucho a mi hermana de niña.
—Sí que eres un tío orgulloso —asintió.
—Aunque he estado lejos la mayor parte de su vida, trato de estar ahí para ella, ya que, el idiota de su padre no quiso estar en su vida. ¡Qué imbéciles son algunas personas! Uno queriendo vivir para estar con su hija y otro que la tenía, nunca la quiso —dijo con rabia refiriéndose a Ramsés. Y sí que le daba la razón. Ramsés hubiera hecho cualquier cosa para, al menos, conocer a Rachel.
Hans me llevó a mi casa y Bree se asomó en la puerta, saludándolo e invitándolo a pasar. Ver a Hans jugar con Rachel y la forma en la que ella se divertía con él, me hacían mirarlo aún más de una manera diferente.