Capítulo — Milagros y el Peso de las Mentiras El sol apenas asomaba por la ventana del sanatorio cuando los primeros llantos de la bebé llenaron el pasillo. Martín, con el corazón desbordado, se aferraba a la mano de Clara mientras los médicos acomodaban a la pequeña envuelta en mantas rosadas. —Es hermosa… —susurró Clara, con lágrimas en los ojos. La llamaron Milagros, porque desde el comienzo todo había sido una lucha. En la nursery, tras el vidrio, Benjamín y Martina saltaban de alegría, queriendo tocar con sus manitos a la hermanita que agitaba los puñitos como un milagro respirando vida. Clara, desde la cama, lloraba en silencio, agradecida de tener a los tres juntos, aunque le faltara la presencia de su hermano. En la hacienda, Mateo esperaba con el celular entre las manos, con

