Capítulo — Volviendo a la ciudad El sol de la mañana ya caía de frente cuando bajé de la camioneta con la bolsa de bizcochos en la mano. El perfume a grasa recién horneada todavía estaba tibio y me arrancó una media sonrisa. A Clara le encantaban los bizcochos, siempre decía que eran su debilidad. Y a mí, traerle una bolsa era como traerle un pedacito de campo, de costumbre. Cuando abrí la reja, escuché el canto de los pájaros mezclarse con el sonido lejano del mar. La casa de mi hermana tenía ese aire cálido que ni la desgracia había podido tumbar. Ellos se habían reconciliado y yo estaba más que feliz .Verla a ella, con su panza ya redonda, me arrancó un alivio que me pesaba en el pecho. Porque sí, tenía miedo de que le pasara lo mismo que con su segundo bebé, pero yo tenía fe,se que m

